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Cada vez son más las especies amazónicas —y en mayor cantidad— que se ofrecen a la venta al otro lado del planeta dentro del comercio de mascotas exóticas del Sudeste Asiático, según reporta la colaboradora Gloria Dickie para Mongabay.
En los últimos dos años, Scott Roberton, director del programa contra el tráfico de vida silvestre de la organización estadounidense Wildlife Conservation Society, ha observado un incremento en la llegada de especies latinoamericanas a los mercados tailandeses. Allí, hacinadas en recintos reducidos junto a animales domésticos, se pueden encontrar ejemplares de titíes, monos capuchinos, capibaras, tortugas matamata y peces amazónicos poco comunes.
Esta cadena de suministro puede originarse en lo más profundo de la selva y suele confluir en centros neurálgicos como Iquitos, en Perú, informa Dickie. Desde Colombia, Brasil y países vecinos, los animales capturados de manera ilegal son transportados por los ríos amazónicos hacia territorio peruano, donde la corrupción y el tráfico ilegal —apoyados en el uso de documentación fraudulenta— permiten blanquear especímenes extraídos de su hábitat natural para hacerlos pasar como ejemplares criados en cautiverio aptos para el comercio legal.
Para llegar a los mercados asiáticos, los animales procedentes de Sudamérica deben soportar extenuantes vuelos con múltiples escalas que superan las 25 horas. Este comercio se ve impulsado, además, por las redes sociales que conectan a compradores y vendedores a escala global, de acuerdo con Neil D’Cruze, investigador de vida silvestre.
“El puesto del mercado es en realidad solo la parte visible de una cadena de suministro mucho más larga”, explicó D’Cruze. “Y, cada vez más, esa cadena de suministro física se cruza con un mercado digital global capaz de conectar a vendedores y compradores separados por miles de millas”.
Roberto Vieto, asesor de bienestar animal de la organización World Animal Protection, afirmó que este comercio inflige dolor y sufrimiento a los animales, y advirtió que muchos de ellos mueren durante el trayecto debido al confinamiento y al estrés extremo.
Aunque se desconoce cuántos animales perecen durante el traslado, un informe de la Unión Europea sobre tráfico de fauna silvestre determinó que el 70 % de los animales silvestres muere dentro de las seis semanas posteriores a su captura.
En el mercado Chatuchak de Bangkok, las condiciones de hacinamiento, el calor sofocante y la cercanía a los puestos de comida elevan los riesgos de bioseguridad y el contagio de enfermedades zoonóticas. Pese a las críticas internacionales y a un incendio ocurrido en 2024 que provocó la muerte de más de 1000 animales, las operaciones en este tipo de mercados continúan.
El artículo original fue publicado en Mongabay. Puedes revisarlo aquí.
Imagen principal: una compradora camina por el mercado Chatuchak con un mapache como mascota. Foto: cortesía de Gloria Dickie.