
- Reconocido por su extraordinaria biodiversidad, este territorio desértico alberga cientos de especies de flora y fauna, incluidas varias amenazadas.
- A través del lente del fotógrafo Sergio Müller, esta galería recorre uno de los territorios áridos más impresionantes y biodiversos del continente.
- Este ecosistema desértico de Sonora, reconocido por la UNESCO, enfrenta nuevas amenazas por el impacto del muro fronterizo entre México y Estados Unidos.
Cráteres gigantescos, dunas móviles que cambian constantemente de forma y un inmenso escudo volcánico forman parte de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, uno de los paisajes desérticos más impresionantes de México. Ubicada en el noroeste del país, principalmente en Sonora, esta área protegida resguarda un ecosistema único reconocido por su riqueza geológica y biológica.
Creada el 10 de junio de 1993, la reserva abarca más de 714 mil hectáreas y se extiende hasta regiones fronterizas de Baja California y el desierto de Arizona, en Estados Unidos.
Considerado el desierto con mayor diversidad biológica de América del Norte, El Pinacate y Gran Desierto de Altar alberga más de 540 especies de plantas vasculares, unas 200 especies de aves y decenas de mamíferos, reptiles, anfibios y peces. En este paisaje sobreviven especies endémicas, amenazadas y en peligro de extinción, además de humedales reconocidos internacionalmente como Sitio Ramsar. Las imágenes de esta galería fueron registradas por el fotógrafo y ambientalista sonorense Sergio Müller durante un recorrido realizado en 2019.
En 2025, la UNESCO advirtió sobre los impactos ambientales que el muro fronterizo entre México y Estados Unidos puede generar en la conectividad ecológica del desierto sonorense. El organismo informó que investigadores mantienen un monitoreo con cámaras trampa para evaluar cómo esta infraestructura podría alterar el desplazamiento de la fauna silvestre dentro y alrededor de la reserva.
Los cráteres y el escudo volcánico
El territorio abarca un escudo volcánico integrado por más de 500 conos cineríticos compuestos por la acumulación de ceniza y rocas expulsados durante las erupciones.



Vista aérea del Cerro Colorado, uno de los cráteres más llamativos, nombrado así por el tono rojizo que lo caracteriza. Y al costado: un campo de sahuaros jóvenes. Fotos: Sergio Müller
Las dunas



“Nos tomó tres días caminar más de 60 kilómetros, recorriendo los cráteres McDougal, El Trébol y el Rancho El Pozo Nuevo, que es surreal porque está en las orillas del campo de dunas”, reflexiona el fotógrafo Sergio Müller.
La fauna



Los hespéridos (Hesperiidae), familia de lepidópteros que incluye mariposas robustas y pequeñas también están presentes en la Reserva de la Biósfera de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar. Al costado: los cuervos (Corvus corax) que también son vistos en la zona. Fotos: Sergio Müller
La vegetación



Los ocotillos (Fouquieria splendens) son plantas endémicas del desierto. Tienen ramas grisáceas que, en primavera y verano, lucen pequeñas hojas verdes y flores de un rojo intenso. Al costado: Sahuaros (Carnegiea gigantea) y cardones (Pachycereus pringlei) también tienen una presencia importante entre las cactáceas de la Reserva. Fotos: Sergio Müller
Paisajes nocturnos



Una visita de la Reserva El Pinacate en horario nocturno garantiza un espectáculo visual. Al costado: La oscuridad del escudo volcánico contrasta con la vida de la Reserva. Fotos: Sergio Müller
Imagen principal: registro del paisaje y detalle de los ocotillos. Foto: Sergio Müller.






