- La investigación se realizó en tres zonas mineras y comprobó que tras la explotación de esta actividad, el paisaje se vuelve inhóspito, tanto para la regeneración natural como para la reforestación.
- Otro de los resultados indica que los montículos de arena que quedan después de la actividad minera pueden alcanzar los 60 grados centígrados.
- Estos montículos de arena drenan el agua hasta 100 veces más rápido que el suelo de los bosques, lo cual impide el crecimiento de los árboles.
- Los investigadores sostienen que la minería de oro no solo elimina la cobertura forestal: rompe los sistemas ecológicos que permiten la recuperación del bosque.
Durante un año y medio, un grupo de científicos de la Universidad de Southern California investigó qué sucedía con las zonas impactadas por la minería en Madre de Dios, en la Amazonía peruana. Los investigadores se propusieron indagar si era posible reforestar los bosques que se habían perdido bajo montículos de tierra y pozas de aguas contaminadas con mercurio en lugares como La Pampa, un sector de la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata, y en el distrito de Huepetuhe, en la provincia del Manu, entre los más afectados por la actividad de extracción de oro, ambos en el departamento de Madre de Dios.
Para ello definieron tres sectores: Balata, en el sector de La Pampa; Azul, en la Reserva Nacional Tambopata; y la concesión Cinco Rebeldes, en la zona de Huepetuhe. En los dos primeros la explotación minera se realiza mediante bombas de succión y en la última mediante maquinaria pesada para la excavación del suelo. Los yacimientos mineros de oro donde se realizó la investigación estaban abandonados y se ubican cerca de la frontera de Perú con Brasil y Bolivia.

Los resultados del estudio “sugieren que el paisaje actual, tras la explotación minera, es inhóspito, tanto para la regeneración natural como para la reforestación”. Los científicos descubrieron que la minería de oro en la Amazonía peruana está destruyendo la capa superficial del suelo y remodelando el terreno al punto que agotan el agua, y, por tanto, los bosques no vuelven a crecer.
Otro de los resultados indica que los montículos de arena que quedan después de la actividad minera pueden alcanzar 60 grados centígrados y drenar el agua hasta 100 veces más rápido que el suelo forestal. Por lo tanto, el terreno termina siendo “inhóspito para el crecimiento de los árboles”.
El estudio, publicado en Communications Earth & Environment, fue elaborado por un equipo de siete científicos dirigido por Abra Atwood, del Centro de Investigación Climática Woodwell. Entre los coautores está Josh West, profesor de Ciencias de la Tierra y Estudios Ambientales en la Facultad de Letras, Artes y Ciencias Dornsife de la Universidad de Southern California, así como investigadores de la Universidad de Columbia, la Universidad Estatal de Arizona y la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (Perú).
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La falta de agua en el bosque
“La topografía cambia debido a la minería, que deja grandes montones de arena muy calientes y secos. Esto sucede porque cuando se vierte agua sobre la arena, simplemente la atraviesa, por tanto, la parte superior de estos montones de arena es realmente inhóspita. Las llamamos zonas muertas”, explica a Mongabay Latam Josh West, profesor de la Universidad de Southern California.

West afirma que no solo la calidad del suelo desempeña un papel fundamental en la recuperación forestal, sino también el acceso al agua. “La minería ha dejado grandes áreas donde nada puede crecer porque estos montículos de arena no retienen agua”, asegura.
El estudio también sostiene que las consecuencias dependen del tipo de minería que se practica. En Huepetuhe, la minería se realiza utilizando maquinaria pesada tipo excavadora, que deja estanques poco profundos y montañas de residuos altos con granos de diferentes tamaños, desde arena hasta piedras, señala el reporte.
En Azul, en la Reserva Nacional Tambopata, y en Balata, en La Pampa, se realiza la minería de succión, en la que se utilizan extractores de agua de alta presión para licuar los sedimentos y bombas de succión para transportarlos a esclusas inclinadas. “Cuando se realiza minería por succión, la capa superior del suelo se lava y se deposita en estanques y en los bosques y ríos circundantes”, explican en el reporte.
Como consecuencia de estos procesos quedan montículos de arena con altas temperatura que alcanza hasta 60 grados, es decir que la tierra queda caliente y seca. Además, estos montículos de arena que se forman tras la minería drenan el agua hasta 100 veces más rápido que el suelo de los bosques, lo que impide el crecimiento de los árboles.

Según el estudio, esto sucede porque el paisaje postminería altera drásticamente la dinámica de la infiltración hídrica, es decir, el proceso por el cual el agua de la superficie ingresa en el suelo. Provoca así una disminución en la disponibilidad de agua subterránea, que reduce las posibilidades de reforestación.
Durante el estudio se utilizaron herramientas de teledetección, imágenes satelitales y drones con cámaras especiales. “Eso nos ayudó a mapear la vegetación y la topografía para medir la altura de los grandes estanques de arena. También usamos herramientas en el campo para medir la velocidad con la que el agua se filtra y comparamos las áreas mineras con el bosque antes de que se instale la minería para ver la diferencia”, explica West. “En el bosque, antes de la minería, el agua se filtra gradualmente, mientras que en los montones de arena, después de la minería, el agua se filtra rápidamente”, agrega.
“También usamos un conjunto de herramientas llamadas imágenes de resistividad eléctrica. Básicamente, colocamos pequeñas puntas metálicas en el suelo y aplicamos corriente eléctrica a través de ellas para observar cuándo pasa de una punta a otra”, afirma West.
El experto asegura que esta información indica la resistencia o conductividad eléctrica del suelo a gran profundidad, muy por debajo de lo que se puede ver. “Esto se debe a que, cuando hay más agua, conduce mejor la electricidad. Cuando el suelo tiene más agua, podemos medirla con estas imágenes de resistividad eléctrica y crear mapas de la cantidad de agua contenida en el subsuelo», explica. Esto les permite ver que en las zonas mineras el subsuelo es muy seco. «En el bosque natural, nunca hay humedad”.
Propuestas para la reforestación
“Los hallazgos de este estudio coinciden con lo que hemos observado en campo en distintas regiones de la Amazonía. La minería de oro no solo elimina la cobertura forestal, rompe los sistemas ecológicos que permiten la recuperación del bosque”, señala Luis Fernández, director ejecutivo del Centro de Innovación Científica Amazónica (Cincia).

Si se abandonan estos sitios, pueden regenerarse con el tiempo, agrega Fernández, pero el proceso toma décadas o más, y lo que regresa rara vez se parece al bosque original. “Los gobiernos deben invertir en la restauración de estas áreas, especialmente donde la minería artesanal y de pequeña escala causó daños severos tras años de escasa fiscalización», asegura. «Estas restauraciones no deberían ser opcionales, sino una responsabilidad asumida por los Estados después de haber permitido que ocurriera esta destrucción”, afirma el experto.
En el estudio se plantean algunas posibilidades para la recuperación de los espacios degradados por la minería. Los investigadores recomiendan aplanar los montículos de arena y rellenar los charcos dejados por la minería para que las raíces de las plantas puedan alcanzar el nivel freático del agua con mayor facilidad.
Josh West comenta que el desafío es cómo aprovechar lo que queda después de la minería y maximizar las posibilidades de recuperar el valor de la biodiversidad, el valor en carbono y agua que tenía la selva tropical antes de la minería. “Se trata de tomar los montones de arena y nivelar el terreno para crear el paisaje y rellenar el estanque con arena para evitar que el agua se drene del suelo y que los árboles no puedan crecer”.
West explica que están intentando implementar una zona de reforestación experimental basada en lo que han encontrado en el estudio. “Creo que al comprender las barreras para la recuperación forestal, tendremos más posibilidades de que se recupere. Hemos plantado 800 árboles en septiembre pasado y el objetivo es plantar más este año.

France Cabanillas, coordinador del Programa de Restauración de la organización Cincia, señala que en paisajes como La Pampa la regeneración es bastante complicada. “En la Pampa, las acciones de reforestación implican más costo, aplicación de sustratos, una mayor estrategia de reforestación, ya que tenemos un suelo más degradado y que no tiene estructura y es arena”.
Cabanillas también comenta que es necesario realizar más investigaciones, pero que, sin embargo, Cincia cuenta con un espacio en el que se han sembrado especies que ya están creciendo desde hace siete años.
Imagen principal: deforestación en Madre de Dios, la región amazónica de Perú más afectada por la minería ilegal. Foto: Max Cabello