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#EnCorto: tres claves para entender por qué la Marginal de la Selva pone en riesgo al resguardo Yurayaco

Límite entre la carretera asfaltada y el camino de tierra que llega a las puertas del Resguardo Yurayaco, San José del Fragua, Caquetá. Crédito: Sergio Alejandro Melgarejo.

  • El resguardo indígena Inga de Yurayaco, ubicado en Caquetá, uno de los departamentos más intervenidos de la Amazonía colombiana, está rodeado de posibles amenazas a su territorio como cultivos de uso ilícito, extracción de madera, ganadería extensiva, minería ilegal y presencia de grupos armados.
  • La construcción de la Marginal de la Selva, una carretera de alto tráfico que busca unir Suramérica, traería más problemas y con ello amenazas a su existencia.

En el piedemonte amazónico colombiano se encuentra el resguardo indígena Inga de Yurayaco. Su territorio está ubicado en la puerta de entrada del Amazonas y en consecuencia, sus habitantes son de los primeros en sufrir las consecuencias de las amenazas que aquejan a la región. Una de las más graves es el proyecto de construcción de la Marginal de la Selva, una carretera de alcance internacional que se ideó en 1963 y bajaría por todo el borde amazónico de la cordillera de los Andes, desde Venezuela hasta Bolivia.

Sin embargo, en Colombia, en estos sesenta años sólo se han construido algunos tramos que quedaron desconectados y no llevan a ningún lado. El resguardo está al borde de una de esas carreteras destapadas que sólo llega hasta su territorio, pero que cambió sus dinámicas culturales y permitió la entrada de economías ilegales. En 2022, el gobierno de Iván Duque firmó un contrato para culminar las obras de pavimentación. La Marginal de la Selva se convertiría en una vía de alto tráfico y profundizará aún más estas problemáticas.

Una vez construido el tramo faltante, el resguardo estaría conectado con dos grandes ciudades –Florencia y Mocoa—, la salida hacia Ecuador y la carretera Panamericana. Justo al lado están casi todas sus viviendas, el colegio internado Yachaikury y el espacio donde se hacen las reuniones políticas y las ceremonias espirituales, por eso es tan disruptiva. Además, se presenta un aumento de la población colona que se ha instalado en caseríos vecinos, la deforestación, la ganadería extensiva, la siembra ilícita de cultivos de coca y la minería ilegal.

¿Cómo va a profundizar la carretera estas problemáticas? Te lo explicamos en tres claves:

Murales en el colegio internado Yachaikuryo, resguardo Yurayaco, San José del Fragua, Caquetá.Foto: Sergio Alejandro Melgarejo

El riesgo de la pérdida cultural

La carretera ha transformado las dinámicas culturales de los miembros del resguardo Yurayaco. Algunas personas empezaron a construir sus viviendas con cemento o han adquirido carro o moto, por lo que se han ido alejando de sus creencias y ya no quieren vivir más en su territorio o formar parte de las ceremonias. 

“Eso ha permitido que las comunidades perdamos esa línea de vivir como indígenas. Ya no queremos ser indios, queremos vivir como blancos. No queremos el proceso ni tomar medicina propia ni andar en el territorio”, dice Jhony Huaca, líder indígena y coordinador general del Plan de Vida de la Asociación de Cabildos Tandachiridu Inganokun, que vela por los intereses de siete resguardos inga en el extremo suroccidental del departamento de Caquetá, en la Amazonía de Colombia.

Otro de los cambios ha sido en el tema de la medicina tradicional y la espiritualidad. Los Inga son de la cultura del yagé, una planta que se conserva en su territorio y se utiliza para curar males físicos, psíquicos y comunitarios. Pero debido a la presencia de tantas personas en el resguardo, Huaca ha sentido que ese mundo espiritual ha disminuido y debilitado, por ende el poder para armonizar la comunidad ha sido más complejo.

“No más con este tramito de carretera que ya construyeron nos ha tocado dejar de hacer ceremonias porque para hacer ceremonias se necesita el silencio”, explica Waira Jacanamijoy, coordinadora del área comunicación y cultura de la Asociación de Cabildos Tandachiridu Inganokun.

Vista aérea del vivero y el colegio internado Yachaikuryo en la parte baja del Resguardo Yurayaco. Foto: Sergio Alejandro Melgarejo

Controlar su territorio para conservarlo

El resguardo Yurayaco fue constituido legalmente en 2003, pero solo con 90 hectáreas por un error de registro. No fue hasta 2021 cuando una resolución de la Agencia Nacional de Tierras amplió el resguardo a 699 hectáreas. Esto les permitió retomar un control de su territorio, expulsar la coca de sus tierras y reforestar. En el área del resguardo Yurayaco, la deforestación durante 2022 fue cero y esa tendencia se mantiene.

No obstante, hace 10 años el Estado colombiano decidió pavimentar un trecho que pasaba a menos de un kilómetro de la entrada del resguardo. La comunidad solo se dio cuenta cuando llegó la maquinaria. La constructora les informó que tenían una certificación del Ministerio del Interior que negaba su existencia.

Ante las protestas, la pavimentación se detuvo y el caso se llevó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la vulneración a sus derechos. Sin embargo, los habitantes indígenas han recibido insultos y amenazas por parte de la población no indígena vecina porque, según ellos, están evitando la llegada del desarrollo. El deseo de la comunidad es poder tener decisión sobre su territorio y realizar consultas previas en estas situaciones, puesto que si bien reconocen que la carretera trae algunas ventajas, también saben que hay unas amenazas que pueden dañar su comunidad.

Una chiva, colorido bus tradicional de las zonas rurales de Colombia, sigue la ruta entre Yurayaco y el río Caquetá por el camino de tierra sobre el que se construirá la Carretera Marginal de la Selva. Crédito: Sergio Alejandro Melgarejo

Las economías ilegales que rodean el resguardo

“Después que entró la carretera se vio mucho el apogeo del tema de los grupos armados. Como la vía era por el resguardo y queda más fácil entrar por ahí en carro o en moto, entonces el resguardo era uno de los sitios estratégicos para los grupos armados, llegar y cruzar para donde ellos iban”, cuenta Jhony Huaca.

En la actualidad, en los municipios de la futura carretera existen enfrentamientos entre grupos armados ilegales que tienen interés en controlar la Marginal de la Selva para aprovechar las economías ilegales de la coca, oro, extorsión e hidrocarburos de refinerías artesanales. Incluso la Defensoría del Pueblo emitió una Alerta Temprana que advierte sobre estos riesgos.

“El único empleo que hay para los jóvenes es irse a las disidencias que hoy existen y el de ser raspachines de coca—dice Waira Jacanamijoy—. Los muchachos indígenas del resguardo se están yendo. Los están cogiendo, los están reclutando a algunos. Esta es una zona de riesgo.”

No por ser indígenas los miembros de la comunidad de Yurayaco están por encima de la situación, por el contrario la Marginal de la Selva podría ahogarlos en ella.

Lea el reportaje completo aquí.

Imagen principal: Límite entre la carretera asfaltada y el camino de tierra que llega a las puertas del Resguardo Yurayaco, San José del Fragua, Caquetá. Crédito: Sergio Alejandro Melgarejo.


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