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Seis décadas de sobrepesca han disminuido las poblaciones de peces de arrecife en Brasil

  • Un estudio realizado por el grupo ReefSyn analizó la pesca de peces de arrecife entre 1950 y 2015 e identificó cambios relevantes en las especies capturadas.
  • La disminución del volumen capturado y el aumento de la diversidad de especies, con la captura de peces de pequeño tamaño y niveles más bajos en la red alimentaria, son signos de pesca insostenible.
  • La falta de datos oficiales actualizados desde 2015 dificulta la gestión, el seguimiento y la supervisión de la actividad pesquera en Brasil, pero las nuevas medidas de los Ministerios de Pesca y Medio Ambiente apuntan a mejorar este escenario.

Cuando era adolescente, a principios de la década de los ochenta, Evanildo Sena regresaba de pescar en canoa arrastrando cinco o seis toneladas de pescado, un trabajo que hacía en asociación con al menos otro colega. Desde entonces, los cambios en la costa de Arraial do Cabo, en la provincia de Río de Janeiro, han sido radicales, informa el pescador.

“En ese momento, atrapaba alrededor de 300-400 kilos de pez espada en cada salida, pero fueron disminuyendo prácticamente hasta el punto de desaparecer en nuestra área”, dice.

La captura de la especie se hacía con un anzuelo, pescándolos de uno en uno. Hoy en día, Sena captura lo que aparece en la temporada, como anchoas, calamares, cojinúa, cojinúa negra y guajú —algunos de estos en menor cantidad que antes—, pero su principal ingreso proviene de la extracción de mejillones de la costa, que solo se puede realizar entre enero y agosto.

Otro cambio que presenció el pescador, a partir del siglo XXI, fue el aumento de los grandes buques pesqueros comerciales, que pueden llegar hasta a 4,8 kilómetros de la costa, dentro de los límites de la Reserva Extractiva Marina Arraial do Cabo, una unidad de conservación donde solo se permite la pesca tradicional.

Este momento coincide con el período en que los volúmenes de peces comenzaron a disminuir en las costas brasileñas, según una investigación desarrollada por el grupo ReefSyn, que reúne a investigadores de nueve universidades públicas brasileñas, basada en el análisis de una base de datos de pesca de arrecifes de coral entre 1950 y 2015.

Pesca artesanal en la costa de Ceará, Brasil. Foto cortesía de José Amorim Reis-Filho.

Los peces de arrecife, el foco del estudio, son los que viven asociados a los arrecifes de coral en alguna etapa de la vida, y hay alrededor de 400 especies a lo largo de la costa brasileña.

En el norte y noreste del país, los pescadores artesanales son los que más capturan estos peces, mientras que en el sur y sureste la mayor parte del volumen desembarcado es capturado por embarcaciones industriales, según las autoras del estudio entrevistadas por Mongabay. Estas dos clases de pesca, mencionadas en la legislación brasileña, en realidad tienen subclases, que presentan una gradación de embarcaciones pequeñas a grandes.

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El trabajo identificó 110 especies de peces de arrecife en el desembarco de pesquerías en este período (cantidad que realmente llega a tierra, descontando las pérdidas que ocurren en el camino después de la captura). Las regiones con mayor volumen de peces fueron el noreste, sudeste y norte, en ese orden, con volúmenes que aumentaron desde 1950 hasta finales de la década de los noventa, cuando se alcanzó un pico de desembarque, seguido de la disminución continua de varias poblaciones de peces de arrecife desde el año de 2000 hasta la actualidad.

Desembarque de peces (en toneladas) en Brasil entre 1950 y 2015, con una caída registrada después del año 2000. Gráfico: ReefSyn.

Según el estudio, la razón principal de la reducción en este siglo es la sobrepesca, pero aquí hay una advertencia: lo que garantiza la sostenibilidad de la actividad tiene menos que ver con la clase de embarcaciones (artesanales o industriales) que con el cumplimiento de los parámetros de control, monitoreo y regularización. Esto significa que tanto la pesca artesanal como la industrial pueden ser sostenibles o depredadoras, dependiendo de cómo se haga la pesca.

Un segundo resultado de la investigación fue la identificación de que, a lo largo de los años, las especies pescadas cambiaron debido a la disponibilidad de stock, lo que llevó a un aumento en la diversidad de peces capturados.

“Tenemos informes de pescadores en Bahía que están pescando peces muy pequeños, como el píntano [Abudefduf saxatilis]. Esto significa que estamos pescando prácticamente todo lo que tenemos, desde depredadores superiores [en la cadena alimentaria] hasta peces herbívoros”, declara Mariana Bender, bióloga del Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad Federal de Santa Maria, en Brasil, y autora principal del artículo.

“Esto significa que los recursos están disminuyendo, y la explotación continua de esta diversidad conducirá al colapso de los sistemas marinos, con impactos más allá de los arrecifes de coral, llegará a las personas, al turismo”, explica Bender. “Sin gestión y monitoreo, habrá un impacto muy grande en la sociedad, especialmente en las comunidades pesqueras que más dependen de este recurso”.

El efecto de la sobrepesca en Brasil tiende a ser peor que el señalado por la investigación, ya que no hay datos refinados y actualizados. Los últimos registros gubernamentales sobre la actividad son de 2015. “Utilizamos datos a escala provincial, porque no hay datos disponibles para la escala municipal en Brasil. Llegar a estos datos fue muy difícil”, cuenta Bender.

Es precisamente la falta de datos más variados y robustos en el país lo que hace que la investigación solo pueda afirmar la reducción en la cantidad de volumen desembarcado, pero no puede indicar el porcentaje de pérdida de especies.

Pesca artesanal con red de cerco en Salvador, provincia de Bahía, Brasil. Foto cortesía de José Amorim Reis-Filho.

“En Brasil, no hay datos sobre la mayoría de las poblaciones de peces, cuál es la biomasa total para estas poblaciones específicas en diferentes lugares”, dice Linda Eggertsen, coautora del estudio. Este tipo de información es importante para la gestión pesquera en el país, pero solo existe para el pargo colorado (Lutjanus sp.), que se pesca en el norte, explica la investigadora.

Otra información importante que indica el tamaño de la población, y que también falta en Brasil, es el esfuerzo utilizado en la pesca, es decir, el tiempo que las personas utilizan para capturar ese volumen, el tamaño o la cantidad de embarcaciones y el tamaño de la red.

“Hoy en día se pescan unas pocas toneladas y en el pasado se pescaba más, pero no sabemos exactamente cómo se relaciona esto con el tamaño de la población, porque no sabemos el esfuerzo que se utiliza hoy en día en la pesca”, señala Eggertsen. Según los autores, el escenario actual más probable es un mayor esfuerzo para hacer capturas más pequeñas, precisamente porque la gente ya ha pescado demasiado.

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La disminución en la cantidad de peces capturados condujo a una disminución en la actividad de la pesca tradicional. Arraial do Cabo cuenta hoy con unos 1200 pescadores registrados, menos que en el pasado, según Sena. En la época en que abundaba la pesca del pez espada, salían a trabajar 75 embarcaciones, mientras que hoy en día el número de canoas que prueban suerte en un mismo lugar se cuenta con los dedos de una mano.

Lo mismo sucedió en Ponta do Corumbau, un pueblo de pescadores en el municipio de Prado, Bahia, donde Edimilson Conceição do Carmo dedicó dos décadas de sus 44 años a la pesca. Indígena Pataxó de la aldea Barra Velha, hoy trabaja con educación ambiental y monitoreo de arrecifes en el proyecto de conservación e investigación Coral Vivo, en Porto Seguro, Bahía.

Desde la infancia, Carmo viene notando la disminución de la cantidad de peces y la casi extinción de algunas  —como el mero y el loro azul—, así como cambios en la rutina de los pescadores, que tienen la necesidad de alejarse de la costa y pasar más tiempo en el mar para poder pescar un mayor volumen. “No es como antes, que al borde de la playa ya podíamos pescar. Hoy no hay más de eso. Antes, los pescadores pescaban menos y capturaban más, hoy pescan más y capturan menos”, dice.

El loro azul (Scarus trispinosus) tuvo su población reducida en la costa brasileña. Foto cortesía de Linda Eggertsen.

Si por un lado disminuía la actividad tradicional, aumentaba el número de embarcaciones de mayor tamaño, especialmente en la región de Porto Seguro, que no es una reserva marina como Corumbau, donde la pesca artesanal sigue un plan de manejo.

En su trabajo como educador ambiental, Carmo a menudo habla con los pescadores sobre las formas de garantizar la sostenibilidad de la profesión. “Le damos a la comunidad pesquera información sobre qué especies se pueden capturar, el momento adecuado para capturar los peces, el tamaño adecuado, y sentí una mayor diferencia en relación con el conocimiento en estos años de trabajo; los pescadores son más conscientes de su pesca”, cuenta.

Gestión integrada para combatir el declive de los peces

La lucha contra la sobrepesca comienza con la información. “El monitoreo es fundamental para entender qué se captura a lo largo de la costa, cuál es el esfuerzo pesquero y hacia dónde van los peces. No sabemos lo que se consume aquí en Brasil y lo que se exporta a nivel de especies; la mayoría de los datos disponibles lo recogen bajo la descripción ‘pescado‘”, exponen los investigadores, quienes recomiendan también que la gestión pesquera incorpore a la población local y que haya un mayor control en los mercados locales sobre lo que se vende, lo que evitaría la venta de especies que no se deben pescar.

Gilberto Sales, director del Departamento de Manejo Compartido de Recursos Pesqueros del Ministerio del Medio Ambiente de Brasil, coincide con la premisa. “La inspección ocurre y ha aumentado gradualmente en los últimos años, pero la gestión pesquera depende de elementos más vinculados al seguimiento y control. Esta ha sido la mayor dificultad en Brasil durante muchos años debido a la inestabilidad institucional de la gestión pesquera”, dice.

El actual Ministerio de Pesca y Acuicultura (MPA) se recreó en enero de 2023, como parte de la actual administración, después de haberse convertido en una secretaría en el gobierno anterior. “Como la gestión pesquera está muy centralizada a nivel federal, especialmente en la zona costera-marina, la inestabilidad en la estructura no permitió programas de monitoreo continuo”.

Embarcación de pesca artesanal en la costa de Ceará, Brasil. Foto cortesía de José Amorim Reis-Filho.

Desde el año pasado, el Ministerio de Medio Ambiente y el MPA comparten la gestión pesquera y están trabajando en propuestas para mejorar el panorama actual. Algunas de las acciones de reestructuración que se han tomado, según Sales, incluyen la recuperación de las condiciones de monitoreo a través de la cooperación con universidades e institutos de investigación, el resurgimiento y mejora de los foros de gestión local y la revisión del principal estándar de pesca del país, INI No. 10, que establece una matriz de permisos, con detalles sobre cada especie sujeta a captura. Para agrupar la información derivada del monitoreo, el MPA está trabajando en una base de datos en línea integrada.

“Todas las acciones son urgentes, pero lo más importante que hemos podido hacer con el MPA es resucitar los foros de gestión locales, que dejaron de funcionar hace mucho tiempo. Sin ellos, hay una falta de espacio para la discusión científica y con el sector, y esto también genera un vacío en el seguimiento de esa actividad”, dice Sales, señalando que los foros pueden dar respuestas más cercanas a los problemas de la pesca. Tanto a nivel nacional (que nunca dejó de suceder) como local, los foros están compuestos por órganos de gestión, entidades de la sociedad civil, universidades y pescadores.

Sales espera que los dos ministerios puedan completar la creación de un nuevo decreto para la gestión pesquera, reactivar los foros locales y revisar la matriz de permisos para fines de 2024. Además de crear una mayor estabilidad regulatoria, estas acciones resultarán en un monitoreo más efectivo en los próximos años, dice el director, pero la inestabilidad política es muy grande, lo que pone en riesgo la gestión pesquera a largo plazo. “El sueño es la creación de una autoridad para la gestión pesquera en el país, así como del IBAMA”, afirma Sales.

Mientras el sueño no se cumpla, las asociaciones, los diálogos y un nuevo sistema legal sientan las bases para que la gestión pesquera se fortalezca en el país, contribuyendo a la sostenibilidad de la pesca y la protección de la biodiversidad.

* Imagen principal: pesca artesanal en la costa de Ceará, Brasil. Foto cortesía de José Amorim Reis-Filho

Historia original en portugués: https://brasil.mongabay.com/2024/04/como-a-pesca-predatoria-esvaziou-a-costa-brasileira-de-peixes-nas-ultimas-seis-decadas/

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