- Alrededor de una de cada cuatro marsopas espinosas en el área frente al Puerto Salaverry murió en 2022 y 2023 por captura incidental.
- Un nuevo estudio advierte que las tasas actuales de pesca incidental superan ampliamente los niveles biológicamente sostenibles de la especie en la zona analizada.
- La marsopa espinosa está catalogada como Casi Amenazada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pero sigue siendo poco estudiada.
- Las oportunidades de mitigación —que podrían evitar que con la marsopa espinosa ocurra lo mismo que con la vaquita marina, al borde de la extinción— incluyen el trabajo conjunto con pescadores y el uso de áreas naturales protegidas cercanas.
Un día de febrero de 2023, cuando aún no amanecía del todo en la costa norte de Perú, Clara Ortiz y otros cuatro investigadores subieron a una pequeña embarcación artesanal en Puerto Morín y salieron al mar. En jornadas de diez horas, tenían una sola tarea: buscar marsopas negras o espinosas (Phocoena spinipinnis), uno de los mamíferos más pequeños de gran parte de las costas sudamericanas.
Durante sus recorridos, el cielo estaba cubierto, el viento era leve y el mar permanecía casi plano, algo poco usual pero ideal para el monitoreo de esta especie. De pronto, uno de los miembros de la embarcación gritó “¡marsopa!” y con ello se activó el protocolo de registro a bordo. Desde la parte baja anotaron los datos del avistamiento: la distancia, el ángulo y la posición.
“Todo eso nos permitía tomar datos que después iban a ser utilizados para hacer las estimaciones”, explica la investigadora Ortiz, bióloga marina de la Universidad de St Andrews, Escocia. Estas jornadas, que empezaban poco después de las seis de la mañana y terminaban antes del anochecer, les permitió obtener las primeras cifras concretas de la población de marsopas existentes en esa región de Perú. El estudio, publicado en la revista ICES Journal of Marine Science, estima que en el área marina analizada habitan alrededor de 1696 marsopas.

La investigación, que incluyó registros acústicos de la especie —también conocida como marsopa de Burmeister, en honor al científico que la describió por primera vez en 1865— y entrevistas a pescadores, también arrojó datos de una amenaza conocida desde hace décadas: la captura incidental. Las cifras revelaron que en 2022 y 2023 aproximadamente 420 marsopas murieron en los 3500 kilómetros cuadrados bajo estudio.
“Siempre supimos que existía captura incidental, pero eran números fuera de un contexto poblacional”, aclara Ortiz, autora principal. “Ahora, científicamente podemos decir que está afectando de manera tal a la población porque se capturó [en 2022 y 2023] al menos 25 % de los animales”, añade.
Para Romina Carnero, bióloga marina especializada en cetáceos y quien no participó en el estudio, estos resultados son de gran importancia, pues constituyen los primeros datos que se conocen sobre esta población en el país. “La marsopa es muy poco estudiada. Por eso este paper resalta aún más, porque es de los primeros que proporciona cuantitativamente el estado de esta especie en Perú”, subraya.
Los autores del estudio también advierten que “las tasas actuales de captura incidental exceden por mucho los límites sostenibles”. Mientras que el umbral de extracción aceptable para una población de este tamaño fue estimado en 14 individuos por año, las cifras de 2022 y 2023 muestran que son decenas de veces mayores.

Una especie poco conocida que enfrenta peligros
La marsopa espinosa es uno de los mamíferos marinos menos conocidos de la costa peruana. A diferencia de los delfines, no cuenta con una nariz alargada, no salta, no se acerca a las embarcaciones y apenas se asoma a la superficie por segundos. “Tienen un comportamiento bastante tímido y elusivo que las convierte en una especie difícil de observar”, cuenta Ortiz sobre el animal que lleva estudiando por cuatro años.
Su distribución abarca una amplia franja de Sudamérica, desde el norte de Perú, en zonas como la bahía de Sechura, hasta el sur de Brasil, en Santa Catarina. Se les puede encontrar tanto en el Pacífico como en el Atlántico.
El estudio destaca que, aunque no existe información detallada sobre la población a lo largo de toda su distribución global, “las marsopas peruanas se consideran genéticamente distintas de las poblaciones chilenas y argentinas”. Por lo que resaltan la importancia de evaluar su situación a escala local.
En Perú, esta especie es la única representante de la familia de los focénidos que habita zonas costeras. “Las marsopas forman parte de los odontocetos, es decir, cetáceos con dientes, un grupo que incluye también a los delfines y cachalotes. Aunque su apariencia es similar a la de un delfín, pertenecen a una familia distinta, los focénidos [Phocoenidae], que reúne solo siete especies en todo el mundo”, precisa Carnero, cofundadora de la organización civil Cetáceos Perú.

Esta especie comparte su hábitat y su dieta con otras especies clave como las rayas águila (Myliobatis peruvianus), ya que ambas se alimentan de anchoveta (Engraulis ringens). Según Ortiz, esta superposición explica por qué la marsopa queda atrapada con frecuencia en redes dirigidas a otras especies.
Además de la pesca incidental, la especie enfrenta múltiples presiones al mismo tiempo: “Menor disponibilidad de presas debido a la sobrepesca y la intensificación de los eventos climáticos (por ejemplo, El Niño), la contaminación, los desarrollos costeros y las enfermedades infecciosas como la influenza aviar altamente patógena”, destacan los autores.
Aunque hoy la marsopa espinosa está catalogada como Casi Amenazada en la Lista Roja de la Unión para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los investigadores advierten que su capacidad de resistencia no es infinita. “Siguen ahí, tienen crías y resisten, pero va a haber un punto en el que ya no”, señala Ortiz.

Un cuarto de la población cae en pesca incidental
Uno de los principales hallazgos del estudio advierte que la captura incidental de marsopas de Burmeister frente al Puerto de Salaverry es biológicamente insostenible. En la zona analizada, la pesca artesanal habría causando la muerte accidental de unos 420 individuos en 2022 y 2023, una cifra que equivale a alrededor de un 25 % la población estimada en esa misma área (1700 individuos).
Ambas estimaciones, tanto la de abundancia como la de captura incidental, corresponden exactamente al mismo espacio marino de 3500 kilómetros cuadrados. “La estimación que hicimos fue solo para esa zona de estudio”, explica Ortiz.
Para dimensionar el impacto, el estudio compara estas cifras con un umbral usado a nivel internacional que evalúa la sostenibilidad de la mortalidad causada por actividades humanas. En una población del tamaño estimado frente a Salaverry, solo unas 14 marsopas al año podrían morir sin poner en riesgo la supervivencia de la población. Sin embargo, esto contrasta con los resultados obtenidos.

Incluso bajo supuestos optimistas, el escenario no mejora de forma significativa. “Aunque duplicáramos nuestra estimación de abundancia, aún nos faltan varias decenas de miles de marsopas para que el nivel de captura incidental reportado se considere sostenible”, señala el estudio.
Por ello, Carnero advierte que estos resultados son preocupantes si se recuerdan los esfuerzos por recuperar la población de la vaquita marina (Phocoena sinus), una de las marsopas más conocidas a nivel mundial y hoy al borde de la extinción en la zona norte del Golfo de California.
“La vaquita es un caso en el que actuaron una vez superado el punto en el que se puede recuperar una población. Por eso, ese límite sostenible que te da el paper, de 14, es muy importante porque es preocupante, pero creo que estamos a tiempo de realizar acciones que nos lleven a la conservación”, indica.

Tres métodos complementarios
Para obtener los resultados respecto a la marsopa, el equipo combinó tres enfoques distintos: censos en campo, monitoreo acústico y entrevistas. “Las tres metodologías son bastante útiles y te dan información desde diferentes perspectivas. Se complementan unas con otras”, explica Ortiz.
El primer método usado fue el muestreo por distancia, en el que, a partir de los avistamientos registrados desde la embarcación, los investigadores miden la distancia y el ángulo de cada marsopa observada.
Sin embargo, el avistamiento por sí mismo no es suficiente para conocer la cantidad de individuos existentes en una población, por lo que recurrieron al monitoreo acústico, en que usaron hidrófonos (sensores electroacústicos diseñados para detectar y registrar ondas sonoras bajo el agua), remolcados desde la embarcación y que permitieron registrar los sonidos de las marsopas.

“Fue una metodología complementaria al monitoreo visual porque las marsopas salen a la superficie por segundos. Ambas metodologías nos permitieron corroborar dónde es que se distribuye la especie dentro de nuestra área de estudio”, precisa la autora principal.
Por último, utilizaron entrevistas con pescadores artesanales de Salaverry para recoger información sobre la distribución y pesca incidental. Los 32 capitanes entrevistados, que representan el 23 % de la flota local, tenían en promedio 33 años de experiencia.
Además de reportar eventos de captura incidental, los pescadores marcaron en mapas las zonas donde ocurren con mayor frecuencia, lo que coincidió con las áreas de mayor densidad de marsopas. “Llegar y conversar con los pescadores es una muy buena herramienta, porque ellos están todo el tiempo ahí”, señala Ortiz.

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Mitigación de impactos con actores locales
Los resultados del estudio muestran que no existen soluciones simples ni inmediatas para reducir la captura incidental de la marsopa espinosa. Un ejemplo de ello es la poca efectividad de las alarmas acústicas artesanales hechas con botellas plásticas. “En Brasil, por ejemplo, funcionó porque utilizan redes de fondo y las botellas se quedan bajo el agua. Pero en Perú las probaron con las redes de superficie, que son con las que más interaccionan las marsopas, pero por un tema de diseño las botellas flotaban y ya no cumplían su función”, explica Ortiz.
Una de las oportunidades más claras identificadas por los autores se encuentra en el uso de áreas naturales protegidas ya existentes, como las islas Guañape, Chao y Macabi. “Esto representa una oportunidad para facilitar el desarrollo de planes de monitoreo y medidas de mitigación de captura incidental en coordinación con representantes gubernamentales y comunidades locales”, precisan.

Ortiz resalta que la estrategia de mitigación de la pesca incidental de marsopas debe construirse junto con los pescadores artesanales. “Conversar con ellos, que vean estos resultados y preguntarnos juntos: ‘¿Cuál crees que sería una posible solución para reducir esto?’. Es muy importante para que a la larga, cualquier medida de mitigación que se desee implementar funcione”, subraya.
En este escenario, el rol del Estado es clave. “Las autoridades de gestión pesquera deben ayudar en la implementación de programas de monitoreo para evaluar el estado de la población de las especies y la efectividad de las intervenciones adoptadas”, destacan en el estudio.
Por eso, Carnero resalta que esta investigación representa un primer paso necesario para avanzar en esa dirección. “Ya se tiene esta información y ahora el siguiente paso debería ser reunir a los expertos técnicos y a otros actores clave, como las autoridades marítimas, los sectores pesquero y ambiental, y organizaciones que trabajan en desenmalles y conservación de cetáceos”, señala.
La especialista enfatiza en que este tipo de investigaciones permiten dar un salto desde la producción científica a la toma de decisiones. “Se está haciendo ciencia y eso es muy importante, porque estos papers son los que te permiten dar el siguiente paso, que es poner esta información en manos de quienes toman decisiones”, asegura.
REFERENCIA
Clara Ortiz-Alvarez, Ruth Ortés-Villauriz, Jeffrey C Mangel, Joanna Alfaro-Shigueto, Sonja Heinrich, Concurrent bycatch and population assessments of Burmeister’s porpoises in northern Peru reveal unsustainable levels of mortality, ICES Journal of Marine Science, Volume 82, Issue 8, August 2025.
*Imagen principal: marsopa espinosa. Foto: Daniel Stange/iNaturalist