- Un nuevo estudio analiza la evidencia genética para sugerir que el río Magdalena de Colombia, y no el macizo andino al norte de la cordillera, podría ser el verdadero límite que separa a dos especies casi idénticas de primates nocturnos.
- Los monos nocturnos del género Aotus, los únicos primates nocturnos de América, han permanecido prácticamente invisibles tanto para el público como para la comunidad científica, afirma el autor principal del estudio.
- Los expertos en la materia afirman que este descubrimiento podría transformar radicalmente los mapas nacionales de conservación y las estrategias de protección de los monos nocturnos.
- Continúan los retos, ya que la mayoría de especies son prácticamente iguales en sus características físicas y seguirlos durante la noche es una compleja tarea para los investigadores.
Una noche, Sebastián Montilla, de diez años, oyó un animal moverse sobre la rama de un árbol en la finca de su padre en el municipio de Pijao, departamento de Quindío, una de las regiones cafeteras más reconocidas de Colombia. Al alumbrar con una linterna hacia la copa, vio un animal salvaje con grandes ojos rojos y una larga cola que lo observaba antes de alejarse de la luz. Era un mono nocturno, del género Aotus. Este breve encuentro marcaría el rumbo de la vida de Montilla.
“Me apasionaron mucho esos animales. De hecho, cuando estaba en la escuela, mi pasatiempo favorito era salir y tumbarme debajo de donde dormían, para observarlos sin hacer nada”, dijo Montilla, ahora estudiante de doctorado en ciencias biológicas en la Universidad de los Andes en Bogotá.
“Me sorprende mucho que los monos nocturnos hayan pasado desapercibidos durante tanto tiempo, tanto en la comunidad científica como en la opinión pública”, añadió. “Es asombroso, porque a medianoche pasan justo al lado de nuestras casas y ni siquiera nos damos cuenta”.
Los monos nocturnos, también conocidos como monos búho, son el único grupo de primates en América que se ha adaptado a la actividad nocturna. Estos animales han desarrollado enormes ojos redondos con retinas un 50 % más grandes que las de los primates diurnos para captar mejor la escasa luz disponible en su entorno.
A diferencia de otras especies de monos nocturnos en Asia y África, como los loris (familia Lorisidae), los tarseros (Tarsiidae) y los lémures (Lemuroidae), que tienden a ser solitarios, los monos nocturnos forman parejas monógamas de por vida, criando de una a tres crías a la vez. La mayor parte de lo que sabemos sobre la reproducción y el comportamiento de estos primates proviene de laboratorios biomédicos y zoológicos que los mantuvieron en cautiverio. La dificultad de seguirlos en la oscuridad ha hecho que su estudio en estado salvaje sea prácticamente imposible.
Montilla comentó que se obsesionó con saberlo todo sobre ellos y, para su sorpresa, descubrió que la literatura existente era muy escasa. Esta laguna de conocimiento lo impulsó a convertirse en biólogo y ahora es un experto destacado en monos nocturnos. Durante casi dos décadas los ha seguido durante las noches y ha descubierto diferencias en sus patrones de actividad según la luz de la luna y los lugares donde prefieren vivir. Ha evaluado su dieta , reportado el primer caso de albinismo en un mono nocturno y contribuido a la creación del primer plan de manejo para la conservación del mono nocturno andino (Aotus lemurinus) en Quindío.

Montilla publicó recientemente un estudio en la Revista Internacional de Primatología que sugiere que es el río Magdalena, y no el macizo andino en el norte de la cordillera de los Andes, la verdadera barrera que separa a dos especies de monos nocturnos de aspecto idéntico en la frontera de los departamentos de Antioquia y Santander. Este hallazgo podría modificar las estrategias de conservación de las cinco especies de monos nocturnos que habitan en Colombia, las cuales están perdiendo su hábitat debido a la ganadería, las plantaciones de palma aceitera y la minería, y son objeto de comercio ilegal como mascotas.
Identificar las especies de monos nocturnos es un desafío para los taxónomos. Estos primates, ampliamente distribuidos desde Panamá hasta el norte de Argentina, son casi que imposibles de diferenciar a simple vista entre sí.
“Son especies gemelas complejas. Un mono nocturno del Amazonas, del Caribe y de los Andes tienen exactamente el mismo aspecto”, declaró Montilla a Mongabay.
Los monos nocturnos son un ejemplo de especie críptica, genéticamente diferentes pero físicamente casi indistinguibles. Las barreras naturales como ríos, montañas y desiertos aíslan a las especies, limitando su dispersión y dando lugar a múltiples taxones. Este fenómeno se ha observado en anfibios, murciélagos, aves y otras especies de primates nocturnos; el ejemplo más emblemático de especie críptica es Astraptes fulgerator, una mariposa saltarina que resultó ser no una, sino diez especies diferentes.
En 2010, biólogos que intentaban identificar los límites del hábitat de cada especie de mono nocturno sugirieron una barrera natural a 1000 metros en las cordilleras central y oriental de los Andes. Según esta hipótesis, los monos nocturnos que se encuentran en el norte de Colombia y el Valle del Magdalena pertenecerían a la especie Aotus griseimembra; los de las tierras bajas del Pacífico, a Aotus zonalis ; y los que se encuentran por encima de los 1000 metros, a Aotus lemurinus.
Esto significaría que tanto A. griseimembra como A. lemurinus podrían encontrarse a ambos lados del río Magdalena, siendo el pelaje el único rasgo físico que los diferenciaría: los que viven en las montañas son más peludos que los que viven en las tierras bajas.

“Resulta un tanto ambiguo pensar que existe una línea imaginaria a 1000 metros, y que un mono que se encuentre por encima de esa altura vaya a decir: ‘Oh no, no voy a pasar de los 999 metros’”, dijo Montilla.
Sin estar convencido por esta hipótesis, Montilla dedicó sus estudios de doctorado a investigar la distribución genética de los monos nocturnos en Colombia. Entre 2022 y 2025 siguió a los monos nocturnos todas las noches, recolectando excrementos y extrayendo ADN de 92 lugares diferentes del país.
Para su sorpresa, los resultados mostraron que en el valle medio del Magdalena, dos grupos de monos que se pensaba pertenecían a la misma especie (A. griseimembra) y que vivían a tan solo 100 metros de distancia, eran genéticamente muy diferentes. Cabe destacar que estaban separados por el río Magdalena. Montilla descubrió que este patrón se repetía varias veces en las secciones alta y media del valle del Magdalena, lo que indicaba que el río, más que las montañas, desempeñaba un papel fundamental en la limitación de la dispersión y la conectividad de las poblaciones de monos nocturnos.
El río Magdalena, que nace a una altitud de casi 3700 metros sobre el nivel del mar en el Páramo de las Papas, en el departamento del Cauca, es quizás el curso de agua más importante de Colombia. Recorre unos 1540 kilómetros y transporta, en promedio, más de 8000 metros cúbicos de agua por segundo hasta desembocar en el mar Caribe, en Bocas de Ceniza, Barranquilla.
El río no es solo una ruta histórica para los asentamientos humanos, la cultura, el desarrollo económico y el transporte entre los Andes y el Caribe. También es un corredor de vida silvestre de gran biodiversidad, hogar de más de 120 especies de peces, 630 de aves, 120 de reptiles y 4000 de plantas. La región también alberga mamíferos endémicos y amenazados como el paujil de pico azul (Crax alberti), el mono araña o marimonda (Ateles hybridus), el jaguar (Panthera onca) , el bagre rayado del Magdalena (Pseudoplatystoma magdaleniatum) y, por supuesto, los monos nocturnos.
Según Sebastián García, presidente de la Asociación Colombiana de Primatología (APC), los hallazgos de Montilla abren la posibilidad de redefinir los mapas de distribución actuales de A. griseimembra y A. lemurinus. “Este tipo de investigaciones tendrá un impacto en la ubicación de los esfuerzos de conservación en todo el país”, declaró García a Mongabay.
Para García, poder identificar correctamente cada especie y su hábitat es fundamental para mejorar los planes de acción para la protección de la vida silvestre y para iniciativas como el Programa Nacional de Conservación de Primates de Colombia. Un conjunto de estrategias diseñadas por expertos para abordar las principales amenazas que enfrentan las 38 especies de primates del país, incluidas las cinco especies de monos nocturnos, y que se encuentra actualmente pendiente de aprobación por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
No obstante, los estudios han demostrado que, si bien conocer la distribución y los límites del hábitat de una especie críptica es uno de los primeros pasos para protegerla, muchos planes de acción para la conservación fracasan porque las especies crípticas carecen de datos suficientes.
“Necesitamos este tipo de estudios y más apoyo gubernamental que pueda aplicarse directa o indirectamente a la conservación de los primates en nuestro país, porque este es uno de los muchos primates en Colombia que requiere este tipo de estudio”, dijo García.

“El problema es que, dado que Aotus es estrictamente nocturno, es muy difícil estudiarlo”, aseguró Eduardo Fernández-Duque, profesor de antropología de la Universidad de Yale en Estados Unidos, que no participó en el estudio.
En el caso de los monos nocturnos, aún quedan muchas incógnitas por resolver. Muchas especies carecen de datos o están catalogadas como vulnerables en la Lista Roja de la UICN debido a la falta de información básica sobre sus poblaciones en estado salvaje, su dinámica social, su reproducción, su dieta, su respuesta a la fragmentación del hábitat o su vulnerabilidad al cambio climático. Para García y otros expertos en la materia, esto convierte los hallazgos de Montilla en una valiosa contribución para subsanar estas lagunas de conocimiento y apoyar los esfuerzos para proteger a todas las especies de monos nocturnos.
“Realizamos un estudio de un año sobre el Aotus en Ecuador, y fue muy difícil”, dijo Fernández-Duque. “Lo que están haciendo nuestros colegas latinoamericanos es impresionante. Han logrado cosas que no se han alcanzado en otros proyectos de estudio de los monos nocturnos del género Aotus. Sin duda los más avanzados están en Colombia”.
Montilla afirmó que su objetivo es consolidar sus hallazgos con más evidencia, comparando el número de cromosomas entre especies, identificando diferencias en sus vocalizaciones y comparando datos morfológicos para establecer las diferencias genéticas y físicas entre los distintos monos nocturnos.
Esto no solo ayudaría a delimitar la distribución de estas especies crípticas a cada lado del río Magdalena, sino también a lo largo de otros ríos grandes como el Amazonas, el Caquetá y el Putumayo, que podrían estar ejerciendo el mismo efecto barrera sobre otros grupos de primates nocturnos.
“Solo el tiempo dirá hasta qué punto esa idea resiste el paso del tiempo, el escrutinio de otros grupos, las pruebas contradictorias y las pruebas que la respaldan”, dijo Fernández-Duque. “De eso se trata la ciencia”.
*Imagen principal: Monos nocturnos (género Aotus). Foto: cortesía de Manuel Fonseca.
**Este artículo fue publicado originalmente en el portal de Mongabay en inglés el 13 de abril de 2026.
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