Una investigación de Mongabay Latam, Animal Político, Casa Macondo y Agencia Ocote revela la dura realidad de los felinos que son rescatados del tráfico de fauna.
Solicitamos a 40 autoridades de Argentina, Colombia, México, Guatemala y Perú las cifras oficiales sobre incautaciones y rescates de felinos entre vivos, muertos o sus partes a nivel nacional: el resultado fue vacío en la información.
«Todavía nos hace falta entender la magnitud del tráfico de fauna y, en especial, de los félidos. Y los gobiernos de la región deberían prestar mucha más atención a esto”, dice José Fernando González-Maya, director científico de ProCAT
En este reportaje fotográfico contamos las historias de felinos rescatados en seis países y su larga odisea para intentar volver a la vida silvestre.
Países como Colombia, México, Argentina y Guatemala no cuentan con estadísticas detalladas sobre el tráfico de félidos. Foto: cortesía Christian Gutiérrez
Prince es un jaguar que durante 15 años estuvo encerrado en una jaula de cemento. Formaba parte de la colección privada de un político de Perú, acusado de corrupción. Al felino le arrancaron las garras, le quitaron los colmillos y le cortaron las orejas. Pese a ser rescatado, está condenado a vivir en cautiverio.
Ilustración de Alma Ríos
Durante 15 años, Prince vivió en una jaula de cemento como la mascota de un político corrupto, en la selva norte del Perú. Hoy pasa sus días en mejores condiciones gracias al cuidado del centro de rescate Pilpintuwasi. Foto: Max Cabello
La austriaca Gudrun Sperrer es asistenta social de profesión, experta en mariposas y fundadora de Pilpintuwasi, donde se encarga de cuidar de Prince, además de otro casi centenar de animales rescatados. Foto: Max Cabello
En 2024, las autoridades de fauna forestal en Loreto realizaron un megaoperativo en los principales tiendas de artesanías hechas con partes de jaguar en Iquitos. La incautación resultó en un valor total de unos 4 mil dólares. Fotos: Max Cabello
La médica veterinaria Priscila Peralta asegura que Prince ha ganado peso y se encuentra en mejor estado de salud. Foto: Marlon del Águila
Prince en un chequeo veterinario. Ha ganado casi 40 kilos en un año, pues llegó a Pilpintuwasi en alto grado de desnutrición. Foto: Marlon del Águila
En junio de 2025, un año después de su rescate, la médica veterinaria Priscila Peralta, de la oenegé Panthera, visitó Pilpintuwasi para realizarle chequeos médicos a Prince. Foto: Marlon del Águila
En octubre de 2024, autoridades en Cali, Colombia, hallaron un ocelote de ojos color caramelo y aspecto enfermizo en un lujoso barrio de la ciudad. Barto vive desde entonces en una jaula de 16 metros cuadrados. Su caso no es único: desde 2010, las autoridades en Colombia han decomisado 340 ocelotes, entre ejemplares vivos y muertos. ¿Cómo transcurre la vida de un ocelote traficado para el mercado de las mascotas? En alianza con Casa Macondo investigamos la situación.
Ilustración de Alma Ríos
Un joven ocelote gruñe al ver a un periodista asomándose al cajón de madera donde descansa en el hogar de paso del Dagma, en Cali. Foto: Santiago Wills
Barto observa a un humano parado frente a su jaula con sus ojos color caramelo. Su futuro es incierto, al igual que el de los demás ocelotes que terminan siendo vendidos como mascotas. Foto: Santiago Wills
Barto, en su jaula, en el hogar de paso. De acuerdo con un estudio, los ocelotes pueden llegar a caminar 10 horas cada noche en busca de alimento. Foto: Santiago Wills
Contenedores plásticos, piscinas de concreto y jaulas alojan tortugas, aves y felinos decomisados en Cali. Barto, Ernesto y Gato viven en las jaulas que se ven frente a las de las loras. Foto: Santiago Wills
Barto, un ocelote rescatado en Cali, Colombia, que tendrá que permanecer el resto de su vida en cautiverio. Foto: cortesía Santiago Wills
Barto, un ocelote rescatado en una vivienda en Colombia, en 2024, se aferra a los alambres de su jaula en el hogar de paso del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, en la ciudad de Cali. Foto: Santiago Wills
Un refugio en la Huasteca Potosina, en medio de la selva, alberga linces que fueron rescatados tras ser comercializados como animales domésticos en México. Los ejemplares son rehabilitados para que vuelvan a su hábitat natural, pero algunos se quedan en la reserva por heridas o enfermedades. En alianza con Animal Político investigamos cuál es el destino de estos felinos víctimas de tráfico de fauna.
Ilustración de Alma Ríos
Los linces bebés crecen en la reserva mientras los preparan para ser liberados. Foto: Lizeth Ovando
Mitsuo descansa en un área destinada para él en la reserva de la huasteca potosina. Foto: Lizeth Ovando
Los linces fueron rescatados tras ser robados de su madriguera. Foto: Lizeth Ovando
Los linces bebés son alimentados con biberón. Foto: Lizeth Ovando
Mitsuo habita en Selva Teenek, donde recibe cuidados veterinarios. Foto: Lizeth Ovando
Mitsuo se deja inyectar y revisar por la veterinaria Alondra, tiene un vínculo. Foto: Lizeth Ovando
El lince despierta el interés de los cazadores para su comercialización. Foto: Lizeth Ovando
En Argentina, los pumas son criados en jaulas pequeñas y maltratados para luego ser vendidos a lugares donde se practica la caza ilegal. Estos felinos sufren deshidratación y lesiones para controlar su movimiento. Su destino es ser el trofeo de los cazadores.
Ilustración de Alma Ríos
Extendido en el suelo, el cuero taxidermizado de un puma es expuesto por sus cazadores. El hallazgo de sitios donde se conservan este tipo de trofeos no está sistematizado en Argentina. Foto: Hernán Ibáñez.
Karina Maschio (Kai Pacha), junto a Estanislao, el puma ciego, uno de los 22 ejemplares de Puma concolor que hospeda en Pumakawa, la mayor reserva del país para individuos de la especie. Foto: Susana Torres.
Unelen es una hembra de puma que sufrió la amputación de una de sus patas tras un intento de caza y encontró refugio en Pumakawa. Foto: Susana Torres.
Este puma vive en Pumakawa luego de ser rescatado. Foto: Hernán Ibáñez.
En Guatemala, el yaguarundí es traficado como muestra de un estatus superior al que brinda un gato doméstico. Desde 2008, la fundación ARCAS e instituciones gubernamentales han logrado rescatar a 15 ejemplares y liberado a 10 de ellos. Sin embargo, no ha sido posible monitorearlos en libertad. En alianza con Ocote investigamos la situación.
Ilustración de Alma Ríos
Los yaguarundíes son más activos durante la noche. Foto: Christian Gutiérrez
La rehabilitación de un yaguarundí es más rápida que la de otras especies. Foto: Christian Gutiérrez
Anna Bryant, coordinadora del área de biología de la organización Arcas. Foto: Christian Gutiérrez
Desde 2008, ARCAS ha rescatado a 15 yaguarundíes y liberado a 10 de ellos en parques nacionales. Foto: Christian Gutiérrez
El yaguarundí (‘Herpailurus yagouaroundi’) es un félido muy distinto al resto. Tiene un cuerpo café alargado y una cabeza pequeña. Foto cortesía Christian Gutiérrez
Los yaguarundíes recuperados del tráfico de especies son rehabilitados por Arcas. Foto: Christian Gutiérrez
Xamã es un jaguar que fue rescatado cuando tenía dos meses de nacido. En medio de los incendios en Mato Grosso, Brasil, fue encontrado solo, desnutrido y deshidratado. Luego de un proceso de recuperación, se convirtió en el primer jaguar macho en ser reintroducido con éxito en la Amazonía.
Ilustración de Alma Ríos
Xamã en 2022, cuando fue capturado en Mato Grosso, Brasil. Foto: Noelly Castro/World Animal Protection
Recinto en Pará, Brasil, donde vivió Xamã antes de ser reintroducido en la naturaleza. Foto cortesía de Onçafari
Pata de Xamã. Foto: Leonardo Sartorello/Onçafari
Miembro de la brigada en la zona del Pantanal de Mato Grosso do Sul destruida por un incendio en 2024. Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil
FOTO: La reja del recinto donde se preparó Xamã para la reintroducción. Foto cortesía de Onçafari
Xamã en 2024, ya reintroducido en la selva amazónica. Foto cortesía de Onçafari
Jaguar en el Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil. Foto: Emilio White/Onças do Iguaçu
Imagen principal: Barto, en su jaula, en el hogar de paso. De acuerdo con un estudio, los ocelotes pueden llegar a caminar 10 horas cada noche en busca de alimento. Foto: Santiago Wills