La expansión de las actividades humanas y la fragmentación de los ecosistemas están acercando a perros y gatos domésticos a los felinos silvestres de América Latina, facilitando la transmisión de enfermedades. A ello se suma, según expertos, la pérdida de hábitat, que viene creando una crisis silenciosa y poco estudiada. Por ejemplo, la leucemia y el sida felino ya circulan entre poblaciones silvestres y pueden ser mortales, a diferencia de lo que ocurre con las mascotas urbanas.