Para el pueblo Yoreme-Mayo, los mangles son árboles sagrados. Forman parte del Bawe Ania —el mundo del mar, donde habita el espíritu del agua—, un territorio vivo que sus ancestros habitaron y del que hoy aún se alimentan, gracias a sus ostiones, jaibas, camarones y peces. Por eso, cuando este pueblo indígena pescador, asentado en las costas de Sinaloa, en el noroeste de México, supo que una empresa había comenzado a talarlos en la Bahía de Ohuira para construir una planta de amoníaco, se organizaron para frenar el proyecto.
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Imagen principal: Mujeres Yoreme-Mayo durante un conti junto a la Bahía de Ohuira. Se trata de una procesión religiosa y ritual que se realiza durante la Semana Santa y la Cuaresma. Foto: cortesía Luis Brito
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