Las especies invasoras ya afectan gravemente los ecosistemas, la biodiversidad, la economía y la salud en América Latina, con impactos cada vez más visibles y extendidos.
Una de cada cinco áreas del planeta está en riesgo de invasiones biológicas, advierte la IPBES.
Desde México, pasando por Galápagos y hasta la Patagonia, plantas y animales invasores están transformando hábitats, destruyendo cultivos y afectando la pesca, generando pérdidas millonarias y daño ambiental irreversible.
El impacto de las especies invasoras en América Latina es cada vez más evidente y preocupante. Expertos advierten que la introducción de fauna y flora exóticas genera graves alteraciones en los ecosistemas, afecta la biodiversidad nativa y provoca pérdidas económicas, además de riesgos para la salud humana.
De acuerdo con un informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), cerca de una quinta parte de la superficie terrestre del planeta está en riesgo de sufrir invasiones biológicas, con consecuencias ecológicas y sociales de alcance global.
En la región, los efectos ya son visibles. En Chile, la anémona plumosa coloniza el fondo marino, desplaza especies nativas y afecta la pesca. En el Caribe, la iguana verde causa severos daños ecológicos y millonarias pérdidas económicas. En Colombia, la planta Hydrilla verticillata degrada la Ciénaga Grande de Santa Marta. En Ecuador, el árbol de cedro introducido en Galápagos fragmenta hábitats y bloquea las rutas migratorias de las tortugas gigantes. En Perú, la liebre europea arrasa cultivos y desplaza especies nativas, mientras que en México la palomilla del nopal destruye cultivos esenciales, generando fuertes pérdidas agrícolas.
En Argentina y Chile, el castor ha transformado vastas zonas boscosas, inundado extensas áreas y afectado acuíferos. En Bolivia, el paiche ha provocado la desaparición local de peces nativos, alterando los ecosistemas acuáticos y la pesca tradicional.
En el marco de la Semana de Concientización sobre las Especies Invasoras, explicamos el alcance y las consecuencias de esta amenaza creciente en América Latina.
El paiche puede medir más de 3 metros de largo. Foto: SernapFoto: Wikimedia CommonsFoto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
Una especie invasora indestructible amenaza los mares de Chile. Se trata de la anémona plumosa, un animal que ocupa el fondo marino y desplaza a comunidades de mariscos, moluscos y corales. Científicos señalan que su presencia afecta a la biodiversidad y a los pescadores artesanales.
Anémonas invasoras registradas en el fondo de la reserva Melimuyo. Foto: Cortesía Subelab
Una anémona de la especie Metridium senile crece entre un banco de moluscos. Foto: Luis Henríquez-Antipa / IFOP.
Campo de anémonas blancas (Actinostola crassicornis). Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute
Anémona del sur y Lobo de mar austral, Malimoyu. Fundacion MERI-Eduardo Sorensen
Una colonia de la anémona invasora Metridium senile. Foto: Luis Henríquez-Antipa / IFOP
Nuevas especies de anémonas y corales abanico de aguas profundas. Foto: Yuri Hooker
Las montañas submarinas ofrecen un terreno privilegiado para las esponjas, las anémonas y los corales de agua fría. Crédito: ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute.
Anémonas de aguas profundas, Patagonia, Chile. Foto: Vreni Häussermann
La iguana verde parece un reptil tranquilo, pero en el Caribe se ha convertido en una especie invasora devastadora. Liberaciones irresponsables y el comercio de mascotas han permitido que esta especie se expanda rápidamente en islas como Puerto Rico, causando graves daños como afectaciones en especies nativas, cultivos, turismo y aeropuertos.
Foto: Christoph Weiling – iNaturalistFoto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
La iguana verde se distribuye naturalmente desde el sur de México hasta el centro de Sudamérica. Foto: Nikolett Tóth - iNaturalist
Ejemplar juvenil de iguana verde. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
La iguana verde está generando afectaciones a infraestructuras en los países donde es invasora. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
Ejemplar de iguana verde que está siendo estudiada por los científicos en Puerto Rico. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
En una nidada de una hembra pueden nacer más de 30 iguanas verdes. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
Las iguanas verdes tienen gran capacidad de adaptación y además de ser arborícolas, son excelentes nadadoras. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
Cosecha de nidos en Puerto Rico. Esta práctica es una de las estrategias para tratar de controlar las poblaciones de iguana verde. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
Científicos excavan para encontrar nidos de iguana verde. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
La iguana verde puede alcanzar hasta 2 metros de longitud. Foto: Christoph Weiling - iNaturalist
La iguana verde se distribuye naturalmente desde el sur de México hasta el centro de Sudamérica. Foto: Nikolett Tóth - iNaturalist
Un análisis satelital revela que la especie invasora llamada Hydrilla verticillata amenaza gravemente a la Ciénaga Grande de Santa Marta, el humedal costero más extenso de Colombia y altamente frágil. Comunidades de Buenavista y Nueva Venecia señalan afectaciones en la pesca, el turismo, servicios de salud y educación.
Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian GarcíaFoto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
Pescadores abriendo vías en el complejo lagunar de Pajarales en Magdalena, Colombia. Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
Pescadores y habitantes de comunidades se han organizado para abrir caminos que faciliten la navegación en medio de las plantas. Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
Las labores de remoción manual de la planta no han sido suficientes para frenar su avance en el complejo lagunar. Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
En las comunidades palafíticas la movilidad en botes es indispensable para las actividades principales. Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
Las comunidades de Nueva Venecia y Buenavista han sido las más afectadas por la planta invasora. Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
Sebastián y Carlitos son tortugas gigantes del Oeste de Santa Cruz, Galápagos. Cada año migran desde la zona baja y seca hasta áreas altas y húmedas en la isla. Sin embargo, el árbol de cedro, introducido en los años 40 para carpintería y cercos agropecuarios, interrumpe su camino. El Parque Nacional Galápagos realiza acciones de control y restauración de bosques, pero enfrenta limitaciones económicas y logísticas.
Foto: Carolina Carrión Foto: Mara Speece / CDF
Una tortuga gigante del Oeste de Santa Cruz se refresca en un estanque. Foto: Carlos Espinosa
Un bosque invadido por cedro en Galápagos. Foto: Carolina Carrión
Foto: Carlos Espinosa
Tortugas gigantes en su paso por en el Chato, una reserva turística ubicada en las tierras altas de Santa Cruz. Foto: Carlos Espinosa
El científico Stephen Blake colocando el transmisor satelital a Sebastián. Foto: Christian Zeigler
La tortuga gigante Sebastián en una ruta migratoria. Foto: Christian Zeigler
La tortuga gigante del Oeste de Santa Cruz se distingue de otras especies por su caparazón en forma de domo o cúpula. Foto: Mara Speece / CDF
La liebre europea pone en peligro la biodiversidad en Sudamérica, según el Programa Mundial de Especies Invasoras. Desde 2022, es reconocida oficialmente en Perú como una Especie Exótica Invasora (EEI). Expertos señalan que es capaz de arrasar con cultivos completos y que, por su apetito voraz y rápida reproducción, también representa un riesgo para la biodiversidad del país.
Foto: Wikimedia CommonsFoto: Wikimedia Commons
En el 2004 se publicó el primer reporte sobre la liebre europea en Perú. Especialistas en fauna silvestre consideran que llegó buscando alimento, aparentemente, a través de la triple frontera con Bolivia y Chile. Foto: Wikimedia Commons.
Una libere europea hembra adulta puede tener de 2 a 3 partos anuales, sumando entre 5 y 13 cachorros por año, ya que la gestación apenas dura 42 días. Foto: Pixabay.
La liebre europea puede medir entre 55 y 68 centímetros de la punta de la nariz a la base de la cola y llega a pesar hasta 5 kilos. Foto: Wikimedia Commons.
La liebre europea mide entre 55 y 68 centímetros de la punta de la nariz a la base de la cola y llega a pesar hasta 5 kilos. Cada hembra adulta puede tener de 2 a 3 partos anuales, sumando entre 5 y 13 cachorros por año. La gestación apenas dura 42 días. (Crédito de foto: Wikimedia Commons)
Desde el 2022, la liebre europea es reconocida oficialmente en el Perú como una Especie Exótica Invasora (EEI). Las autoridades reportan su presencia en Tacna, Moquegua, Puno, Cusco y Arequipa.(Crédito de foto: Bengt Nyman - Flickr)
Modelo de distribución potencial basado en variables bioclimáticas de temperatura y precipitación obtenidas del Global Climate (visor web del clima mundial con información climática accesible desde 1901). La mancha verde que va de sur a norte representa el camino que tomaría la liebre en los próximos años. (Cortesía Horacio Zeballos)
La palomilla de nopal llegó a México en 2006. Es considerada una especie invasora capaz de terminar con una sola penca en 24 horas. Según datos oficiales, esta especie dañó los nopales que se encontraban en al menos un tercio de la Isla Mujeres: los perforó, invadió y pudrió. Las alarmas se prendieron desde entonces porque estas cactáceas son un símbolo cultural, alimento y una importante fuente de empleo para cientos de familias.
El 31 de julio de 2006 se detectó la plaga en la punta sur del destino turístico de Isla Mujeres, a una hora de Cancún. La especie de nopal afectada fue la Opuntia dillenii. (Crédito de foto: Caleb Slemmons - Flickr).
Los expertos aseguran que en su estado larvario, la palomilla o polilla de nopal es capaz de terminar con una sola penca en 24 horas. (Crédito de foto: Wikimedia Commons).
La palomilla o polilla del nopal es originaria de Argentina. (Crédito de foto: Wikimedia Commons).
Áreas de riesgo para la palomilla del nopal en México. Mapa: Senasica 2019.
Desde hace más de siete décadas, el castor ha devastado los bosques de la Isla Grande de Tierra del Fuego, entre Argentina y Chile. Considerado una especie exótica e invasora en Argentina y catalogado como “dañino” en Chile desde 1992, su impacto va más allá de los árboles: también ha alterado gravemente acuíferos y turberas, humedales clave para la retención de dióxido de carbono. En ambos países, las pérdidas por daños directos superan los 100 millones de dólares anuales.
Foto: PixabayFoto: WCS Chile
El castor es 100 % vegetariano y tiene hábitos familiares, ya que vive en pareja junto a una o dos camadas de crías. Cada pareja suele tener un par de descendientes al año. Este roedor puede vivir entre cinco y seis años. (Crédito de foto: Cristopher B. Anderson).
El anillo blanco alrededor del lago indica la muerte del bosque de ribera. Isla Navarino. (Crédito de foto: Cristopher B. Anderson).
Los árboles de la Patagonia —coihues, lengas, ñires, raulíes, entre otros— pertenecen todos al género Nothofagus que no pueden vivir en un humedal y demoran varias décadas en crecer. Foto: WCS Chile.
El castor es 100 % vegetariano y tiene hábitos familiares, ya que vive en pareja junto a una o dos camadas de crías. Cada pareja suele tener un par de descendientes al año. Este roedor puede vivir entre cinco y seis años. (Crédito de foto: Pixabay).
Vista aérea de los diques levantados por los castores (Crédito de foto: WCS Chile).
En Argentina se calcula en 66 millones de dólares anuales las pérdidas por daños directos a los bosques ocasionados por esta especie. Y en Chile, en 2020, se estimó en 73 millones de dólares el perjuicio económico provocado por los castores. (Crédito de foto: WCS Chile).
El paiche, un pez que puede llegar a medir más de tres metros de largo, fue introducido en Bolivia de manera accidental en 1976. Aunque no hay estudios que establezcan los daños que causa en los ríos amazónicos del país, hay lugares en donde a partir de su presencia, los peces nativos desaparecieron. El Estado boliviano aún no incluye al paiche en su listado de especies invasoras.
Foto: cortesía Aldo EcheverriaFoto de Roxana Salas / Faunagua
El paiche (Arapaima gigas) es conocido como el pez gigante amazónico y llegó a Bolivia hace casi medio siglo. Foto: cortesía Aldo Echeverria
El paiche representa el 70 % de lo que pescan en la Amazonía Boliviana. Foto: Sernap.
El paiche puede medir más de 3 metros de largo. Foto: Sernap.
Se desconoce el verdadero impacto del paiche en la flora y fauna nativa de los ríos de la Amazonía boliviana. Foto: Faunagua.
El paiche representa el 70 % de lo que pescan en la Amazonía Boliviana. Foto: Sernap.
Un porcentaje de los paiches censados se aprovechan racionalmente. En la última jornada de extracción, realizada en agosto del 2019, se pescaron 19 adultos. Foto: Instituto del Bien Común (IBC).
Un enorme ejemplar de paiche adulto emergiendo de las aguas (“boyando”) para volverse a sumergir. Tiene que hacerlo cada cierto minutos. Foto: Natalia Tamariz.
El arapaima o paiche (Arapaima gigas) es un gigantesco pez que habita los ríos amazónicos Foto: Mongabay
El desarrollo de la pesca del paiche podría proporcionar un mayor ingreso y estabilidad a los pescadores de una región del país donde se encuentra un alto índice de pobreza e inseguridad alimentaria. Foto de Faunagua
En Bolivia se ha determinado que la especie posee hábitos omnívoros con preferencia por los peces, y que es un oportunista más que una especie selectiva. Foto de Roxana Salas / Faunagua.
Imagen principal: la iguana verde se distribuye naturalmente desde el sur de México hasta el centro de Sudamérica. Foto: Nikolett Tóth / iNaturalist