- La investigadora Toby Kiers habla con Mongabay Latam sobre las causas que están degradando el suelo y poniendo en riesgo una gran red de biodiversidad basada en la vida de los hongos.
- Parte de su trabajo se volcó en una investigación de la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas y descubrió que cerca del 90 % del ADN de hongos micorrícicos analizados en el desierto de Gobi, en Mongolia, corresponden a especies hasta ahora desconocidas para la ciencia.
- Sin embargo, al comparar suelos de paisajes relativamente saludables con sitios donde ya hay señales de desertificación, se detectó una pérdida de hasta en 70 % de las especies presentes en una zona de suelo.
- Los resultados de esta investigación se presentaron durante la COP17 en Ulán Bator, Mongolia, para buscar acciones que permitan preservar esta diversidad de hongos, claves para el suelo y la comunidad pastora de la región.
Las extensas estepas de Mongolia guardan una cantidad impensable de biodiversidad para una región tan árida y desierta. Es en el suelo, concretamente en la tierra, donde los hongos micorrícicos establecen una compleja red de intercambio de nutrientes con las plantas que permiten la vida en los pastizales del desierto de Gobi.
En este país, culminó el viernes la Convención de las Naciones Unidas sobre Desertificación (COP17). El mundo no logró un acuerdo contra la sequía y postergó la agenda de sociedad civil en la restauración de la tierra, como informó Mongabay Latam desde Ulán Bator, la capital de Mongolia.
A pesar de la falta de acuerdo, el encuentro global dejó varias enseñanzas. Una de ellas es la importancia de los pastizales, aliados ignorados que Latinoamérica busca rescatar contra la sequía y la desertificación.
Durante la COP17, se destacó una investigación encabezada por la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN, por sus siglas en inglés), que se conecta directamente con estos ecosistemas. El estudio encontró que cerca del 90 % del ADN de hongos micorrícicos analizados en el desierto de Gobi corresponde a especies hasta ahora desconocidas para la ciencia, incluso, algunos de ellos sin registro en otro lugar.
Sin embargo el hallazgo también vino con una advertencia: hay una pérdida del 70 % de la variedad de este tipo de hongos donde los suelos presentan degradación. Esto es grave para el ecosistema porque son las redes subterráneas de hongos las que permiten el intercambio de nutrientes con las plantas, lo que les permite acceder al agua, así como a nutrientes clave ante una sequía.

Toby Kiers, directora ejecutiva de SPUN, autora de la investigación y profesora de biología evolutiva, explicó a Mongabay Latam que el cambio climático parece estar ejerciendo una presión incluso mayor que el sobrepastoreo.
La investigadora estuvo presente en la COP17 para presentar los resultados de esta investigación, así como para llamar a las autoridades de Mongolia a tomar acción antes las condiciones en el desierto de Gobi, las cuales están evolucionando rápidamente hacia sequías más extremas y desertificación, un escenario que también ocurre en Latinoamérica. La pérdida de hongos podría derivar en la reducción del 50 % de la captura de carbono.
Kiers destaca también el conocimiento y la labor de comunidades locales y pastoriles junto con científicos locales para frenar la desertificación en uno de los desiertos más inhóspitos del mundo.

—El estudio encontró que cerca del 90 % del ADN analizado correspondía a especies previamente desconocidas para la ciencia. ¿Qué nos revela este hallazgo sobre lo que aún desconocemos del desierto de Gobi?
—Cuando la mayoría de la gente piensa en hongos, piensa en bosques húmedos, pero los hongos micorrícicos son increíblemente importantes en los ecosistemas de tierras áridas y desérticas. Las plantas en los desiertos se enfrentan a hábitats y condiciones climáticas extremas, además de la escasez de agua. Estas redes fúngicas les permiten acceder al agua y las protegen de las sequías.
En los ecosistemas desérticos, encontramos especies muy adaptadas localmente y bastante raras. Hemos estado trabajando con colegas en Mongolia para comprender qué especies habitan bajo tierra y dónde se encuentran estas redes microbianas. Descubrimos que el 90 % del ADN de estos hongos microbianos es desconocido para la ciencia. Es increíblemente emocionante estar ahí fuera y ver que existe toda una nueva frontera en los ecosistemas de tierras áridas de la que realmente no tenemos un buen conocimiento.

—Al mismo tiempo, detectaron una reducción de hasta el 70 % en la riqueza de hongos micorrízicos. ¿Qué conexión tiene esto con la degradación del suelo?
—Estos hongos son fundamentales para la productividad de las praderas mongolas. El pastoreo desempeña un papel muy importante en el mantenimiento de la salud de estas redes. Cuando los animales comen hierba, estimulan la entrada de carbono al subsuelo, que los hongos necesitan para sobrevivir. El problema es que si hay demasiado pastoreo, esto puede empezar a degradar estos ecosistemas de pastizales.
Si los hongos se degradan continuamente y el ecosistema superficial está constantemente bajo presión, entonces llega menos carbono al subsuelo. Por lo tanto, hemos descubierto que en los hábitats degradados, la riqueza de estas redes fúngicas, es decir, el número de especies por unidad de área, disminuye. Así pues, la degradación está relacionada con la pérdida de especies micorrícicas.
Pero en realidad es el cambio climático, más que la presión del pastoreo, lo que creemos que está impulsando esa degradación. El cambio ambiental en el desierto de Gobi está progresando rápidamente hacia una sequía extrema y los inviernos son cada vez más fríos.
Por lo tanto, los hongos y las plantas se enfrentan a cambios muy extremos y podemos verlo bajo tierra.
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—¿Qué sucede en el ecosistema cuando se pierde esta red de hongos?
—Podemos pensar en los hongos micorrícicos como uno de los sistemas circulatorios de la Tierra. Toman dióxido de carbono del ambiente y lo transforman en una forma de plantas que le sirve de alimento a los hongos. Los hongos toman ese carbono y desarrollan estas hermosas y complejas redes subterráneas. Estas redes recolectan agua y nutrientes y los devuelven a la planta.
Es una asociación muy íntima entre plantas y hongos. Si esa asociación desaparece, el suelo comienza a erosionarse. Estas redes forman una sustancia pegajosa que mantiene unido el suelo. Crean una especie de andamiaje que une las partículas del suelo y lo estabiliza. Si los hongos desaparecen, el suelo empieza a desaparecer y ahí es donde se produce la desertificación.
Lo que estamos descubriendo es que estos microbios de hongos son muy buenos indicadores de degradación, ya que existen diferentes comunidades que sobreviven cuando los suelos se degradan y se pierden muchas especies endémicas, raras y muy especiales. De hecho, observamos una disminución en el número de especies.
Así que pueden usarse como indicador, y eso es lo que tratamos de transmitir al Gobierno en la COP17: para que la superficie esté sana, hay que entender lo que sucede bajo tierra, es necesario proteger el subsuelo.
Sabemos que estas redes son increíblemente importantes para transportar carbono a las profundidades de la Tierra. Representan un punto de entrada clave para el carbono en los suelos. Y si perdemos estas redes, nos preocupa que Mongolia pierda su capacidad de mantener el carbono bajo tierra. Claro que el carbono orgánico del suelo es un elemento muy importante para la salud subterránea. Necesitamos que ese carbono esté bajo tierra para que las plantas de la superficie estén sanas.
Estas redes desempeñan un papel fundamental en la retención del carbono bajo tierra. Si se pierden estas redes, se pierde ese sistema circulatorio que lleva el carbono a las profundidades.

—¿Cuál es el papel que juegan las comunidades locales y los pastores en este proceso?
—Los pastores de Mongolia conocen la tierra probablemente mejor que nadie. Durante generaciones han mantenido estos pastizales sanos. Y ahora el cambio climático está alterando rápidamente su capacidad para pastorear a sus animales. Creo que entienden la importancia de la salud del suelo y nuestro trabajo consiste simplemente en documentar lo que sucede bajo tierra.
Se dan cuenta de la importancia del suelo para el sustento de los pastizales, pero también de cómo conservarlo. Creo que la gente está empezando a comprender el papel de los hongos, especialmente en los ecosistemas de tierras áridas. Por eso, nos resulta muy útil ir al campo, al otro lado del Gobi, y trabajar con colegas mongoles para mostrar imágenes de cómo son estas redes fúngicas bajo tierra y cómo mantienen unido el suelo. Porque entonces se empieza a apreciar realmente la conexión de todos los procesos subterráneos y cómo eso mantiene sano lo que está sobre la superficie.
Son los pastores quienes realmente mantienen la salud de estos pastizales y necesitamos trabajar directamente con estas comunidades para comprender sus necesidades, sus deseos y lo que observan sobre el terreno. Por eso, no se puede dejar pasar por alto. Había que gritarlo en la COP17: escuchen a los pastores, lo qué ven sobre el terreno, cómo podemos proteger su sustento, porque ese vínculo entre los pastores y los pastizales es lo que realmente mantiene vivos estos ecosistemas.
La clave está en intentar convertir esta ciencia en un recurso útil para la gente sobre el terreno. ¿Cómo pueden ser útiles estos datos? Ahora que vemos que la degradación y el cambio climático están provocando la pérdida de estas importantes comunidades de hongos, ¿qué podemos hacer para protegerlas? ¿Cómo trabajar con los pastores y científicos locales para asegurarnos de que estos conjuntos de datos lleguen al Gobierno?

—Ustedes experimentaron a pequeña escala zonas reservadas para la recuperación de hongos en suelo degradado, ¿qué pasos siguen para obtener mayor evidencia de estas posibles soluciones basadas en la ciencia?
—Una de las visiones que tenemos al trabajar con colegas mongoles es crear corredores fúngicos con redes micorrícicas ricas, sanas e intactas. No se trataría de zonas completamente cercadas, sino de lugares donde los hongos puedan descansar del pastoreo para que el ecosistema subterráneo tenga tiempo de recuperarse tras, por ejemplo, grandes sequías.
Estos corredores constituirían bibliotecas vivientes de comunidades de hongos micorrícicos que podrían utilizarse como donantes para ayudar a restaurar ecosistemas con una degradación intensa.
Lo que hicimos en la COP es hablar con los responsables de la toma de decisiones sobre cómo proteger estos valiosos recursos subterráneos de Mongolia, que luego podrán utilizarse en futuros esfuerzos de restauración. Lo peor que podría ocurrir es que estas redes fúngicas desaparezcan por completo.

Queremos colaborar con los responsables de la toma de decisiones para que empiecen a prestar atención a los ecosistemas subterráneos y a las comunidades fúngicas que sustentan los pastizales de la superficie. Uno de los principales objetivos es que los gobiernos reconozcan la importancia de los hongos, junto con las plantas y los animales, en todo tipo de políticas y empiecen a cuidar estos ecosistemas mientras buscan regenerar los pastizales en el Gobi.
Probablemente lo más importante que podemos hacer ahora es trabajar con locales y pastores para comprender estas condiciones sobre el terreno. A veces obtenemos estas imágenes de la Tierra solo a partir de imágenes satelitales y la gente tiende a no ver lo que sucede bajo tierra en esas imágenes.
Pero existe una biodiversidad increíble que ha permanecido oculta durante mucho tiempo y trabajar con colaboradores locales aquí en Mongolia nos permite descubrir esa biodiversidad oculta.
*Imagen principal: Toby Kiers y Burenjargal Otgonsuren toman muestras de suelo en el desierto de Gobi, Mongolia. Foto: cortesía Tomas Munita