- La lideresa indígena de la Nación Chapra, Olivia Bisa, recibió este año el Premio Global a la Justicia Ambiental y Climática, por la defensa de su territorio frente a la actividad petrolera.
- En esta entrevista con Mongabay Latam, la actual presidenta del Gobierno Territorial Autónomo Nación Chapra nos cuenta de las denuncias y las amenazas que enfrenta por su labor como lideresa indígena y por su trabajo en el cuidado de su territorio.
- También habla de su historia, de cuando a los 11 años tuvo que huir de su pueblo para escapar de un matrimonio concertado y poder seguir estudiando.
- En esta conversación, Bisa también reconoce la labor de otras mujeres que la acompañaron en este camino y dedica el premio a todas las que han contribuido a que la Nación Chapra pueda preservar 200 000 hectáreas de bosques.
Olivia Bisa nació bendecida por todas las fuerzas de la naturaleza. Vino al mundo en un río por lo que recibió la fuerza del agua, pero también fue ungida por la fuerza de la tierra como se acostumbra en su pueblo, la Nación Chapra, en la Amazonía norte de Perú. «Aunque la cultura es ungir con los brebajes en la tierra, pero como nació en el agua, tenemos que hacer la ceremonia del agua y también la ceremonia de la tierra”, cuenta Bisa sobre lo que dijo su padre cuando vino al mundo.
Esta doble bendición ha tenido un significado especial en su vida. Pero también su madre, su tía y su abuela, tres mujeres que le enseñaron todo el conocimiento ancestral de su pueblo, le hablaron del cuidado de su territorio y la impulsaron a seguir sus sueños y alcanzar sus metas.

Quizá por eso a los 11 años dejó su pueblo, su tierra, su comunidad, para cambiar su destino. Huyó de un matrimonio concertado para seguir estudiando y empezó a trazar una nueva historia para convertirse en una lideresa indigena, en la primera presidenta mujer del Gobierno Territorial Autónomo Nación Chapra y ahora, acaba de recibir el Premio Global 2025 a la Justicia Ambiental y Climática, por la defensa de su territorio y su trabajo incansable frente a la explotación petrolera en la Amazonía. El reconocimiento lo entrega el Forum Eco-Social Transformations, con sede en Viena, Austria, que reconoce el trabajo de quienes defienden la naturaleza en contextos de riesgo permanente.
A Olivia Bisa le tiembla la voz cuando habla del día que recibió la noticia del premio. Lo que más la conmovió fue que su padre le pidió perdón por no haberla apoyado antes. También se emociona al recordar a las mujeres que la acompañaron en su camino.
En esta entrevista con Mongabay Latam, Olivia Bisa habla de su historia como mujer indígena, de la lucha incansable de su pueblo contra la presencia petrolera en el territorio Chapra y de las amenazas que actualmente enfrenta por oponerse a esta actividad extractiva.
¿Qué significa para usted haber recibido el Premio Global 2025 a la Justicia Ambiental y Climática?
De verdad, no lo esperaba. Cuando me avisaron, se me cayeron las lágrimas. Yo siempre digo, solamente con el hecho de ser nominada significa que estamos en un camino correcto, que no somos revoltosos como el Estado nos cataloga, sino que estamos haciendo algo para cambiar el mundo, para cambiar el planeta, para cambiar la sociedad. No es fácil luchar y hubo un momento en el que pensé ¿acaso estoy en un plan equivocado? Pero cuando me llegó este documento [información sobre el premio], me quedé sin habla.
Pensé que era una equivocación, porque cuando me enviaron la traducción del alemán al español decía científicos valientes por la justicia ambiental y climática. Entonces me dije, yo no soy científica, debe ser una equivocación. Pero el organizador del premio dijo que ahora, además de nominar a los científicos, también lo harán con los indígenas del mundo. Por eso hubo nominaciones tanto de científicos como de indígenas. Y después de toda la nominación, la preselección y la selección, el jurado optó por premiar a una indígena de América Latina. Y ahí estaba yo, entre todas las nominadas de todos los continentes.

Recibir la noticia fue un momento de mucha emoción…
Sí. Yo estaba en casa de mis padres y mi mamá se acerca y me pregunta si estaba en una reunión, como siempre acostumbra hacerlo. Esta vez le dije: «no, estoy leyendo un documento y me dicen que fui premiada”. En ese momento mi papá se acercó para decirme: «perdóname, perdóname, porque yo fui la persona que quiso hacer todo lo posible para que tú no estudies secundaria. Yo te organicé un matrimonio para que puedas seguir las tradiciones. Perdóname por tener esta idea equivocada de que las mujeres no podían defender y poner en alto el nombre de la nación”.
Fue un momento de muchos sentimientos encontrados, no tenía palabras. Mi hermano mayor me agradeció porque, por primera vez en la historia de nuestra nación, el nombre de la Nación Chapra está a nivel de todo el mundo. En ese momento pasó por mi mente todo lo que pasé desde que salí de mi casa a los 11 años, lo que tuve que vivir para terminar mi secundaria, lo que tuve que pasar para obtener una carrera superior, para llegar a un cargo. Es decir, vino a mi mente toda mi historia y agradecí a mi abuela que siempre me decía: “nunca dejes que nadie apague tu luz, nunca dejes que nadie juegue con tus deseos, tus sueños, tus metas”.
Me parecía increíble, porque lo que hago es por amor a nuestro territorio, a nuestros hijos, a lo que nos rodea y no espero nada a cambio. Desde los 17 años que tuve el compromiso de apoyar a mi nación, nunca lo hice con la intención de que en algún momento obtenga algo a cambio. El compromiso fue solo por amor a lo que me gusta hacer y querer cambiar lo que no está bien. Por eso también, la Madre Tierra se encargó de darme lo que necesito, de ponerme en los lugares y en los momentos exactos. Sin ella no soy nada. A veces, cuando llegan a mi casa queriendo matarme, pienso: «Madre, depende de ti. Cuando sea el momento de que me digas ya hiciste todo el trabajo y es momento de regresar conmigo, yo no tendré ningún problema”.
Usted ha sido amenazada, incluso ha tenido que dejar su territorio. ¿Cómo vive las constantes amenazas?
Cuando empezaron las denuncias tuve el apoyo legal tanto de IDL [Instituto de Defensa Legal], como de otros aliados —Alianza Cuenca Sagrada y Amazon Watch— que estuvieron apoyándome para contratar un asesor legal y defender mis casos, que el año pasado fueron archivados.

Me llegaron seis denuncias en menos de un año, entonces, yo hice visible estas denuncias, porque son actos de criminalización. Y lograron debilitarnos, renunció el vicepresidente del gobierno territorial autónomo. Quedé sola con mi directiva, que me apoya cuando estoy en el territorio, pero al salir, me sentía sola en toda esta lucha, porque en mi territorio tengo todo el respaldo, pero cuando estoy fuera, estoy sola. Además, seguí denunciando la criminalización y las consecuencias del derrame de petróleo.
Fue entonces que recibí una primera llamada, llena de insultos. Al principio lo tomaba de una manera tranquila para no alertar a mi pueblo ni a mi familia. Pero nuevamente llamaban, a cada rato, cuando tenía señal de celular empezaba una especie de martirio. Era todo el tiempo. En un momento, en una hora recibía 15 llamadas. Me insultaban. Hasta que llegado un momento me dicen “o te sales a las buenas o te sales a las malas”. Entonces, empecé a preocuparme.
Cuando viajé a Dubai en 2023 [la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático COP 28 se realizó en esta ciudad de Emiratos Árabes Unidos] hice públicas las amenazas. Luego me llega otro mensaje que decía: «si quieres vivir más tiempo, aprende a mantener el pico cerrado. Si quieres morir pronto, entonces ábrelo, así como lo vienes haciendo”. Después recibí otra llamada amenazando también a mis hijos. Ahí me quebré, porque estaban hablando de mis hijos, de mi familia.
¿Han continuado estas amenazas?
Son tantas que ya no recuerdo el orden. Pero algo que jamás voy a olvidar es cuando ocurrió en casa de mi papá. Normalmente me quedo en la hamaca de la cocina, en la noche, leyendo y haciendo mis trabajos para la universidad. Pero un día, me fui a dormir temprano y mi sobrino se quedó durmiendo en esa hamaca. De pronto, se da cuenta que habían dos personas que venían por las esquinas. Él se levanta y ellos salen corriendo, pero quedaron sus pisadas. Fue entonces que salí del territorio y tuve que sacar a mis hijos del colegio y trasladarlos a otro lugar. Ahora, cuando regreso a mi territorio, a la casa de mi papá, ya no puedo estar tranquila, no puedo dormir. En otra ocasión, llegaron a ingresar a la casa, pero no se llevaron absolutamente nada. También han ido dos personas hasta la casa de mi papá en una moto y con armas.

No se trata solamente de mí, sino de mi familia, detrás de mí está mi papá, está mi mamá, están mis hijos, están mis hermanos. Toda la familia. ¿Cómo les puedo decir a mis hijos? No podemos salir porque tengo miedo que algo les pase. Más allá de ser defensora, más allá de ser una líder, ¿cómo se siente una madre separada forzosamente de sus hijos? ¿Qué tipo de delitos estoy cometiendo para salir de mi casa con chaleco antibalas? ¿Qué es lo que Olivia Bisa está haciendo mal para que tenga que pasar ella y toda su familia por todo lo que estamos pasando? Lo único que pido es que respeten nuestra forma de vida y nuestro territorio.
El problema de los derrames de petróleo ha marcado a la Nación Chapra en los últimos años. ¿Cuál es la situación actual?
La Nación Chapra sufrió un derrame en 2022, pero la construcción del oleoducto nor peruano ramal norte de Petroperú tiene más de 50 décadas. Nosotros sabemos que todo trabajo petrolero es dañino para nosotros y para nuestro territorio, porque ya hemos visto a los otros pueblos como los achuar, los quechuas del Pastaza. Hemos vivido también en Morona un derrame muy grande en 2016, en el territorio de la Nación Wampis. Hemos visto cómo cambia drásticamente lo ambiental, lo político, económico y social cuando hay este tipo de impactos y para nosotros ese era un temor muy grande. Siempre estamos vigilantes y caminamos alrededor de nuestro territorio para verificar si hay madereros ilegales, si hay mineros ilegales, si hay trabajo ilícito o hay derrames de petróleo.
Yo asumí el cargo [presidenta del Gobierno Territorial Autónomo Nación Chapra] el 17 de agosto de 2022 y el 11 de septiembre de ese mismo año, me comunican sobre el derrame. Fue algo muy impactante para nosotros, porque nunca habíamos vivido en carne propia ese tipo de cosas. Lo primero que hice fue enviar un documento a Petroperú pidiendo que actúen de inmediato y que lo hagan coordinando con la Nación Chapra. Cuando estaba en Lima buscando una solución llegó la FEMA [Fiscalía Especializada en Materia Ambiental] y OEFA [Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental] para ver los hechos. Pero no fue Petroperú ni Osinergmin [Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería]. Pasó casi un mes hasta que llegó Osinergmin y colocaron una grapa en el lugar donde estaba la fuga. Nosotros descubrimos el derrame 10 días después de que hubo la corrosión y pasó un mes para que lo sellaran, fueron 40 días de fuga. Eso fue tan indignante para mí.
¿Qué sucedió después de este hecho?
En una asamblea dijimos que, definitivamente, no queremos más expansión petrolera, porque además nos enteramos que había tres lotes de promoción en nuestro territorio. Esa decisión firme la hemos tomado después del derrame.
Pero antes de que tomemos esta decisión había resistencia desde que existió el Lote 64, porque al abrir este lote ingresaron a nuestra zona que es el río Morona, muy rico en biodiversidad y llegaron embarcaciones grandes que levantaban olas y ponían en peligro nuestras vidas cuando navegábamos en embarcaciones pequeñas con nuestras familias. Como Nación Chapra nos hemos visto muy afectados porque es nuestro río que utilizamos para comer, para beber, para pescar. Esa concesión afecta territorialmente al 10% de la Nación Chapra, al 80% a la Nación Achuar y al 10% a la Nación Wampis.

Para nosotros la actividad petrolera en nuestro territorio es como un virus que viene acabando con todo, no solamente con la vida, viene acabando con la identidad cultural, social, política, económica y acaba con la educación, porque los jóvenes ya no quieren trabajar, quieren todos irse a la empresa.
Usted ha hablado de su abuela que la alentó a seguir sus sueños ¿quienes más marcaron su camino?
El amor al territorio, el amor a la identidad, el amor al pueblo, al prójimo, me lo transmitió mi mamá cuando salíamos a la chacra cantando. Este premio no solamente es para mí, es para mi mamá, para mis abuelas, para mis tías, para todas las mujeres que han hecho un gran trabajo en la Nación Chapra para preservar 200 000 hectáreas de bosques con un 99% de recursos intactos. Yo como presidenta simplemente estoy siguiendo los legados.
Cuando tenía 11 años, mi padre me dijo que tenía que casarme y como era la hija de un líder, tenía que ser con otro líder o autoridad para no perder el rango jerárquico y que ellos tengan más alianzas para proteger y controlar el territorio. Todas mis hermanas mayores que yo tuvieron esos matrimonios. Pero yo sacaba las mejores notas para decir a mi papá que quería estudiar más, que quería hacer algo más, que quería que las mujeres participen en las reuniones, porque antes no se tomaba en cuenta la opinión de las mujeres.
Entonces mi madre, mi abuela, mi tía, llorando decían, «tenemos todo este conocimiento para transmitir y no nos permiten». Y lo decían delante de mí cuando yo era chiquita, cuando estábamos sembrando, sacando el aguaje, el palmito, el suri. Decían también que este ritmo de vida llegó con los colonos en el año 1975, pero que antes, las mujeres éramos las que nos íbamos a la guerra, a hacer las negociaciones para que no haya enfrentamientos y para que respeten los territorios. Nosotras hacíamos los rituales y todo el proceso espiritual para que los dioses nos den el conocimiento, la facilidad de hablar y convencer con nuestras palabras para que no haya enfrentamientos.

Mi tía me llevaba lejos a pescar y empezaba a cantar. Me contaba que para pescar buenos peces se tiene que cantar, también para que nuestros sembríos crezcan, para que tengamos buena cosecha, para que nuestras bebidas salgan deliciosas se cantaba. Pero cuando regresábamos a casa, cambiaba por completo, era una mujer sumisa al mandato del hombre y yo crecía con esa frustración de por qué tenemos que someternos si tenemos tantas riquezas. Entonces mi tía me decía que yo tenía el don del agua y de la tierra, el complemento perfecto para cambiar nuestra historia y recuperar nuestra identidad.
Usted dejó su casa a los 11 años, ¿qué pasó entonces?
Le pedí a mi papá de mil maneras, demostrando con mis notas, que quería estudiar, pero me decía que no era varón. Entonces, me escapé, me fui con una señora que era comerciante y me llevaron hasta Piura. Trabajé en una casa cinco años, toda la secundaria. A los 17 años decidí regresar a mi territorio. Me dijeron que no podía casarme porque solo hasta los 15 años puedes tener un buen esposo chapra. Para mi eso no fue una sanción, porque me daba la libertad de seguir estudiando. Luego estudié secretariado ejecutivo. Viajé a Trujillo, vendí zapatos, estuve trabajando de mesera hasta que tuve la oportunidad de ganarme una beca y estudiar sociología en la Universidad Andina Simón Bolívar, en Ecuador. Era la primera vez en la historia del distrito de Morona —provincia Datem del Marañón— que una persona, una mujer y no un varón, de los pueblos indígenas estaba saliendo becada.
¿Ese fue su camino para convertirse en la primera presidenta del Gobierno Territorial Autónomo Nación Chapra?
En 2020, después de la pandemia, organizamos una movilización grande con el gobierno territorial en contra de Petroperú por múltiples demandas y por los pasivos ambientales. Queríamos que se limpie. Los dirigentes y el gobierno territorial se iban a las comunidades para socializar la medida de protesta. Yo estaba en mi casa y vinieron varios líderes a decirme que en los pueblos estaban preguntando por mí. En ese momento yo ya participaba como apoyo técnico en la organización. Fuimos a las comunidades y en un momento, en una asamblea grande, parada en el medio, los profesores y las autoridades dijeron, vamos, hermana, estamos contigo, no te vamos a dejar. Eres mujer, pero cuenta con la fuerza de nosotros.
Luego hicimos una asamblea para elaborar la plataforma de lucha y conformar una comisión para que puedan viajar a Lima. Entonces me dicen que yo me encargue de eso, porque hablaba bien el español y entendía las estrategias. Así logramos una resolución suprema para una mesa de diálogo, ahora seguimos trabajando en ello, implementando algunos proyectos productivos.

Lamentablemente, estamos en una política coyuntural muy crítica, en un caos que no nos ha permitido avanzar mucho, pero estamos luchando mediante esa mesa multisectorial creada con la PCM [Presidencia del Consejo de Ministros].
A partir de su historia podría decir que ¿ha cambiado la situación de las mujeres en el pueblo Chapra?
Los varones han empezado a ayudar a las mujeres, antes eso era imposible. He visto a padres dándole cariño a sus hijas mujeres, yo no tuve ese privilegio, yo nunca pude abrazar a mi papá, decirle te quiero mucho, darle un beso. Pero ahora veo a mis hermanos, a mis paisanos, a toda mi nación ayudando a la mujer a cargar al bebé, para mí ese es un logro muy significativo. También hay un aumento de mujeres que quieren estudiar y un 70% de las mujeres ya estudian secundaria en los colegios. Ahora las mujeres jóvenes pueden decidir si tener esposo o no y a los cuántos años. Hay un gran avance, muy significativo, pero también soy consciente de que hay mucho que hacer.
Imagen principal: Olivia Bisa, lideresa indígena de la Nación Chapra. Foto: Cortesía Olivia Bisa.