- En Galápagos, los guardaparques trabajarán en medio de lluvias, oleajes y aumento de temperatura en el mar que amenazan la reproducción y alimentación de especies.
- En el Parque Nacional Yacuri, el personal se prepara para afrontar la prolongación de la sequía, que puede afectar a los anfibios y aumentar el riesgo de incendios.
- En la reserva Cuyabeno, después de la sequía de 2023-2024, los guardaparques se capacitaron para rescatar a los mamíferos acuáticos de lagunas secas.
- En el Bosque Protector La Prosperina, el personal alista acciones para prevenir emergencias provocadas por las lluvias intensas y los derrumbes.
Con la llegada del fenómeno de El Niño, las áreas protegidas de Ecuador pueden ser afectadas por inundaciones, movimientos en masa, incendios y sequías, de acuerdo con información enviada a Mongabay Latam por el Ministerio de Ambiente y Energía (MAE). Los guardaparques enfrentan estos peligros con personal insuficiente y presupuestos limitados, dijeron funcionarios entrevistados. La biodiversidad, la provisión de servicios ecosistémicos y el bienestar de las comunidades humanas vecinas están en riesgo, aseguraron.
En la Costa, donde las precipitaciones extremas provocan crecidas de ríos, alteración de la salinidad de los estuarios y mayor riesgo de deslizamientos, las áreas más vulnerables son la reserva Ecológica Manglares Churute, la Reserva de Producción de Fauna Manglares El Salado y la Reserva Mache-Chindul.
También en la Costa, el Parque Nacional Machalilla y la Reserva Marina Cantagallo-Machalilla, son más propensos a la erosión costera y el estrés térmico, que perturban las zonas de anidación de tortugas marinas y desplazan la fauna marina sensible.
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En la Sierra, los parques nacionales Cajas, Cotopaxi, Sangay y Podocarpus enfrentan mayor riesgo de déficit hídrico, lo que favorece incendios en páramos y bosques montanos.
Aunque el MAE no incluyó a la Amazonía en su respuesta, durante el episodio de El Niño 2023-2024, en la zona norte de la región, las lluvias estuvieron hasta un 81.6 % por debajo del promedio, según registró el Instituto Nacional de Hidrología y Meteorología. El caudal de los ríos bajó y las lagunas se secaron, afectando a especies acuáticas como el delfín rosado.

La respuesta institucional tampoco abordó Galápagos, donde por el aumento de la temperatura del agua las aves se están quedando sin alimento y han desaparecido especies vulnerables.
El Ministerio sí reportó que las reservas enfrentarán al menos tres “efectos ecológicos transversales”. El primero es la proliferación de especies invasoras, incluidos roedores, mosquitos e iguanas no nativas, favorecidas por el aumento de temperatura y las lluvias inusuales.
El segundo efecto es la alteración de los ciclos reproductivos de aves marinas como piqueros y albatros, que abandonan nidos y polluelos por la escasez de peces durante la fase cálida de El Niño. Finalmente está el arrastre de contaminantes y desechos hacia las reservas marinas y estuarinas por la crecida de cuencas hidrográficas.

Para atender las contingencias, el Fondo de Áreas Protegidas (FAP) dispone de un capital de Emergencia administrado por el Fondo de Información Ambiental Sostenible (FIAS), dijo el MAE. La entidad también aseguró que mantiene acciones permanentes de planificación, prevención, monitoreo y respuesta y que solo el 50 % de las áreas protegidas susceptibles a riesgos naturales cuentan con un plan de contingencia.
Mongabay Latam habló con personal de tres áreas protegidas y una reserva privada para conocer los problemas que enfrentan en territorio y las acciones que están llevando a cabo para mitigarlos.
Galápagos enfrentará lluvias y altas temperaturas

Christian Sevilla, director de ecosistemas del Parque Nacional Galápagos (PNG), contó que cerca de 150 guardaparques trabajan de forma operativa en los 7970 kilómetros cuadrados del parque, los 138 000 kilómetros cuadrados de la Reserva Marina Galápagos y los 60 000 kilómetros cuadrados de la Reserva Marina Hermandad.
“Una de las debilidades que se tiene es la falta de guardaparques, aparte de temas presupuestarios, pero tratamos de trabajar con lo que tenemos”, dijo. Añadió que la institución requeriría al menos 50 guardaparques adicionales.
Entre los ecosistemas más vulnerables están las zonas húmedas en las partes altas de las islas, donde las lluvias intensas pueden generar erosión y cambiar las cuencas normalmente secas. Los nidos podrían ser afectados y el sistema inmune de las especies debilitarse, incrementando su susceptibilidad a enfermedades como la gripe aviar, detalló.

Los oleajes podrían dañar o inundar las zonas de anidación de aves marinas, entre ellas, pingüinos, cormoranes y piqueros, así como de tortugas marinas. En caso de identificar el riesgo, los guardaparques recolectarán los huevos para criarlos en cautiverio antes de su liberación, adelantó Sevilla.
El funcionario recordó que en el episodio de El Niño de 1982-1983, la población de pingüinos de Galápagos bajó a 250 individuos. También advirtió sobre el riesgo de decrecimiento poblacional de lobos marinos, por la falta de peces, e iguanas marinas, por la falta de algas verdes.
Sevilla señaló que se prevé mayor presión de especies invasoras, como ratas y gatos, favorecidas por mayor disponibilidad de alimento y basura arrastrada por las lluvias. El parque cuenta con un fondo de 500 000 dólares, administrado por el FIAS, para manejar la amenaza con capacitaciones y compra de herramientas e insumos.

Para atender los impactos de El Niño, la entidad está realizando un estudio del estado de su infraestructura turística, oficinas, casetas y sitios de control. Además, está dando mantenimiento a vehículos terrestres y marinos, contó.
Por último, junto a instituciones aliadas, el parque está desarrollando una herramienta de monitoreo de cambios y perturbaciones en el archipiélago que incluye el seguimiento de mareas, oleajes y lluvias para precautelar también la seguridad de los turistas. La herramienta todavía está en desarrollo.
Para Sevilla, la comunidad y los usuarios de la reserva marina y del parque son importantes para implementar los planes de acción que están desarrollando los Comités de Operaciones de Emergencia (COE) de los tres cantones del archipiélago. Son quienes pueden comunicar anomalías, fundamental para la toma de decisiones, concluyó.
En el Yacuri aumenta la temperatura y el riesgo de incendios

En el Parque Nacional Yacuri, entre Loja y Zamora Chinchipe, hay un administrador y diez guardaparques para proteger 48 000 hectáreas de ecosistemas altoandinos y de transición hacia la cuenca amazónica, de acuerdo con un técnico guardaparque que prefiere mantenerse en el anonimato.
“Para hacer un control adecuado y cumplir con todos los objetivos de conservación se necesita más personal”, aseguró. Falta personal especialmente en la parte oriental, donde hay solo dos guardaparques.
El Comité de Operaciones de Emergencia (COE) cantonal de Espíndola coordina las acciones de contingencia frente a El Niño, dijo el guardaparques. Se prevé que en el sur de la Sierra la época seca se extienda hasta febrero de 2027, lo que incrementa el riesgo de incendios en zonas rurales que podrían alcanzar el área protegida.
El parque está trabajando, junto a instituciones aliadas, en un sistema de alerta temprana basado en semaforización, contó. El rojo indica riesgo extremo y prohibición total de quemas; el amarillo permite quemas controladas con apoyo técnico, líneas cortafuegos y brigadas comunitarias; y el verde señala riesgo bajo.

A esto se suma, señaló el guardaparques, que el Ministerio de Ambiente y Energía emitió un comunicado que restringe el movimiento de las brigadas de manejo integral del fuego para que puedan actuar en caso de necesidad y mientras dure la emergencia. Se prevé que se extienda hasta octubre próximo, aunque podría prolongarse.
El fenómeno de El Niño llega en un contexto de aumento de temperaturas. Según el funcionario, comparando con registros históricos de cinco y diez años atrás, la temperatura local ha aumentado entre 1 °C y 1.5 °C. La temperatura máxima ha subido a los 29 °C, algo inusual hasta hace 15 años, aseguró.
En el estiaje de 2024, los caudales de los ríos disminuyeron, las lagunas se redujeron y el páramo –almacén natural del agua– lucía cuarteado, describió el guardaparques. La sequía, además de afectar la disponibilidad y regulación estacional del agua en los ecosistemas de alta montaña, puede ocasionar que especies de anfibios sensibles al cambio de clima se desplacen e incluso desaparezcan, advirtió.
En Cuyabeno puede haber sequía y presión sobre la fauna

En la Reserva de Producción de Fauna Cuyabeno, en el norte de la Amazonía, se podría repetir la sequía que se vivió en el evento pasado. Aunque se alarguen los meses secos, durante este evento climático también suelen haber lluvias más intensas de lo normal, de acuerdo con Luis Borbor, quien fue guardaparque y administrador del área durante 35 años y en agosto pasado asumió el liderazgo del departamento de patrimonio natural de Sucumbíos.
La disminución de lluvias impacta en los caudales de los ríos Aguarico y Cuyabeno, precisó. Comunidades indígenas, guardaparques y turistas usan estos ríos para entrar al área protegida. Los guardaparques realizan monitoreos periódicos para conocer el estado de la reserva, aseguró.
Otro efecto es la sequía de las lagunas, donde habitan animales emblema como las dos especies de delfines rosados (Inia geoffrensis y Sotalia fluviatilis). En las lagunas no solo baja el nivel del agua, sino que también se desconectan de los ríos. La fauna acuática termina atrapada en reducidos espacios con agua o muere.

Para evitarlo, contó, el Ministerio de Ambiente y Energía, junto a WWF, capacita a los guardaparques en el manejo de delfines. Funcionarios de Cuyabeno, pero también del Parque Nacional Yasuní y de la Reserva Biológica Limoncocha, han aprendido a rescatar delfines aislados y devolverlos a los ríos con más caudal.
En esta área protegida el personal también es “insuficiente”, de acuerdo con Borbor. Tiene 20 funcionarios para 590 112 hectáreas, por lo que los guardaparques se apoyan en las comunidades indígenas que viven en el interior para el reconocimiento de amenazas y atención de emergencias, dijo.
El funcionario reconoció que la reserva no cuenta con un plan preestablecido en el caso de inundaciones, pero en el pasado ha habido coordinación con la Marina, la Policía, el Cuerpo de Bomberos y centros de salud cercanos para una actuación conjunta.
Borbor destacó que el FIAS entrega un presupuesto anual para la compra y mantenimiento de equipos, incluidos lanchas y motores, y que cuenta con un fondo de emergencia de hasta 20 000 dólares.
En el Bosque Protector La Prosperina se preparan para los derrumbes

La cuenca del río Guayas es la zona más afectada por El Niño en Ecuador. Guayaquil, en su desembocadura, es una de las ciudades más impactadas por el incremento de lluvias y aumento del nivel del mar. El municipio identificó 44 puntos con riesgo de inundación y 30 sectores susceptibles a deslizamientos, principalmente en el norte.
En esa zona está el Bosque Protector La Prosperina, un área protegida privada administrada por la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL). Colinda con Cerro Blanco, otra área privada, y el Bosque Protector Cerro Azul. También con el campus de la ESPOL. La comunidad universitaria es la principal usuaria del bosque, dijo Julián Pérez, profesor investigador de la Facultad de Ciencias de la Vida de la ESPOL y responsable del bosque.
Fue una hacienda durante décadas y área protegida desde 1994. Ha pasado por largos procesos de restauración ecológica, relató. Recuperar la vegetación es una forma de mitigar los derrumbes. No obstante, todavía hay áreas de gran pendiente y sin vegetación que representan mayor riesgo, dijo. Estas han sido identificadas para establecer medidas de protección tanto para los turistas como para el personal y los investigadores que trabajan en el área.

La pérdida de caminos por lluvias fuertes es otro riesgo, de acuerdo con Pérez. Para enfrentarlo se está preparando un sistema de alarmas que restrinja el acceso de visitantes en caso de emergencia. Como medida preventiva, el equipo identifica árboles con inclinación, desgaste por plagas o edad avanzada para realizar podas controladas.
La fauna también podría ser afectada por las inundaciones y derrumbes, aseguró el docente investigador. Advirtió a la ciudadanía que en los próximos meses puede haber avistamientos de animales en busca de refugio, como cuchuchos, osos hormigueros, ocelotes e incluso serpientes.
En estos casos, dijo, hay que permitir que la fauna se recupere sin intervención, alejando a mascotas o niños. Eventualmente abandonarán el sitio. Sin embargo, si se identifica que el individuo está herido o enfermo o si se trata de especies que pueden ser peligrosas, lo recomendable es llamar al 911.
*Imagen principal: guardaparques de Galápagos repararon la infraestructura de senderos, escalones, barandas, miradores y señalética durante el tercer semestre de 2026. Foto: cortesía Parque Nacional Galápagos