Entre 2000 y 2024, las cuatro cuencas de los ríos Beni (Bolivia), Caquetá (Colombia), Madre de Dios (Perú) y Caroní (Venezuela) perdieron cerca de 33 mil hectáreas de agua natural, un área equivalente a más de dos veces el Parque Nacional Natural Tayrona. Además, el análisis de 722 microcuencas en esos territorios encontró que el agua está bajo presión por la minería la ganadería, la deforestación, la presencia de hidroeléctricas y el cambio climático.
La paradoja es que aunque los mapas pueden mostrar más agua, la mayoría de estas “nuevas” fuentes de agua están ligadas a la minería legal e ilegal y no pueden ser usadas. De las microcuencas donde surgieron nuevas pozas mineras, 64 están en territorios indígenas.
Hablamos con Vanessa Romo, periodista de investigación en Mongabay Latam. Puedes leer la serie de reportajes aquí


