- Las redes sociales se han convertido en una herramienta para cinco jóvenes indígenas de distintos territorios de la Amazonía ecuatoriana.
- TikTok, Instagram y otras plataformas les han servido para visibilizar los conflictos ambientales y territoriales de sus comunidades, pero también como espacios para recuperar y fortalecer su cultura, lengua y conocimientos ancestrales.
- La visibilidad que tienen estos jóvenes de distintas nacionalidades (quijos, kichwa, sapara, waorani y shuar) les ha permitido impulsar acciones concretas en sus comunidades, como iniciativas de turismo comunitario y proyectos culturales.
- Convertir la defensa del territorio en contenidos digitales también les ha traído riesgos: algunos han recibido amenazas por su activismo y han tenido que dejar sus comunidades.
Roxana Tanguila baila a los pies de dos antorchas de un pozo petrolero. El fuego que sale al final de esos altísimos tubos de metal es producto de la quema continua del gas que se produce durante la extracción del crudo pesado.
La mujer de nacionalidad quijos mueve su largo cabello negro de un lado al otro, mientras sus manos y sus caderas llevan la falda de su vestido rojo. Al fondo, los mecheros arden a más de 400 °C y liberan humo negro cargado de gases contaminantes como dióxido de carbono, óxido de azufre, nitrógeno, metano, propano, butano y benceno.
Aunque el 29 de julio de 2021, la Corte Provincial de Sucumbíos dispuso la eliminación gradual de los mecheros por su alta toxicidad, no todos están apagados. Dos de ellos aún miran bailar a Roxana, que termina sus saltos acompasados con el tambor llorando porque sus pies se quemaron.
La escena forma parte de un video anclado a su perfil de Instagram que tiene más de 3200 “me gusta”. “El video muestra que es muy diferente bailar en un bosque que alrededor de pozos petroleros”, dice tajante la mujer quijos. Aunque no se considera una influencer, su contenido ha servido para rescatar del olvido a la décimo quinta nacionalidad originaria de Ecuador, reconocida por el Estado en 2013.

Como Roxana, otros jóvenes amazónicos están usando las redes sociales como una herramienta de comunicación para proteger su territorio. Mongabay Latam habló con cinco de ellos, quienes crean contenido para visibilizar sus culturas, defender sus territorios y contar, desde sus propias voces, las historias de sus comunidades.
Leonardo Cerda, un influencer kichwa y defensor de los derechos de la naturaleza, ha llevado el mensaje de su comunidad Serena y su oposición a la minería hasta lugares tan lejanos como Milán, Nueva York y Cannes. Otro de ellos es el joven indígena waorani Moi Guiquita, que suma más de dos millones de seguidores en TikTok e Instagram, donde comparte su cotidianidad y tradiciones.
En un mundo donde el 70 % de la población usa redes sociales, estas plataformas se han convertido en espacios para cambiar la forma en la que se cuentan las historias. El Digital News Report 2025 del Instituto Reuters —un centro de investigación sobre periodismo afiliado a la Universidad de Oxford— señala que los creadores de contenido informativo “tienen cierta influencia en el debate público en torno a las noticias y la actualidad”. En Estados Unidos, por ejemplo, el 21 % de los adultos y el 37 % de los menores de 30 años se informan regularmente a través de estos creadores.
“No soy influencer ni tampoco activista. Soy solo una usuaria de redes sociales que publica las cosas que pasan en el territorio y lo que afecta al lugar donde vivo”, escribe Roxana Tanguila por WhatsApp. Sus bailes entre los mecheros y entre las huellas de petroglifos de sus ancestros son una muestra de ello.
Cheryl Martens, doctora en Sociología, especialista en medios comunitarios y activismo digital por la Universidad San Francisco de Quito, asegura que los jóvenes indígenas desean hablar sus propias lenguas y contar sus historias, pero que el sistema educativo impartido en español los frena. “Por eso es vital el financiamiento a industrias culturales propias de los pueblos y las nacionalidades indígenas”, dijo a Mongabay Latam.
Fredy Grefa, académico y geógrafo indígena especialista en ecología política, coincide: “Nuestro conocimiento se está perdiendo. No tenemos esta cultura escrita y de documentar. Nuestros abuelos están falleciendo y ellos son [para nosotros] las bibliotecas humanas”. Para él, la creación de contenidos digitales se ha convertido en una alternativa coherente con la oralidad de los pueblos amazónicos de Ecuador que está permitiendo transmitir experiencias, vivencias y denuncias ambientales desde los propios territorios.

Desde las pantallas
En enero de 2026, Leo Cerda recibió en su casa en Serena —una comunidad de la provincia de Napo, al norte de la Amazonía ecuatoriana— al equipo de Mongabay Latam. Leo es un influencer y activista ambiental kichwa reconocido internacionalmente.
Su casa está hecha de madera con una terraza que mira al río Illoculin. Una alfombra roja tejida y dos sillones envejecidos combinan con el ambiente de paz que se respira, a pesar de que la comunidad duerme con un ojo abierto ante el avance de amenazas como la minería.

La decoración lo delata como diseñador. En 2023, estuvo en la semana de la moda en Nueva York y en los Green Carpet Fashion Awards, en Los Ángeles. Allí presentó su colección Yaku Runa, que rinde homenaje a sus raíces: al agua como fuente de vida, la conciencia ambiental y la herencia cultural.
“Los teléfonos celulares son para nosotros una herramienta súper importante para lograr el objetivo de proteger nuestro territorio”, dice Cerda, quien afirma que no son necesarios solo videos de la destrucción. “Que sepan que no solo somos resistencia. También somos vida, somos cultura, somos bosques, somos territorio”.
Esos motivos, agrega el activista, son los que han llevado a algunos de sus compañeros a crear contenido: así podían visibilizar y amplificar lo que está pasando en el territorio.
En su caso, la visibilidad le ha servido para hacerle frente a los impactos socioambientales de la minería. En 2020, comenzó un proceso en el que el Estado ecuatoriano concesionó 7126 hectáreas de bosque a una empresa minera. Y Serena está dentro de esa concesión. Pese a la amenaza que esto representa para su territorio —señala Cerda—, tiene una cifra que le da orgullo decir: siete de las 27 comunidades asentadas sobre el río Jatunyaku, en Napo, le han dicho no a la minería por decisión de sus líderes y lideresas en Asambleas Generales.
Sentado desde el piso de su casa, Leo Cerda mira sereno a un grupo de mujeres que venden sus artesanías. Está acostumbrado a las cámaras, a los micrófonos y a las luces. Es de frases cortas, pero precisas: “Yo siempre digo que tenemos que reforestar las mentes de las personas. Ese es nuestro trabajo como indígenas”.

Redes sociales y sueños
Yanda Montahuano es un hombre joven con el torso desnudo, cabello lacio, negro y largo, que aparece en un video de TikTok con un tuku vivo entre los labios. El tuku o chontacuro es la larva comestible de una especie de escarabajo amazónico (Rhynchophorus palmarum) muy importante dentro de la dieta tradicional de los pueblos indígenas. El video, que dura cinco segundos, ya ha sido visto por más de 230 000 personas.
Montahuano pertenece a la nacionalidad sapara, cuyo territorio se extiende entre la Amazonía de Ecuador y Perú y protege alrededor de 375 000 hectáreas de bosque. Su lengua y cultura fueron reconocidas por la Unesco en 2001 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Sin embargo, su gente se ha visto muy amenazada.
La nacionalidad sapara llegó a contar con 20 000 miembros a inicios del siglo XX, pero actualmente quedan alrededor de 500 personas distribuidas en 23 comunidades. Entre 1890 y 1930, la llamada “fiebre del caucho” hizo que colonos llegaran a devastar sus tierras en busca de los árboles que producían la goma. Durante ese periodo, los sapara estuvieron a punto de extinguirse junto a sus bosques.
El peligro no acabó allí: ahora, los impactos de otras industrias extractivas, como el crecimiento de las fronteras petroleras, vuelven a poner en riesgo su territorio y su supervivencia. Por eso, Montahuano ha encontrado en las redes una nueva forma de mantenerlos vivos.

“Los sueños me han mostrado el camino. Mi primera visión fue llevar el mensaje sapara a través de la radio, luego los sueños me dijeron que use las imágenes”, dice el joven que ha trabajado en la producción de filmes como Vestimenta Sapara y fue el creador del documental Allpamanda, con el apoyo de National Geographic.
En su lengua materna, la primera palabra que dicen las familias al amanecer es maki jawunu, que significa «¿qué soñaste?». En las madrugadas se reúnen alrededor de la olla en la que hierve la guayusa, un té tradicional, y se cuentan los sueños. “Nuestro sueño es conectar al mundo con la selva para que [la gente] aprenda a soñar”, dice Montahuano, que nació en la comunidad Llanchama Cocha, asentada a orillas del río Conambo, al oriente de la Amazonía ecuatoriana, y vive junto a su padre —de nacionalidad kichwa— en la comunidad de San Jacinto, en la provincia de Pastaza.
En estas tierras el joven indígena ha levantado un espacio para materializar el colectivo que dirige, Iyauna, el retorno de los sueños, donde realiza rituales ancestrales, toma de ayahuasca, guaysupinas y otros encuentros para seguir manteniendo viva su cultura. Además, comparte videos explicativos de sus rituales, su cosmovisión y su modo de vivir y de convivir con la tierra. “Como colectivo, tenemos una mirada de protección de nuestros diversos territorios desde las ceremonias”, afirma.
Leer más | El rap indígena se convierte en un escudo para defender la Amazonía ecuatoriana
También es guía local. “El turismo me permite ir frecuentemente al territorio y mantener el vínculo con la cultura sapara”, dice en un mensaje de audio con voz suave y calmada.
Ha estado en Brasil, Perú, Colombia, México y, en agosto de 2026, será parte de una exposición fotográfica sobre su territorio en Queens, Nueva York. También ha dado charlas TEDx. Esa conexión con el “mundo de afuera”, dice, le ha permitido regresar a su territorio con nuevas ideas y una visión más clara sobre cómo contribuir a la conservación de su cultura. Esos aprendizajes, insiste, los comparte con la comunidad sapara que permanece aislada.

Como explica la investigadora ecuatoriana Alicia Rodas-Coloma en un artículo académico, “para muchos jóvenes indígenas ecuatorianos de esta nueva generación —sin caer en generalizaciones—, TikTok se configura como un espacio no solo para compartir contenido, sino también para disputar activamente las formas en que su identidad es representada”. En sus palabras, estas redes han permitido que, lo que antes era motivo de vergüenza o estigmatización, hoy se muestre con orgullo y desafíe las narrativas hegemónicas sobre lo indígena.
Frente a la globalización, la apuesta a lo local
“La Amazonía no es pobre, ha sido empobrecida y no es casualidad”, dice Moi Guiquita en un video publicado el 28 de abril de 2026 en sus redes sociales. Guiquita es un influencer indígena y nieto de la primera mujer waorani contactada. Se ha convertido en uno de los creadores digitales de la Amazonía ecuatoriana con mayor número de seguidores: 1 200 000 en Instagram y otro millón en TikTok, y ha recibido el reconocimiento de la revista Ekos como influencer en sostenibilidad.
Siempre aparece con su largo, lacio y brillante cabello negro y el cuello decorado con collares hechos por las mujeres de su comunidad. Tiene ontokas —una decoración que se hace con discos sólidos de palo de balsa— en los lóbulos de sus orejas pintados de color turquesa.

Leer más | TEDxAmazônia llegó a Ecuador para reunir a científicos, artistas y líderes indígenas
Para este creador de contenido waorani, la comunicación digital ha permitido demostrar que una persona indígena puede utilizar la tecnología sin abandonar su identidad. “Podemos habitar el mundo virtual y, al mismo tiempo, continuar vinculados con nuestras familias, nuestros ríos, nuestros conocimientos y nuestra selva”, escribe por correo a Mongabay Latam.
Para él, el mundo virtual sirve para llevar la voz de la selva hacia otras ciudades y países. “Intento que las personas no vean la Amazonía únicamente como un paisaje lejano, sino como un territorio vivo, habitado por comunidades que tienen memoria, conocimientos, necesidades y sueños”, afirma. Además, resalta que este intercambio “también trae personas, ideas, conocimientos y oportunidades de vuelta a la comunidad”.
Sin embargo, ese alcance de las redes también lo hace reflexionar sobre una relación que debe construirse con cuidado. “No todo debe ser mostrado y no toda experiencia debe convertirse en contenido. Existen conocimientos, ceremonias, espacios familiares y momentos comunitarios que deben permanecer en la intimidad”, señala Guiquita.
Gracias a su acogida y popularidad a nivel nacional e internacional, en 2022 creó el proyecto de turismo comunitario Waponi Amazon como una manera de transformar esa visibilidad digital en acciones concretas para su territorio.
“Comprendimos que no era suficiente con mostrar la realidad; necesitábamos una estructura que permitiera organizar proyectos, proteger nuestra cultura, apoyar a la comunidad, conservar el territorio y crear oportunidades para las nuevas generaciones”, afirma el influencer amazónico.
Con Waponi Amazon —señala— busca que las personas no lleguen como consumidores de una experiencia turística, sino que vayan dispuestas a escuchar, aprender y compartir. En sus palabras, la experiencia se adapta al ritmo del territorio, a la lluvia, a los ríos y a la dinámica de las familias.
“Cada río, planta, animal y sendero forman parte de una red de relaciones que ha permitido la vida de nuestras familias durante generaciones. Al mismo tiempo, nuestro territorio enfrenta amenazas como la contaminación, la pérdida de biodiversidad, la presión sobre los bosques y el debilitamiento de los conocimientos ancestrales. Por eso, proteger el territorio significa también fortalecer a las personas que viven en él”, afirma.
Defender el territorio ha traído amenazas
Yutsu es un músico y cineasta shuar. “Yo soy de la cordillera del Kutukú”, dice el joven artista de 21 años, un macizo montañoso al sur de la Amazonía ecuatoriana ubicado en la provincia de Morona Santiago.

Yutsu carga con una herencia: su padre fue parte de los habitantes de 60 comunidades shuar y achuar que lograron presionar al Estado ecuatoriano hasta conseguir, en 2002, la salida de una petrolera estadounidense de su territorio.
Esa defensa la mantiene el joven indígena hasta la actualidad. En marzo de 2024, Yutsu publicó un video en el que invitaba a lanzar un grito por la Amazonía, “la que está siendo invadida y destruida”. Y agregaba, con los ojos cerrados: “Voy a seguir luchando y organizando para seguir viviendo”.
Ese mismo mes, con 19 años, tuvo que salir de su comunidad, dejar su vida, familia y amigos tras ser amenazado por grupos promineros. “Ahora lo puedo contar, pero antes tenía que tener cuidado”, dice.

Aunque no puede volver a su pueblo, siente temporalmente que el peligro pasó, pero las ganas de crear contenido sobre los impactos ambientales de las empresas extractivas en su territorio se mantienen.
“Estoy aprendiendo a contar historias”, afirma. Y las cuenta rapeando. El grupo en el que canta, Kutukú, fue creado en 2022 y desde sus inicios estuvo ligado a la defensa del territorio. Una de sus primeras presentaciones, en 2023, se dio mientras se promovía la consulta popular para dejar bajo tierra el petróleo del Yasuní. “¿Es posible vivir sin petróleo? La era del petróleo no se va a acabar sola, pero los gobiernos petroleros ya empezaron a temblar”, dice Yutsu en otro de sus videos.
Como Yutsu, los jóvenes indígenas de la Amazonía ecuatoriana han encontrado —desde sus comunidades o el exilio— un espacio para contar con sus propias voces lo que sucede en los territorios. El baile, los sueños, el rap, la tecnología y las redes sociales han conectado las distintas regiones amazónicas con el mundo y les han permitido visibilizar su cultura, su tradición y sus luchas.
Ahora son ellos quienes, con sus cámaras, eligen qué mostrar y qué historias compartir al mundo.
*Imagen principal: cinco jóvenes indígenas de distintos lugares de la Amazonía ecuatoriana utilizan sus redes sociales para proteger el territorio y compartir su cultura. Foto: collage realizado con imágenes de cortesía