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El máximo viaje en bicicleta: la selva amazónica

An interview with Doug Gunzelmann.


Tal como todas las carreteras comerciales de las selvas, la Rodovia Transamazonica (la transamazónica en español), que mide 5,300 kilómetros, ha traído dos cosas: la gente y la destrucción medioambiental. Exponiendo antiguas zonas remotas amazónicas al desarrollo legal e ilegal, granjeros, leñadores, y mineros han abierto caminos por la selva, los que ahora se ven fácilmente desde los satélites. Sin embargo, la carretera ha traído poco prosperidad: mucha gente de allí se halla lejos de la infraestructura y lleva una vida empobrecida, consiguiendo solamente lo justo para sobrevivir en esta tierra salvaje y aislada. Este sitio no atrae ni siquiera a los aventureros más intrépidos, pero en 2009 Doug Gunzelmann no solo recorrió la Transamazónica en su totalidad, sino lo hizo en bicicleta. Gunzelmann, un aventurero autoproclamado, decidió atravesar la Transamazónica en bicicleta para comprobar su resistencia en una carretera que muy poco gente ha logrado completar. No obstante, a Gunzelmann no se trataba solo de la descarga de adrenalina, también le interesaban profundamente los asuntos medioambientales relacionados con la Transamazónica. Lo que encontró no se trataba de una historia de buenos y malos, sino solamente de humanos – y la Amazonia sí misma – que intentaban sobrevivir en un mundo complejo y confuso.


‘Hoy en día se resulta muy difícil ser el primero o el más rápido en cualquier desafío, pero me encontré con la oportunidad de ser parte del grupo muy pequeño que ha completado la ruta en bicicleta,’ explicó Gunzelmann hace poco en una entrevista con mongabay.com, y agregó que ‘también la dificultad presentado por este viaje me atrajo’. No existen premios a diario, el único premio es en seguir adelante. Quizás explica la falta de interés en recorrer esa carretera en bicicleta. Quería emprender un viaje agotador.»



Gunzelmann montando en bicicleta la Transamazónica. Foto propiedad de Doug Gunzelmann.

Y así fue: Gunzelmann se enfrentó con miles de millas de carretera por selvas calurosas, cerros interminables, y luego tuvo que cruzar los Andes para llegar a su destino final en Lima, Perú. Gunzelmann afirma que, durante su viaje vio las pruebas de la destrucción medioambiental por todas partes.


‘Cada día oía el zumbido de las sierras de cadena. Parcelas de tierra carbonizadas bordearon todo el largo de la carretera, que esta lindada con fazenda o ranchos ganaderos, 100-200 metros en cada lado antes de que se vea la selva exuberante. Por el camino me encontré con mineros y vi barrios de chabolas enormes y minas de tajo abierta en Perú. […] Esta abiertamente ilegal, pero no hay nadie para imponer estas leyes.’


Según Gunzelmann, la región padece de tres asuntos principales a cerca del medio ambiente: la deforestación, los grandes proyectos hidráulicos, incluyendo el dique tristemente célebre de Belo Monte, y la Transamazónica si-mismo que ha dejado abierto la región a un desarrollo poco controlado.


‘Es irrefutable que las carreteras traen destrucción, pero, ¿cómo se puede cumplir con el derecho brasileño a la competencia y asegurar que no se destruya la Amazonia al mismo tiempo?’


Durante su viaje Gunzelmann meditaba mucho sobre esta pregunta. Rápidamente se dio cuenta de que la gente que participaba directamente en la destrucción medioambiental no fueran ‘los malos’ que a menudo eran dibujado, sino simplemente estaba intentando sobrevivir.


‘La gente que conocía y que vía cazando furtivamente y deforestando era buena gente y me trataba bien, hasta a veces salvándome de desastre potencial. Algunas dieron todo, hasta su propia camiseta, aunque tuvieron tan poco de ofrecer. Mantenían a sus necesidades y las de los suyos. Las opciones alternativas fueren, por lo general, bastante limitadas’, dijo Gunzelmann. ‘No se debe vilipendiar más a esta gente que a cualquier ciudadano del mundo desarrollado, cuyo impacto ambiental probablemente sea mucho más severo con el tiempo.’



. Construyendo un acampamiento en la selva. Foto propiedad de Doug Gunzelmann.

Sin embargo, el problema aún no se resuelva: ¿cómo puede el Brasil sacar al pueblo de la pobreza al mismo tiempo que proteger la selva, que ofrece beneficios intrínsecos de la secuestración de carbono, biodiversidad y agua limpia?


Ahora me doy cuenta de lo entrelazadas que somos todos en la comunidad global. No podemos pedir al Brasil que deje de destruir la selva sin pedirnos a nosotros que dejemos de consumar y crear una demanda para estos productos’, explica Gunzelmann. ‘El Brasil compite en el mercado global para el bien de su pueblo. Los estados unidos han hecho lo mismo; se trasformaron en una superpotencia económica a la vez que causaban estragos al nivel mundial durante el proceso. Tenemos que darnos cuenta de que la calidad de vida de que disfrutamos puede resultar directamente de esa actitud acerca del medio ambiente. Si quiere un juego de dormitorio de caoba, piense en que se abrirá una carretera por la selva para talar solo uno de los árboles para cumplir con sus exigencias. ¿Quién es el más culpable, la empresa maderera, el pobre obrero que tala el árbol, o usted?’


Aunque no haya una repuesta fácil ni simple, Gunzelmann sugiere mirar hacia el pasado para encontrar una solución.


‘Los investigadores han descubierto que en la antigüedad la cuenca amazónica abastecía a una población enorme sin destruir a la selva. Desde mi punto de vista, la imaginación es la única cosa que limita las posibilidades. Lo más problemático es encontrar el tiempo y las ganas.’


Gunzelmann cree que su viaje por América del sur le ha otorgado el derecho de descansar un poco. Está investigando las opciones para su próxima aventura en bicicleta, (una pista: ‘es más remota, en condiciones peores y al extremo opuesto a la temperatura’ de la Transamazónica.)



En una entrevista en Octubre, Doug Gunzelmann habló con mongabay.com sobre sus aventuras en la Transamazónica (incluyendo un roce con un jaguar), sus experiencias con leñadores y granjeros, el desafió en el Brasil de encontrar un equilibrio entre el desarrollo y la protección de la selva, y porque la sobrevivencia de las Amazonas depende de las tendencias de consumo occidentales.