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Cumbre Climática de Copenhague: Hugo Chávez es un mensajero ambiental inapropiado

Posteado originalmente en su versión en inglés el 17 de diciembre de 2009


Nos agrade o no, una cosa es segura: el rimbombante Hugo Chávez nunca se aleja de los reflectores. Por ello causó sorpresa leer algunos comunicados de prensa que insinuaban que el líder venezolano podría no asistir a la Cumbre Climática de Naciones Unidas que se lleva a cabo en Copenhague, Dinamarca. «Si voy a ir a perder el tiempo, mejor no voy», declaró. «Si los [países] grandes ya arreglaron todo, entonces olvídenlo».



Sin embargo, Chávez dejó entrever que podría cambiar de opinión si las naciones de la coalición ALBA alcanzan una postura común de cara la cumbre de Copenhague. La ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), una iniciativa que está diseñada para facilitar el comercio y la reciprocidad entre los regímenes progresistas de Latinoamérica, ha abordado a últimas fechas el tema de la justicia climática. Hace dos meses, el presidente boliviano y aliado de ALBA Evo Morales llamó a la creación de un tribunal de justicia climática. Morales se pronunció para que el Norte Global indemnice a las naciones pobres por los estragos causados por el cambio climático.



Durante una conferencia de la ALBA llevada a cabo en la ciudad boliviana de Cochabamba, algunos grupos de la sociedad civil entablaron casos de justicia climática y ambiental contra diversos objetivos, que iban desde grandes corporativos hasta gobiernos. El tribunal de Cochabamba se las arregló para anotarse algunos puntos polémicos, donde los jueces simbólicos hacían acres acusaciones contra el Norte Global que, en sus propias palabras comparte la «responsabilidad histórica» por la emisión de la mayor parte de los gases de invernadero del planeta durante los últimos 250 años. El sistema capitalista, continuó la alianza, contribuyó al cambio climático al impedir una respuesta ambiental rápida y efectiva.





Oleoducto en la selva amazónica de Ecuador

Después de las deliberaciones en Cochabamba, los juristas entregaron sus conclusiones a Morales, quien a su vez las comunicó a sus contrapartes de ALBA. Secundando el llamado de Morales, los líderes de la alianza manifestaron que apoyarían la creación de un tribunal internacional sobre justicia climática, el cual presumiblemente buscaría obligar a las naciones ricas a pagar por los «daños» ocasionados por su alto consumo de combustibles fósiles.



Cochabamba sentó las bases para la realización de otra cumbre de la ALBA, esta vez celebrada en La Habana. Al hablar frente a sus colegas, Chávez señaló que después de mucho pensarlo había cambiado de parecer y volaría a Copenhague. Según Chávez, los líderes del ALBA ahora hablan «con una sola voz» y sostendrán una cumbre ambiental paralela en Copenhague que se llevara a cabo el jueves y viernes.



Chávez y los países del ALBA han adoptado una posición combativa sobre el cambio climático y han declarado que el Norte Global debiera pagar una «deuda climática» a los países pobres. En Copenhague, Chávez argumentará que el mundo debe desechar el modelo capitalista y adoptar el socialismo para poder salvar el ambiente.



Al llamar a tomar acciones más enérgicas sobre el cambio climático, Chávez hace eco de los sentimientos de muchos de sus compatriotas. El partido del presidente, el Partido Socialista Unido de Venezuela, está preocupado por la escasez de agua en las represas del país, particularmente aquellas que son utilizadas para generar electricidad. Los funcionarios mencionan que la sequía ha impactado negativamente los requerimientos eléctricos del país y ha dañado al sector agropecuario.



Profundizando, Venezuela sostiene que los países del norte industrializado son los mayores responsables históricos del cambio climático y por lo tanto, deben ser los primeros en tomar acciones. «Estamos operando sobre la base de responsabilidades compartidas pero diferenciadas», sostuvo Sergio Rodríguez, ministro de administración y regulación ambiental. «Si yo soy un gran emisor de gases de invernadero, mi responsabilidad es distinta a la de alguien que no los emite o que recién empieza a hacerlo», agregó el funcionario. «Estados Unidos es el país que históricamente ha emitido la mayor cantidad de CO2 hacia la atmosfera. ¿Cómo es posible que este país rescate a sus bancos y armadoras de automóviles y luego se voltee y diga que no tiene recursos para enfrentar el cambio climático?», recalcó.



Claudia Salerno, directora de la Oficina de Cooperación Internacional del Ministerio del Ambiente de Venezuela, ha criticado ciertas limitantes estructurales de la Cumbre de Copenhague. Señala que las reuniones se realizan a puerta cerrada, sin acceso a la prensa y los observadores internacionales. «Se ocultan sin dejar que el mundo se entere… pero los ojos del planeta están sobre ellos. Dejen que las discusiones sean más abiertas y dejen que la prensa ingrese a las discusiones para que el mundo sepa que es lo que ocurre ahí», declaró.



Los líderes de ALBA y Chávez dieron justo en el blanco con sus críticas sobre el Norte Global. Dado que carecen de poder político y económico en la escena mundial, los países latinoamericanos han tratado de convertir el cambio climático en un asunto moral y por tanto culpan a los países ricos para que hagan lo correcto. Es la única carta que les queda a los líderes del tercer mundo y la están jugando muy bien.



Sin embargo, detrás de los titulares noticiosos la situación es más complicada de lo que Chávez sugiere. Para empezar, es un poco perverso, y eso es decir lo menos, que uno de los principales productores de petróleo del mundo como lo es Venezuela, se encuentre liderando la acometida retorica contra el calentamiento global. Además, en sus esfuerzos por cultivar alianzas estratégicas con sus aliados políticos de Sudamérica, Chávez ha buscado desarrollar proyectos inútiles y costosos que lo único que lograran será complicar nuestro acertijo sobre el cambio climático



Tomemos por ejemplo el apoyo de Chávez hacia la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA), que ha sido promovida por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Corporativo de Desarrollo Andino, entre otras entidades financieras. La IIRSA es una iniciativa continental que busca integrar y sincronizar las obras de infraestructura estratégica que faciliten la explotación de los recursos naturales, como parte de un proyecto integral que busca articular diversos sectores económicos tales como el de transportes, portuario, comunicaciones y energético



Desde una perspectiva ambiental y social, la IIRSA es una pesadilla. Es un esquema que no está diseñado para facilitar la integración de los pueblos sino que ayuda a que se fusione el capital transnacional con las economías sudamericanas dentro del mercado global, respondiendo a la lógica del modelo de desarrollo extractivo. Desafortunadamente, muchos de los gobiernos autonombrados progresistas, de la región, se han apresurado a respaldar la iniciativa, en lugar de repudiarla. [Para leer más al respecto, véanse mis columnas más recientes sobre Ecuador y Brasil en el contexto de de la cumbre climática de Copenhague]



Si Chávez está preocupado por el cambio climático, entonces debería desistir en su apoyo a la IIRSA tal como está actualmente concebida. Como lo señalo en mi libro próximo a publicarse, No Rain in the Amazon: How South America’s Climate Change Affects the Entire Planet [No Llueve En La Amazonía: Como Es Que El Cambio Climático En Sudamérica Afecta Al Planeta Entero], la deforestación amazónica se ha convertido en un componente global del dilema del calentamiento global. Pero de acuerdo al grupo ambientalista Conservation International, el IIRSA podría destruir gran parte de la selva en la amazonia.



Según las investigaciones de este grupo, las obras de infraestructura y las carreteras de la IIRSA podrían intensificar la agricultura, la tala y el cambio climático, lo que a su vez podría devastar la jungla para el 2050. La IIRSA podría convertirse en una «tormenta perfecta de destrucción ambiental», a menos que los legisladores adopten medidas para explotar los recursos de la región de manera más sustentable.



A la luz de los acontecimientos recientes, resulta irónico que Chávez arremeta contra el capitalismo y sus efectos ambientales. En el occidental estado venezolano de Zulia, el gobierno trata de construir infraestructura portuaria y carbonífera en una región que durante mucho tiempo ha resistido la presión de la tala, la ganadería y la minería.



La agencia de desarrollo estatal Corpozulia, junto a compañías mineras privadas, ha promovido la extracción de carbón en el área. Las minas de carbón han desplazado a miles de personas y han provocado la producción de polvos cargados de metales pesados asociados con el cáncer pulmonar. Chávez ha sido un gran impulsor del aumento en la producción de carbón. Si este es el socialismo diseñado para salvar al planeta de los estragos del capitalismo, realmente no está funcionado.



Sobra decir que los proyectos carboníferos se han negociado a puerta cerrada, sin la participación de las comunidades locales. Peor aún, las tribus indígenas afirman que delincuentes armados ligados a las fuerzas armadas venezolanas y a los ganaderos locales asesinaron a un anciano de la tribu Yupka. Los sujetos descendieron sobre la villa de Chaktapa donde derribaron y golpearon brutalmente al hombre.



La agencia noticiosa Inter Press, que no se caracteriza precisamente por ser de ala conservadora, dio a conocer la historia. Según el reportero Humberto Márquez «detrás del conflicto está el robo sistemático de los territorios ancestrales de las tribus Yupka, Barí y Wayuu, actualmente por parte de los ganaderos y en el futuro para la extracción de carbón, fosfatos y otros minerales». Lusbi Portillo, cabeza del grupo ambiental Homo et Natura, con sede en Zulia, ha estado al frente de la lucha Yupka para la defensa de los derechos indígenas ancestrales en contra de Corpozulia y los proyectos megalómanos ligados a IIRSA. Portillo y los indígenas desean que el gobierno cancele de forma permanente las concesiones mineras en tierras indígenas.



En su programa de televisión ¡Aló, Presidente!, Chávez condenó la muerte del anciano y prometió apoyar a los indígenas en contra de los propietarios de la tierra. Aún así, las fuerzas de seguridad acordonaron las comunidades Yupka en un intento por restringir el acceso. Cuando algunos estudiantes trataron de romper el cerco para llevar comida, insumos y medicinas a los indígenas, las tropas dispararon tiros al aire y dispersaron a la multitud con gas lacrimógeno. Al hablar con Inter Press, Portillo remarcó que una facción del ejército simpatizaba con Chávez mientras que la otra estaba coludida con las fuerzas paramilitares.



Cualquiera que sea la verdad, el gobierno de Chávez no salió limpio de este caso. Según Portillo, las autoridades locales del Instituto Nacional de Tierras están coludidas con Corpozulia, los ganaderos y el ala represiva del ejército. En respuesta a sus fuertes críticas al IIRSA, Portillo ha recibido amenazas de muerte. Recientemente, fue forzado a esconderse cuando se enteró que la policía iba a emitir una orden de aprensión en su contra, por cargos de «posesión de drogas».



Durante mucho tiempo, los países ricos han estado evadiendo su responsabilidad y demorando sus acciones contra el cambio climático. En Copenhague, Latinoamérica necesita un portavoz de sus demandas. Sin embargo, Chávez, quién está demasiado enredado en el modelo de desarrollo extractivo de la IIRSA, no es un mensajero apropiado para transmitir las quejas ambientales del Sur Global.

Nikolas Kozloff es autor del libro No Rain in the Amazon: How South America’s Climate Change Affects the Entire Planet, próximo a aparecer (Palgrave Macmillan, abril de 2010) y Revolution! South America and the Rise of the New Left (Palgrave-Macmillan, 2008). Visite su página web senorchichero.