La luz nocturna es un peligro para las aves migratorias y las tortugas marinas. Una nueva investigación sugiere que también podría representar riesgos para la salud humana.
El estudio revela que las plantas expuestas a la luz artificial nocturna (ALAN) producen polen durante un período prolongado, lo que constituye «un importante problema de salud pública», explica Andrew Richardson, ecólogo de la Universidad del Norte de Arizona, en email enviado a Mongabay. «Las alergias estacionales cuestan miles de millones de dólares en atención médica y alteran la vida de las personas sensibles», agrega.
Dos factores influyen en el momento en que las plantas comienzan a florecer y a producir polen: la temperatura y la luz. Si bien, la luz artificial no reemplaza a la luz solar en el caso de las plantas, lo que sí sucede es que «altera su ritmo circadiano y las confunde», comenta uno de los autores del estudio, Lin Meng, de la Universidad de Vanderbilt, en videollamada con Mongabay.
Para aislar los efectos de la iluminación nocturna, los investigadores utilizaron modelos para controlar variables como temperatura y precipitación. También analizaron datos del conteo de polen junto con observaciones satelitales de registros de temperatura y precipitaciones nocturnas. El estudio, realizado entre 2012 y 2023, se centró en el noreste de Estados Unidos, que incluye áreas urbanas como Nueva York, Boston y Filadelfia.
Los investigadores descubrieron que una mayor exposición a la luz artificial nocturna se asociaba con niveles más altos de polen en el aire y un mayor tiempo de polen en el ambiente, aproximadamente una o dos semanas más. Se sabe, además, que el cambio climático y el aumento de las temperaturas prolongan la temporada del polen.
Meng afirma que el estudio reveló que el impacto de la luz artificial nocturna es comparable, en magnitud, al del cambio climático. En conjunto, las temperaturas cálidas y la iluminación nocturna actúan como factores acumulativos, produciendo efectos mayores que cualquiera de los dos por separado.
Brian Enquist, ecólogo de la Universidad de Arizona, escribió en un email enviado a Mongabay que las plantas urbanas suelen ser ornamentales, tienen más acceso al agua y menos competencia por los recursos, factores que podrían influir en la producción de polen.
«Los trabajos futuros deberán desentrañar los efectos de la luz en la composición de las especies urbanas, la disponibilidad de agua y la estructura de los árboles», refiere Enquist y agrega que los ecosistemas urbanos influyen en el ritmo biológico de muchas maneras y que «la luz artificial podría formar parte de ese amplio conjunto de factores».
Meng afirma que el impacto de la contaminación lumínica en la salud pública es un punto ciego para los urbanistas. Por ello, planea compartir este estudio con actores urbanos para que «consideren el impacto de la contaminación lumínica en el polen al momento de construir ciudades».
Imagen principal: Central Park en Nueva York. Foto: Wil540 Art vía Wikimedia Commons