- Dos evaluaciones médicas realizadas en distintos momentos de 2026 permiten conocer la evolución del estado de salud de los nueve delfines que permanecen en un delfinario clausurado en Cancún.
- Uno de los informes analizados por Mongabay Latam y realizado en dos fases entre enero y abril por una experta independiente documentó una alta prevalencia de enfermedades crónicas y clínicamente significativas.
- En agosto, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) elaboró un nuevo informe que reporta que los nueve ejemplares se encuentran estables, aunque con pronóstico reservado por sus padecimientos crónicos y la edad avanzada de algunos.
- Pese a las mejoras, Profepa y especialistas consideran que un traslado todavía podría poner en riesgo la vida de los delfines.
Mincho tiene un carcinoma que afecta alrededor del 70 % de su lengua. Su salud es considerada muy crítica, al igual que las de Oceanía y Solei. Ambas presentan enfermedades que afectan varios sistemas de su organismo. Diego presenta una abrasión dental crónica grave y pérdida parcial de la aleta caudal. Satu tiene una úlcera en la lengua y desgaste dental severo. Solomon presenta lesiones oculares y ulceración en la lengua. Apolo y Flex presentan inflamación de la córnea del ojo derecho. Squalo tiene inflamación crónica de las córneas, desgaste dental y erosiones en la piel.
En distintos grados, los nueve delfines que permanecen en las instalaciones de Dolphin Discovery —hoy conocido como Dolphin Connection—, en Cancún, presentan lesiones y enfermedades crónicas en el contexto de décadas de cautiverio. Ahora, dos evaluaciones médicas realizadas en distintos momentos de 2026, a las que Mongabay Latam tuvo acceso, permiten conocer con mayor detalle cómo ha evolucionado su estado de salud y qué obstáculos enfrenta cualquier decisión sobre su futuro, mientras se debate el momento en que estos delfines podrían ser trasladados a corrales marinos.

Uno de los informes fue elaborado por la veterinaria Heather Rally, a solicitud de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), como especialista externa a la institución. A partir de registros clínicos, datos ambientales y una inspección presencial realizada en enero de 2026, la directora de la organización Thrive Wild LLC documentó una alta prevalencia de enfermedades crónicas y clínicamente significativas entre los nueve delfines nariz de botella del Indo-Pacífico (Tursiops aduncus).
Rally identificó problemas recurrentes en la cavidad oral, los ojos, las vías respiratorias superiores y el sistema gastrointestinal, además de alteraciones hematológicas y metabólicas.
En una segunda evaluación, fechada en abril, Rally analizó si los animales podían ser estabilizados y eventualmente trasladados a un corral marino, un espacio delimitado en el mar que ofrece condiciones más naturales que una piscina de concreto como la que habitan actualmente.
La conclusión fue que, en ese momento, ninguno cumplía los criterios para un traslado seguro. La especialista señaló que varios presentaban enfermedades activas o progresivas y que aún no existía una estabilización ambiental suficiente para evaluar de manera confiable su capacidad de adaptación.
Meses más tarde, Profepa ofreció un escenario actualizado. En un informe fechado el 14 de agosto, la autoridad afirma que la salud de los nueve ejemplares es actualmente estable, pero con pronóstico reservado debido a sus padecimientos crónicos y a la edad avanzada de algunos. También reporta que, desde la clausura del recinto, en octubre de 2025, ninguno de los nueve animales ha muerto —como sí ocurrió en el pasado, con la muerte de 16 delfines entre junio de 2018 y agosto de 2025 en las mismas instalaciones— y que algunas condiciones del cautiverio han mejorado, como la limpieza de los estanques, la calidad del agua, el manejo veterinario y la continuidad del monitoreo.

“Todas las mejoras de estos meses, bajo la vigilancia de la Procuraduría, no eliminan la responsabilidad del lugar por los presuntos incumplimientos ya señalados, y las sanciones correspondientes”, informó la autoridad en su reporte.
Sin embargo, la estabilidad que reporta Profepa no se traduce todavía en una autorización para trasladarlos. La autoridad considera que, dadas sus condiciones actuales, moverlos podría poner en riesgo sus vidas.
“Varios de ellos nacieron en cautiverio y tal vez al enfrentarse a un corral marino van a vivir mucho estrés; igual los que nacieron en libertad, porque hace mucho que están cautivos y ya olvidaron lo que es la libertad”, explica Beatriz Vanda Cantón, patóloga veterinaria y doctora en bioética de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en entrevista con Mongabay Latam.
“Un cambio de casa y un cambio tan drástico de temperatura, de pH, de salinidad, los va a estresar. Pero hay que darles esta oportunidad porque estarán en un ambiente más parecido al que ellos requieren como especie”, sostiene la experta.

Enfermedades que persisten
El informe de Rally reconstruye el estado de salud de los nueve delfines a partir de los registros veterinarios proporcionados por el delfinario, que abarcan de diciembre de 2024 a enero de 2026, y de tres días de observación presencial.
La especialista aclara que no atribuye las enfermedades a una sola causa, pero identifica patrones que se repiten entre los animales y los analiza junto con las condiciones ambientales, de manejo y alojamiento que encontró. Entre otros aspectos, documentó que los delfines pasaban alrededor de 17 horas consecutivas al día sin supervisión activa, confinados en las piscinas sin sombra durante el día, y señaló preocupaciones sobre su bienestar y las condiciones de su entorno.
Uno de los problemas más frecuentes está en la boca. Rally documentó desgaste dental grave, ulceraciones en la lengua y otras lesiones en los tejidos de la cavidad oral. Durante su visita también observó conductas repetitivas en las que algunos delfines golpeaban sus dientes y tejidos bucales contra los bordes de concreto de las piscinas, especialmente durante los periodos de inactividad y fuera del horario de sus cuidadores.

Los ojos son otro punto de preocupación. La mayoría de los ejemplares presenta problemas persistentes en la córnea, como inflamación, cicatrices y opacidad. En su informe, Rally advierte que, debido a que los ojos de los delfines permanecen expuestos al contacto entre el aire y el agua, “es plausible que estas afecciones se asocien con un dolor y un malestar sostenido”.
El informe también registra problemas respiratorios y gastrointestinales, además de anemia persistente y alteraciones recurrentes en indicadores relacionados con el funcionamiento del hígado en varios ejemplares. En conjunto, Rally describe enfermedades que afectan distintos sistemas del organismo y que, en varios casos, no desaparecen, sino que persisten o reaparecen a lo largo del tiempo.

Para Vanda Cantón, algunos de estos problemas pueden ser tratados si se modifica el entorno en el que viven los animales.
“Mientras no les cambien el ambiente, la respuesta siempre va a ser igual: van a estar deprimidos, van a estar hasta el fondo del tanque y van a estar haciendo comportamientos repetidos”, describe la experta. “Requieren una terapia de rehabilitación, pero bastante agresiva y rápida, para que puedan ser trasladados a los corrales. Y ya en los corrales, seguirlos observando: ver su comportamiento, su apetito y sus heridas”.

El caso de Mincho
Entre los nueve delfines, Mincho enfrenta una de las situaciones más complejas. Tiene un cáncer en la lengua que, según los estudios incluidos en las evaluaciones médicas, corresponde a un carcinoma de células escamosas. La lesión afecta alrededor del 70 % de la lengua, de acuerdo con la evaluación.
Profepa señala que actualmente no existen protocolos autorizados o probados para tratar el cáncer en mamíferos marinos en cautiverio, por lo que el ejemplar permanece bajo seguimiento médico y veterinario permanente.
Para Beatriz Vanda Cantón, el caso requiere la valoración de un oncólogo y estudios que permitan determinar qué tan avanzado está el tumor y si se ha extendido a otros órganos. “Su diagnóstico lo veo más reservado porque el tratamiento sería una amputación parcial de la lengua lo que lo dejaría en gran desventaja para poder comer”, explica.

El caso de Mincho también abre una de las preguntas más difíciles sobre el futuro de los delfines: qué hacer cuando un animal presenta una enfermedad grave, el tratamiento tiene posibilidades limitadas y las alternativas disponibles pueden prolongar su vida sin necesariamente mejorar su bienestar.
Para Mariel Bravo, directora de la organización Empty the Tanks en México, la eutanasia no debería plantearse como una decisión inmediata ni aplicarse de manera generalizada. Primero, considera necesario mejorar las condiciones en las que viven los animales, mantenerlos bajo atención veterinaria y observar su respuesta al tratamiento. Si, pese a estas medidas, alguno permanece en una situación de sufrimiento que no puede ser aliviado, entonces la eutanasia podría convertirse en una opción ética para evitar una agonía prolongada.
“Definitivamente, no creo que sea una alternativa para todos los ejemplares”, sostiene Bravo. “Pero sí pienso que si el animal está sufriendo, se sabe que tiene la lengua ulcerada, si no responde a los antibióticos, creo que sería lo más respetuoso para él. ¿Quién va a querer ver que un animal sufre al comer, al despertar, al respirar?”

Vanda Cantón explica que, en términos generales, la eutanasia puede considerarse ante enfermedades incurables, crónicas y avanzadas, limitantes o amenazantes para la vida, con un mal pronóstico. Con la información disponible, Mincho es el único de los tres ejemplares críticos que podría entrar preliminarmente en esa categoría, y que incluso en su caso haría falta un diagnóstico clínico completo antes de tomar una decisión.
“Cuando hablamos de eutanasia en animales es bien difícil poder determinar cuándo es el momento”, explica la especialista. “En humanos, esto se realiza en los países que se permite a pedido del paciente, pero aquí los delfines no nos pueden decir qué tan mal se sienten. Por eso, primero sería necesario tener una buena historia clínica de cada uno”.
¿Cuándo serán trasladados a un lugar definitivo?
La actualización de Profepa incorpora medidas que no estaban documentadas en la evaluación inicial. Según el reporte, ahora existe vigilancia veterinaria las 24 horas, sesiones diarias de enriquecimiento ambiental, reparación e instalación permanente de malla sombra para evitar la exposición prolongada al sol, revisión del sistema de soporte de vida y evaluaciones médicas, etológicas y conductuales individualizadas para determinar la posibilidad de un eventual traslado a un corral marino.
La autoridad también reporta que la temperatura, el pH y la salinidad del agua cumplen actualmente con la norma aplicable, que no se han detectado agentes bacterianos dañinos y que las pruebas clínicas se han espaciado para reducir el estrés de los animales conforme se han estabilizado.

Pero Profepa hace una precisión: estas mejoras no significan que el recinto sea el lugar adecuado para que los delfines permanezcan de manera permanente. Significan que, hasta ahora, su estado de salud hace demasiado riesgoso trasladarlos. La pregunta pendiente es cuánto tiempo necesitarán para alcanzar las condiciones que permitan evaluar un traslado sin poner en riesgo su vida.
El informe de Rally plantea un camino para responderla. Su propuesta contempla cinco fases de evaluación individual y secuencial: primero, determinar la estabilidad clínica; después, comprobar que esa estabilidad se mantiene en el tiempo; evaluar la capacidad física para soportar el traslado; analizar su capacidad de adaptación a las condiciones ambientales del mar; y, finalmente, valorar el comportamiento y el manejo.
No se trata de un sí o un no definitivo: algunos animales pueden quedar como candidatos condicionales mientras reciben tratamiento, se estabilizan o desarrollan la capacidad necesaria para adaptarse al nuevo entorno.

Para Mariel Bravo, los seis ejemplares que no se encuentran en condición crítica deberían avanzar hacia el traslado. Mientras tanto, los otros tres delfines deben continuar recibiendo atención médica y en observación de su respuesta para determinar si existe una posibilidad real de recuperación.
“Los otros seis delfines ya debieron ser trasladados porque en realidad sí podrían hacerlo: están estabilizados, ya pasaron ocho meses. ¿Qué seguimiento están dando a las fases? Eso deberíamos preguntar también”, asevera.
Profepa plantea continuar con el monitoreo ambiental y médico para determinar cuándo exista una estabilización que permita valorar un eventual traslado. Sin embargo, no establece un plazo ni informa si existe ya un plan para trasladarlos o cuáles serían los destinos previstos.

El organismo tampoco ha informado sobre los avances en la elaboración de un inventario nacional de mamíferos marinos en cautiverio, en el que trabaja como parte de la implementación de las reformas a la Ley General de Vida Silvestre, vigentes desde hace más de un año.
A ello se suma la falta del reglamento que deberá dar operatividad a la nueva legislación. El documento deberá definir, entre otros aspectos, cómo se llevará a cabo la transición de los mamíferos marinos que permanecerán bajo cuidado humano, los requisitos para los corrales marinos y los procedimientos que deberán seguir las autoridades y los propietarios de estos ejemplares.
“Hemos presionado para que se actualice el reglamento porque creemos que sin bases sólidas ni reglas, no se puede avanzar”, concluye Bravo. “Por eso hemos hecho propuestas para reforzar ciertos puntos importantes, como el tema del cumplimiento de que no los reproduzcan más en cautiverio, porque ninguna cría de delfín ha sido liberada. Esto no se puede llamar conservación”.

Mientras tanto, los nueve permanecen en el mismo recinto. Ahora, el desafío es determinar cuáles están en condiciones de ser trasladados, qué necesitan antes de hacerlo y cuándo ese cambio podría representar una mejora para su bienestar.
“Bienestar es que un animal tenga una vida digna de ser vivida, que esté feliz”, concluye Vanda Cantón. “Si el motivo para cerrar los delfinarios —que yo estoy en contra de ellos— era el bienestar de los delfines, entonces tenemos que demostrar que somos capaces de darles una vida mejor. Porque la mala vida no era solamente estar haciendo espectáculos; la mala vida es estar en este confinamiento, privados de poder expresar comportamientos naturales”.
*Imagen principal: el organismo oficial Profepa impuso al recinto la vigilancia médica veterinaria las 24 horas del día. Foto: cortesía Profepa