
- Más de 58 000 especies de árboles sostienen la vida en el planeta y Latinoamérica concentra una de las mayores riquezas arbóreas del mundo.
- Brasil lidera la diversidad global, mientras países como Colombia y México destacan por su enorme variedad y alto número de especies endémicas.
- Pero esta riqueza está en riesgo: miles de especies enfrentan amenazas por la deforestación, la minería, las plagas y el cambio climático
El universo de los árboles es extraordinario y su presencia es clave para nuestra supervivencia. Se calcula que en el mundo existen al menos 58 497 especies. Latinoamérica es la región que concentra la mayor diversidad de árboles, con al menos 23 631 especies. El país que a nivel mundial tiene el mayor número de árboles es Brasil, con 8 847 especies diferentes. Otras naciones latinoamericanas que se distinguen por su diversidad arbórea son Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, México y Bolivia.
Entre los países con más especies endémicas a nivel mundial están Brasil, con 4226; México, con 1453; y Colombia, con 1148. Sin embargo, se encuentran en riesgo. Sólo en Latinoamérica, poco más de 7000 especies de árboles enfrentan algún tipo de amenaza, 31 podrían ya estar extintas. La principal amenaza que enfrentan los árboles es el avance de la deforestación. La explotación maderera sin control, la actividad minera, la propagación de plagas, enfermedades y especies invasoras y el cambio climático también los afecta.
Cristina López Gallego, co-coordinadora del grupo de especialistas de plantas de Colombia en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, señala que una de las acciones principales y necesarias para salvar las especies de árboles de la extinción es proteger sus hábitats. “Promover que los bosques se conserven para que las especies se conserven. Esa protección puede ser a través de un área natural protegida, área privada, bosque comunitario. Hay muchas figuras que se pueden utilizar”, dice López.
Presentamos un reportaje fotográfico dedicado a ocho extraordinarias especies de árboles que sólo es posible encontrar en Latinoamérica. Se trata de la ceiba barrigona, en Colombia; Araucaria, en Chile; Palo morado, en México; Palo rosa, en Argentina; Copaibo, en Bolivia; Arrayán de Quito, en Ecuador; Shihuahuaco, en Perú; y Cocobolo de Panamá.



Palo morado es un árbol que sólo existe en ciertos rincones de México. Su corazón, el centro del tronco, posee intensas tonalidades púrpuras, lo que ha ocasionado que sea talado indiscriminadamente, al punto de estar en riesgo de desaparecer. Pese a todo, la Peltogyne mexicana se aferra a tener un mejor futuro. Investigadores coinciden en que un camino para ayudar a incrementar sus poblaciones es trasplantar las plántulas a viveros. Esa labor se tendría que hacer con programas de apoyo a las comunidades en los que también participen autoridades y científicos.


Para la botánica Cristina López Gallego uno debería ver, al menos una vez en su vida, una ceiba barrigona. Esta especie de árbol sólo crece en el Cañón del Chicamocha, en Colombia. La característica que más llama la atención es una parte de su tronco que se ensancha como si tuviera una enorme barriga. Para rodearlo hará falta cuatro o cinco personas tomadas de sus manos. La degradación del bosque seco tropical y el apetito de las cabras lo tienen al borde de la extinción. Un censo calcula que hay apenas unos 256 individuos. Frente a estas amenazas, han surgido varios esfuerzos para preservar la ceiba barrigona que han dado frutos. En 2015 fue declarada como “Árbol de Santander” y algunos grupos de investigadores han liderado proyectos para trasladar semillas del cañón a viveros.


La araucaria es un imponente árbol endémico de Chile y Argentina que ha sido testigo de la extinción de los dinosaurios, la colonización europea y los avances de la modernidad. Esta especie, considerada sagrada para el pueblo indígena mapuche, se encuentra en peligro de extinción. Las amenazas que enfrenta son los incendios, el cambio climático, el sobrepastoreo y la depredación de sus semillas por parte de especies introducidas. En algunos lugares se ve afectada por pinos exóticos invasores.


El copaibo es un árbol majestuoso que es considerado como una farmacia natural en el Bosque Seco Chiquitano de Bolivia. Es apreciado por aliviar diversas dolencias, por ser refugio para la vida silvestre y por su contribución en el funcionamiento de las fuentes hídricas. Pese a sus grandes virtudes, los incendios y el avance de la deforestación amenazan su existencia. En Santa Cruz, varias fundaciones trabajan con comunidades indígenas para impulsar planes sustentables de aprovechamiento del copaibo, como parte de una estrategia con dos fines: conservar las poblaciones del árbol y generar ingresos para las familias.


En el bosque atlántico, que cubre el norte de la provincia de Misiones, en Argentina, existe un gigante que asombra por su belleza. Se trata del palo rosa, un árbol que puede medir más de 30 metros y que impacta por la tonalidad rojiza que posee en el interior del tronco. Durante más de un siglo se le devastó para aprovechar su madera. Actualmente está en peligro de extinción. En la Reserva Forestal San Jorge, que cuenta con más de 16 000 hectáreas que limitan con el Parque Nacional Iguazú al norte y el Parque Provincial Urugua-í al sureste, han desarrollado acciones para enfrentar el problema de la lentitud reproductora del palo rosa.


En la Amazonía peruana crece el majestuoso shihuahuaco: mide casi 50 metros de altura. Para el pueblo de los ese eja es un árbol originario. Para algunas especies silvestres es fuente de alimento. El aprovechamiento sin control de su resistente madera ha provocado la disminución de sus poblaciones. Actualmente se encuentra en Peligro Crítico, la categoría de amenaza más grave de la UICN. En medio de este alarmante panorama, hay quienes se han convertido en los guardianes del shihuahuaco y le apuestan a ayudar a que el árbol milenario tenga futuro.


En Ecuador hay un árbol que destaca por su gran valor medicinal. Se trata del arrayán de Quito, una especie que puede medir 20 metros de altura y que es utilizado, entre otras cosas, para mantener en buen estado las encías. Lamentablemente, en el país está casi extinto en el medio silvestre, debido a la tala indiscriminada que sufrió desde la época colonial. En 2012 fue declarado como el árbol emblemático de la ciudad de Quito. Desde entonces, la especie Myrcianthes hallii tiene futuro en Ecuador, gracias a que forma parte del arbolado urbano.


En la selva de Panamá hay un gran árbol que resalta por poseer una madera densa, rojiza y brillante. Se trata del cocobolo. Lamentablemente, gran parte de su madera se exporta a China. Las comunidades indígenas de la reserva Arimae han unido esfuerzos para salvarlo de la extinción. Para lograrlo, han sembrado semillas de Dalbergia retusa en seis hectáreas de su territorio colectivo. Hoy ya tienen alrededor de 2500 árboles.


Lee aquí el especial Los árboles que no queremos perder
*Imagen principal: es en su adultez cuando la araucaria adopta su distintiva copa con forma de paraguas. Foto: Benjamín Valenzuela Wallis













