- Sandra Vilardy es doctora en Ecología, profesora de la Universidad de los Andes y ex viceministra de Ambiente, cargo que desempeñó entre agosto de 2022 y octubre de 2023, durante la primera etapa del gobierno de Gustavo Petro.
- En diálogo con Mongabay Latam analiza las propuestas ambientales de los candidatos presidenciales que se enfrentarán en una primera vuelta electoral el 31 de mayo.
- También profundiza sobre aciertos y dudas en torno a la conferencia internacional de Santa Marta sobre combustibles fósiles, la situación de los defensores ambientales en Colombia y las políticas oficiales ante el avance de la violencia y el crimen organizado.
- Además, reflexiona sobre las demandas del sector científico pero también sobre los reclamos hacia el ámbito de la ciencia en su país.
“Quisiera pensar que en esta época estamos pasando a una nueva revolución basada en la regeneración y en la conservación de la naturaleza”. La colombiana Sandra Vilardy, doctora en Ecología, bióloga marina, profesora de la Universidad de los Andes, ex viceministra de Ambiente de la primera etapa del gobierno de Gustavo Petro (2022-2023) reflexiona sobre la conservación de la naturaleza. Quisiera “que siga inspirándonos en una economía diferente para resolver los problemas de este último siglo”.
En diálogo con Mongabay Latam, la experta habla sobre las propuestas ambientales de los candidatos presidenciales que se enfrentarán en una primera vuelta el 31 de mayo y se lamenta por el escaso espacio de los temas ambientales en la agenda electoral.
Además, hace su balance sobre la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada en las últimas semanas en Santa Marta, Colombia; sobre la situación de los defensores ambientales en su país, el más peligroso para ejercer este tipo de activismo; y sobre las políticas oficiales ante el avance de la violencia y el crimen organizado. También sobre la confluencia del poder económico, el narcotráfico y la minería ilegal.

Vilardy habla de las deudas de la política con la ciencia en Colombia, pero no deja de resaltar las cuestiones pendientes de los científicos con la sociedad colombiana.
—Colombia fue anfitriona de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro que reunió a 57 países para debatir cómo se sale de la dependencia del petróleo, gas y carbón. ¿Qué balance hace de esta cumbre?
—Creo que lo de Santa Marta es una respuesta adaptativa ante la dificultad de tener esta conversación en las COP [las cumbres climáticas globales de la ONU]. En la última COP [celebrada en Brasil, en noviembre de 2025], Colombia decide convocar a otra gente a un espacio afuera y yo creo que es una posición importante. Es el inicio adaptativo y creativo de conversaciones. Creo que esta conferencia va a tener no solo una o dos [instancias], como ya está anunciada la segunda, sino muchas, muchas conferencias para poder consolidar esa hoja de ruta de la transición, en las diferentes dimensiones, de los combustibles fósiles. Creo que era necesario y que está muy bien que haya sucedido. Arranca de una manera interesante con la conformación del Panel de Científicos [conformado por economistas, expertos en clima, infraestructura y energía para trabajar en propuestas para la transición energética].
Lo que no tengo claro es cómo se van a financiar todos estos eventos, el panel y los trabajos entre las conferencias porque eso requiere recursos. A veces la propaganda institucional infla y sobredimensiona algunas cosas, pero creo que como respuesta adaptativa es interesante.

—También tuvimos en las últimas semanas la COP4 de Escazú, que reúne a los países que ratificaron este tratado internacional para la protección de los defensores ambientales y otros derechos ambientales de las ciudadanías. Algunos expertos y defensores creen que nos quedamos en los tratados y no en las acciones. En el caso de su país, que es el más letal para los defensores, ¿en qué lugar cree que está Colombia: en las acciones o en las palabras?
—Colombia ha sido un país que, por sus guerras internas, ha tenido que crear unas capacidades muy importantes para la defensa de la vida y de sus líderes, no solamente los ambientales, y poder ampliar el debate y poder insertarse a Escazú fue una pelea política durísima que logramos consolidar ya al comienzo de este Gobierno, pero seguimos siendo un país que se queda mucho en la retórica en temas ambientales tan complejos. Los estamos viendo desde tantas aristas y nos cuesta tanto articularnos que siento que seguimos en la retórica. ¿Por qué? Porque son tantos los retos de un país tan grande, con esa diversidad de territorios, que llevarlos y aterrizarlos en la institucionalidad es de por sí ya difícil. Doy un ejemplo: en el Ministerio de Ambiente no hay una instancia propia para los temas de defensa de la vida, de derechos humanos, de los temas de paz, de abordar los conflictos. En su estructura institucional no la tenemos.
Entonces, poder aterrizar eso en las reformas institucionales nos ha costado mucho. Estamos en esa etapa inicial de poder articular el discurso de la defensa de la vida con la defensa de los líderes ambientales. Pero aún nos falta aterrizar eso en el diseño institucional para poder abordarlo. Y no solamente en la defensa, sino que Escazú también tiene otras implicaciones en mejorar el acceso a la información. Así que estamos todavía en esa etapa un poco más de las palabras, más de la retórica y ojalá pudiéramos pasar próximamente de la retórica al diseño de reformas institucionales.

—¿Hay algo que existe actualmente en el sistema de protección que funcione y haya que mantener?
—Para nosotros es como una gran joya de la corona lo que ha venido haciendo la Defensoría [del Pueblo]. La Defensoría tiene esa instancia particular para la defensa de los temas ambientales, igual que la Procuraduría. Entonces, estas dos instancias han sido las que han jalado desde la institucionalidad el acompañamiento a los líderes.
Sin embargo, pues se quedan cortas y en el diseño del Ejecutivo, de los poderes públicos que ejecutan los recursos públicos, no lo tenemos ahí, nos está haciendo falta.
—Uno de los puntos centrales de la agenda colombiana es la violencia en la región del Cauca, en el suroeste del país, donde grupos armados han extendido ampliamente la violencia contra la población. ¿Dónde cree que podría estar la clave para que el próximo gobierno pueda destrabar esta crisis?
—Tenemos un tema tan crónico en el Cauca. Son esos males que envejecen mal y que se complejizan. Sin duda ahorita el poder económico asociado a la minería criminal y el narcotráfico tiene cooptados muchos espacios, no solamente en el Cauca, pero sí determinan mucho lo que sucede y cómo la gente tiene espacios o no de reacción. Creo que tenemos muy poca claridad y transparencia, sobre todo en esos hilos que están financiando algunas respuestas territoriales. Creo que al presidente Petro lamentablemente no le salieron bien los diálogos de la paz total. Creo que se hicieron demasiadas concesiones a algunos grupos que no fueron lo suficientemente leales con el propósito.
Ahí hay que hacer un cambio de estrategia [en el Cauca], porque esa zona tiene facciones de la criminalidad que son las que al final están generando la guerra, pero que tienen los recursos financieros para motivar esta conflictividad, y por debajo está todo el tema de las tierras, del derecho ambiental, pero encima está el poder corruptor del dinero que pone las armas y pone miedo y pone muertos. Es un tema que supera lo ambiental. El próximo gobierno lo tendrá que revisar y ahí nos vamos a debatir. Dependiendo de si queda un gobierno de derechas, [vendrán] intervenciones armadas, más bombardeos. Aunque estos actores armados han logrado dinamizar estas redes tanto para personas con ideologías de derechas como de izquierdas. Aquí todos se enriquecen con la minería ilegal y el narcotráfico.

Hay mucha incertidumbre, pero sin duda tiene que pasar por una conversación mucho más fuerte de estrategia de inteligencias, de inteligencias financieras asociados al Clan del Golfo, a las disidencias [de las FARC] para poder deshabilitar los recursos financieros que están manteniendo la guerra.
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—Mencionaba la minería ilegal y el narcotráfico. Dos puntos críticos de la agenda socioambiental de Colombia y la Amazonía en general. También están la deforestación, la expansión de la ganadería, la violencia, la transición energética, defensores y pueblos indígenas. ¿Qué lugar ve que le están dando los candidatos a estos temas en los debates, en las entrevistas, en sus planes de gobierno?
—Lo están viendo exclusivamente desde el tema de seguridad pública. Los temas ambientales en esta campaña están casi desaparecidos. Tenemos tres temas principales: seguridad, salud y finanzas públicas. Entonces los temas ambientales están un poco desaparecidos, están más asociados a estos temas de defensa. En los temas de las finanzas públicas es donde aparece la transición energética, donde apareció con mucha fuerza el tema del fracking como una nueva fuente esperada de recursos para superar esta situación fiscal tan compleja, esa «carta asegurada» de los combustibles fósiles. Creo que tenemos en este momento un retroceso importante: no es un horizonte esperanzador el que nos viene con ninguno de los candidatos, ni siquiera con el candidato de izquierda. Iván Cepeda [quien lidera las encuestas] es muy volátil en sus posiciones. Se queda en la retórica, pero en el cómo aterrizarlo, no se ve, no es claro.

—¿Alguna propuesta electoral le ha entusiasmado?
—Hay propuestas en el programa de Sergio Fajardo [candidato de centro] muy interesantes, asociadas a los temas de empleos verdes, a los temas de bioeconomía. En el programa de Abelardo de la Espriella [candidato de ultraderecha] no hay una sola palabra contra el cambio climático. Pareciera un negacionista, aunque él no se ha pronunciado al respecto. En el programa de Paloma [Valencia, candidata de derecha], hay temas interesantes asociadas a la Amazonía, retadores, también pueden ser polémicos, pero hay decisiones al respecto. En los programas de Claudia López [candidata de centro], me parece muy interesante el tema del desarrollo regional.
—Uno de los temas que ha estudiado es la relación entre economía y naturaleza. ¿Cómo cree que podría evolucionar esta relación para el próximo gobierno? ¿A dónde tienen que apuntar?
—En este Gobierno se lograron avances interesantes, no solo por el Gobierno, sino porque en Colombia hay un capital social muy interesante que está avanzando en estos temas. Desde el Ministerio de Hacienda, cuando estaba la viceministra [María Fernanda] Valdés, se empezó a hacer todo un debate sobre el marco fiscal asociado al funcionamiento ecológico del país. Hay un tema desde la Superintendencia Financiera que ha venido avanzando más allá de la taxonomía verde para poder dar directrices al sector financiero sobre las inversiones y créditos.
Las empresas están haciendo una reflexión muy importante sobre sus dependencias de la naturaleza, sobre las capacidades que tienen para poder entender estos nuevos marcos. Las ONG en este país siguen acompañando ese proceso igual que la cooperación internacional. Entonces yo creo que más allá del Gobierno, hay una movilización desde el sector privado, desde la sociedad civil, desde la academia que está empujando que esas cosas sigan a pesar del gobierno que venga.

Al Gobierno que llegue le va a tocar inaugurarse con un [fenómeno de] El Niño muy duro, la realidad va a ser mucho más evidente para poder relacionar la necesidad de pasar a esas economías más regenerativas. Y no va a ser un tema solamente ambiental, va a ser un tema esencialmente del Ministerio de Hacienda, del Ministerio de Agricultura, del Ministerio de Minas y Energía. Yo creo que hay ministerios que están avanzando y sus equipos técnicos se están quedando con esa tarea. Hay otros que siguen siendo más ortodoxos, como el Ministerio de Agricultura, que ha sido muy difícil que pueda ir haciendo ese cambio. Pero creo que la fuerza de la realidad climática y la capacidad instalada en la sociedad civil va a permitirle a Colombia seguir avanzando independientemente del gobierno que llegue.
Ojalá el gobierno que venga pueda articular eso en sus planes de gobierno y en sus planes de desarrollo. Lo veo difícil, pero la sociedad civil en Colombia ha logrado cosas importantes a pesar de las dificultades.
—Otro tema del que también conoce mucho es el del agua, otro gran reto de Colombia, especialmente en las ciudades. ¿Algunos tips que le recomendaría a los candidatos que analicen sobre esta problemática tan grande?
—Es muy grande y tiene muchas aristas. Nosotros somos un país de aguas, pero con aguas distribuidas de manera muy heterogénea. Entonces nos quedamos con la confianza de que somos un país de aguas. Pero Bogotá estuvo casi un año en racionamiento. Necesitamos que el próximo gobierno pueda, por un lado, mejorar las capacidades del Ideam, nuestro Instituto de Estudios Ambientales y Meteorológicos e Hidrológicos. Hoy tenemos una deuda con ese instituto para mejorar sus capacidades, ampliarlo para poder tener esa mejor articulación a nivel regional. Hacen lo que pueden con lo que tienen, pero tienen muchas limitaciones estructurales a las que hay que meterle la mano para poder tener mejores datos.

Necesitamos que los planes de adaptación climática dejen de estar guardados en los gabinetes de los alcaldes y se vuelvan un elemento activo con las empresas prestadoras de servicios públicos, pero también con los productores agropecuarios y la industria. Tendría que ser una herramienta mucho más viva y lo que nos ha pasado en Colombia es que somos muy creativos en términos de si vamos a hacer los planes de adaptación a nivel departamental y municipal: los hace una consultora, reúne tres veces a personas para hacer talleres, pero no se vuelven instrumentos vivos, sino que se quedan en un documento que luego nadie revisa.
—Hay otro tema que le atañe: la ciencia. ¿Cuál es la demanda principal de este sector?
—Uf, pues la ciencia sigue siendo una cenicienta en Colombia y con muchísima preocupación. Yo veo que se ha vuelto un tema de debate también ideológico, como si la ciencia fuera algo de las élites. Sin duda, la ciencia ha tenido, tiene muchos pecados encima. Pero también es cierto que la ciencia ha permitido tomar más y mejores decisiones y aprender y reconocernos más y mejor de lo que somos como país.
Esa rivalidad entre la ciencia de élite y los conocimientos locales no tiene lugar. Necesitamos la complementariedad de los conocimientos y creo que no avanzamos mucho en este Gobierno, lamentablemente. Esa transición de una ciencia que sirva más en tiempos de crisis también es una reflexión importante para la comunidad científica. Necesitamos movernos, pero necesitamos esos elementos que puedan articular y facilitar que la ciencia pueda estar a disposición también de los retos del país, de unos retos ante estas urgencias y las convocatorias que se abren, pues no permiten crear puentes, que han sido muy poco, no han sido bien estructurados.

Las convocatorias y la facilitación de esas convocatorias tampoco han sido debidas. Hemos perdido cuatro años en que hubiéramos podido avanzar más en ciencia para la toma de decisiones en tiempos de crisis.
Ya no somos el país que muchos quieren plantearse, ya dejamos de ser ese país, pero seguimos siendo un país con un montón de potencialidades que no terminamos de reconocer. Ser uno de los países más megadiversos del planeta nos puede ayudar a ver la naturaleza de una manera diferente, a inspirarnos en ella para poder crear soluciones. Y para eso necesitamos una ciencia que mire la naturaleza diferente, más allá de los inventarios taxonómicos.
Necesitamos una institucionalidad pública que pueda convocar a actores, en lugar de separar actores, necesitamos un sector empresarial que pueda convocar a la ciencia para hacer innovaciones basadas en la naturaleza y en la ciencia. Y necesitamos que la ciencia también pueda comprender que hay conocimientos locales y tradicionales que pueden confluir para que podamos pasar a una siguiente etapa de desarrollo económico basado en la naturaleza y no en la extracción y pérdida de la naturaleza.
*Imagen principal: Sandra Vilardy fue viceministra de Ambiente de Colombia durante la primera etapa de gobierno de Gustavo Petro, entre 2022 y 2023. Es bióloga marina, doctora en ecología y profesora de la Universidad de los Andes. Foto: Viceministerio de Políticas y Normalización Ambiental