La palkachupa pasó de ser considerada extinta a superar los 1900 ejemplares en Bolivia, mientras el pueblo leco trabaja para protegerla y recuperar su hábitat.
En Argentina, una comunidad que antes tenía loros pecho vinoso como mascotas ahora protege sus nidos y restaura el bosque atlántico donde vive la especie.
El pájaro brujo de Ecuador alcanzó en 2026 un récord de 57 volantones gracias a la restauración de su hábitat y a nuevas estrategias para proteger a sus crías de la mosca vampiro.
Tres aves que estuvieron al borde de desaparecer hoy vuelven a ocupar sus territorios en Bolivia, Argentina y Ecuador. Sus historias muestran cómo la conservación, la restauración de los bosques y el trabajo conjunto entre comunidades y científicos pueden cambiar el destino de especies amenazadas: la palkachupa pasó de unos 600 ejemplares a más de 1900 en Bolivia; el loro pecho vinoso comienza a recuperarse en la selva misionera; y el pájaro brujo de Santa Cruz alcanzó en 2026 su mayor número de volantones registrados.
En este reportaje fotográfico conocerás cómo se recuperan estas tres aves y las estrategias que científicos y comunidades han puesto en marcha para protegerlas.
La palkachupa escapa de la extinción en Bolivia
Después de ser considerada extinta y redescubierta en 2000, tras casi un siglo de no tener registros de avistamientos, la palkachupa vuelve a volar en Bolivia. Su población pasó de unos 600 ejemplares a más de 1900 gracias, en buena medida, al trabajo del pueblo indígena leco, que asumió la protección de esta especie como parte de su defensa del territorio. Durante décadas, la deforestación y la contaminación pusieron en riesgo a esta ave. Los lecos se convirtieron en sus guardianes y la incorporaron a su Plan de Vida, una herramienta de organización comunitaria que promueve su conservación.
En 2022, junto con la organización Armonía, pusieron en marcha el Programa Palkachupa, que creó 1888 hectáreas de Áreas de Protección Comunitaria y permitió reforestar más de 100 hectáreas con especies nativas que sirven de alimento para la especie. Ahora las palkachupas sobrevuelan áreas protegidascomo el Parque Nacional Madidi, uno de los territorios con mayor biodiversidad del país.
La palkachupa es una especie endémica de Bolivia que vive únicamente en el norte de La Paz. Foto: cortesía Teodoro Camacho
Los ancianos leco sostienen una imagen de la palkachupa. Foto: cortesía Armonía
Palkachupas en la comunidad leco Atén. Foto: cortesía Teodoro Camacho
Remmy Huanca junto a los plantines de árboles nativos que sirven de alimento para la palkachupa. Foto: cortesía Remmy Huanca
Una palkachupa empolla sus huevos en un árbol de la reserva. Foto: Mileniusz Spanowicz / Asociación Armonía
William Ferrufino observa unas palkachupas anidando en la reserva. Foto: Mileniusz Spanowicz / Asociación Armonía
Pichones de palkachupa en uno de los nidos dentro de la Reserva Palkachupa. Foto: Rodrigo Wilber Soria / Asociación Armonía
Entre agosto y marzo se lleva a cabo la temporada de reproducción de la palkachupa. Foto: Asociación Armonía
La comunidad de Atén, en el municipio de Apolo, La Paz, es el hogar de un estimado de 600 a 800 palkachupas. Foto: Steve Huggins / Asociación Armonía
El renacer del loro pecho vinoso en Argentina
El loro pecho vinoso estuvo al borde de la extinción en Argentina, pero un pequeño pueblo de la provincia de Misiones está ayudando a cambiar esa historia. En 2005 se contaron apenas 163 ejemplares de esta especie, que en el país habita únicamente en el bosque atlántico misionero. La situación era crítica: a nivel nacional fue categorizada En Peligro Crítico y, globalmente, En Peligro, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Dos décadas después, los censos muestran señales de recuperación gracias al trabajo conjunto entre científicos y habitantes de Tobuna, una localidad rodeada por la selva misionera. Allí, vecinos y biólogos protegen nidos y reforestan el bosque con pino paraná, fundamental para el refugio, la alimentación y la reproducción de estas aves.
En 2025 instalaron 50 nidos artificiales para reducir la competencia por los sitios de reproducción, mientras los pobladores se convirtieron en guardianes de los pichones. La relación de la comunidad con la especie también cambió: de tener loros como mascotas, pasaron a protegerlos. “El loro siempre vivió en estos bosques, pero empezamos a ver que estaba bajando la población por el mascotismo y los desmontes. Había que hacer algo”, señala Getulio González, productor local de maíz, tabaco y yerba mate. Ahora el loro pecho vinoso es parte de la identidad de Tobuna. Cada 13 de octubre, sus 120 familias celebran la Fiesta del Loro Pecho Vinoso con actividades deportivas, festivales artísticos y ferias gastronómicas.
Esta especie fue mascotizada históricamente. En las últimas dos décadas, la población de Tobuna la convirtió en un símbolo de identidad local. Foto: cortesía Carlos García - Aves Argentinas
Este loro presenta una coloración vinotinto en su pecho, de ahí su nombre. Se encuentra En Peligro Crítico en Argentina. Foto: cortesía Krissia Borja
Además de instalar las cajas nido en los pino paraná, el equipo de biólogos cubre con anillos los troncos para que predadores no afecten los nidos naturales del loro. Foto: cortesía Krissia Borja
El equipo de fútbol de Tobuna tiene al loro pecho vinoso en su escudo. Foto: archivo particular
El loro pecho vinoso habita en los árboles de pino paraná. Foto: cortesía Marc Estornell
El loro pecho vinoso sobrevive en la parte nororiental de la provincia de Misiones, cerca a la frontera con Brasil. Es el único lugar actual donde vive en Argentina. Ahí todavía hay árboles pino paraná donde hacen sus nidos y se alimentan. Foto: cortesía Proyecto Selva Pino Paraná
Varios vecinos se sumaron a la recuperación boscosa. En las últimas dos décadas más de 90 familias de la zona plantaron especies nativas en sus chacras con el proyecto Selva Pino Paraná. Aquí vemos una cañafistula que ya alcanza los 6 metros. Foto: cortesía Proyecto Selva Pino Paraná
La divulgación del trabajo de conservación también involucra a los niños de la zona. A partir de un Club de la Naturaleza los chicos participan en actividades para valorar la biodiversidad de la selva misionera. Foto: cortesía Aves Argentinas
Hay esperanza para el pájaro brujo en Ecuador
El pájaro brujo de Santa Cruz, en Galápagos, Ecuador, empieza a recuperarse después de años al borde de la desaparición. En la temporada reproductiva de 2026 nacieron 57 volantones, la cifra más alta registrada para esta población y un resultado que refleja más de una década de investigación y restauración. Este pequeño atrapamoscas endémico de Galápagos sufrió un fuerte declive por la pérdida de su hábitat y la expansión de la mosca vampiro, un parásito invasor cuyas larvas se alimentan de la sangre de los polluelos hasta causarles la muerte. Los datos muestran una tendencia alentadora: en 2024 se registraron 15 volantones, en 2025 fueron 39 y en 2026 la cifra llegó a 57. La población, además, pasó de unos 30 individuos en 2016 a cerca de 100 en la actualidad.
Los científicos encontraron que restaurar el bosque de Scalesia, el hábitat natural de la especie, era clave para su recuperación. Allí hay más insectos disponibles como alimento, las hembras pasan más tiempo incubando y los nidos tienen mayores probabilidades de producir polluelos. Los investigadores también desarrollaron una técnica de “autofumigación”: colocan plumas tratadas con insecticida cerca de los nidos para que las aves las incorporen durante su construcción y así proteger a sus crías de la mosca invasora.
Un experimento de restauración confirmó que recuperar el bosque de Scalesia, donde habita el pájaro brujo, mejora el éxito reproductivo. Foto: cortesía Alma Suarez / Fundación Charles Darwin
Un pájaro brujo juvenil, mostrando un pecho amarillento mezclado con los primeros tonos naranjas y escarlatas que revelan su madurez. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
El amenazado pájaro brujo de Santa Cruz, en Galápagos, un pequeño atrapamoscas insectívoro endémico del archipiélago. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
Mantener el refugio del pájaro brujo requiere largas jornadas diarias de restauración bajo condiciones adversas. Foto: Fundación Charles Darwin
El siguiente desafío para los investigadores es lograr que la especie ocupe nuevamente otras zonas de Santa Cruz e, incluso, recuperar poblaciones desaparecidas en otras islas del archipiélago. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
Dos hembras de pájaro brujo en los bosques de Scalesia. Foto: Einar Klum / Fundación Charles Darwin
Luego de una década de observación al pájaro brujo, los investigadores encontraron la solución para protegerlo. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
Actualmente, los investigadores colocan pequeños dispensadores de material tratado con insecticida cerca de los territorios reproductivos del pájaro brujo. Las hembras lo recogen y lo incorporan a sus nidos. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
Al inicio, el equipo combatió a la mosca vampiro aplicando insecticida directamente en la base de cada nido, subiendo a los árboles usando largas escaleras y tubos especiales con inyecciones. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
La temporada reproductiva de 2026 cerró con 57 volantones, la cifra más alta registrada para la población de Santa Cruz. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
Un experimento de restauración confirmó que recuperar el bosque de Scalesia, donde habita el pájaro brujo, mejora su éxito reproductivo. Foto: cortesía Alma Suarez / Fundación Charles Darwin
El pájaro brujo de Santa Cruz sobrevive en apenas unas 19 hectáreas de bosque de Scalesia. Foto: Einar Klum / Fundación Charles Darwin
El amenazado pájaro brujo de Santa Cruz, en Galápagos, un pequeño atrapamoscas insectívoro endémico del archipiélago. Foto: Mara Speece / Fundación Charles Darwin
El pájaro brujo está clasificado como Casi amenazado en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Foto: Cortesía Ilke Geladi
Pájaro brujo. Foto: Rashid Cruz / Fundación Charles Darwin
Pájaro brujo alimentándose (Pyrocephalus dubius). Foto: Michael Dvorak.
La población de la especie de ave conocida como Brujo ha sufrido una disminución en varias islas de Galápagos. Foto: David Anchundia de la Fundación Charles Darwin.
*Imagen principal: la temporada reproductiva de 2026 cerró con 57 volantones, la cifra más alta registrada para la población de Santa Cruz, Galápagos, Ecuador. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin