- La scalesia alguna vez floreció en las Islas Galápagos, formando un ecosistema húmedo único para plantas, insectos, tortugas gigantes y aves, pero solo queda el 1 % de este bosque en todo el archipiélago y el 3% en Santa Cruz.
- Durante casi una década (2014–2023), se monitoreó la vegetación en 34 parcelas de Scalesia Pendunculata, comparando áreas donde se controlaron plantas invasoras con aquellas donde no se hizo.
- En las parcelas sin intervención, la cobertura de Scalesia disminuyó 71 %.
- “Hoy nuestros hallazgos indican que, sin una intervención inmediata para controlar las especies invasoras de plantas a gran escala, la margarita gigante enfrenta una extinción inminente en la isla de Santa Cruz dentro de los próximos 20 años”, indicó una de las principales investigadores del estudio.
En el Pacífico Este Tropical, la naturaleza cobra vida. Esta área marina —también conocida como PET—, que se extiende desde Costa Rica hasta Ecuador, tiene uno de los mayores índices de endemismo (especies únicas) en el mundo y algunas de sus especies están en peligro de extinción.
En este punto exacto se encuentran tres islas declaradas como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco: el Santuario de Fauna y Flora Isla Malpelo en Colombia, el Parque Nacional Isla del Coco en Costa Rica y las islas Galápagos, el primer sitio en obtener esta declaración reconocida en el mundo.
Esta riqueza ecológica no blinda a estas islas de las amenazas. Galápagos, por ejemplo, solo 30 años después de haber obtenido la declaratoria de la Unesco, fue catalogada por la misma institución como Patrimonio Mundial en Peligro, debido al impacto generado por el turismo, la sobrepesca y las especies invasoras. Y aunque en 2010 fueron retiradas de esta lista, este patrimonio natural solo se mantiene gracias al continuo trabajo de protección en que algunas personas persisten.
Una de ellas es Heinke Jäger. Ella inició su labor en la Fundación Charles Darwin en 1998. Su primera investigación fue sobre el árbol de la cascarilla (Cinchona pubescens), que comenzó a propagarse en Galápagos aproximadamente 30 años después de su introducción, en la década de 1940. Desde entonces, esta especie invadió tierras agrícolas y todas las zonas de vegetación en las tierras altas del Parque Nacional Galápagos, incluidas las zonas de Miconia y Scalesia, hábitat exclusivos de Galápagos. Esta última especie vegetal se convirtió en su principal línea de investigación y en ella ha concentrado sus mayores esfuerzos de conservación.

¿Por qué la Scalesia? Porque solo existe en Galápagos y desde que se estableció de manera natural en el archipiélago, evolucionó en 15 especies, aunque solo dos de ellas, la Scalesia pedunculata y la Scalesia cordata, que crecen en la parte alta de las islas por la lluvia, la humedad y la niebla, forman un bosque. En realidad, formaban.
“El bosque de Scalesia pedunculata cubría unas 10 000 hectáreas en la isla Santa Cruz. Luego, en 1959, cuando se estableció el Parque Nacional Galápagos, se delimitó la zona agrícola, y más adelante, en 1970, se fijaron los bordes definitivos. Como resultado, casi el 70 % del bosque fue talado para dar paso al área agrícola.
La degradación empezó cuando llegaron los primeros colonos porque utilizaban la Scalesia para construir casas temporales, ya que sus árboles eran fáciles de talar”, detalla Heinke, quien es la principal autora del estudio “Restaurando el bosque amenazado de Scalesia: perspectivas de una década de manejo de plantas invasoras en Galápagos”, el compilado de una década de investigación.
La zona agrícola no fue la única amenaza. Después llegaron las especies invasoras como el sauco (Cestrum auriculatum), el churuyuyu (Tradescantia fluminensis) y la mora (Rubus niveus). Esto provocó que en Santa Cruz hoy solo quede el 3 % de remanente de bosque de Scalesia. Es decir, apenas 300 hectáreas de las 10 000 que había originalmente.

Invasión en los bosques de Scalesia
Actualmente en Galápagos existen 1700 especies de animales y plantas que fueron introducidas al archipiélago y casi el 50 % de ese total se utiliza para fines agropecuarios, según datos del Parque Nacional.
Trescientas de esas especies de animales y plantas están catalogadas como “invasoras” porque causan un impacto significativo en los ecosistemas o en las especies, que pueden llegar hasta su extinción.
La Scalesia, por ejemplo, tiene semillas semejantes a los dientes de león (taraxacum officinale): finas y pequeñas que vuelan con facilidad, pero necesitan luz para germinar. El problema es que la mora, una especie que fue introducida en 1968 y que hoy es considerada altamente invasora porque forma un matorral grande y frondoso, no permite el ingreso de luz solar. Por lo tanto, la Scalesia no puede reproducirse y queda sin posibilidades de crecimiento.
Esto no es algo menor. La Scalesia fue una de las primeras especies en llegar naturalmente a Galápagos, pese a sus condiciones volcánicas. Y aunque las plantas pioneras como esa tienen la característica de producir bastantes semillas, sus plantas también tienen una alta mortalidad. Por eso, la Scalesia solo tiene un promedio de vida entre 15 a 20 años y esto se vuelve una carrera contra el tiempo para los científicos que intentan salvarla.
“Cuando un árbol cae y se abre su copa, muchas semillas llegan al suelo. La luz del sol es la que permite la germinación, y así comienza la regeneración natural del bosque. Pero uno de los hallazgos de nuestra investigación muestra que las sombras de especies invasoras, como la mora, impiden ese proceso«, explica Heinke. «Si todos los árboles adultos se caen y las semillas no pueden germinar por falta de sol, el bosque no podrá renovarse. Es preocupante porque en algunas zonas de estudio ya se ha caído hasta el 75 % de los árboles”, agrega.

El estudio, publicado en la revista Frontiers, fue realizado durante una década (entre 2014 y 2023). Heinke y un equipo de científicos de la Fundación Charles Darwin y el Parque Nacional Galápagos (PNG) monitorearon la vegetación de la Scalesia pedunculata en 34 parcelas permanentes de 10 metros por 10 metros, en la isla Santa Cruz.
Compararon las áreas donde se controlaron especies invasoras con aquellas donde no se aplicó ningún manejo. En las parcelas donde se removieron de forma continua las especies invasoras, la cobertura de todas las plantas endémicas -incluida la Scalesia– aumentó significativamente en un 37 %.
En contraste, en las parcelas sin intervención, la pérdida fue alarmante, la cobertura de Scalesia disminuyó en 71 % y no se registró la germinación de ninguna de sus semillas. Esto impidió la aparición de nuevas plantas jóvenes.
“Llevamos a cabo un experimento de campo para evaluar los impactos de la mora y otras dos especies de plantas invasoras, así como los efectos de la eliminación de dos de estas. Mientras que en las parcelas con remoción de invasoras se observó reclutamiento natural de Scalesia pedunculata a partir de semillas, en las parcelas invadidas no se registró ningún caso» destaca el informe.
Luego, el estudio sostiene: «Estos resultados, junto con la alarmante reducción del 71 % en la cobertura de árboles adultos en las parcelas invadidas, indican que esta especie amenazada podría enfrentar una extinción local en la isla Santa Cruz en menos de 20 años, si no se implementa un control masivo y sostenido de las plantas invasoras”, destacan en el informe.
El árbol que sostiene fauna endémica de Galápagos
Los bosques de Scalesia históricamente han estado en la zona más alta de las islas Galápagos, donde abunda la humedad. Esta característica permite que intervengan en la captación de líquido, especialmente en islas pobladas como Santa Cruz, Floreana y Santiago, donde generalmente no existen cuencas de agua superficiales, sino subterráneas.
Esto significa que los árboles forman parte del ciclo de agua dulce que se genera a partir de la neblina y las lluvias, pero su función no acaba ahí, estos árboles también resultan muy atractivos para las aves como los pinzones de Darwin (Geospiza acutirostris), que son pequeñas aves terrestres, y 17 de ellas, endémicas de Galápagos. A ellas les gusta poner sus nidos en estos árboles.
“Las Scalesias tienen la particularidad de que sus hojas secas se quedan colgando de las ramas y eso forma un microhábitat para muchos insectos que están asociados a estos bosques y que son endémicos de esta especie. Todos estos insectos, además de que contribuyen a la biodiversidad, son el único alimento de aves y lagartijas”, destaca Miriam San José, científica-investigadora de la Fundación Charles Darwin.

Para muchos animales este alimento no es algo provisional. En el caso de los pinzones carpinteros (Camarhynchus pallidus) y pinzones cantores (Certhidea olivacea) de Darwin, su alimento depende únicamente de los remanentes del bosque de Scalesia.
Un informe de impacto publicado en 2021 por la Fundación Charles Darwin confirma esta teoría. Hasta ese año se estimaba que del pequeño pájaro brujo (Pyrocephalus nanus), que está clasificado como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), apenas quedaban 30 parejas reproductoras en la isla Santa Cruz, donde es muy raro observar su presencia.
Su subsistencia, al igual que la de la Scalesia, también está en riesgo por plantas invasoras. El ciclo negativo funciona así: la principal amenaza del pájaro brujo es la mosca vampiro aviar (Philornis downsi) y los científicos descubrieron que las plantas de moras invasoras afectan el éxito de la reproducción, ya que impiden que las aves accedan a presas del suelo para alimentarse a sí mismas y a sus polluelos. Esto hace que los padres abandonen los huevos y que los polluelos queden expuestos al ataque de las moscas.
Desde 2021, los investigadores de la Fundación Charles Darwin lograron más pistas de cómo enfrentar este problema. “La remoción de moras, el control de roedores y la inyección de un insecticida de bajo impacto en la base de los nidos para reducir las larvas de mosca demostraron ser muy eficaces. La población del pequeño pájaro brujo en la isla Santa Cruz aumentó luego de estas acciones y también ayudó a restaurar el bosque de Scalesia, uno de los hábitat más amenazados del archipiélago”, detallan en el informe de impacto.
Proteger los árboles de Scalesia no solo les asegura el alimento y la subsistencia a estas pequeñas aves sino que también genera un beneficio indirecto a la comunidad con el agroturismo.
Solo en 2024, las islas Galápagos recibieron más de 279 mil turistas y el 78 % de los visitantes optó por el turismo en tierra o local. “Al recuperar estos bosques, existe un incremento de especies que antes no existían dentro de las fincas agrícolas y esto genera un valor agregado y eleva la experiencia turística, por ende la cantidad de visitantes”, detalla Cristian Sevilla, del Parque Nacional Galápagos.
El desafío de frenar las especies invasoras
Lo que más sorprendió a Miriam San José durante el proceso de investigación fue un descubrimiento en el territorio. “Empecé a trabajar en mayo de 2021 en el proyecto y había leído que en ciertos sitios de la isla Isabela habían encontrado más de mil árboles de Scalesia. Luego una compañera regresó al mismo lugar y encontró apenas 28. En la visita me impactó que en algunos sitios donde abundaban los árboles, ya no quedaba ni uno solo”, recuerda.
La respuesta a esta tragedia está en evitar que la pérdida continúe. Al ser las plantas invasoras la principal amenaza de la Scalesia, es necesario controlarlas de dos maneras: la primera es con remoción manual o mecánica, que se realiza con machete cuando las plantas son pequeñas y no están enraizadas. Y otra forma es para árboles más grandes como el cedro, donde se utilizan motosierras y control químico. Se aplican algunos herbicidas especializados de baja toxicidad de manera focalizada.
En el caso de la mora, que es una de las especies invasoras más problemáticas para la Scalesia, se le corta y en su tallo se aplica directamente el herbicida.

“Lo importante de estos métodos es la continuidad. La mora puede resistir sin riego, en una época de sequía, hasta siete años. Su semilla permanece enterrada y luego germina. Tratamos de que el método químico se utilice a partir de 30 hectáreas porque para esa cantidad es el método más efectivo y fácil de mantener”, explica Cristian Sevilla, del PNG.
Estas acciones realizadas por el Parque Nacional son a largo plazo. Necesitan trabajar entre cinco a siete años en una misma área para que la Scalesia u otras plantas endémicas se mantengan sin la ayuda del ser humano.
La Scalesia no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Forma un ecosistema único para muchas plantas y animales. Si no se cuidan los pocos remanentes que existen, esta especie estaría condenada a la extinción.
Esta publicación es una alianza periodística entre Mongabay Latam y Revista Vistazo de Ecuador.
Imagen principal: La scalesia es endémica de las Islas Galápagos. Existen 15 especies y solo dos de ellas (Scalesia pedunculata y la Scalesia cordata), forman un bosque. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin