- El argentino Andrés Arias es investigador en el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET-UNS).
- Participó como observador científico y asesor técnico en el Comité Intergubernamental de Negociación (INC) y es experto en contaminantes orgánicos y plásticos en ambientes marinos.
- Dialogó con Mongabay Latam ante el fracaso del acuerdo entre los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para frenar la contaminación del plástico en el mundo.
- Arias ahonda sobre las negociaciones, lo que falta para que los países se pongan de acuerdo y lo que la ciencia está aportando al debate en un mundo donde literalmente ya llueve plástico.
Hace unos diez años, el argentino Andrés Arias, investigador del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, Conicet-UNS), comenzó junto a su equipo a investigar contaminantes en el ambiente, especialmente en el ambiente marino costero de la ciudad de Bahía Blanca, polo petrolero al sur de la provincia de Buenos Aires. El plástico tomó su mundo. La ciencia lo fue llevando y terminó participando como observador científico y asesor técnico en el Comité Intergubernamental de Negociación (INC), el organismo creado por la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA), encargado de redactar un acuerdo internacional jurídicamente vinculante (un tratado) para poner fin a la contaminación por plásticos.

Arias, experto en contaminantes orgánicos y plásticos en ambientes marinos, asegura en esta entrevista con Mongabay Latam: “Se piensa que la ciencia tiene una posición antiplástico y es todo lo contrario”. “El plástico ha salvado vidas, da confort, da muchas posibilidades al desarrollo humano. Ni hablar en términos de material para salud humana, para hospitales, para llevar agua, para llevar internet, para estructuras, para construcciones. Pero al mismo tiempo, creemos que necesitamos hacerlo más seguro, necesitamos producirlo y necesitamos consumirlo de manera más sostenible”, afirma.
El experto resalta además la necesidad de innovar en términos de cómo se produce y cómo vamos a reciclar el plástico. “El plástico hoy tiene una tasa de reciclado bajísima, menos del 8 % a nivel global. El hierro se recicla en más del 76 % y el acero, en un 98 %. Estamos produciendo casi 600 millones de toneladas de plástico virgen por año”, explica.
Los intentos internacionales por llegar a un acuerdo para frenar la contaminación del plástico fracasó a mediados de agosto, luego de que los países de la ONU se reunieran en Ginebra. Arias ahonda en los por qué y profundiza en la problemática de vivir en un mundo de plástico. A pesar el fracaso, el científico es optimista. “Hay un grupo de más de 100 países que tiene objetivos comunes, lo que llamamos objetivos de alta ambición. Es decir que tienen mucha voluntad de que el tratado [de plásticos] tenga alta ambición en términos de resolver el problema”, dice.

-¿Cómo comenzó a involucrarse en la investigación sobre plásticos?
-Nuestro grupo se especializa en contaminantes persistentes, es decir, aquellos que duran más de seis meses en el ambiente. Entre ellos están todos los llamados Pops o Persistent Organic Pollutants. Son todos los pesticidas, muchas moléculas orgánicas grandes como las parafinas cloradas, algunos aditivos plásticos también, los PCBs, los policlorados, los perfluorados, muchas sustancias de este tipo. Normalmente las detectamos en el ambiente en partes por billón o partes por trillón. Es decir, son pequeñas cantidades, que ya las hacen muy tóxicas. En ese marco, cada vez que íbamos al campo, cada vez que estábamos muestreando, sobre todo en costa, en el mar, trabajando con los pescadores, lo que veíamos era un impacto grande del plástico, de la basura plástica, en la costa, en los arroyos, en los ríos. Este plástico no está en niveles de ppb [partes por millardo o partes por mil millones] o ppt [partes por billón], sino que está en niveles de kilogramos por hectárea, kilogramos por metro cuadrado, y teníamos que empezar a abordar este tema.
Nuestro estudio fue uno de los primeros en Argentina que empezó a cuantificar científicamente cuánto plástico teníamos dentro de los peces, cuánto había en el agua, cuánto había en los sedimentos. Ya hay muchos grupos ya trabajando en el tema. Así empezamos a entender cómo estos contaminantes que están a megaescala y que también son persistentes, si bien no son moléculas, son megaestructuras, son polímeros, también son persistentes y mucho más en algunos casos que los compuestos orgánicos persistentes, porque hablamos de resistencias de 100, 200, 300 años, de acuerdo a la densidad y de acuerdo al tipo de compuestos.

-¿Qué fueron encontrando a medida que avanzaban con esa investigación sobre los plásticos?
-La primera conclusión es que están presentes donde los buscamos. Hemos hecho un estudio exhaustivo en muchas matrices, no solo en el agua de mar o en el agua de los ríos, o en suelos o sedimentos, o en suelos de costas, de marismas, sino también en organismos: en peces, en el interior de pingüinos, en el interior de tortugas marinas. También en pequeños organismos, los zooplancton, que son la base de la cadena trófica marina, de lo que se alimentan, por ejemplo, los grandes cetáceos como las ballenas.
Acabamos de publicar un trabajo en el que demostramos cómo los pequeños organismos ingieren pequeñas partículas de plástico, obviamente causando efectos negativos en ellos.
Además, detectamos el plástico en el agua de lluvia. Estudiamos las precipitaciones y en el caso nuestro, en la ciudad de Bahía Blanca, demostramos una cantidad de, por ejemplo, 47 partículas de plástico por litro de agua de lluvia, lo cual está en el rango de los pocos trabajos que hay a nivel mundial en agua de lluvia y en aire.
Siempre decimos: antes pensábamos que el agua de lluvia era lo mejor que podía pasar y ahora decimos que tiene más plástico que el agua potable. En agua potable también está medido. ¿Cuánto hay en el agua? El agua de red de surgente normalmente tiene 4 a 6 partículas por litro. El agua envasada tiene alrededor de 40 y hay algunos estudios que reportan entre 100 y 200 partículas por litro, micropartículas y nanopartículas. Y el agua tiene alrededor de 50 partículas por litro. Al menos eso es lo que medimos en campo.

Todos estos resultados nos demuestran, en definitiva, una presencia, una omnipresencia, una presencia ubicua del plástico en todo el ambiente, en todas las estructuras ambientales, acuáticas, terrestres, aéreas, animales. Es lo que nos lleva a seguir investigando y lo que nos causa bastante preocupación.
-¿Cómo llega el plástico al agua de lluvia?
-El plástico está en agua de lluvia en micropartículas. Son partículas muy livianas, mayormente lo que encontramos son fibras que son también fáciles de levantar en el aire. Estamos hablando de partículas que pesan muy poco: entre diez y 50 micrones. Entonces pueden transportarse tranquilamente en las corrientes aéreas. Estas partículas vienen del desgaste de los productos plásticos, de cualquier producto plástico en degradación, de la ropa, del desgaste de los utensilios, muebles y artículos electrónicos. Una vez en el ambiente, simplemente la acción de los vientos, de la temperatura los acarrea, los lleva a las altas capas de la atmósfera y luego, cuando precipita la lluvia, también lleva los microplásticos que están ahí flotando. Y por eso llueve plástico. Empezamos a medirlo en 2022 y la publicación es de 2023.
-Estamos completamente rodeados de plástico. Vivimos en un mundo plástico. Literalmente…
-Literalmente es un mundo plástico. Hay un grupo de colegas franceses que hicieron algo que se llama el pronóstico del plástico, The Plastic Forecast. Ellos modelan cuánto plástico llueve en París por semana y cuánto va a llover en un día particular, por semana, por mes, como si fuera el pronóstico del tiempo. Son alrededor de entre 300 y 500 kilogramos por día. Parece un poco distópico. Parece que es un cuento futurista de Ray Bradbury, pero en realidad es nuestro presente.

-¿Cómo fue trabajar con los pescadores en la problemática del plástico?
-Nosotros tenemos un vínculo muy bueno y bastante cotidiano. No somos ecólogos ni biólogos marinos, pero trabajamos tangencialmente con peces y realmente es una preocupación para ellos también. Cuando necesitamos ayuda de algún tipo para colectar especímenes, a veces trabajamos con pescadores que nos dan ejemplares que ellos capturan para comercializar. Siempre tienen un buen espíritu porque las comunidades que viven y basan su economía en la pesca o en el mar son las más preocupadas. No solo a nivel local. Es a nivel mundial. Son las que rápidamente reaccionan ante esta amenaza. Muchos capturan en sus redes a veces la misma proporción de plástico que en peces. Esto, no en Argentina, pero sí en diferentes regiones del mundo, como Corea del Sur, por ejemplo, donde hay muchas granjas marítimas de acuicultura. Todo lo que se utiliza en acuicultura es plástico, las redes, las cajas para criar ostras y ese tipo de cultivos. Hay mucho plástico que queda descartado cuando los pescadores van a pescar. En Corea del Sur hay planes gubernamentales para que los pescadores traigan de regreso el plástico que pescaron cada vez que salen a pescar.

-Los países de la ONU intentaron llegar a un acuerdo sobre plásticos pero fracasaron hace dos semanas. ¿Por qué cree que es tan difícil llegar a un acuerdo para frenar el avance del plástico en el mundo?
-Creo que hay una intención genuina de frenar la contaminación por plásticos. Ese es el mandato. Hay más de 180 Estados miembros en Naciones Unidas. Yo creo que hay una intención genuina de todos. No puedo decir que nadie no la tenga. La diferencia es cómo llegar a eso. ¿Cómo llegamos a poner fin a la contaminación por plástico? Ahí está: ahí es donde no existe el consenso. La ciencia muestra que para llegar a eso necesitamos ir por un camino y ese camino es abordar todo el ciclo de vida del plástico, inclusive su producción, la forma en la que lo producimos. Por supuesto que la forma en que también lo consumimos y, por supuesto, la forma en que lo desechamos, además de cómo manejamos ese desecho y qué tecnologías e innovaciones necesitamos en términos de reciclado. Esa es un poco la mirada de la ciencia.
Pero la ciencia no es un Estado miembro. La ciencia intenta que esto defina las políticas o que las políticas estén basadas en la evidencia. Pero luego los Estados miembros tienen su propia visión y hay algunos que piensan que podemos poner fin a la contaminación plástica solo manejando desechos sin alterar la producción y sin alterar la forma en que se producen y en la forma en que se consume. Por otro lado, hay países que sí piensan que hay que abordar todo el ciclo de vida del plástico, como lo piensa la ciencia. Son muchos estos países, no son pocos, son más de 100.

Ahora, el tratado está basado en un consenso. Hay una frase que siempre repite quien lleva adelante las negociaciones: “Nada está acordado hasta que todo está acordado”. Ponerse de acuerdo en todo entre más de 180 países parece muy complicado.
-¿Cómo continúa esta historia? A partir del fracaso del acuerdo…
-Hablo siempre como científico. Para nosotros, cada año que pasa es muy negativo, porque en diez años puede duplicarse la cantidad, no solo de lo que se produce, sino lo que llega al ambiente. Para 2040, los modelos proyectan concentraciones en el ambiente y concentraciones de cantidad de producción que suman una escala logarítmica, es exponencial. Es decir, cada año que pasa no es un poquito peor, es bastante peor. Por eso decimos que el problema es urgente. El abordaje es urgente.
Muchos tratados globales han llevado muchos años, han llevado diez años de negociaciones, como el Acuerdo del Protocolo de Montreal y el Acuerdo de Kyoto. Se dieron en décadas pasadas, cuando el acceso a la información era otro y la cantidad de evidencia científica también no era tan abrumadora como la que tenemos hoy.
Por eso nosotros somos optimistas: no podemos estar diez años negociando un acuerdo de plásticos, necesitamos ser más rápidos en términos del ambiente, en términos de resolver el problema o empezar a poner proa a un rumbo que apunte a resolver el problema. No va a ser de un día para otro, esto va a llevar décadas, pero si esas décadas avanzan con hitos, con objetivos de avance claros, estamos en el camino correcto y no se está perdiendo tiempo.

¿Cómo sigue en adelante? La verdad es que no está claro cómo se va a seguir. No quedó claro en la última sesión cuáles son los siguientes pasos. Pero sí está claro que se necesita continuar con una nueva sesión, una nueva ronda de negociaciones. Es necesario pensar bien cómo va a ser el sistema de acuerdo en las siguientes reuniones, sí vamos a seguir intentando un consenso en el que todos estemos de acuerdo en todo o se pasa a un sistema de votación, que es otra forma de llegar a acuerdos. Es algo que se tiene que definir en los próximos meses.
-¿Hay intereses económicos de los países que no quieren abordar la vida completa del plástico en el acuerdo?
-Es difícil decirlo. No es fácil hacer esa aseveración. Hay muchos países. Todos quieren llegar a sus países con algo en las manos, con un tratado que resuelva cuestiones de la vida cotidiana de la gente. La gente demanda soluciones. Y sinceramente, yo creo que esos países también quieren volver con algo que ayude. Por supuesto que detrás de estas decisiones siempre hay geopolítica y siempre hay cuestiones económicas, siempre hay cuestiones de logística, de manejo de las áreas de producción de los países. Es lícito porque todo tiene que estar arriba de la mesa al momento de negociar. Y hay países en los que diferentes sectores de su economía, de alguna manera, pienso que ganan la pulseada. Pero nunca hablo de buenos y malos. Sí, de diferentes intereses puestos en la mesa de negociar.

-Además de de los efectos y los impactos del plástico en la biodiversidad marina, ¿qué tan estudiado está el impacto del consumo involuntario de plásticos en la salud humana?
-Hay bastante literatura científica sobre eso. Está en lo que llamamos la infancia de esta rama de la ciencia, hay mucho por hacer, hay mucho por investigar aún. Pero sí sabemos que el plástico ingresa a muchos tejidos del cuerpo, casi te diría a todos. Se los halló en riñones, en el hígado, en la sangre. Hasta en el cerebro y en la placenta. Reportes clínicos científicos lo demuestran. También los efectos sobre la salud.
Hay muchos trabajos que dan cuenta de la exposición a partir no solo de la ingestión, sino del contacto. Muchos productos plásticos tienen algunos aditivos químicos que son, definitivamente, disruptores endocrinos o disparadores de algunos genes que, por ejemplo, disparan ciertos cuadros de obesidad. Algunos son carcinogénicos.
Las incidencias negativas no son solo por una cuestión física de un producto extraño en el cuerpo de las personas, sino por la incidencia química. Existen más de 16 000 compuestos químicos que se utilizan hoy en la industria del plástico para obtener diferentes productos, diferentes colores, diferentes propiedades, diferentes resistencias. La mayoría de esos 16 000 productos químicos no están regulados. Solamente lo están unas 980 sustancias en acuerdos globales. Entonces tenemos unas 15 000 sobre las cuales sabemos poco y de lo poco que sabemos es que hay unas 3800 que son muy peligrosas, que no están reguladas en ninguna regulación mundial y que se están utilizando. Hay un tema de seguridad, hay un tema de transparencia química. En el acuerdo necesitábamos pedir que cada productor declare qué químicos utiliza y cuán seguros son, que los químicos que utiliza sean certificados, que tengamos estudios toxicológicos. Vamos a necesitar a la industria plástica en el futuro, nadie lo niega, pero que sea más segura y más sostenible.
Imagen principal: exposición durante una reunión por el Tratado Global del Plástico, en Ottawa, Canadá, durante 2024. Foto: PNUD