- Investigadores entrevistaron a 1161 pescadores ecuatorianos y encontraron que las capturas han disminuido drásticamente en los últimos 40 años.
- La pesca industrial es una de las principales causas del declive, de acuerdo con el estudio científico publicado en la revista Plos One.
- Los pescadores deben navegar un 54.4 % más lejos que en la década de 1980 para obtener capturas rentables.
- Además, sufren robos, extorsiones e inseguridad debido al incremento de la delincuencia asociada al narcotráfico.
Hace cuarenta años, cuando Luis Enríquez* empezó a pescar, necesitaba dos horas para regresar a tierra con unas 10 corvinas (Cynoscion spp.). Hoy, para conseguir dos debe pescar toda la noche. Un reciente artículo científico confirmó que la disponibilidad de los recursos pesqueros ha caído “significativamente” en las últimas décadas en Ecuador. La pesca industrial dentro de las ocho primeras millas, reservadas para la pesca artesanal, fue identificada como la principal causa del declive.
“Esto significa que la costa está sufriendo considerablemente debido a la reducción de los recursos”, dice a Mongabay Latam César Peñaherrera, autor principal del estudio Reconstrucción de la dinámica espacial y temporal de las pesquerías artesanales de pequeña escala del Ecuador desde la perspectiva de los pescadores, publicada en Plos One.
Los resultados muestran que el 99 % de los entrevistados percibe que las capturas han disminuido. Los datos recabados revelan una trayectoria en forma de parábola. La abundancia aumentó en los años 80 y alcanzó su punto máximo en los 90, para luego estabilizarse en los 2000 y finalmente desplomarse en la década de 2010.

“La figura de la parábola es el típico ejemplo de una pesquería a punto de colapsar”, advierte el científico marino. Cuenta que algo similar pasó con la pesca de pepino de mar (Isostichopus fuscus) en Galápagos. Hubo un punto alto que después se desplomó por la falta de toma de decisiones a tiempo. Por eso, recomienda hacer un manejo bastante cuidadoso.
El estudio estima que las capturas en la década de 2010 fueron menores en un 30 % con respecto a los niveles previos a 1980 y en un 59.5 % que en la década de 2000. Especies que antes dominaban las capturas, como el camarón (Penaeus spp.), la paloma pompano (Trachinotus paitensis) y el róbalo blanco (Centropomus viridis), han seguido la tendencia de declive acelerado. Esto ha obligado a los pescadores artesanales a diversificar sus especies objetivos.
“Las personas de mayor edad nos decían que sí hay un cambio increíble, que ya no hay especies y que antes la abundancia y el tamaño de la pesca era mayor”, puntualiza Estefanía Bravo, bióloga marina y coautora de la investigación.

El estudio se basó en el Conocimiento Ecológico Local (LEK, por sus siglas en inglés). A través de entrevistas realizadas en 22 pueblos pesqueros en las provincias de Manabí y Santa Elena, los científicos reconstruyeron la historia de la pesca desde los años 80 hasta la actualidad.
Para Peñaherrera, consultor senior de la organización de investigación Migramar, esta metodología es fundamental. “Las personas que trabajan en el mar tienen información que por no estar sistematizada pasa desapercibida, pero es valiosa”, señala.
Los industriales pescan en la zona artesanal
1161 pescadores respondieron a un cuestionario que indagaba en su percepción sobre el cambio en las pesquerías por décadas y que presentaba un mapa en el que tenían que indicar qué tan cerca o lejos de la costa pescaban. Con base en esto, los científicos reconstruyeron la información para obtener los datos.

El 38 % de los pescadores señaló a la pesca industrial dentro de las ocho primeras millas como el principal factor de declive. Esto sucede a pesar de que esa zona está reservada exclusivamente para la pesca artesanal. “Los barcos se meten y cogen en un solo lance lo que 100 lanchas artesanales cogen en un mes”, dice el pescador.
El problema, aunque sucede en el mar, no es desconocido por las autoridades pesqueras, de acuerdo con Enríquez. Los pescadores se han encargado de entregar fotos y videos que muestran la presencia de barcos dentro de las primeras ocho millas. No obstante, nada cambió.
La pesca objetivo de los industriales son las sardinas, sin embargo, el pescador señala que “pescan de todo”. Asegura que primero van por la pesca blanca, la que les corresponde a los artesanales, y solo si no encuentran ese recurso van por las sardinas.

El 22 % de los pescadores señaló que el uso de artes de pesca no selectivas, como las de arrastre, las luces artificiales y los dispositivos agregadores de peces están agotando la diversidad y abundancia.
Enríquez asegura que los industriales usan artes de pesca con mallas pequeñas que acaparan las crías y los juveniles, afectando los ciclos reproductivos de las especies. Además, denuncia que echan diésel en piedreros donde hay zonas coralinas para que la pesca salga.
Peñaherrera cuenta que los pescadores también reportan que las embarcaciones de arrastre “barren el fondo del océano”. Cuando se detuvo esta actividad en Puerto López, los pescadores reportaron que hubo un incremento de los recursos. “Pero cuando se permitió nuevamente bajo algunos lineamientos, empezaron a ver que sus recursos decayeron nuevamente”, dice.

El 18 % de los pescadores apuntó que los cambios en las condiciones ambientales del mar también impactan en la cantidad de recursos. Por último, Enríquez señala que la tala de manglares y el movimiento de tierras para la instalación de camaroneras, sumado al uso de químicos, está afectando zonas vitales para la reproducción de las especies marinas.
Los pescadores navegan más lejos en busca de recursos
“El recurso ya no es el mismo que hace 40 años”, insiste Peñaherrera. A comienzos de 2026, Mongabay Latam reportó sobre un estudio que encontró que en tres áreas protegidas de la costa ecuatoriana casi no se detectaron tiburones ni grandes depredadores. Peñaherrera está investigando la zona de Puerto López, en Manabí, y los resultados preliminares muestran lo mismo. “La ausencia de depredadores tope y tiburones es bastante significativa”, dice.

Una de las consecuencias más visibles del agotamiento de las pesquerías es la distancia que los pescadores deben navegar para obtener una cantidad de pesca que les permita generar ingresos. El estudio halló que en los años 80, la distancia promedio desde el puerto de origen era de unos 36.8 kilómetros. Para la década de 2010, la distancia aumentó a 54.4 kilómetros.
Pescadores de poblaciones como Anconcito, Jaramijó y Santa Rosa reportaron jornadas en las que llegaron hasta los límites de la Zona Económica Exclusiva e incluso cerca de la Islas Galápagos. “Se han ido alejando para mantener las capturas que dejaron de ser lo mismo cerca de la costa”, explica Peñaherrera.
Esto impacta en la economía de los pescadores, de acuerdo con Luis Enríquez. Cuenta que en el pasado salía con 5 dólares de combustible y ahora tiene que invertir hasta 30 dólares. Además, las jornadas se han extendido. Ahora tienen que salir a las cinco de la mañana para regresar al finalizar la tarde con algo de pesca para recuperar la inversión.
Trabajar en medio de la inseguridad

El estudio también muestra que la presencia de grupos criminales asociados al narcotráfico ha generado un entorno de trabajo inseguro y violento. Enríquez cuenta que los pescadores artesanales son víctimas del robo de motores, por lo que han optado por usar motores pequeños y menos costosos.
Además, asegura que los pescadores industriales incrementan sus malas prácticas para obtener más pesca y pagar las extorsiones que les exigen las bandas delictivas.
Es que el narcotráfico y bandas en Ecuador y Perú han convertido el mar en un territorio de violencia, según reportó Mongabay Latam a finales de 2025 en el especial Piratas y narcotraficantes amenazan a pescadores.

Esto no solo afecta a la economía de las comunidades pesqueras. También dificulta el trabajo de los científicos. Los investigadores recorrieron la costa a pie, se presentaron ante líderes comunitarios, solicitaron permiso para trabajar en cada comunidad y realizaron entrevistas de casa en casa, relata Bravo. “Fuimos a caletas pesqueras que no tienen presencia gubernamental”, destaca Peñaherrera.
Empezaron el trabajo en 2023, “cuando la situación de seguridad se ponía difícil”, dice el científico sobre el incremento de la violencia asociada al narcotráfico. Asegura que los entrevistadores enfrentaron momentos de mucha tensión al ser perseguidos por miembros de bandas delincuenciales que buscaban asegurarse de que no se hagan preguntas “indebidas”.
Esto tuvo un impacto en el alcance de la investigación. Aunque inicialmente se planteó entrevistar a pescadores de toda la provincia de Santa Elena, se tomó la decisión de limitar el levantamiento de información a pocos puntos y no continuar hacia el sur. Se tomaron medidas de seguridad, como hacer las entrevistas en grupo, durante el día y en compañía de líderes pesqueros o pescadores reconocidos, dice Bravo.
El camino hacia la sostenibilidad

Los autores hicieron una serie de recomendaciones para evitar el colapso de las pesquerías en la costa. En primer lugar, sugieren convertir las ocho primeras millas en una reserva marina, con objetivos claros de conservación y una vigilancia estricta para mantener afuera a la flota industrial.
En esa misma línea, recomiendan implementar sistemas de monitoreo en más embarcaciones para combatir la pesca ilegal y mejorar la trazabilidad de los productos. De manera complementaria, plantean que se promueva la adopción de certificaciones de pesca sostenible para alentar prácticas responsables.
Como siguiente punto, insisten en que Ecuador trabaje estrechamente con Perú, Colombia y Costa Rica para gestionar las especies que habitan en las aguas de los cuatro países.

Por último, resaltan la importancia de que exista colaboración continua entre científicos y pescadores para hacer un manejo adecuado de los recursos con miras a la sostenibilidad.
“Son 60 000 pescadores artesanales en la costa ecuatoriana, si sus economías colapsan, se afecta a 60 000 familias y los negocios que trabajan alrededor de las pesquerías”, advierte Peñaherrera. Por eso, resalta la importancia del manejo. “Hay que ser propositivo y tomar medidas para el futuro”, dice.
En este escenario de poca disponibilidad de recursos e inseguridad, Enríquez confiesa que llevar el pan a su hogar es lo que le anima a seguir trabajando. Y concluye: “No aprendí a hacer otra cosa, toca seguir en el mar, pescando”.
*El verdadero nombre del pescador ha sido protegido.
REFERENCIA
Peñaherrera-Palma, C. R., Chinacalle-Martínez, N. S., Gómez Zamora, W., Jaramillo-Vallejo, S. P., López-Macías, J. P., Safady-Mendoza, O., & Bravo-Ormaza, M. E. (2025). Reconstructing the spatial and temporal dynamics of Ecuador’s artisanal small-scale fisheries from fishers’ perspective. PLoS ONE, 20(12), e0338495. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0338495
Imagen principal: una embarcación industrial para pelágicos pequeños captada dentro de las ocho primeras millas junto a lanchas artesanales. Foto: obtenida por Mongabay Latam