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Equipos de científicos están clonando y propagando valiosos árboles frutales silvestres para salvaguardar la biodiversidad y el sustento de millones de personas ante el acelerado retroceso de los bosques secos en el sur y el centro de África.
Investigadores de la organización internacional Landscape Alliance centran sus esfuerzos en especies clave como el níspero silvestre (Uapaca kirkiana), conocido en Zimbabue como muzhanje o mashuku, y el naranjo de mono corchoso (Strychnos cocculoides).
La urgencia de estas iniciativas responde a una alarmante pérdida de masa forestal. Un estudio reciente reveló que, entre 2000 y 2023, la ecorregión del miombo perdió más de 500 000 kilómetros cuadrados de cobertura boscosa en ocho países —Angola, Burundi, el sureste de la República Democrática del Congo, Malaui, Mozambique, Tanzania, Zambia y Zimbabue—, lo que equivale a cerca del 22 % de su superficie forestal.
Entre las naciones más perjudicadas figuran Malaui y Zimbabue, con pérdidas aproximadas de 17 700 y 47 000 kilómetros cuadrados, respectivamente.
A la deforestación a gran escala se suma la presión directa de madereros clandestinos que talan estos frutales para abastecer hornos de ladrillos o producir carbón vegetal. En Zimbabue, varios árboles clonados hace más de 20 años en el banco de germoplasma de la localidad de Domboshava fueron arrasados.
Isaac Nyoka, representante de Landscape Alliance para el sur de África, describió el dilema: “como su negocio es el carbón vegetal, cada vez que ven un árbol, ven carbón vegetal. Por eso, son intereses diferentes que no parecen coincidir”.
Una investigación de Brian Nduw, científico de la Universidad de Mzuzu en Malaui, determinó que en la reserva forestal de Kaning’ina los nísperos silvestres soportan una intensa tala ilegal por su cercanía urbana, además de dificultades para regenerarse debido a congregaciones religiosas que despejan el suelo para sus cultos.
Nduw recalcó la urgencia de domesticar estos árboles y otras especies nativas desatendidas, entre ellas la marula (Sclerocarya birrea), la ciruela mobola (Parinari curatellifolia) y el baobab (Adansonia digitata).
Para viabilizar su cultivo a nivel comunitario, los especialistas sortean un gran obstáculo biológico: aunque el níspero germina con facilidad, tarda unos 17 años en fructificar desde la semilla. Mediante técnicas de injerto y acodo aéreo aplicadas desde 2003 en bancos de germoplasma de Malaui, Zimbabue, Zambia y Tanzania, los expertos han reducido esta espera a solo cuatro o cinco años.
En diciembre, unos 200 agricultores malauíes recibirán 800 vástagos para injertarlos en patrones locales, consolidando una estrategia de conservación que aspira a convertir árboles silvestres amenazados en huertos altamente productivos.
El artículo original fue publicado en inglés por Ryan Truscott en Mongabay. Puedes revisarlo aquí.
*Imagen principal: la Christine Tapiwa junto al tronco de un árbol de níspero silvestre talado en 2024 en Zimbabwe que ha vuelto a brotar. Foto: cortesía de Landscape Alliance