- Un proyecto inmobiliario en la localidad de Tequisquiapan pone en riesgo al acuífero de la región, de acuerdo con especialistas, al plantearse en una zona inundable que es clave para especies locales y migratorias, principalmente aves.
- Consultados por Mongabay Latam, los expertos explican la importancia de esta región que regula el comportamiento del agua y los ríos, pese a estar sobreexplotada y bajo presión.
- Ciudadanos organizados exigen a las autoridades estatales los estudios de impacto ambiental para la construcción de zonas habitacionales y comerciales junto a un corredor biológico de la zona y el proyecto sostiene que habrá programas y medidas de mitigación.
- También plantean iniciativas para que la región evite un deterioro de los cuerpos de agua por las industrias que actualmente extraen del acuífero más de 108 millones de metros cúbicos anuales.
Un proyecto inmobiliario planteado sobre un acuífero clave en la localidad de Tequisquiapan, ubicada al centro de México, en el estado de Querétaro, ha detonado un conflicto socioambiental en el cual ambientalistas, científicos y especialistas alertan un riesgo no solo para la biodiversidad, sino también para la población local por la alteración del agua en una zona inundable y estratégica para esta región semidesértica.
El proyecto “Zaanse” plantea una construcción habitacional de 300 casas y zonas comerciales en más de 18 hectáreas en un predio que se ubica en una planicie inundable vinculada directamente al río San Juan y al acuífero Valle de Tequisquiapan, el cual se encuentra en veda desde hace décadas debido a que la extracción anual de agua es mayor a la recarga del acuífero, de acuerdo con mediciones de autoridades federales.
Mientras Zaanse promociona el proyecto como un “desarrollo sustentable y seguro”, ambientalistas y científicos consultados por Mongabay Latam advierten que urbanizar esta zona estratégica podría compactar suelos estratégicos para la infiltración de agua, aumentar inundaciones aguas abajo y destruir corredores ecológicos donde habitan aves migratorias, polinizadores y vegetación nativa adaptada durante siglos al ciclo natural del río, el cual ya se encuentra impactado por la industria inmobiliaria.
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Una zona inundable y clave para la vida en Tequisquiapan
El sitio donde busca construirse el proyecto está dentro de la mancha urbana de la ciudad de Tequisquiapan, sin embargo especialistas explican que se trata de un corredor biológico clave para la vegetación local como el mezquite (Neltuma laevigata) y el huizache (Vachellia farnesiana), pero que también ofrece refugio y lugar de anidación de aves, muchas de ellas migratorias, como el águila real (Aquila chrysaetos) y el cernícalo americano (Falco sparverius), las cuales están incluídas en la lista de especies nativas del país en riesgo de extinción.
Claudia Jiménez Tapia, ingeniera agrónoma y especialista en manejo de recursos bióticos de la región, explica que hay una relación profunda entre las especies y el acuífero, parecido al proceso de respiración, donde el sistema se expande y se contrae continuamente.
“Es una zona aluvial cercana al río y es parte de la vida del río. No puede existir uno sin el otro. El río alimenta a la zona con sus sedimentos, es una planicie de inundación, con las inundaciones ha producido el desarrollo de vegetación a lo largo de millones de años”, explica la especialista a Mongabay Latam y advierte que urbanizar implicaría destruir esta conexión. “Estaría matando la vida allí, la vegetación y a los animales que en ella habitan, especies migratorias, polinizadores, toda una cadena de organismos”, agrega.
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La especialista explica que la zona sirve de refugio a especies locales y migratorias que interactúan en el predio. “Al inundarse dan vida a la vegetación de semidesierto, que son mezquites y huizaches principalmente, donde anidan las aves. Hay una relación específica con los insectos que polinizan esas especies, y los cuales también sirven de alimento para esas aves. Es una relación muy estrecha”, insiste.
En abril, ciudadanos agrupados en el Colectivo de Tequisquiapan Verde denunciaron el etiquetado y desmonte de vegetación en el predio. También documentaron con fotografías la presencia de especies bajo protección especial, como el gavilán de Cooper (Accipiter cooperii), en etapa de anidación con polluelos y el águila real (Aquila chrysaetos), así como el halcón cernícalo (Falco sparverius).

Incluso, estudios científicos han destacado la importancia de los embalses artificiales y los humedales estacionales para la conservación de aves acuáticas residentes y migratorias en la región ante la desaparición de lagos en zonas semiáridas de Querétaro.

Integrantes de esta agrupación han solicitado a autoridades municipales, estatales y federales informes que respalden ambientalmente los permisos de la obra. Sin embargo, sostienen que hasta ahora, no han recibido evidencia de que el proyecto haya presentado alguna Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) o haya recibido permisos ambientales para su construcción.
Un oficio de la Secretaría de Desarrollo Urbano, Regularización Territorial y Ecología de Tequisquiapan, al cual tuvo acceso Mongabay Latam, sostiene que las autoridades municipales no tienen registro de documentos urbanísticos, autorizaciones de cambio de uso de suelo, estudios ambientales o convenios municipales para la realización del proyecto Zaanse.
Por otro lado, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) informó a Mongabay Latam que su oficina en Querétaro no tiene registro de una autorización federal en materia de impacto ambiental, cambio de uso de suelo o permiso para remoción de vegetación forestal relacionada con el proyecto inmobiliario. Sin embargo, aclaró que tras una visita de inspección al predio no observaron remoción de vegetación forestal y que el sitio no cuenta con algún tipo de protección federal.

Representantes del proyecto Zaanse respondieron a este medio que la Manifestación de Impacto Ambiental contempla “programas y actividades” para que las familias que vivan en el residencial puedan colaborar para “mantener” las condiciones de vida de aves y especies afectadas. Sin embargo, sostienen que el documento se encuentra en proceso desde abril pasado y que se hará público hasta finalizar el trámite.
José Guerrero, director de la empresa Eslabón Urbano, que acompaña al proyecto, sostiene que siguiendo normas técnicas ambientales no se talará vegetación nativa sino que se hará una reubicación. “Son como 18 árboles los únicos que tenemos que mover en primera instancia y donde estamos proponiendo reubicarlos es en la misma zona que permita que tenga un tratamiento de flora endémica”, afirma.

Un acuífero bajo presión
Las implicaciones de alterar este acuífero van también más allá del corredor biológico, pues se trata de la fuente principal de agua no solo de la localidad de Tequisquiapan, sino también del municipio de San Juan del Río y de gran parte de la ciudad de Querétaro, con poblaciones de 300 000 y poco más de 1.4 millones de habitantes.
Paola Ramírez, geógrafa ambiental e investigadora, explica que esto se debe a la conexión de aguas subterráneas que hay entre el acuífero de Tequisquiapan con otros aledaños, donde la cada vez mayor deforestación y erosión del suelo pueden traducirse en inundaciones en época de lluvias, pese a ser una zona semiárida.
“El punto [del proyecto inmobiliario] está cerca prácticamente de la presa Centenario, donde hay una deforestación importante y una pérdida de suelo constante. Esto va a generar que los escurrimientos con lluvias torrenciales o imprevistas generadas por el cambio climático propicien escurrimientos más grandes”, explica la especialista a Mongabay Latam.

Si bien Ramírez precisa que la degradación del suelo y la deforestación en la zona han sido un patrón y no es solo responsabilidad de un proyecto inmobiliario, urbanizar esta parte estratégica provocará inundaciones eventualmente.
“Son zonas de amortiguamiento y de regulación natural. Se van a inundar por las condiciones de la zona que está deforestada y urbanizada. Hay un proceso de desertificación y esto nos agrava el problema”, insiste.
Jiménez coincide con la importancia del acuífero y precisa que la urbanización de predios en esta llanura inundable también puede destruir la estructura de filtración del agua, lo que implica riesgos para las especies y poblaciones aledañas.
“La forma que se pretende, apisonando el suelo, destruye la estructura de filtración, porque son capas de sedimentos. El río crece, lleva sedimentos areniscos, se depositan suavemente sobre esa llanura, se desarrollan especies y al perder eso se reduce la infiltración. El acuífero en época de estiaje o de secas es lo que mantiene a los ahuehuetes [árboles nativos de la región]”, detalla.
Además, sostiene que la llanura de inundación tiene otra función importante, la filtración de contaminantes. “Estarían contribuyendo a convertir ese sistema vivo en un canal de drenaje”, advierte.
Daniel Martell, ecologista y habitante de Tequisquiapan, señala que aunque el proyecto busque una elevación dentro de la llanura inundable inevitablemente provocará daños en otras zonas de la ciudad. Las inundaciones ya ocurrieron en la localidad que en 2021 provocaron la muerte de personas y afectaciones en cientos de viviendas. En tanto, el 2025, recuerda Martell, las lluvias dejaron seis muertes en el estado.

“Estás destruyendo también flora y fauna, los pocos reservorios que quedan de la captación de agua los están destruyendo. La temporada de lluvias pasada hubo cinco muertos porque ahora el agua en vez de infiltrarse corre por encima de las calles y agarra velocidades tremendas, hace desastres y busca por dónde continuar”, comenta a Mongabay Latam.
Actualmente, el acuífero del Valle de Tequisquiapan recibe aproximadamente 108 millones de metros cúbicos anuales, pero las concesiones y extracciones superan esa cantidad, por lo que registra un déficit de 5 millones de metros cúbicos al año, de acuerdo con mediciones de las autoridades federales. El acuífero está vedado desde 1950, por lo que no se pueden otorgar más títulos de concesión debido a la sobreexplotación.

Víctor Hugo Navarrete Pascal, químico y presidente de la sociedad Vive Río San Juan, sostiene que el estado de Querétaro vive una “fiebre inmobiliaria” que está presionando a los acuíferos y frenando la recarga de los mantos freáticos, junto con la llegada de otras industrias.
“Hoy el 70 % de los 11 acuíferos registrados están deficitarios. Nos estamos tomando el agua de nuestros hijos porque se está acabando a gran velocidad, más con la entrada de la industria de los centros de datos para nutrir la inteligencia artificial. Esto va a generar un 50 % más de demanda de agua. Tenemos una descompensación que nos va a pasar una nota muy grave en el futuro”, dice el ambientalista.
Actualmente Querétaro es el estado del país con mayor cantidad de centros de datos a hiperescala, donde se han instalado infraestructuras que albergan los equipos necesarios para almacenar inmensos volúmenes de información que alimentan la inteligencia artificial (IA), los cuales requieren grandes cantidades de agua para su operación.
Navarrete comenta que Tequisquiapan fue conocido décadas atrás como una zona de manantiales, lo que ha cambiado con la contaminación y la sobreexplotación de los cuerpos de agua.
“Tequisquiapan era una zona donde venían a confluir muchas aguas subterráneas, pero lo que hemos venido haciendo es desequilibrarlo e intoxicarlo”, sostiene.
Al respecto, el proyecto Zaanse afirma que la zona es “de las más seguras del municipio” por contar con drenaje pluvial y sanitario desde 2021 y que contempla “preservar áreas de absorción, contar con infraestructura pluvial y mantener las condiciones que permitan el flujo de los meteoros pluviales”.
“Lo tenemos documentado, no es una zona inhabitable y estamos considerando que se mantenga la absorción y no pasar el problema a la zona de al lado”, sostuvo Guerrero a este medio.

Alternativas ciudadanas que buscan preservar el acuífero y el río
Especialistas consultados sostienen que debe haber un manejo regional del agua que deje de ver al recurso como una mercancía y lo regule mediante programas de ordenamiento territorial que consideren la situación del estado para evitar mayores daños a los acuíferos de la región.
“Se requiere incorporar los polígonos de inundaciones a los ordenamientos municipales. Si nosotros urbanizamos sin ninguna planeación estamos impermeabilizando un suelo que nos va a impedir la infiltración”, explica Ramírez, lo que podría dejar a la población en mayor vulnerabilidad a efectos de la crisis climática.

Esto, sostiene, puede llevar a la ruptura del ciclo hidrológico. “A estos ríos les han puesto canales, los han llenado de concreto, han perdido sus aristas naturales que permitían que el flujo fuera disminuyendo en velocidad y esa problemática nos hace más vulnerables”, afirma.
Por otro lado, iniciativas ciudadanas articuladas con académicos y especialistas, como la de Vive Río San Juan, han propuesto la implementación de humedales artificiales que ayuden a equilibrar las dinámicas del agua en la región.
“La naturaleza ha diseñado esto hace 450 millones de años y funciona. Si pudiésemos poner junto al río varios sistemas de humedales que estén limpiando, descontaminando y liberando agua limpia hacia el río y hacia la presa Centenario, trabajarían mucho mejor que las plantas de tratamiento de aguas residuales porque no utilizan electricidad”, explica Navarrete.
El mismo colectivo se encuentra impulsando en el Congreso de Querétaro una iniciativa de ley de aguas para el estado que contemple estos esfuerzos científicos que permitan una mejor gestión del agua, así como la implementación de la agricultura y ganadería regenerativas en el estado.
Mientras tanto, representantes de Zaanse se dijeron abiertos a dialogar con los colectivos y opositores al proyecto para realizar las adecuaciones que sean necesarias. “Si en las observaciones, comentarios, debates vemos que hay que hacer un ajuste a nuestro proyecto, seguramente va a ser positivo. Tenemos esa disposición de escuchar y atender diferentes opiniones”, dijeron a Mongabay Latam.
Nota del editor (01/06/2026): tras la publicación de este artículo recibimos un mensaje del ambientalista Daniel Martell, indicando que era necesario añadir dos correcciones al texto. Hemos revisado las grabaciones y hemos procedido a ingresar dos cambios específicos. Primero indicar que el proyecto inmobiliario planteó la construcción de 300 casas y áreas de zona comercial y no 600 como originalmente se publicó. Segundo precisar que las muertes por ahogamiento referidas por uno de los entrevistados corresponden a cinco fallecimientos ocurridos en 2025 en la capital de Querétaro, y no a las muertes registrados en 2021 en el estado por otras inundaciones.
*Imagen principal: el acuífero del Valle de Tequisquiapan, uno de los más importantes de la región está conectado a un corredor biológico dentro de la mancha urbana donde se planea construir un desarrollo inmobiliario. Foto: cortesía Colectivo Tequisquiapan Verde / Andrea Casas