En las playas del Caribe mexicano, el sargazo se ha convertido en un problema ambiental, pero también de salud para quienes lo retiran del mar. Los trabajadores que lo recogen a mano pasan horas expuestos al sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico que se libera cuando el alga se descompone.
Un estudio científico registró que los sargaceros respiraron concentraciones por encima del límite legal durante casi la mitad del tiempo de su jornada, con picos de hasta más de 50 veces lo permitido.
El impacto también se refleja en sus cuerpos: quemaduras, infecciones en la piel, dolores de cabeza, fatiga, mareos y dificultad para respirar.
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