- Mohammed Abu Daya es un ecólogo marino en Gaza y su investigación se centra en las rayas diablo de cola espinosa, una especie de raya de gran tamaño que habita el mar Mediterráneo y otras regiones.
- Desde 2013, Abu Daya monitorea el impacto de la pesca local en las rayas diablo de cola espinosa, catalogadas como "en peligro crítico" en la Lista Roja de la UICN.
- Los pescadores palestinos ocasionalmente capturan estas rayas cuando se adentran en las aguas costeras de Gaza, debido al agotamiento de otros recursos pesqueros en la zona a causa de las restricciones israelíes impuestas durante mucho tiempo.
- Desplazado por los bombardeos israelíes durante la guerra en Gaza, que comenzó en 2023, Abu Daya vive ahora en una tienda de campaña, con acceso limitado a necesidades básicas como alimentos, agua potable e internet, pero continúa con su labor científica, con la esperanza de contribuir a la conservación de las rayas diablo a nivel mundial.
En la plataforma de mensajería WhatsApp, la foto de perfil de Mohammed Abu Daya muestra una vista aérea de la ciudad de Gaza antes de la guerra actual. Un conjunto de rascacielos se alza contra el cielo; a sus pies, una franja de playa de arena, bañada por el sol, y el mar azul oscuro, salpicado de pequeñas barcas de pesca.
La fotografía da testimonio de un paisaje que ya no existe, a excepción del mar. «Gaza es ahora una gran prisión, con dos millones de personas viviendo entre escombros e infraestructura destruida», declaró el ecólogo marino palestino a Mongabay en mayo de 2026 por teléfono. «La vida en la Franja de Gaza es miserable».
Desde hace muchos meses, no ha podido salir al mar para realizar investigaciones en su campo. Antes de la guerra, Abu Daya era profesor en varias universidades palestinas, incluida la Universidad de Palestina en Gaza, e investigador en el ahora cerrado Centro Nacional de Investigación en Gaza. Su investigación se centra en las mantarrayas de cola espinosa (Mobula mobular), a veces llamadas mantarrayas gigantes, una especie en peligro crítico de extinción que puede alcanzar hasta 3.5 metros de ancho.
Este conservacionista, residente en Gaza, es uno de los pocos científicos en el mundo que estudian esta especie. Históricamente, se creía que era endémica del mar Mediterráneo, hasta que las revisiones taxonómicas de finales de la década de 2010 llevaron a los científicos a considerar que las poblaciones mediterráneas están genéticamente conectadas con otras del océano Atlántico, el mar Caribe y la región del Indo-Pacífico. Se cree que estas majestuosas mantarrayas habitan todo el Mediterráneo, desde las costas de Siria, Israel y Gaza en el este, hasta las playas de Francia, Italia y España en el oeste.
Sin embargo, hasta las contribuciones de Abu Daya, la mayor parte del conocimiento científico sobre ellas se basaba en el trabajo de campo realizado en el Mediterráneo occidental.

«Hasta donde yo sé, nadie más se ha especializado en estos animales del Mediterráneo oriental«, declaró a Mongabay Giuseppe Notarbartolo di Sciara, ecólogo marino especializado en conservación, experto en taxonomía de Mobula y cofundador del Instituto de Investigación Tethys, con sede en Milán, quien ha colaborado con Abu Daya. «Para animales que pasan parte del año en esta zona del mar, contar con alguien de Gaza tan interesado en esta investigación es fundamental».
En los últimos tres años, Abu Daya ha perdido su hogar, su oficina y el acceso a su amado mar. Pero nunca perdió su fascinación por las mantarrayas: mientras se trasladaba de un refugio a otro, el científico continuó analizando los datos recopilados en años anteriores, asistiendo a conferencias internacionales de forma remota y colaborando en publicaciones. Un estudio del que es coautor y rastreaba las rutas migratorias de las mantarrayas por el Mediterráneo se publicó en 2025, en plena guerra.
Mongabay habló con Abu Daya en tres entrevistas telefónicas distintas a través de WhatsApp en mayo y junio, y posteriormente le envió algunas preguntas adicionales por correo electrónico. Esta entrevista es una recopilación de esos intercambios, editada para mayor claridad y brevedad.
—¿Cómo se convirtió en uno de los principales especialistas mundiales en mantarrayas de cola espinosa?
—Crecí en Gaza, en la costa oriental del mar Mediterráneo. Allí aprendí a amar el océano. Mi amor por el mar no hizo más que crecer durante mis estudios: me especialicé en estudios marinos y costeros, cursando mi máster en los Países Bajos y mi doctorado en la Universidad de Londres.

Esta experiencia marcó el rumbo que seguiría toda mi vida: proteger y conservar las criaturas marinas y sus hábitats. Con el tiempo, mi investigación sobre tiburones y rayas se convirtió en mi máxima prioridad. Alguien me dijo una vez: «Las rayas Mobula y Mohammed están todo el día pensando el uno en el otro».
Una de las personas que más me influyó, y gracias a cuyo apoyo decidí estudiar ciencias marinas, fue mi director de tesis y amigo, el profesor Rupert Ormond. Me apoyó con orientación, explicaciones y un seguimiento constante. De él aprendí métodos prácticos de investigación. Siempre que iba de viaje de campo, ya fuera dentro del Reino Unido o al extranjero, se aseguraba de incluirme. Le estoy profundamente agradecido.
—Su estrecha relación con el mar refleja la importancia que el mar Mediterráneo y sus recursos pesqueros tienen para la población de Gaza. ¿Podría hablarnos de ello?
—La Franja de Gaza es una zona que depende en gran medida de los recursos marinos para su alimentación. Antes del inicio de la guerra más reciente, el 7 de octubre de 2023, había unos 3500 pescadores en más de 700 embarcaciones activas en la Franja. Además, otras 2500 personas trabajaban en relación con la industria pesquera.
Pero incluso entonces, la situación ya era muy difícil para los pescadores. Solo se les permitía pescar a seis millas náuticas de la costa. Desde la guerra, la situación no ha hecho más que empeorar. Todos los pescadores están desempleados y todas las embarcaciones pesqueras han sido destruidas.
—La situación también era difícil para científicos y conservacionistas palestinos como usted.
—Antes de los ataques del 7 de octubre y la devastadora guerra que siguió, nuestra realidad estaba marcada por bloqueos, inestabilidad y severas restricciones. Nos enfrentábamos a frecuentes cortes de electricidad, acceso limitado a agua potable, escasez de materiales esenciales e incertidumbre constante.
Para los conservacionistas y científicos palestinos, estas condiciones crearon importantes obstáculos profesionales que sus colegas en Europa o Estados Unidos rara vez han experimentado. Las oportunidades para viajar, el intercambio académico, la investigación de campo, la formación y la participación en conferencias internacionales se vieron restringidas o directamente negadas. El acceso a equipos científicos, financiación, laboratorios e incluso a internet y electricidad fiables era irregular, lo que dificultaba enormemente la planificación de la investigación a largo plazo.
A pesar de estos desafíos, los investigadores palestinos continuaron trabajando con una resiliencia y un compromiso extraordinarios.

—Hay muy pocos científicos en el mundo que estudien la Mobula mobular. ¿Podría hablarnos de su papel, no solo en el avance de la investigación global sobre las mantarrayas, sino también en su protección a nivel local?
—La mantarraya gigante (Mobula mobular) está clasificada como En Peligro de extinción en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN desde 2018 [clasificada como En peligro crítico en 2025]. Está protegida por el Anexo II del Convenio de Barcelona desde 1996.
A pesar de esto, en 2013, pescadores palestinos llevaron a cabo una intensa actividad pesquera contra las mantarrayas gigantes, capturando varios cientos de ejemplares frente a las costas de Gaza. Esto se debió, en parte, a la situación local. Aunque pequeña, la Franja de Gaza alberga una población humana en rápido crecimiento. Atrapados en un territorio reducido, sus habitantes dependen de recursos naturales limitados, [que se ven aún más afectados] por la infraestructura deficiente que causa graves problemas de contaminación, el deterioro de los hábitats y la disminución de las poblaciones de peces.
En 2013, un gran grupo de mantarrayas gigantes se aventuró muy cerca de la costa, algo relativamente raro. En aquel entonces, los pescadores se enfrentaban a una presión particularmente intensa para maximizar las capturas debido a la pobreza, el desempleo, el alto precio del combustible necesario para sus embarcaciones y la disminución de las poblaciones de peces (vinculada a la sobrepesca).
En años anteriores, las mantarrayas gigantes no habían sido objeto de pesca frecuente, ya que los pescadores tenían acceso a una zona de pesca más amplia en alta mar donde abundaban otras especies. Sin embargo, a medida que las autoridades israelíes restringieron el área de pesca permitida, aumentó la presión para capturar cualquier especie que se encontrara en las aguas costeras.
Tras esta pesca masiva de mantarrayas gigantes frente a la costa de Gaza, que atrajo mucha atención mediática —incluso internacional—, participé en un proyecto de investigación internacional en colaboración con dos expertos: Giuseppe Notarbartolo Di Sciara y Daniel Fernando [ecólogo marino, cofundador de Blue Resources Trust, con sede en Sri Lanka, y director asociado de Manta Trust, con sede en el Reino Unido]. Fue financiado por la Fundación Save Our Seas [organización suiza sin ánimo de lucro dedicada a la conservación]. Fue la primera vez que recibí apoyo financiero del extranjero para mi trabajo sobre las mobulas.
Inicialmente, nuestro objetivo era proporcionar información básica crucial sobre las actividades pesqueras en Gaza. La falta de datos precisos sobre la pesca de mantarrayas y otras especies de la misma familia dificultaba cualquier evaluación efectiva de su estado de conservación. Intentamos identificar los principales métodos de pesca utilizados, así como los horarios y lugares de actividad de los barcos pesqueros. Monitoreamos los puntos de desembarque y los mercados de pescado en Gaza, estudiamos las rutinas de muchos pescadores y recopilamos información sobre capturas anteriores.
Paralelamente, el proyecto también concienció a la comunidad local sobre la conservación. Organizamos eventos públicos para informar a los pescadores sobre la conservación de las especies y compartimos con ellos nuestros hallazgos sobre el estado de los recursos pesqueros en la zona.
Concluimos que las grandes operaciones pesqueras dirigidas a la mantarraya gigante en esta región probablemente limitan la capacidad de recuperación de su población. Y que, considerando su estado de peligro de extinción a nivel mundial, la especie podría extinguirse si no se implementan en Gaza regulaciones para su protección en el Mediterráneo.


—En 2025, en plena guerra, se publicó otro artículo del que usted fue coautor: Perspectivas sobre la ecología espacial de la raya diablo de cola espinosa en el mar Mediterráneo mediante telemetría satelital. ¿Cuáles fueron sus principales hallazgos en esta ocasión?
—En colaboración con Giuseppe Notarbartolo Di Sciara y otros distinguidos expertos, con financiación de la Fundación MAVA [una fundación suiza de conservación que cerró en 2022], investigamos el comportamiento migratorio estacional de Mobula mobular a través del mar Mediterráneo.
Realizamos el seguimiento de nueve individuos entre 2016 y 2021. Un individuo, al que yo mismo marqué frente a Gaza en marzo de 2016 con la ayuda de pescadores locales, emprendió un viaje extraordinario a España antes de regresar al mar Levantino un año después.
Nuestros hallazgos proporcionaron pruebas sólidas de que esta especie realiza migraciones predecibles a través del mar Mediterráneo, con una marcada preferencia por las aguas levantinas durante finales del invierno y principios de la primavera. Estos hallazgos tienen implicaciones para la conservación de esta especie: pueden ayudar a orientar mejor las medidas de conservación y las regulaciones pesqueras.
—Para cuando se finalizó este artículo, su vida había cambiado drásticamente. Perdió su hogar y su familia fue desplazada varias veces. ¿Cómo siguió trabajando en estas condiciones tan difíciles?
—Dondequiera que voy —en casa, en el trabajo y en la universidad— nunca dejo de hablar de las rayas mobula, de lo que debemos hacer para protegerlas en Gaza, para que puedan disfrutar de su visita al Mediterráneo oriental con seguridad. Mi interés por la ecología marina siempre ha estado impulsado por este fuerte sentido de responsabilidad hacia las especies marinas vulnerables. Incluso en condiciones difíciles, intento centrarme en el valor a largo plazo de nuestro trabajo para la conservación marina regional.
Hoy, a pesar de vivir en una zona de guerra y haber sido desplazado varias veces, mi compromiso con la investigación sigue arraigado en mi profunda pasión por la ecología marina. Creo que el conocimiento científico es una herramienta para la resiliencia y la esperanza. Se ha convertido en algo más que una actividad académica: es una fuente de propósito, estabilidad y continuidad durante un período excepcionalmente difícil.

—¿Cómo es su vida en 2026? ¿Tiene algún proyecto de investigación en curso?
—Mi situación no es diferente a la de la gran mayoría de la población de Gaza. Cada día luchamos por conseguir agua potable, agua para lavarnos y alimentos. Mucha gente vive ahora en tiendas de campaña. La vida se ha vuelto extraordinariamente difícil.
Profesionalmente, mi vida se rige ahora por dos principios: resiliencia y determinación. Mi trabajo científico continúa de forma remota y, cuando las circunstancias lo permiten, sobre el terreno. Pero todas las universidades, bibliotecas y barcos de pesca han sido destruidos. Los estudiantes asisten a clases en tiendas de campaña, bajo lonas. Y es imposible acceder al mar. Se puede llegar a la playa, pero no se puede entrar. Ni siquiera se permite la pesca.
Aun así, sigo colaborando con investigadores internacionales y expertos en conservación, en la medida de lo posible. El trabajo remoto se ha vuelto esencial: sigo participando en publicaciones, debates técnicos y actividades de conservación regional. Aunque no pude asistir en persona, recientemente presenté dos ponencias virtuales en dos importantes congresos: la Conferencia de la Asociación Europea de Elasmobranquios en Grecia en 2024 y Sharks International en Sri Lanka en 2026.
Actualmente, colaboro con varios expertos internacionales en un nuevo manuscrito, que se encuentra en su fase final de revisión por pares. El artículo recopila información existente sobre la relación entre el tamaño y el peso corporal de mantarrayas y rayas diablo de todo el mundo. Su objetivo es mejorar la comprensión del crecimiento y desarrollo de estas especies para apoyar mejores esfuerzos de monitoreo, conservación y gestión pesquera.
—¿Hay algo que le gustaría compartir con sus colegas científicos y conservacionistas en el extranjero?
—La ciencia y la conservación siempre deben ser puentes que unan a las personas, en lugar de divisiones creadas por la política o los conflictos. La investigación científica es un lenguaje universal basado en la colaboración, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida de proteger nuestro planeta y su biodiversidad.
Ninguna guerra ni circunstancia política debe interrumpir la búsqueda del conocimiento ni impedir que los investigadores contribuyan a la comunidad científica mundial. Creo firmemente que todas las personas merecen vivir en paz, dignidad y comprensión, y que, a través del amor, la cooperación y el intercambio científico abierto, podemos construir un futuro mejor para la humanidad y la naturaleza. Incluso en las circunstancias más difíciles, el compromiso con el conocimiento, la conservación y la paz debe perdurar, porque la ciencia tiene el poder no solo de impulsar el descubrimiento, sino también de recordarnos nuestra humanidad común y nuestro deber compartido de proteger la vida en todas sus formas.
*Imagen principal: Mohammed Abu Daya, en el centro, mide una de las varias rayas diablo de cola espinosa (Mobula mobular) capturadas en Gaza en 2016, tras pasar un tiempo en el mar recopilando datos con los pescadores que las capturaron. Foto: Wissam Nassar/©Save Our Seas Foundation
Esta nota se publicó originalmente en inglés el 22 de junio de 2026 en Mongabay. Fue editada en inglés por Rebecca Kessler.
REFERENCIAS
Di Sciara, G. N., Abudaya, M., Milisenda, G., Canese, S., Panigada, V., Salah, J., & Panigada, S. (2025). Insights into spinetail devil ray spatial ecology in the Mediterranean Sea through satellite telemetry. Scientific Reports, 15(1). doi:10.1038/s41598-024-77820-w
Abudaya, Mohammed & Ulman, Aylin & Salah, Jehad & Fernando, Daniel & Wor, Catarina & Notarbartolo di Sciara, Giuseppe. (2018). Speak of the devil ray (Mobula mobular) fishery in Gaza. Reviews in Fish Biology and Fisheries. 28. doi: 10.1007/s11160-017-9491-0
Para citar este artículo:
Lyse Mauvais (2026). Studying giant devil rays through war in Gaza: Interview with Mohammed Abu Daya. Mongabay Conservation news. DOI: https://doi.org/10.66709/news-321575