- La bióloga colombiana Diana Pulido es coordinadora senior de Cooperación y Asuntos Internacionales del Instituto Alexander von Humboldt y está a cargo de uno de los centros subregionales de apoyo técnico y científico establecidos como parte del Convenio de Diversidad Biológica de la ONU.
- Existen 18 centros a nivel global, tres de ellos están ubicados en América Latina y El Caribe y el Instituto Alexander von Humboldt de Colombia es uno de ellos: Pulido explica cómo funciona esta red de apoyo para lograr que los países cumplan sus compromisos de conservación, qué retos y metas se propone.
- Mongabay Latam también conversó con Pulido sobre los avances que hasta ahora ha tenido el centro desde que inició sus actividades en octubre de 2025.
- Además, dialogó sobre las dificultades que se originan debido a que los centros fueron establecidos sin contar con financiamiento.
El Instituto Alexander von Humboldt de Colombia es uno de los centros subregionales globales que forman parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, creados como un mecanismo para apoyar técnica y científicamente a los países en el cumplimiento de las 23 metas de conservación establecidas Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming Montreal para 2030.
La función que cumple este centro subregional —uno de los 18 seleccionados a nivel global y que figura entre los tres de América Latina y El Caribe— también implica fortalecer las capacidades de los países para que avancen en el uso sostenible de la biodiversidad y facilitar la transferencia de conocimiento y de buenas prácticas, así como reducir las brechas en el acceso a las tecnologías de la conservación y los vacíos técnicos y científicos que hay en cada país.

Mongabay Latam conversó con Diana Pulido, coordinadora senior de Cooperación y Asuntos Internacionales del Instituto Alexander von Humboldt, durante la Conferencia Internacional de Tecnologías para la Conservación (ICTC) que se realizó en Lima, Perú, entre el 18 y 10 de febrero.
En la entrevista, Pulido habló de los avances y de cómo se está organizando este nuevo mecanismo de apoyo a la conservación, de la importancia de la tecnología en el cumplimiento de las metas ambientales, pero también de la falta de financiamiento para ayudar a los países a avanzar en sus compromisos en una carrera contra el tiempo, considerando que solo quedan cuatro años para llegar a 2030.
—Uno de los centros subregionales es el Instituto Alexander von Humboldt de Colombia. ¿Cuáles son los avances hasta el momento?
—Este es un mecanismo nuevo y como tal tiene que empezar a definir cómo va a operar y eso estamos haciendo en este momento, porque la designación de los centros no cuenta con recursos destinados para su funcionamiento. Lo que se busca es que tomemos el relacionamiento regional con el que ya contamos para empezar a mirar cómo puede ser esta transferencia de conocimiento. En el caso del Instituto Humboldt, nuestro plan de acción está en proceso de validación con los 12 países —Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay, Venezuela, Cuba, Uruguay, Perú, Chile, Bolivia, México y Colombia— que cubrimos.
—En América Latina hay tres centros subregionales, que forman parte de los 18 a nivel global. ¿Existe coordinación entre estos centros ?
—Si, hay una coordinación de los 18 centros. Se llama unidad de coordinación global. Su labor principal es coordinar con todos los centros y apoyar la puesta en marcha de todo el mecanismo. En el caso de los centros de América, también tenemos reuniones de coordinación para establecer sinergias entre todos. Además del Instituto Humboldt, los otros dos son la Comunidad del Caribe (Caricom), que cubre los países del Caribe, y la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), que cubre América Central.

—El centro subregional del Instituto Humboldt reúne a 12 países de América Latina. ¿Qué coordinaciones se han hecho entre los países y qué avanzó hasta el momento?
—Estamos avanzando con el establecimiento de nuestro comité directivo, del que hacen parte los países. Con todos venimos trabajando. Hay unos más receptivos que otros, pero esto es una labor que es natural en un mecanismo nuevo. También hay varias iniciativas en curso que nos han permitido movilizar a la región. El año pasado hicimos un taller de cuatro días en Bogotá sobre la meta de restauración del convenio de diversidad biológica con representantes de los 12 países. Tenemos también una mesa de ayuda para ese tema para todos los países, así como otras iniciativas de acuerdo al apoyo que necesita cada país. Paraguay, por ejemplo, nos ha pedido ayuda con el marco de monitoreo y ya estamos empezando a trabajar con ellos. Lo que queremos es fortalecer las capacidades de los países, de la institucionalidad ambiental y de las instituciones de cada uno de los países para que puedan fortalecer sus capacidades para el manejo de datos, entre otras cosas.
—Uno de los objetivos del centro subregional de apoyo técnico y científico en América Latina y el Caribe es reducir las brechas en el acceso a las tecnologías de conservación. ¿Cuáles son esas brechas que enfrenta la región?
—Hemos empezado a recopilar los análisis de cuáles son las necesidades de la región y también hicimos un análisis de necesidades. Hay de todo, son brechas diferenciadas, hay países que necesitan apoyo puntual en infraestructura tecnológica, en infraestructura de laboratorios, y otros que están demandando cosas más especializadas como inteligencia artificial. En general, yo diría que la tecnología se convierte en un pilar para conseguir muchas de las metas de conservación.
Creo que hay muchas oportunidades para que, al margen de lo que se viene haciendo para fortalecer las capacidades en una meta o en la otra, siempre se contemple la posibilidad de socializar, de visibilizar esas experiencias frente a herramientas tecnológicas que pueden facilitar la labor.
—¿De qué tecnologías estamos hablando?
—Estamos hablando de una cantidad de herramientas que van desde cámaras trampa, que se usan hace mucho tiempo; también sonares, es decir, dispositivos de sonido para la identificación de especies; así como inteligencia artificial, que ha sido protagónica en la Conferencia Internacional de Tecnologías para la Conservación. Creo que todas las herramientas, desde la infraestructura de datos tecnológicos hasta el modelamiento de especies, de ecosistemas y demás. Es un abanico muy grande de herramientas que están disponibles ahora y que cada día se van especializando más.

—En los 12 países que son parte del centro subregional, ¿cuáles son estas brechas tecnológicas?
—Son necesidades diferenciadas. Unos países tienen más fortalezas en unas metas que en otras, pero puntualmente no se ha hecho un ejercicio solamente a nivel de tecnología, sino más grueso, a nivel de necesidades en general. A veces ni siquiera es un tema de qué tecnologías necesita cada país, sino entender y conocer qué tecnologías hay disponibles. Esa es una labor que el centro subregional puede visibilizar de la mano de aliados como Wildlabs para mostrar qué se está desarrollando y qué herramientas están disponibles para facilitar el trabajo. También hay solicitudes de los países para algún apoyo en particular.
—¿Cómo se definió qué países iban a formar parte de cada uno de los centros?
—Es un proceso interno de la Conferencia de las Partes del Convenio. También como parte de la postulación los centros expresaban en qué países podían trabajar y con cuáles tenían experiencia. Algunos países pidieron pertenecer específicamente a un centro, como México, que por ubicación geográfica no nos correspondía, pero México ha trabajado con el Instituto Humboldt, entonces quiso continuar con ese trabajo previo. Y el caso de Cuba fue igual. Los dos países solicitaron ser atendidos por el Instituto Humboldt porque han trabajado con nosotros.
—¿Qué es lo que más solicitan?
—Temas relacionados con sistemas de monitoreo es muy común en la región. También la movilización de datos y la infraestructura de datos. Además, solicitan ayuda relacionada con el desarrollo de indicadores, líneas bases, temas que son generales a toda la región.
Como este mecanismo se crea en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica [de las Naciones Unidas], con un plan de acción global que define indicadores, los países requieren apoyo para que, efectivamente, puedan medir sus indicadores. En el caso del sistema de monitoreo, por ejemplo, hablamos de las posibilidades de reportar la lista roja de especies; y sobre las líneas de bases, no todos los países tenemos una línea de base de ecosistemas. Entonces, tenemos que ver con qué herramientas cuentan los países para empezar a medir lo que se acordó en cada una de las metas globales. Para eso se necesitan datos y líneas de bases para saber de qué punto partimos y hacia dónde vamos.

—¿Hay metas del Convenio sobre la Diversidad Biológica que se están priorizando?
—Cada país define sus prioridades y lo establecen en sus planes de acción. El centro está haciendo un análisis de las necesidades y capacidades frente a las diferentes metas para entender cuáles necesitan más apoyo, pero también para tener un panorama general de cuáles son esas variables más urgentes en cada una de las metas y tener flexibilidad cuando se abren oportunidades de movilización de recursos.
El centro subregional es como un knowledge broker —intermediario de conocimiento—, sabemos quién tiene lo que otro necesita, porque el Instituto Humboldt es consciente de que no podemos cubrir 12 países, pero tenemos una red de aliados y contactos en cada una de las entidades o instituciones científicas y de investigación de cada uno de nuestros países. También ayudamos con ese contacto, con la transferencia de oportunidades y tratamos de movilizar recursos para atender necesidades puntuales.
—¿Qué avances hubo en la primera reunión sobre la meta de restauración?
—Fueron temas puntuales y técnicos, pero sin duda, lo primero que hicimos fue capacitar en el uso de la plataforma FERM [plataforma oficial de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) creada dentro del Marco para el Monitoreo de la Restauración de los Ecosistemas], útil para el reporte de las metas de restauración de los países. Fue una capacitación práctica desde cómo crear un usuario hasta cómo navegar en la plataforma y cargar la información. Así orientamos a los países en cómo hacer que la información que tienen se vea reflejada en un repositorio global y se identifican cuellos de botella para el uso de estas herramientas globales. Además, tenemos una mesa de ayuda en la que recibimos pedidos para orientación técnica para los usuarios. Los países han estado muy comprometidos con la iniciativa y hemos tenido reuniones bilaterales para resolver inquietudes con cada uno de ellos.
—¿Cuáles son los mayores retos de los centros subregionales para avanzar en el cumplimiento de las metas?
—Para nosotros, por supuesto, es la movilización de recursos, es un tema crucial porque el apoyo a las partes dependerá de la disponibilidad de recursos. La región es una de las más biodiversas del mundo, donde, sin duda, las labores de conservación y de uso sostenible tienen un gran impacto a nivel global y creemos que hay un gran interés de poder avanzar en estas metas, por eso, confiamos que se puedan establecer alianzas estratégicas que nos permitan apoyar a los países en esos cuellos de botella a nivel técnico y científico.

—Si bien el trabajo que hacen es con los gobiernos, ¿hay otros actores involucrados?
—El punto focal para el Convenio sobre Diversidad Biológica son los gobiernos, pero en las actividades que estamos desarrollando siempre se considera la participación de pueblos indígenas, comunidades locales y mujeres. Así lo hicimos para la reunión de la meta dos. Si bien la interlocución es a través de los gobiernos dentro de las actividades se contempla la participación de estos otros grupos.
—¿Además de esta reunión, que otras actividades están realizando?
—En este momento estamos apoyando a Colombia para la elaboración del quinto informe nacional del Protocolo de Cartagena [convenios sobre seguridad en biotecnología]. También hemos firmado varios acuerdos con entidades de investigación de los países que cubrimos para tener un marco de colaboración que nos permita movernos de manera más ágil. También tenemos que ver cómo vamos consiguiendo recursos. Estamos tratando de mover la meta tres, que es el compromiso del 30×30 de superficie destinada a la conservación. En eso estamos trabajando con algunos países que nos solicitaron apoyo como Paraguay y Perú. También hemos presentado convocatorias para la meta seis, que se refiere a las especies invasoras, y una propuesta para la meta 13, sobre recursos genéticos. Hemos estado buscando muchas oportunidades pero todas están a la espera de resultados. Depende mucho de los recursos disponibles. Tenemos que aprovechar los recursos disponibles y en función de eso planificar.
—Entiendo que uno de los problemas es conseguir recursos ¿significa que el centro no dispone de fondos para la labor que está cumpliendo y tiene que buscar para cada una de las metas?
—Es un tema que ha sido muy discutido. Es un mecanismo nuevo que no cuenta con asignación presupuestal por parte del Convenio sobre Diversidad Biológica, entonces los centros tienen ese desafío de movilizar recursos. El Instituto Humboldt está poniendo recursos humanos, técnicos y científicos, pero sin duda se necesitan recursos financieros que nos permitan movilizar a la región. Es un tema que está en la mesa de discusiones de este nuevo mecanismo, de cómo asegurar recursos. Los fondos internacionales están muy atomizados, y la falta de financiamiento hacia la conservación de la biodiversidad ha estado sobre la mesa en las discusiones globales, la necesidad de aumentar los recursos que se destinan para este tema y para los temas ambientales. Y la falta de recursos puede incidir en la efectividad de un mecanismo como este, por eso se está trabajando entre los centros y con los países para explorar esas ventanas de oportunidades que les permita operar a los centros. Nos presentamos a las propuestas, buscamos aliados con los que ya venimos trabajando y oportunidades de que dentro de los proyectos que nos proponen podamos incluir un componente regional.
—Para el tiempo que queda, porque estamos hablando de cuatro años, es un reto muy grande..
—Es un reto enorme, pero también una gran oportunidad de fortalecer las capacidades de la región. En la región tenemos no solamente muchísima biodiversidad y muchos vacíos, también tenemos cosas extraordinarias, así como los recursos son muy importantes, también ese enfoque regional que nos permita decirle a Perú, si quiere, lo ponemos en contacto con México que está haciendo algo muy chévere y podemos facilitar estas reuniones. Esto es muy útil. Y muchas de las cosas que nos han pedido los países también tiene que ver con la transferencia de buenas prácticas, de consolidar información, de guiar. Creo que es una gran apuesta para la región que tiene mucho que mostrar y decirle al mundo. Es un gran potencial de trabajar en conjunto porque hay muchos retos compartidos.
*Imagen principal: para conservar la biodiversidad de la región, los centros subregionales globales del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas buscan facilitar la transferencia de conocimiento y buenas prácticas, así como reducir las brechas en el acceso a las tecnologías. Foto: cortesía COFAN/Diego Ayala