- Un inédito proyecto de monitoreo de biodiversidad agrupa a científicos, organizaciones, autoridades, comunidades y el sector privado.
- Más de 1300 cámaras trampa en ecosistemas estratégicos del país ayudarán a evaluar el estado de la fauna en el segundo país más biodiverso del mundo.
- Autoridades ambientales y especialistas del Instituto Humboldt y de la organización Conservación Internacional cuentan a Mongabay Latam los impactos y retos de este proyecto.
- Las áreas con vacíos de información, los conflictos armados y socioambientales son algunas de las barreras que enfrentarán en los territorios.
Los Otus, una familia de aves rapaces nocturnas, son grandes observadores de su entorno, conocidos por su aguda percepción, paciencia y sigilo. La capacidad de ver sin ser vistos. Al igual que estos búhos, una red nacional integrada por científicos, organizaciones, comunidades, autoridades y sectores privados busca registrar la fauna en los ecosistemas más importantes de Colombia. El objetivo es generar información clave que permita orientar las políticas ambientales y de conservación en el segundo país más biodiverso del mundo.
Se trata de la Red nacional de cámaras trampa Otus, la cual utilizará una plataforma de inteligencia artificial para procesar la información captada en terreno por más de 1300 cámaras con el trabajo de comunidades y autoridades ambientales en áreas estratégicas de Colombia.
Representantes de la Asociación de Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo Sostenible (Asocars), del Instituto Humboldt y de la organización Conservación Internacional (CI) cuentan a Mongabay Latam los impactos de este proyecto, que más allá de registrar la biodiversidad de los ecosistemas también permitiría obtener mayor información para mejores medidas de conservación.
Además, destacan la ciencia participativa y comunitaria como la base de la red de monitoreo que enfrenta retos logísticos, de seguridad y sostenibilidad. Sostienen que forma parte de una apuesta nacional por la conservación y que comenzará el ejercicio de fototrampeo el próximo mes de octubre.

Las cámaras, una herramienta que transforma
Angélica Díaz Pulido, investigadora del Centro de Estudios Socioecológicos y Cambio Global del Instituto Humboldt, cuenta cómo, pese a ser una herramienta común de investigación, las cámaras trampa pueden transformar la idea que tienen las comunidades de la biodiversidad y su relación con ella.
“Cuando empiezas a ver en esas imágenes [de cámaras trampa] a una especie que por mitos y leyendas se considera peligrosa o una amenaza empiezan procesos de apropiación social del conocimiento a través de la imagen. Hay un proceso de sensibilización sobre la presencia de las especies que, aunque vivan al lado de la casa, de otra manera ni siquiera sabríamos que están allí”, explica la investigadora a Mongabay Latam.
Este proceso de reconexión con la naturaleza mediante la tecnología ha sido relevante para que el proyecto de monitoreo tenga un enfoque de ciencia participativa, de acuerdo con Díaz Pulido, quien considera que se trata de “la apropiación de esa naturaleza de la cual nos hemos desconectado”.
Un ejemplo, cuenta, ocurrió en una zona de Antioquia, al noroeste de Colombia, donde una familia tuvo un conflicto por la muerte de uno de sus animales de finca, que era medio de transporte y sustento, por lo que recurrieron a las cámaras trampa para identificar al felino que lo cazó.
“La familia estaba muy asustada. Se instala la cámara, se identifica que el animal que había causado la pérdida era un jaguar. Y cuando lo ven, ese miedo que tenían les produjo una admiración por la belleza del animal”, destaca Díaz.
Este tipo de casos, sostiene la investigadora, provocan una apropiación positiva de las comunidades con la biodiversidad presente en sus hogares.
“Empiezan a entender por qué esa especie también necesita ese mismo espacio y que al final su presencia termina siendo un beneficio para todos, incluso para ellos, a pesar de la pérdida que habían tenido”, agrega.
Este proceso también permite reparar la confianza de las comunidades con autoridades ambientales e investigadores, destaca Yesid González Duque, director ejecutivo de Asocars, la asociación que representa a las 33 Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), las máximas autoridades ambientales en Colombia responsables de la administración y conservación de los recursos naturales.
“Parte de este ejercicio nos ha servido precisamente para ir recuperando esa confianza, que la gente entienda que estamos buscando un bien común, que además de cuidar los recursos naturales también hay posibilidades de mejorar sus condiciones de vida desarrollando turismo de naturaleza, por ejemplo”, comenta González.
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Inteligencia artificial para monitorear la biodiversidad
Históricamente procesar información de cámaras trampa ha sido una tarea ardua y compleja que requiere verificar registros de las especies monitoreadas, por lo que la implementación de inteligencia artificial no solamente es novedoso sino que permitirá obtener información importante en menor tiempo para la toma de decisiones.
El proyecto utilizará la plataforma Wildlife Insights, una iniciativa de diferentes organizaciones y el sector privado, que mediante inteligencia artificial permite identificar especies capturadas por cámaras trampa, lo que facilita análisis para investigaciones sobre conservación.
Para Juan Pablo López, coordinador de Monitoreo y gestión del Conocimiento en Biodiversidad en la organización Conservación Internacional, esto no solo permite ahorrar tiempo sino también analizar información en conjunto con otros actores de conservación, desde comunidades y organizaciones, hasta compañías y gobiernos.
“La plataforma utiliza un algoritmo que permite la identificación de las especies con un alto grado de confianza, basado en el número de eventos permite hacer un análisis de esa información. Te permite también tener vínculos entre muchas iniciativas, compartir tus proyectos con otras organizaciones donde mucha gente se integra a esta iniciativa”, explica.
La investigadora Díaz destaca que esta herramienta no solo permite la creación de bases de datos sino que sea accesible para tomadores de decisiones en el menor tiempo posible.
“Genera resultados básicos y rápidos donde te dice cuántas especies registraste, cuántas eran mamíferos, cuántas aves, algo que un tomador de decisiones pueda tener sin necesidad de esperar una contratación que le puede durar meses, sino que pueda tener unos datos de primera mano, a partir del procesamiento de las imágenes”, señala.

Para las corporaciones autónomas, que ya realizaban fototrampeo para monitorear los ecosistemas, esta tecnología no solo es nueva, sino valiosa por la colaboración que implica con diferentes actores.
“Antes lo que se hacía era coger las imágenes, bajarlas y los biólogos comenzar a analizarlas una por una. Eso demandaba mucho tiempo, era muy complejo y dispendioso”, señala González, que también destaca la articulación con la academia y el sector privado para conseguir mayores recursos.
Vacíos de información, un reto para el monitoreo
La red Otus no se limitará únicamente a las áreas de conservación, también implementará el monitoreo en reservas privadas, parques regionales, distritos de manejo y territorios con conectividad de ecosistemas clave para especies como el jaguar, la danta o tapir o el oso de anteojos.
Uno de los objetivos será llegar de la mano de comunidades locales a áreas de importancia ambiental o hotspots poco monitoreadas, donde no hay estrategias de conservación de largo plazo.
“Hay áreas que llamamos vacíos de información. En Colombia, una de esas grandes áreas, por ejemplo, son las regiones de la Amazonía, en la Orinoquía, el Chocó Biogeográfico, donde a pesar de los esfuerzos de organizaciones, son sitios de bastante relevancia, donde aún hay vacíos de información”, señala López.

Por esta razón, el especialistas destaca que el trabajo con las comunidades es clave para obtener información confiable de las áreas poco estudiadas y que esto se traduzca en mejores medidas y gestión de los territorios.
“Trabajamos con asociaciones campesinas, grupos ambientales, justamente para fortalecer el esquema asociativo. Una de las metas es propiciar espacios para la gobernanza ambiental”, sostiene.
El biólogo cuenta que gracias a estos esquemas se han logrado acuerdos de conservación para proteger zonas de bosque o corredores biológicos del oso de anteojos, donde las mismas comunidades establecen áreas donde no se realiza ningún tipo de caza o transformación del territorio.
“Se definen áreas de conservación, de aprovechamiento y áreas intangibles para ver dónde se puede hacer algún impacto. Nosotros ayudamos a construir los insumos, los espacios, pero al final del día son las mismas comunidades las que se benefician con la toma de decisiones”, expone el especialista.

El trabajo de cámaras trampa hecho por organizaciones e institutos de investigación también ha permitido hallazgos clave incluso en zonas que son constantemente monitoreadas.
Un ejemplo ocurrió en 2022 en el departamento de Huila, al sur de Colombia, una zona donde se documentó por primera vez en cámara trampa la presencia del jaguar. Meses después, otro ejercicio de fototrampeo en el mismo punto mostró la presencia de cuatro jaguares.
“¿Qué evidencia esto? Claramente que hay una conectividad entre ese bosque. Fue muy importante resaltar que el animal todavía existe, que se está moviendo en el corredor gracias a esas acciones”, menciona López. Se trata de una región donde se conectan la planicie amazónica y la región andina.
En tanto, la investigadora Díaz agrega que el proyecto de monitoreo también será clave para obtener datos que permitan saber si las áreas regionales están siendo efectivas en la conservación de los ecosistemas.

“Hay que mantener la calidad, no solamente la cantidad de hectáreas. Nosotros estamos proponiendo una serie de indicadores que nos ayuden a evaluar si estas áreas regionales protegidas están aportando a la conservación de la biodiversidad o nos dan señales de que algo no está saliendo bien”, sostiene.
Por esta razón, advierte que un reto adicional es garantizar la sostenibilidad del monitoreo para que pueda realizarse de forma periódica a nivel nacional y no esporádicamente.
“El hecho de que sea un área protegida no quiere decir que no haya cacería o efectos negativos por otro tipo de acciones antrópicas en el territorio que estén afectando a las poblaciones naturales. Es necesario hacer una evaluación continua”, insiste la especialista.
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Monitorear biodiversidad en medio de conflictos
Científicos y autoridades ambientales consultadas coinciden en que otro de los retos para este ejercicio es monitorear la biodiversidad en territorios que se encuentran en disputa por los conflictos armados y socioambientales de la región.
López destaca que uno de los objetivos del proyecto es precisamente que la evidencia científica permita tomar medidas para evitar la transformación del territorio y favorecer la conectividad ambiental en áreas estratégicas y que están siendo presionadas por actividades como la minería y la tala ilegal, los cultivos ilícitos, la ganadería extensiva o la ampliación de la frontera agrícola.
“Hay áreas que son sensibles, ya sea por producción, por uso de tierras, hay que seguir trabajando en la comunidad para mitigar esa transformación del bosque. Una de las metas dentro de Otus es identificar esos corredores de conectividad y ahí propiciar necesidades de conservación”, señala.

González también advierte la dificultad para entrar a zonas controladas por grupos armados, donde la seguridad de los monitores no está garantizada, pero destaca que la presencia de las corporaciones en Colombia permitirá evaluar ecosistemas de gran importancia ambiental.
“Sabemos que no podemos llegar al 100 % de cada uno de los espacios que quisiera la comunidad o quisiera el mundo científico, pero sí podemos ir avanzando en esos ecosistemas estratégicos, porque con información real se pueden tomar decisiones a tiempo”, sostiene.
Incluso, señala que de mantener la articulación con el sector privado y académico, este esfuerzo podrá seguir extendiéndose en Colombia para aumentar a 2000 cámaras trampa para el próximo año.
“Para eso necesitamos la intervención y ojalá el aporte de todos los sectores para que apostemos a un tema tan importante como la conservación de la diversidad en un país megadiverso, multicultural, pero con muchos conflictos socioambientales a lo largo y ancho del territorio”, asegura el dirigente.
Imagen principal: Especie de danta captada en cámaras trampa. Foto: cortesía Conservación Internacional