Ser pescador es casi un destino heredado en la sangre. “Uno nace en el charco”, dice entre risas Vanesa Inzunza, hija de una familia que ha vivido del mar por generaciones. Se recuerda a los cinco años, a bordo de una panga movida a remo, junto a su padre y sus hermanos, rumbo a alguna playa solitaria de Altata, en Sinaloa, al noroeste de México. Pasaban varios días allí, recolectando almejas hasta llenar sus cubetas y sacos. Eran otros tiempos. Hoy, con los bivalvos cada vez más escasos, un solo día basta para ir y volver en una panga con motor.
Lee la historia completa aquí
Imagen principal: Yorjana Pérez, integrante de Lobas del Manglar, una cooperativa de mujeres pescadoras de bivalvos en Sinaloa, México. Foto: cortesía Carlos Aguilera
Transcripción
Aviso: Las transcripciones son generadas automáticamente y ligeramente editadas para garantizar su precisión. Pueden presentar errores.No hay transcripción disponible.





