- En todo el territorio brasileño, el contacto entre los gatos domésticos (Felis catus) y los felinos silvestres ha expuesto a especies amenazadas y biológicamente vulnerables a enfermedades que ponen en peligro su supervivencia y pueden reducir sus poblaciones.
- Según los expertos, la fragmentación de los hábitats, desde la Amazonía hasta la Pampa, es un denominador común de esta crisis, donde los felinos se ven obligados a salir de los límites de sus biomas nativos y acercarse a zonas transformadas por los humanos.
- Desde el imponente jaguar (Panthera onca) hasta uno de los más pequeños y raros gatos de las pampas (Leopardus munoai), ningún felino brasileño escapa a los riesgos de contraer hongos, bacterias, parásitos y enfermedades víricas conocidas, como la leucemia y el sida felino.
- Los estudios y los veterinarios afirman que la vacunación masiva de los animales domésticos y la preservación de las áreas naturales son piezas clave para enfrentar este problema.
En Brasil, cada día millones de personas recuerdan la biodiversidad de los felinos del país al meter la mano en la billetera: desde que entraron en circulación en 2010, los billetes de 50 reales llevan impreso el dibujo de un jaguar (Panthera onca), el felino más grande de América.
En el caso brasileño, incluso se puede rastrear al animal que inspiró el diseño de los billetes: se trata de la jaguar “Gabi”, una hembra nacida en 2002 en el antiguo Jardín Zoológico de Río de Janeiro (hoy el BioParque de Río). La “jaguar-modelo” murió en 2022, pero sigue viva en el imaginario de los consumidores brasileños en cada transacción en efectivo del día a día.
A pesar del homenaje, junto a especies como el puma (Puma concolor), el ocelote (Leopardus pardalis) y el yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) o gato-morisco, como se conoce en Brasil, el jaguar se enfrenta a un drama muy común entre las especies brasileñas: su existencia se ve amenazada por problemas que van desde el tráfico ilegal de fauna hasta la degradación acelerada de sus hábitats en variados biomas.
Además, hay otra crisis silenciosa que sitúa a estos felinos salvajes en un contexto ambiental amenazante: el contacto con enfermedades que afectan a los animales domésticos.

“Existe un riesgo para todas las especies de felinos. Principalmente para nuestras especies autóctonas y para aquellas que están en peligro de extinción”, afirmó Flavia Tirelli, doctora en Zoología y coordinadora del Geoffroy’s Cat Working Group, una red internacional que lucha por la conservación del gato del bosque (Leopardus geoffroyi) y de otros felinos silvestres.
Según la especialista, que también actúa como investigadora en el Laboratorio de Evolución, Sistemática y Ecología de Aves y Mamíferos de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), en el sur de Brasil, el avance de enfermedades comunes entre los gatos domésticos (Felis catus) — como el virus de la inmunodeficiencia felina (FIV), el virus de la leucemia felina (FeLV) y la panleucopenia, causada por el parvovirus felino (FPV), entre otras— puede afectar significativamente a la fauna de felinos en todo Brasil.
“Las especies amenazadas de extinción tienen poblaciones más pequeñas y aisladas dentro de nuestra matriz antrópica [como se denomina a los entornos naturales modificados por la acción humana] y también pueden estar cerca de animales domésticos portadores de estos virus”, dijo.
Se estima que Brasil ocupa el tercer puesto a nivel mundial en número de mascotas, con unos 30 millones de gatos domésticos. Al mismo tiempo, la cifra de felinos que viven en la calle o sin dueño definido también supera los millones: datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren que hay 10 millones de gatos en estas condiciones inciertas y vulnerables.

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Este escenario favorece la aparición de animales asilvestrados, dificulta el control de la natalidad y acelera la propagación de enfermedades. También, como ya mostró Mongabay, existe el riesgo de hibridación entre especies silvestres y animales domésticos, algo que, además de amenazar a las poblaciones silvestres al comprometer su perfil genético, también abre camino a animales más propensos a enfermar.
Tirelli explicó en entrevista que el impacto potencial de las enfermedades “domésticas” no se limita a una sola especie: puede exponer a diferentes felinos, biológicamente sensibles, a patógenos peligrosos. Estos patógenos, a su vez, pueden manifestarse en forma de infecciones virales, pero también bacterianas, fúngicas o parasitarias. Muchas de estas enfermedades pueden ser mortales.
El peligro ambiental que plantean las enfermedades comunes a los animales domésticos añade muchos retos a la conservación de especies extremadamente amenazadas, como Leopardus munoai, una de las especies del llamado gato de las pampas, un felino que figura entre los que corren mayor riesgo de extinción en Brasil, según la experta.
Este pequeño y raro animal, endémico del bioma de la Pampa (en la parte sur de Sudamérica: Brasil, Argentina y Uruguay), ya se enfrenta al acoso de los humanos — por ser un depredador de aves domésticas —, a la reducción de su hábitat y al riesgo de atropello en las carreteras. Al vivir bajo la amenaza de diferentes formas de contagio, este felino se expone a más factores que pueden reducir drásticamente su ya escasa población.

La fragmentación del hábitat facilita la propagación de enfermedades
Según datos del Instituto para la Conservación de los Carnívoros Neotropicales (Pró-Carnívoros), una iniciativa civil brasileña creada en 1996 y reconocida oficialmente, Brasil cuenta con 10 especies de la familia Felidae en su territorio.
Aunque habitan en diferentes zonas del país y tienen formas y comportamientos diversos, hay algo que los une: su lucha por la supervivencia. Desde los bosques húmedos de la Amazonía hasta las llanuras del Cerrado, sus hábitats sufren con la fragmentación. Cuando las áreas naturales continuas, ya sean grandes o pequeñas, se reducen a “islas” de vegetación, se crean espacios desconectados entre sí.
La crisis combina la expansión urbana, la conversión de zonas naturales en zonas agrícolas y la construcción de infraestructuras, como carreteras y autopistas que atraviesan extensas áreas de bosque. Entre sus múltiples consecuencias para la biodiversidad se encuentra la incidencia en la propagación de enfermedades.
“La fragmentación del hábitat y la expansión urbana han facilitado en gran medida la transmisión de patógenos entre especies domésticas y silvestres. Cuanto más aumenta esta fragmentación, con más ‘pedacitos’ de áreas naturales dentro de una matriz antropogénica modificada, ya sea urbana, rural o campestre, los humanos traen consigo animales domésticos que pueden transmitir enfermedades a los [animales] silvestres”, afirmó Tirelli.
Además de los virus más conocidos, como los causantes de la leucemia felina (FeLV) y la panleucopenia (FPV), un estudio de 2024 dedicado a la revisión bibliográfica sobre enfermedades en felinos silvestres de Brasil también destacó el riesgo de exposición al virus del distemper viral canino (CDV, por sus siglas en inglés), a los adenovirus y al virus de la rabia.

En el caso del CDV, más conocido como moquillo, surgen riesgos adicionales: representa “un riesgo global para los perros y aunque no afecta de manera significativa a los gatos, se ha demostrado que otros felinos son susceptibles a esta enfermedad”. La investigación también destaca que la transmisión de esta enfermedad a especies silvestres “puede producirse por contacto con perros” y que sus síntomas “pueden ser agresivos y provocar la muerte del animal”.
En lo que respecta a la rabia, que es extremadamente letal, los peligros pueden ser más amplios. El estudio afirma que “las especies felinas silvestres no se consideran reservorios de la rabia, pero pueden actuar como vectores y transmitir el virus a los seres humanos y a otras especies”.
El asunto se vuelve crítico pues el artículo científico menciona estudios que dan cuenta de la presencia de anticuerpos contra el virus de la rabia en jaguares, lo que indica exposición a la enfermedad en el Pantanal y en el Parque Nacional de las Emas, una importante unidad de conservación del gran felino americano en el estado de Goiás, en el centro-oeste de Brasil. Considerado Patrimonio Natural de la Humanidad, el parque protege 132 000 hectáreas del Cerrado y alberga una rica biodiversidad.
En todos los casos, el estudio concluye que existe “una relación clara entre las acciones humanas y la exposición de los animales silvestres a agentes virales, ya que la destrucción de sus hábitats naturales les obliga a acercarse a zonas habitadas por seres humanos y animales domésticos”.
Entre las medidas de prevención, el estudio menciona “la vacunación de perros y gatos y la protección de las áreas naturales para preservar la salud de las poblaciones de felinos silvestres”.
Sin embargo, como destacaron Tirelli y otros expertos entrevistados para este reportaje, evitar la fragmentación de los hábitats silvestres se presenta como una medida prioritaria para prevenir la exposición de diferentes especies a los riesgos urbanos. Esto es sumamente importante, explican, ya que las estrategias para monitorear patógenos dentro de los ambientes forestales fragmentados pueden ser “muy complejas”, indica Tirelli, dado que “cada virus y cada variante pueden modificar la eficacia de la transmisión”, lo que impone desafíos adicionales a los esfuerzos de la ciencia.

Felinos y parásitos: la ciencia busca respuestas
Marcelo Alievi es doctor en Medicina Veterinaria y coordinador del Núcleo de Conservación y Rehabilitación de Animales Silvestres (Preservas), un proyecto de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS) con sede en Porto Alegre, capital de dicho estado.
Alievi relata la historia de dos ejemplares de margay (Leopardus wiedii). Uno de ellos llegó en 2025 al cuidado de Preservas en estado grave. El otro ya había sido trasladado sin vida. “Recibimos [en 2025] un margay debilitado, que acabó muriendo”, declaró a Mongabay Latam.
Según Alievi, este felino de tamaño pequeño —clasificado como vulnerable a la extinción por el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) de Brasil— es solo una de las muchas especies silvestres que sufren la reducción de su hábitat natural y corren el riesgo de entrar en contacto con animales domésticos y sus enfermedades.
“Es habitual que estos animales vivan en un espacio reducido, donde la oferta de alimento no es tan abundante. Por eso, buscan recursos y otras formas de sobrevivir — y no es raro verlos en regiones periurbanas [zonas de transición entre áreas rurales y urbanas]. Y el contacto [con gatos domésticos] puede darse así”, afirmó Alievi.

Sin embargo, algo llamó la atención de los especialistas tras la necropsia de los felinos: la presencia de parásitos. En una entrevista con Mongabay Latam, el profesor João Fábio Soares, doctor en enfermedades parasitarias y coordinador del Laboratorio de Protozoología de la UFRGS, afirmó que las conclusiones —aún preliminares— apuntan a un parásito propio de los felinos silvestres.
“El parásito, sin embargo, presentaba un cuadro atípico en el felino silvestre: se encontraba en un órgano de una manera inusual, donde no suele estar. Y eso provocó una lesión más grave”, contó Soares. Lo interesante es que en uno de los margay, se confirmó, además, la presencia del virus del gato doméstico o sida felino [virus de la inmunodeficiencia felina]. Según el experto, eso podría haber reducido su inmunidad y facilitado la aparición de la enfermedad [parasitaria] de esa forma.
Aunque aún quedan nuevas etapas de investigación para llegar a conclusiones futuras sobre el caso específico de los margay analizados en la UFRGS, el especialista en protozoología destacó otro caso de relevancia científica.
“Tuvimos un caso de Lagochilascaris, otro parásito — este sí, asociado a los gatos domésticos —, que infectó a un tirica (Leopardus guttulus) en la región serrana de Rio Grande do Sul. En este caso también se presentó de forma muy atípica: acabó infectando el conducto auditivo del animal y, a través de este, llegó a la base del cerebro. El animal sufrió una grave enfermedad neurológica”, alertó Soares.
El experto explicó que el caso está relacionado con las condiciones de vida atípicas a las que está sometido el animal, que se encontraba cerca de zonas urbanas, lo que aumenta la posibilidad de contacto con gatos domésticos.
“Una veterinaria de la región, especializada en felinos domésticos, mencionó que los casos de este parásito en gatos son comunes. Esto refleja esa proximidad [entre especies domésticas y silvestres]. Tras estos hallazgos, organizamos una campaña de vacunación y desparasitación de carnívoros domésticos con el fin de mitigar estas transmisiones”, añadió Soares.
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Bacterias y hongos viven cerca
En otro estudio de 2020, en el que participaron diferentes institutos e investigadores de Brasil, entre ellos Tirelli, se alerta sobre el avance de otros tipos de infecciones perjudiciales para la vida de los felinos y de otras especies.
Particularmente, la esporotricosis felina —una micosis subcutánea grave, causada con frecuencia por el hongo Sporothrix brasiliensis, descubierto en Brasil— es un motivo de preocupación entre los especialistas. La enfermedad es muy contagiosa y provoca lesiones profundas y de difícil cicatrización en los animales. Sin el tratamiento adecuado puede extenderse por el sistema linfático y los órganos internos, provocando la muerte del animal.
“A diferencia de otras especies, los gatos desarrollan lesiones con una carga fúngica muy elevada y también pueden albergar el agente en las uñas y en la cavidad bucal, lo que hace que la transmisión sea extremadamente eficaz”, dijo Gabriela Kharsa Bastos, veterinaria especializada en Medicina Felina por la Universidad Estatal Paulista (Unesp) Botucatu, en São Paulo.
Según ella, los gatos semidomésticos o con acceso a la calle “desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la cadena epidemiológica”.
Bastos explicó que la introducción del hongo en las poblaciones nativas de felinos se produce de muchas formas: “Además de la transmisión directa a través de mordeduras y arañazos, los gatos infectados pueden contaminar el entorno al afilarse las uñas en troncos de árboles, vallas y otros sustratos naturales, así como depositando secreciones y material orgánico que contiene el hongo”.
Según el Ministerio de Salud de Brasil, el país ha registrado un aumento de los casos de esporotricosis en los últimos años: en gatos, el número de casos pasó de 1412 en 2022 a 3290 en 2023, lo que supone un incremento del 133 %. La veterinaria advierte, sin embargo, de diferencias sustanciales en el impacto a las poblaciones de especies silvestres.

“Mientras que los gatos domésticos están presentes en gran número, las especies silvestres tienen una densidad de población menor y, a menudo, ya se enfrentan a amenazas como la pérdida de hábitat y los atropellos. Por lo tanto, incluso unos pocos casos [de contagios] pueden tener una importancia significativa en términos de conservación”, declaró a Mongabay Latam.
Según dijo Bastos, el control de la esporotricosis exige un enfoque integrado entre la salud animal, la salud humana y la conservación del ambiente. Además, indicó que es necesario un diagnóstico rápido y un tratamiento inmediato de los gatos infectados, educar sobre los riesgos zoonóticos y ambientales de la enfermedad, ampliar el acceso al tratamiento y a las campañas de esterilización y hacer una vigilancia epidemiológica activa, especialmente en regiones cercanas a áreas naturales.
La investigación de 2020 también se centra en un grupo de bacterias emergentes del género Bartonella. Según el estudio, los felinos representan un importante reservorio de diversas especies de la bacteria, siendo los gatos domésticos el principal reservorio de Bartonella henselae, agente causante de la enfermedad por arañazo de gato (DAG).
Según publicaciones a las que se puede acceder en el sitio web del Consejo Regional de Medicina Veterinaria del Estado de São Paulo (CRMV-SP), aunque rara vez causa daño al gato portador, y aun siendo benigna, la enfermedad puede evolucionar hacia un cuadro grave “principalmente en individuos [humanos infectados] inmunodeficientes, en los que puede provocar una infección mortal”.
El estudio también subraya la importancia de comprender los patrones de aparición y propagación de los patógenos en felinos como “una cuestión fundamental para la conservación de la fauna silvestre”. La investigación destaca, además, que los carnívoros en libertad son especialmente importantes en este contexto “ya que ocupan la cima de la cadena alimentaria y actúan como bioacumuladores y biomagnificadores de patógenos”.

Hasta el momento, una cosa es cierta: hay consenso entre todos los expertos consultados sobre la necesidad de prestar atención al problema de las enfermedades de los animales domésticos transmitidas a los gatos salvajes, especialmente para evitar que las pérdidas de población alcancen niveles irreversibles. Esto, destacan, es una realidad en todas las regiones de Brasil y sus diferentes biomas acosados por las actividades humanas y el avance urbanístico.
“Cuanto más fragmentado esté el hábitat de los animales y cuanto más cerca estemos nosotros de ellos, más susceptibles serán a la contaminación por enfermedades comunes y frecuentes en los animales domésticos”, concluyó Alievi.
*Este reportaje es una alianza periodística entre Mongabay Brasil y Mongabay Latam.
**Imagen principal: un ocelote (Leopardus pardalis) fotografiado en el Parque Estatal Encontro das Águas, Mato Grosso, Brasil. Foto: Giles Laurent en Wikimedia Commons. (CC BY-SA 4.0)
REFERENCIAS:
DOENÇAS VIRAIS EM FELINOS SELVAGENS NATIVOS DO BRASIL. (2025, December 3). doi:10.69849/revistaft/ar10202410211208
Souza, U. A., Webster, A., Dall’Agnol, B., Morel, A. P., Peters, F. B., Favarini, M. O., Mazim, F. D., Soares, J. B. G., Tirelli, F. P., Tortato, M. A., De Lemos, E. R. S., Trigo, T. C., Soares, J. F., & Reck, J. (2020). Molecular and Serological Survey of the Cat-Scratch Disease Agent (Bartonella henselae) in Free-Ranging Leopardus geoffroyi and Leopardus wiedii (Carnivora: Felidae) From Pampa Biome, Brazil. Microbial Ecology, 81(2), 483–492. doi:10.1007/s00248-020-01601-x