La perforación para extraer minerales en las profundidades del océano podría tener consecuencias inmensas para los diminutos animales que son el núcleo de la vasta red alimentaria marina, y, en última instancia, afectar los alimentos que encontramos en nuestros platos.
Así lo revela un estudio en el que investigadores de la Universidad de Hawai examinaron agua y desechos recolectados de una prueba de minería en aguas profundas en 2022.
La minería submarina no es una realidad lejana para América Latina. México, como lo ha reportado Mongabay Latam, se enfrenta a una compañía de Estados Unidos que busca extraer fósforo del mar en Baja California Sur.
¿Qué es la minería submarina o en aguas profundas?
La minería en aguas profundas implica perforar el fondo marino para obtener «nódulos polimetálicos» cargados de minerales críticos como cobre, hierro, zinc y otros.
Aunque aún no se ha comercializado, varios países estudian este tipo de operaciones ante la creciente demanda de estos minerales para vehículos eléctricos y otras piezas de la transición energética, así como para productos tecnológicos y militares.
¿Cuáles fueron los hallazgos del estudio?
Los investigadores estudiaron un área del océano Pacífico llamada la «zona crepuscular», a una profundidad entre 200 y 1500 metros. Sus hallazgos, publicados en la revista científica Nature Communications, muestran que los desechos de la minería submarina afectarían desde pequeños camarones de menos de dos milímetros hasta peces de cinco centímetros.
Esto se debe a que, después de que las empresas mineras lleven los nódulos ricos en minerales a la superficie, deben liberar el exceso de agua del mar, tierra del fondo oceánico y sedimentos de nuevo al océano. Eso crea una pluma turbia de partículas del mismo tamaño que las partículas de alimento que normalmente son consumidas por el zooplancton que nada a esa profundidad.
Es un poco más de la mitad del zooplancton en el océano. Si estos organismos consumen las partículas de desecho —lo que el autor principal del estudio, Brian Popp, describió como «comida chatarra»— entonces afectaría al 60 % de los organismos marinos, conocidos como micronekton, que se alimentan del zooplancton.
Estos diminutos organismos son, a su vez, fuente de alimento de peces de importancia comercial como el mahi mahi o el atún.
Popp dijo que podría no ser necesario excavar en el mar profundo, y en su lugar señaló fuentes alternativas de metales, como el reciclaje de baterías y dispositivos electrónicos, o tamizar los desechos y relaves de la minería.
Michael Dowd, otro autor del estudio, agregó: «Si muchas empresas extraen durante muchos años y producen mucho material, esto se va a extender por la región».
Imagen principal: mojarras nadan en el Parque Nacional de Porquerolles, una zona protegida en Francia. Foto: Agencia AP