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¿Pierde Indonesia las principales ventajas?

Lo siguiente es la versión original de un editorial, titulada, Will Indonesia lose the next oil palm?, que apareció en el periódico Jakarta Post.



Indonesian rainforest in Borneo
Selva de Indonesia. Foto de Rhett Butler, Marzo 2011



En lo profundo de la selva de la parte malasia de Borneo al final de 1980s, hubo un descubrimiento increíble: la corteza de una especie de árbol en la turbera produjo un extracto con una fuerte actividad anti-VIH. Pero, cuando los investigadores volvieron al sitio para recoger más materiales recibieron un golpe duro porque el árbol y su promesa habían desaparecido.



La desaparición provocó una rebatiña frenética para encontrar especímenes similares. Finalmente, se halló un árbol, que había sido recogido hace ya 100 años, en el jardín botánico de Singapur. Las investigaciones subsiguientes revelaron que su compuesto bio-activo, canaloide A, podría ser muy efectivo en el tratamiento de SIDA. Una droga anti-VIH basada en el compuesto saldrá muy pronto en ensayos clínicos. Es posible que esta droga valga cientos de millones de dólares al año y ayude a mejorar la vida de millones de personas.



Deforestación en Kalimantan Occidental en la parte indonesia de Borneo

Para Indonesia esta historia es importante porque en sus bosques hay una especie similar. En realidad, es probable que sus bosques contienen muchas más especies de valor potencial, aunque de aquellas conocemos muy poco. Tomando en cuenta la riqueza biológica del país – tiene más especies de flora y fauna que cualquier otro del mundo – ¿no debe ser que los diseñadores de políticas y los empresarios prioriza la protección y el conocimiento de la selva, la turbera, las montañas, los arrecifes de coral y los ecosistemas manglar en lugar de convertirlos en mercadería? ¿Porque no puede ser los indonesios que descubren el valor de estos tesoros naturales y empresas indonesias que los convierten en productos comerciales?



Después de todo, la singularidad de Indonesia no viene de las minas de carbón ni las plantaciones de acacia y tampoco las fincas de aceite de palma, sino de su biodiversidad y su patrimonio cultural, y los dos son irreemplazables. Esto es aun importante ya que la riqueza ecológica y la riqueza cultural están las dos desapareciendo rápidamente, víctimas de un modelo occidental de desarrollo que favorece sobre todo a las élites locales e los intereses extranjeros mientras atropella al manejo tradicional de recursos y la gente que se gana la vida gracias a estas tradiciones. Claro que se puede hacer dinero fácil por la conversión de un bosque de 1,00 años en culto comercial, pero ¿cuáles son los beneficios en el largo plazo? ¿Qué pasaría con el precio de aceite de palma si el Brasil levara al cabo su plan de crear más de 5 millones de hectáreas de plantaciones de aceite de palma fuera de terreno forestal? ¿Discriminarían los mercados más exclusivos contra la producción de este aceite cuando está ligada al conflicto social y la degradación del medio ambiente?



La deforestación en Sumatra y Kalimantan

Los mercados ya están cambiando. Está cada vez más claro que las empresas occidentales y brasileñas con contacto directamente con sus consumadores no quieren asociarse con el conflicto social ni la deforestación. Estos ya pueden dañar gravemente las reputaciones de empresas en el mundo del gran negocio. Por ejemplo, PT SMART, el fabricante más grande de aceite de palma en Indonesia, perdió decenas de millones de ganancias de Unilever, Kraft y Nestle después de ser asociada con la destrucción y la conversión de turbera. Desde entonces, la empresa ha adoptado una nueva política forestal, una de las más fuertes del país, que prohíbe la conversión de la turbera y la selva y exige consentimiento libre, previo e informado del pueblo.



Estos cambios están ocurriendo en otros países también. Recientemente en el Brasil, ganaderos y fabricantes de soja – los que causan la gran mayoría de la deforestación en la Amazonia brasileña – pusieron en práctica unas medidas preventivas en repuesta a las quejas de unos de sus más grandes clientes. La industria brasileña de ganadería – la más grande del mundo – acabó de rodillas prácticamente en una noche ante Walmart, Nike y Adidas quien declararon que no querían que su cuero y ternera sean manchados por asociación con la deforestación o los abusos de trabajadores. No es de extrañar que en el Brasil la economía haya crecido al mismo tiempo que una reducción en la explotación forestal– desde el año 2004, la tasa anual de la deforestación en los Amazonas ha caído por 80% mientras que su PNB per cápita ha surgido por casi el 40%.



La deforestación en Kalimantan Occidental, en la parte indonesia de Borneo

Además, los gobiernos están empezando a promulgar legislación que sigue estas tendencias del sector privado. Recientemente, los EEUU y Europa han aprobado enmiendas a la Ley de Lacey y FLEG-T, respectivamente, en una campaña contra los productos de madera de fuentes ilícitas. Estas regulaciones no tratan de imponer nuevas restricciones a tala de la madera en naciones tropicales; solamente hacen a empresas norteamericanas y europeas responsable de acatar la legislación en los países de producción. Entonces, si la madera ha sido talada de manera ilegal en Indonesia resulta ilegal venderla en los EEUU.



A pesar de estas tendencias, el gobierno indonesio ha tardado en delimitar su moratoria en nuevas concesiones forestales. ¿Qué les retrasa? Francamente, los intereses creados, que han siempre aprovechado del sistema que los favorece a costa de la mayoría de la población, están luchando en contra los cambios. Algunos de ellos apoyan la moratoria de boquilla pero a puerta cerrada siguen trabajando para mantener el estatus quo. En algunos casos han llegado hasta contratar a consultores extranjeros, como al Alan Oxley de World Growth International, para inventar informes dudosos para defender un modelo de desarrollo occidental, o sea no indonesio, fundado en la extracción insostenible de recursos en lugar de la generación de ingresos gubernamentales o la mejora de la vida del pueblo indonesio.



Hemos leído las afirmaciones: la aplicación de la moratoria costará 3,5 millones de puestos de trabajo por año y condenará a aun más gente a la pobreza. Pero, eche un vistazo más de cerca a los datos… El sector forestal indonesio no crea 3,5 millones de puestos por año, ni por asomo. En el año 2010, la economía indonesia en su totalidad generó 2,5 millones de puestos de trabajo y el sector de productos forestales y plantaciones solamente representa menos que el 6% de la economía, según los datos gubernamentales. En todo caso, con la maduración y la modernización de la economía indonesia, la silvicultura seguirá perdiendo su papel como estímulo de crecimiento y los servicios y el conocimiento, en lugar de la mercadería, surgirán como las impulsoras principales. Además, la moratoria propone aumentar productividad existente y restablecer producción en terreno degradado, en lugar de abandonar el crecimiento económico.







Una aerofoto de Papúa Occidental, en la parte indonesia de Nueva Guinea. Fotos de Rhett Butler en Augusto 2010.

La comisión de
La Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación (REDD+), que ofrece beneficios monetarios a los gobiernos y pueblos indonesios cuando reduzcan emisiones, por evitar el perdido de aun más bosque y turbera, no está perfecto, pero representa la oportunidad de dejar atrás un modelo que denigra a la cultura y la biodiversidad el país. Ofrece la oportunidad de celebra todo lo que contribuye a la singularidad del país, al mismo tiempo que mejorar la calidad de vida de todo su habitantes. Una mejora en la administración de los recursos forestales – a través de más dirección del vecindario y la rehabilitación de terreno – ayudará a Indonesia de aprovechar de los nuevos mercados de servicios ecológicos, de los cuales el de carbón solo es el primero. Las empresas indonesias son capaces de conducir la transición: las que demuestran una administración enfocada en el Medio Ambiente y que tienen buenas relaciones con los pueblos – en lugar de las que alardean de tener las costas más baja de producción – están a punto de convertirse en líderes globales.



Finalmente, no olvidemos todo lo que ofrece a Indonesia la Madre Tierra. Según la economía de los ecosistemas y de la biodiversidad, una iniciativa de investigación apoyado por la Unión Europea, casi 100 millones de indonesios depende de los servicios ecológicos para la comida, el aire limpio, el agua, el alojamiento y el combustible. Los servicios ecológicos representan el 2% del PNB en Indonesia – un por ciento más grande que el sector de silvicultura en su totalidad – y el 75% del PNB en las zonas rurales y pobres del país – y son una herramienta más grande para el alivio de la pobreza que la agricultura de plantaciones y la explotación forestal en su conjunto.



La biodiversidad en si misma también tiene su valor. Recuerde que el aceite de palma es un producto de la biodiversidad de la selva – proviene de los bosques tropicales de la África occidental. ¿Pero sea que la persistencia de la deforestación destruye el próximo aceite de palma o la próxima droga anti-VIH antes de haber sido descubiertos?



¿Abandonará Indonesia todo lo que la hace tan especial – su rico patrimonio cultural y biodiversidad – para reproducir los errores del modelo occidental?, o ¿formará parte del desarrollo de un nuevo modelo global que combinar la prosperidad con la sostenibilidad?



Depende de los indonesios decidir.