- La minería ilegal, la apertura de carreteras irregulares, los proyectos de infraestructura y la explotación de recursos avanzan sobre áreas protegidas y territorios indígenas en Bolivia.
- Así, ponen en riesgo ecosistemas críticos y especies emblemáticas.
- Ante las amenazas, comunidades indígenas, pescadores y organizaciones ambientales impulsan respuestas y estrategias de manejo sostenible.
- Mongabay Latam ofrece un panorama de la cobertura ambiental en Bolivia a través de los reportajes que marcaron 2025.
En Bolivia, ecosistemas clave como la Amazonía y el Chaco enfrentan presiones crecientes: la minería ilegal que contamina ríos y avanza sobre áreas protegidas; la apertura de carreteras ilegales que fragmentan los bosques; y obras de infraestructura que amenazan áreas de conservación y especies emblemáticas.
Además, los pueblos indígenas se enfrentan a obstáculos estatales para ejercer la autonomía sobre sus territorios, mientras que grupos religiosos extranjeros engañan a sus líderes para obtener “arrendamientos perpetuos” de sus tierras y el Gobierno promueve opacos acuerdos de litio que se traslapan con sus territorios.
A pesar de los retos, también encontramos historias que nos trajeron esperanza. En el municipio de Apolo, pobladores indígenas del pueblo leco recuperaron la población de la palkachupa, un ave endémica de Bolivia que se creía extinta. En San Carlos, Santa Cruz, bandadas de cigüeñas regresaron al área protegida Curichi Las Garzas después de un año de ausencia; y entre la Amazonía y la capital, pescadores, comunidades indígenas y restaurantes se unen para hacer frente a una pez invasor que está poniendo en riesgo a especies nativas.
Estas son las historias que marcaron la cobertura de Mongabay Latam en Bolivia durante 2025.
10. El río Pilcomayo bajo amenaza en Bolivia: pueblos indígenas guaraní, weenhayek y tapiete piden protegerlo frente a la minería y el gas

Los pueblos indígenas que se encuentran en la cuenca del río Pilcomayo —un cuerpo de agua que nace en el departamento de Potosí y traspasa la frontera con Argentina y Paraguay— han notado que su río ya no es el de antes. Según ellos, la minería que se hace aguas arriba genera contaminación y estaría envenenando con mercurio los pescados de los que se alimentan. Además, las petroleras abren caminos en sus orillas, la deforestación no se detiene y el cambio climático está dañando su ciclo natural.
El río Pilcomayo es la columna vertebral de los habitantes indígenas guaraníes, weenhayek y tapiete. Por eso, para combatir las amenazas, nació una alianza entre organizaciones ambientales y estos pueblos con el fin de destinar un área de manejo integrado de más de 350 000 hectáreas. Se llamó el Proyecto del Corredor Pilcomayo y su objetivo es proteger la biodiversidad y los ecosistemas, promoviendo la conservación y el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales.
Este corredor no prohibiría las actividades tradicionales. Ni la apicultura que produce una buena miel, ni la ganadería extensiva bajo monte, ni la recolección de frutos nativos por parte de los pueblos indígenas. Lo que se busca es frenar el avance de monocultivos, la tala indiscriminada para carbón vegetal y la expansión de modelos que no respetan el equilibrio del Chaco.
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9. En Bolivia, las dragas de la minería del oro acorralan a la reserva amazónica Manuripi

El apetito por el oro se abrió paso por los ríos principales que pasan por la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, en plena Amazonía boliviana. Las dragas avanzan por los ríos Manuripi, el Tahuamanu y el Madre de Dios sin respetar áreas protegidas, comunidades indígenas y ecosistemas clave.
Tras su paso, el departamento de Pando, en el norte de Bolivia, se ha ido convirtiendo en la región más afectada por la avidez de los mineros que buscan oro a como dé lugar.
El Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), regional norte amazónico, identificó siete zonas del Manuripi atacadas por la minería ilegal. Además, la Gobernación de Pando, a través de la Secretaría de la Madre Tierra, confirmó en marzo la presencia de balsas al interior del área protegida. Por su parte, los dirigentes indígenas locales aseguran que hay mineros ilegales en los alrededores de la reserva.
Como resultado, la minería estaría generando la contaminación del agua con mercurio, afectando peces y comunidades que dependen del río, provocando deforestación acelerada con la destrucción de riberas y alterando el cauce del río.
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8. Exviceministro de Bolivia denunciado por minería ilegal en territorio indígena de la Amazonía de Palos Blancos

En julio de 2025, una comitiva indígena y autoridades del municipio de Palos Blancos participaron de una comisión que recorrió el río Alto Beni, en la Amazonía boliviana, al norte del departamento de La Paz. Aunque la zona fue declarada, mediante ley municipal en 2024, libre de minería, durante el recorrido afirmaron haber detectado maquinaria pesada, 5000 litros de combustible enterrados y mineros presuntamente ilegales extrayendo oro en territorio mosetén.
La actividad minera se instaló, aparentemente, bajo la fachada de una empresa que debía abrir caminos para las comunidades. Sin embargo, durante la inspección, la comisión detuvo y trasladó hasta la ciudad de Palos Blancos a tres personas. Entre los detenidos figura Marcelo Tellería Argani, quien además de ser el supuesto dueño de la maquinaria fue viceministro de Política Minera, Regulación y Fiscalización del gobierno transitorio de Jeanine Áñez (noviembre de 2019 a noviembre de 2020).
Tellería niega realizar minería, pero las comunidades avanzaron con las denuncias correspondientes ante la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM), la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y la Autoridad de Bosques y Tierra (ABT). Además, se abrió una demanda penal contra los mineros.
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7. El gran retorno de las cigüeñas a un área protegida de Bolivia amenazada por invasores e incendios

Sin la intromisión de los avasalladores ni la amenaza de los incendios, bandadas de cigüeñas (Mycteria americana) regresaron al área protegida Curichi Las Garzas después de un año de ausencia. Esta reserva de 1247 hectáreas, creada hace 10 años con el propósito de conservar el humedal y evitar la expansión de la frontera agrícola en el municipio de Santa Cruz, ha sido codiciada por personas que buscan convertirla en extensos cultivos de soja y arroz.
Hasta allí llegan todos los años, entre julio y agosto, las cigüeñas que anidan en las copas de los árboles de ochoós (Hura crepitans). Se reproducen y permanecen hasta que sus polluelos están listos para emprender el viaje. Sin embargo, en 2024 no se encontró rastro de estas aves. Tanto comunarios como biólogos coincidieron en que esto se debió a la presión de los asentamientos ilegales e incendios dentro de la reserva, que alcanzaron su pico en 2023.
En 2025, tras desalojos y órdenes de reforestación, las cigüeñas han regresado. Para el biólogo Huáscar Bustillos, esto es “un indicativo de que el lugar brinda los elementos necesarios para la supervivencia de la especie”. Ahora, con ayuda de cámaras trampa, son monitoreadas las 24 horas del día en su hábitat.
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6. Paiche en Bolivia: el pez invasor arrasa ríos, cambia la pesca y desafía a la gastronomía local

El paiche (Arapaima gigas), un pez amazónico que puede medir hasta tres metros de largo y pesar más de 200 kilos, entró a Bolivia “por accidente”. Diferentes biólogos coinciden en que fue en la década de 1970 cuando varios ejemplares escaparon de un criadero del río Madre de Dios, en Perú, de donde es nativo, y llegaron al río Beni, que recibe sus aguas.
“Para los años 2000 la especie se consolidó y, aparentemente, en 2014, cuando hubo una inundación muy fuerte en el Beni, entró al río Iténez”, dice Paul Van Damme, biólogo belga que llegó a Bolivia en 1995 y es director ejecutivo de Faunagua. Según el experto, se estima que este gigante amazónico ha colonizado casi el 90 % de los ríos disponibles y amenaza con arrasar peces nativos. De hecho, pescadores de la Amazonía boliviana ya dan cuenta de la reducción de poblaciones de peces endémicos tras la llegada del paiche.
En respuesta, comunidades indígenas y pescadores artesanales, con el apoyo de organizaciones ambientales y restaurantes, han implementado una estrategia de control mediante la pesca. Ahora venden su carne a Brasil, Perú y, en menor escala, en las principales ciudades bolivianas, lo que puede ayudar a controlar su expansión. Sin embargo, su comercio aún es a una escala muy pequeña con respecto a la magnitud de la invasión.
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5. Una millonaria obra de energía amenaza al santuario Passiflora, refugio del jaguar en la Amazonía boliviana

Majo, Asaí y Bibosi se mueven sigilosos entre los árboles que les dan nombre. Las cámaras trampa muestran a estos tres jaguares desfilar mientras observan con cautela su hogar: el santuario y corredor biológico Passiflora. La calma se termina poco después cuando, a través de aquel registro visual, se ve a un grupo de personas caminar por el mismo sitio para marcar una nueva ruta para instalar torres de alta tensión, en pleno corazón de la Amazonía boliviana.
Los caminantes hacen parte de un proyecto a cargo de la Empresa Nacional de Electricidad Bolivia (ENDE) Transmisión, que tiene una extensión de 96 kilómetros y que desde finales de 2024 intenta instalarse en medio de un corredor biológico que conecta el bosque amazónico con la región yunga y que atravesará parte del territorio del pueblo indígena tacana.
Expertos aseguran que la obra fragmentará el hábitat del jaguar y abrirá camino a cazadores, además de desplazar al animal hacia zonas ganaderas. La preocupación llevó a que el Refugio de Vida Salvaje Senda Verde presentara una acción popular para frenar la obra en febrero de 2025, pero la Justicia boliviana decidió negarla un mes después. Por el contrario, se autorizó la ejecución del tendido eléctrico entre los municipios amazónicos de San Buenaventura e Ixiamas.
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4. Bolivia: la autonomía indígena avanza a paso lento, entre obstáculos y retos

El 15 de agosto de 1990 los pueblos indígenas que habitan en tierras bajas (llanos orientales) de Bolivia iniciaron una marcha que exigía, entre muchas demandas, el reconocimiento de sus tierras ancestrales y el modelo de autogobernanza. Fueron 37 días de caminata desde la ciudad de Trinidad hasta La Paz. Recorrieron 640 kilómetros y, tras unos años, llegaron los resultados.
En 2009, la nueva Constitución boliviana reconoció la autonomía de los pueblos indígenas. Pero recién en 2017 se consolidó la primera autonomía indígena: el gobierno indígena de Charagua Iyambae, que es parte del pueblo indígena guaraní.
En la actualidad, existen ocho autonomías indígenas consolidadas en el país y tres de ellas están en tierras bajas, como la Amazonía. Además, los pueblos indígenas buscan el autogobierno en otros 25 procesos. Sin embargo, estos procesos tropiezan con la falta de coordinación con el Estado central y también con la nueva forma de hacer gestión pública.
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3. Kailasa en Bolivia: emisarios de nación ficticia son expulsados por estafar a pueblos indígenas con contratos de arrendamiento de más de mil años

Los Estados Unidos de Kailasa sostienen que son una nación constituida. Con ese título ingresan a distintos países de Sudamérica para buscar tierras productivas donde asentarse. Lo hicieron en Paraguay, Ecuador y ahora en Bolivia bajo la misma metodología: engañando a autoridades y líderes indígenas. Son, realmente, una secta religiosa hindú.
En Bolivia, 20 emisarios de esta nación ficticia son señalados por intentar estafar a dirigentes indígenas con quienes acordaron el “alquiler” perpetuo de sus tierras. La intención era convertirse en dueños de grandes hectáreas de terrenos de tres pueblos indígenas de la Amazonía boliviana: baure, cayubaba y los esse ejja. Sus planes alcanzaron incluso a un área protegida, según el alcalde del municipio de San Rafael, ubicado en Santa Cruz.
Uno de los representantes del pueblo baure, situado en el departamento de Beni, firmó en septiembre de 2024 un acta de consentimiento para conceder el “arrendamiento perpetuo” de 60 000 hectáreas de ese territorio por 108 000 dólares anuales. El contrato también autorizaba la explotación de los recursos naturales del territorio arrendado.
Los funcionarios de Migración terminaron expulsando a los Kailasa de Bolivia.
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2. Convenios secretos del litio boliviano

En su anhelo por aprovechar sus millonarios depósitos de litio, Bolivia firmó entre 2023 y 2024 al menos 14 convenios con empresas extranjeras, cuyo alcance y contenido no son públicos. Esta investigación coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y en alianza con otros medios de la región, entre los que se encuentra Mongabay Latam, evidenció que dos contratos con empresas de China y Rusia fueron llevados a la Asamblea Legislativa y que uno de ellos involucró reuniones con funcionarios rusos sancionados internacionalmente por la invasión a Ucrania.
La investigación también revela detalles inéditos sobre los opacos acuerdos del litio firmados por el gobierno de Luis Arce, en medio de las preocupaciones por sus beneficios económicos inciertos, posibles impactos ambientales y traslapes no reconocidos con comunidades indígenas.
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1. Cuatro nuevas vías ilegales perforan Parque Nacional Carrasco en Bolivia mientras cultivos de coca ilegal crecen un 38%

El Parque Nacional Carrasco está en grave riesgo. La apertura de caminos clandestinos, la proliferación de asentamientos ilegales de comunidades, el aumento de cultivos de coca y el narcotráfico se han profundizado en los últimos cuatro años. Detrás existe una frágil fiscalización de las autoridades y el poder de comunidades o sindicatos de productores de cocales que habitan en su interior, legal e ilegalmente. A pesar de que se trata del área protegida con mayor humedad de Bolivia, es una de las tres más deforestadas.
Una investigación que empezó a finales de diciembre de 2024 permitió establecer que solo entre octubre de ese año y febrero de 2025, cuatro vías han sido abiertas en la zona de protección estricta. Además, entre 2022 y 2023, los cocales dentro del parque nacional aumentaron un 38 %.
Exfuncionarios y biólogos coinciden en que el mayor riesgo al que se expone el área es la pérdida de su categoría de Parque Nacional, para pasar a ser un Área Natural de Manejo Integrado (ANMI), lo que implicaría legalizar actividades humanas en su interior que actualmente se consideran fuera de norma. Asimismo, se pone en riesgo la riqueza biodiversa de un territorio de reserva que provee agua dulce a toda la zona tropical de Cochabamba.
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BONUS. El ave pallkachupa logró escapar de la extinción en Bolivia

En una pequeña región del municipio de Apolo, en La Paz, vive una particular ave de colores amarillo y negro, con una larga cola bifurcada. Se conoce comúnmente como palkachupa cotinga (Phibalura boliviana) y durante casi un siglo (entre 1902 y 2000) se consideró extinta debido a la degradación de su hábitat, el avance de la agricultura y la contaminación.
Sin embargo, en el año 2000 Bennett Hennessey, biólogo y coordinador de desarrollo de la organización ambiental Armonía, la redescubrió en los bosques del pueblo indígena leco. Tras 22 años, Armonía y cinco comunidades del pueblo leco lograron impulsar conjuntamente un programa específico para su conservación y establecer 1888 hectáreas para resguardar más del 23 % del hábitat donde la palkachupa se reproduce.
Su esfuerzo ha dado frutos. La población de esta ave pasó de estimarse en 600 individuos a más de 1900. Los lecos decidieron, además, convertirse en guardianes de la palkachupa y destinar más de 100 hectáreas a la reforestación de árboles de los que ella se alimenta. “La palkachupa no era nueva para nosotros, era parte de la vida de algunas comunidades, pero nos informaron que estaba en peligro de extinción y que era endémica de nuestro territorio, y eso nos llamó la atención”, dice Dionisio Gutiérrez, capitán grande del pueblo leco, la máxima autoridad de esta nación indígena.
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Imagen principal: ancianos leco sostienen una imagen de la palkachupa. Foto: cortesía Armonía.