- Isidro Zúniga, ambientalista en la zona de Gualaco, departamento de Olancho, decidió convertir lo que inicialmente era un potrero de 52.5 hectáreas en un santuario de aves en el que se han avistado aproximadamente 181 especies.
- El Parque Ecológico Las Orquídeas, donde se encuentra el santuario, fue reconocido como “Sitio de Importancia para la Vida Silvestre Las Orquídeas” por el Instituto de Conservación Forestal (ICF) en septiembre de 2024.
- Zúniga también se ha opuesto a economías ilícitas y megaproyectos que intentan ocupar la Sierra de Agalta.
- Este santuario funciona como una barrera para la deforestación y el avance de la ganadería extensiva en el Parque Nacional Sierra de Agalta.
Mientras nos preparamos a las 5 de la mañana para un avistamiento de aves en su santuario —en el Parque Ecológico Las Orquídeas, al pie de la Sierra de Agalta—, Isidro Zúniga, de 63 años, observa a través de sus binoculares cuáles son las aves que comienzan su día. Las reconoce por sus cantos y silbidos. Cuando tiene dudas, recurre a una aplicación en su celular para identificar las especies, aunque en la mayoría de los casos acierta.
El Parque Ecológico las Orquídeas está ubicado en el municipio de Gualaco, departamento de Olancho, al oriente de Honduras. Fue reconocido como Sitio de Importancia para la Vida Silvestre por el Instituto de Conservación Forestal (ICF) en septiembre de 2024. Sin embargo, este parque de 52.5 hectáreas existe desde hace 30 años, cuando Zúniga decidió convertir su potrero, en el que criaba ganado, en un santuario para la conservación de aves nativas y migratorias y para la protección de otros animales.
En sus redes sociales, el ambientalista se ha convertido en un referente en la conservación ambiental con fotografías de avistamientos de aves y videos de serpientes y guatusas que llegan al bosque en ocasiones. Para él, es una forma de conectar con quienes comparten la pasión por la naturaleza y de promocionar el santuario de aves —que forma parte del parque— no sólo como un sitio para el ecoturismo, sino como el hogar de más de cien especies de aves que allí residen o que llegan de visita, según lo han documentado científicos, investigadores y visitantes en eBird.
Cuando se le pregunta cómo logró crear un santuario en tierras tituladas a su nombre, se detiene y aclara que no le pertenece solo a él, sino a todos los que comparten su mismo propósito: la protección de la naturaleza.

Un santuario en una región asediada por la extracción de recursos
Isidro Zúniga no tenía contemplado ser un ambientalista y mucho menos dedicarse a la conservación de especies en el municipio de Gualaco, un sitio reconocido por su producción agrícola y ganadera.
En un inicio, él también se dedicaba a cultivar granos básicos y a dar mantenimiento a su ganado en un potrero que su padre le había heredado y en tierras aledañas que fue adquiriendo con el pasar del tiempo. Pero un viaje de 45 días a los Estados Unidos en la década de 1990 para estudiar agricultura sostenible lo cambió todo.
Mientras estudiaba la implementación de sistemas agroforestales en fincas para el cultivo de café en los estados de Misisipi, Luisiana y Vermont, los jornaleros que había contratado en Honduras ya tenían encomendada la tarea de labrar su tierra para la siembra de maíz y pasto como alimento para las vacas y caballos dentro de la finca.
Esa siembra desencadenó una pérdida de bosque de aproximadamente el 70 %, recuerda. Árboles de ocote, guarumo y ceiba caían para dar lugar a cultivos de maíz, frijol, sorgo y café como medio de vida y consumo para él y su familia. Perder la sombra que le cobijaba por las tardes y los frutos que eran alimento de los animales que llegaban de visita al bosque lo hizo entrar en una contradicción: continuar con la agricultura y la ganadería o dedicar su vida a conservar la riqueza natural de esa tierra que le pertenecía.

Finalmente, se decidió por lo segundo y vendió las 36 vacas que le quedaban para comprar más tierra en los alrededores, frenó la deforestación, dejó que el bosque se regenerara y fue estricto en la prohibición de cazar animales. Se prometió a sí mismo que sus tierras serían un área protegida para la vida silvestre y a inicios de la década de 2000 comenzó un arduo trabajo reuniéndose con miembros de las comunidades en las iglesias, en los patronatos y en eventos para fomentar la protección de la flora y fauna.
Pero este trabajo no lo hizo solo. Defensores como Rafael Ulloa, profesor y ambientalista reconocido en Gualaco por su lucha contra el comercio y tala ilegal de madera en Olancho, y Mark Bonta, geólogo estadounidense que ha estudiado el municipio desde los años 90, también fueron claves en la protección de la riqueza natural de esta región.
La historia de Gualaco y sus ambientalistas no ha sido sencilla. Defensores como Rafael Ulloa, quienes se oponían a los aserraderos clandestinos en la Sierra de Agalta, eran amenazados y atacados constantemente, y quienes luchaban contra la instalación de una hidroeléctrica hacia el año 2001 eran intimidados y asesinados.
El Parque Nacional Sierra de Agalta, que abarca la sierra del mismo nombre y parte del Parque Ecológico Las Orquídeas de Isidro Zúniga, es un área protegida declarada desde 1987 que consta de 73 829 hectáreas y da nacimiento a dos cuencas hídricas importantes en el país: el río Patuca y el río Tinto o Negro. Además, cuenta con una de las montañas más altas a nivel nacional, el Pico la Picucha, en la montaña de Babilonia, a 2234 metros sobre el nivel del mar.

Ulloa se desempeñó como alcalde municipal al momento de la construcción de la hidroeléctrica y en su momento denunció que el proyecto se instaló sin el permiso municipal correspondiente y que tampoco contaba con un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) con detalles técnicos y científicos. Mark Bonta, a través de sus investigaciones, constató que en la zona de la Sierra de Agalta existían cientos de especies que podrían resultar afectadas por el proyecto hidroeléctrico.
“Yo tenía fundamentos de un estudio de aves de Agalta que había hecho desde 1991 con varias personas”, comenta Mark Bonta en entrevista con Contracorriente y Mongabay Latam. Este inventario, que constataba la existencia de más de 500 especies de aves en la Sierra de Agalta, sirvió como evidencia frente al estudio presentado por la hidroeléctrica, que sólo registraba 33 especies en la zona.
Mientras las amenazas a quienes se oponían a la hidroeléctrica continuaban, la deforestación de la Sierra de Agalta también avanzó. Sin embargo, tanto Ulloa como Bonta coinciden en que estos acontecimientos impulsaron el surgimiento del ambientalismo en esta región de Honduras y de iniciativas como las de Isidro Zúniga.

Leer más | Ecuador: entre 2020 y 2024, se deforestó un área equivalente a la superficie de Luxemburgo
Insistir en la conservación
“Hubo quien me decía: ‘Deje de cuidar guatusas y dedíquese a sus vacas’”, recuerda Isidro Zúniga cuando es consultado por sus inicios con el santuario de aves y su parque ecológico. En una ocasión se interpuso entre un grupo de cazadores que perseguían a un quequeo o chancho de monte, como le dicen popularmente a esta especie de mamífero en Honduras, y aunque la situación se tornó hostil, se mantuvo firme y no dejó que el pequeño animal que llegó al santuario fuera cazado. Concilió con los hombres, dándoles a entender que no quería al quequeo para consumo propio, sino para protegerlo. Esa fue una de las primeras experiencias con las que se encontró en la comunidad de El Ocotal, donde la caza era, y continúa siendo, una de las formas de subsistencia para las familias de zonas rurales del municipio de Gualaco.
El ambientalista dice que la escena de defender un chancho de monte puede resultar exagerada o cómica para algunos, pero para él fue una muestra del enorme trabajo que había que hacer para concientizar a las personas sobre la importancia de la protección de las especies en la zona.
La idea de convertir un potrero en un santuario de aves también llamó la atención de científicos y académicos. Con el paso de cerca de 20 años, el bosque se regeneró por su cuenta. En ese tiempo, científicos y biólogos nacionales e internacionales llegaban a observar aves locales y migratorias, guiados por Zúniga, quien se ha convertido en una especie de “cámara trampa” al momento de “pajarear”.

En 2012, biólogos norteamericanos solicitaron su ayuda en la documentación del caracara garganta roja (Ibycter americanus), un ave que se caracteriza por tener parte del rostro y garganta rojos y la mayor parte de su cuerpo cubierto de plumas negras, con excepción de las plumas blancas de su vientre. Zúniga se internó en el bosque de la Sierra de Agalta para continuar con la documentación y el registro del nido de esta ave, que sólo se había avistado unas ocho veces en la zona de Gualaco y que además está en peligro de extinción en Honduras.
Durante más de 12 horas diarias, y por más de un mes, Zúniga permaneció vigilante, alimentándose de la comida que traía de su casa durante la noche y en silencio para no espantar los movimientos del ave y sus crías. Estaba comprometido con ser el primero en documentar este acontecimiento. La comodidad no era una prioridad.
“Estuve 33 días sirviendo de cámara trampa, hice una casita cubierta de paste ocote [una mezcla de ramas de ocote y plantas aéreas epifitas como la Tillandsia caput-medusae] para que las aves no se dieran cuenta que allí estaba. Me metía a las 4:30 de la mañana y me salía a las 6:30 de la tarde, con el fin de que no hubiera claridad cuando salía y entraba”, señala. Esta experiencia le sirvió de inspiración en su lucha por la protección del bosque en la zona norte de Gualaco.
Según el inventario de aves ilustrado disponible en eBird, sólo en el Parque Ecológico Las Orquídeas se han registrado aproximadamente 181 especies locales, nativas y migratorias.

Para Mark Bonta, el trabajo de Isidro Zúniga ha sido clave en el ambientalismo de la zona. El geógrafo lo define como alguien con una “fibra moral” auténtica en su labor como ambientalista y en la preservación del ambiente ante las adversidades.
“Todos los extranjeros y los de otras partes de Honduras que vamos [al santuario de aves] nos inspiramos porque él no solamente está en la cosa útil y lo que da dinero, sino que él protege por gusto, como algo espiritual”, señala Bonta.
Apoyo científico y defensa ambiental
Para fortalecer su labor y poder dar mantenimiento y sostenibilidad al santuario de aves que está dentro del Parque Ecológico Las Orquídeas, Isidro Zúniga decidió suscribir un convenio con Aves Honduras, una organización no gubernamental que tiene como uno de sus pilares la conservación de aves a nivel nacional. La organización cuenta con una red de 13 santuarios y su misión ha sido establecer convenios con propietarios que están comprometidos con conservar su bosque.
El convenio suscrito con Aves Honduras, que en el caso de Zúniga está vigente desde 2023, consiste en que los propietarios de los parques se comprometan a que estos sitios siempre funcionen estrictamente para la conservación de aves y que reciban a investigadores y científicos nacionales e internacionales. Sandy Pereira, directora de Conservación de la organización, asegura que con los 13 santuarios que tienen a nivel nacional ya suman 800 hectáreas de tierra en favor de la conservación de carácter voluntario.
Oliver Komar, ornitólogo estadounidense que se ha dedicado al registro de aves por más de 15 años en Honduras y presidente de Aves Honduras, señala que el fomento a la investigación científica en el país podría garantizar la obtención de datos de las aves amenazadas en sitios como el santuario de aves Las Orquídeas o el Parque Nacional Sierra de Agalta. “Hay una gran necesidad de más investigación y más decisiones en base de ciencia”, asegura Komar.
El ornitólogo también ha participado en avistamientos de aves en el santuario. Especies como el colibrí esmeralda (Amazilia luciae), endémico de Honduras, o el gorrión espalda verdosa (Arremonops chloronotus), destacan entre los avistamientos de científicos y visitantes del parque.

Para Marcio Martínez, jefe de Vida Silvestre del Instituto de Conservación Forestal (ICF), declarar al Parque Ecológico las Orquídeas como un sitio para la vida silvestre es de gran importancia debido a su ubicación, casi por completo dentro del Parque Nacional Sierra de Agalta, lo que convierte al sitio, según dice, en una barrera ante la tala ilegal, la deforestación, la cacería por subsistencia y la ganadería extensiva.
Las especies en peligro de extinción, como el caracara garganta roja, que habita dentro del Parque Ecológico las Orquídeas, también hacen que el lugar sea considerado de gran importancia para la biodiversidad en la zona oriental de Honduras. El jefe de Vida Silvestre del ICF señala que el avistamiento del colibrí esmeralda y del pájaro campana (Procnias tricarunculatus), por ejemplo, hacen que las declaratorias de sitios para la vida silvestre sean necesarias para la protección de especies a nivel nacional.

“El Estado tiene que velar por estas personas que voluntariamente están ofreciendo sus hectáreas para conservación, por eso solo tenemos 23 sitios de importancia y hay 93 áreas protegidas […] queremos retribuirle algo a esas personas y a las comunidades y eso es gracias al fondo de áreas protegidas”, indica Martínez.
Los sitios de importancia para la vida silvestre son iniciativa del ICF como una manera de motivar a propietarios de bosques para su conservación, con la condición de que estos funcionen para ese objetivo estrictamente. Es a través de esta declaratoria, por ejemplo, que los propietarios pueden recibir una compensación económica por su labor en la protección del bosque a través del fondo de áreas protegidas. A pesar de esto, Zúniga asegura que no recibe dicho beneficio.
Actualmente no existen datos específicos sobre las especies animales que han resultado afectadas por la deforestación del bosque en la Sierra de Agalta o por el avance de la ganadería extensiva en esta región. Marcio Martínez asegura que la afectación de la fauna sólo podría constatarse en estudios específicos a las especies amenazadas.

“No tenemos datos exactos de qué es lo que se podría estar perdiendo en el parque o en el santuario de aves las Orquídeas, sólo sabemos qué es lo que podría estar en riesgo, como la cobertura, la diversidad de aves, de mamíferos o la gobernanza misma, porque el tema de acaparamiento ilegal es fuerte en la zona de Olancho, o el tema del narcotráfico, que son temas difíciles de mencionar”, señala el jefe de vida silvestre del ICF.
Onan Reyes, especialista en asesoría técnico ambiental del Programa Padre Andrés Tamayo de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (Serna), opina que, si bien los esfuerzos en la investigación científica para el mapeo de especies amenazadas son necesarios, también es crucial enfocarse en las personas que preservan el ambiente.
“En este momento como país no estamos necesitando un ejército o fuerza especial de investigadores […] El objeto número uno de conservación en el país debe ser la vida humana, son los grupos indígenas y quienes están cerca de las reservas los más amenazados”, indica.
Sin embargo, en Honduras, uno de los países más mortales para las defensoras y defensores del ambiente, no se han aprobado normativas que busquen la protección y la garantía de los derechos de estos líderes. Una de estas apuestas, por ejemplo, es el Acuerdo de Escazú, que fue entregado por la Red Hondureña por Escazú a congresistas en 2023, pero la normativa no ha sido incluida en la agenda legislativa y tampoco ha existido voluntad política de los parlamentarios en su aprobación.

A las 6 de la mañana, luego de esperar casi dos horas entre las matas de plátano y árboles de ocote, un colibrí esmeralda aparece furtivo y se alimenta de una de las plantas del santuario. Esta es la hora en la que las aves más revolotean, asegura Isidro Zúniga, mientras observa por uno de sus binoculares. Parte del hábitat de este colibrí está en los valles del río Aguán y la Sierra de Agalta.
El ave permanece allí por cinco segundos, apenas un destello en una de las zonas más complejas para la defensa del ambiente en Honduras.

El asesinato de Juan López, defensor del ambiente y líder religioso en la zona del Bajo Aguán, en septiembre de 2024, continúa haciendo eco entre quienes hacen este trabajo en el país.
López se dedicaba a la defensa del Parque Nacional Carlos Escaleras, en el departamento de Colón, una zona que colinda con Gualaco. Este líder no sólo defendía el ambiente, sino que además denunciaba las irregularidades y abusos de poder perpetrados por estructuras criminales.
Según el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos de Honduras (Conadeh), entre 2022 y 2023, aproximadamente 30 defensores del ambiente, la tierra y el territorio perdieron la vida violentamente, dos de ellos en el departamento de Olancho, donde queda el municipio de Gualaco.
Para quienes han defendido el bosque y los ríos que nacen en la Sierra de Agalta, la lucha no ha sido fácil. Zúniga insiste en que el Estado debe tener más presencia en la región y en sitios como su santuario de aves, para así asegurar la protección de los defensores del ambiente.
Zúniga también recalca que el activismo ambiental no es algo que da de comer. Lo dice de forma tajante y transparente, y comenta que lo hace sin ningún interés más que el de proteger a los árboles que ha visto crecer y a los animales que se han instalado o han llegado de visita a sus tierras.
*Este reportaje es producto de una alianza periodística entre Mongabay Latam y Contracorriente de Honduras.
Imagen principal: una poza de agua dentro del santuario de aves registra disminución después de que una hidroeléctrica desviara el caudal del río Babilonia, que proviene de las montañas más altas de la Sierra de Agalta. Foto: María Celeste Maradiaga