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Por el Día de la Tierra, 17 científicos laureados hablan de la forma de hacer un mundo mejor

Observations of planet Earth from the Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer (MODIS) on July 11, 2005. Photo by: NASA.
Imagen del planeta Tierra obtenida del Espectroradiómetro para imágenes de resolución moderada (MODIS, por sus siglas en inglés) el 11 de julio de 2005. Foto por: NASA.


Diecisiete científicos de primer nivel y cuatro aclamadas organizaciones de conservación hacen un llamado a acciones radicales para crear un mundo mejor para esta generación y para las futuras. Compilado por 21 personas que ganaron el prestigioso premio Planeta Azul, un nuevo artículo recomienda soluciones para algunos de los problemas más acuciantes del mundo, entre los que se cuentan el cambio climático, la pobreza y la extinción en masa. El artículo, titulado Environment and Development Challenges: The Imperative to Act [Desafíos ambientales y de desarrollo: el imperativo de actuar], fue presentado hace poco en una reunión del consejo de administración del Programa de NN.UU. para el Medio Ambiente en Nairobi, Kenia.



El premio Planeta Azul se otorga por «logros destacados en investigación científica y su aplicación que ayudan a brindar soluciones a problemas ecológicos mundiales»; algunos lo llaman el premio Nobel del Ambiente. Entre quienes ganaron el premio están luminarias como el ambientalista James Lovelock, el biólogo Paul Ehrlich, el físico Amory Lovins, el economista Nicholas Stern y el climatólogo James Hansen, todos los cuales contribuyeron al informe.


«El sistema actual está arruinado,» dijo el climatólogo Bob Watson, ganador del Planeta Azul en 2010 y promotor del informe. «Está conduciendo a la humanidad a un futuro con una temperatura de entre tres y cinco grados mayor a la que ha experimentado nuestra especie y está eliminando la ecología de la que dependemos para mantener nuestra salud, riqueza y sentido de identidad. No podemos asumir que los ajustes tecnológicos se darán al mismo ritmo. Más bien, necesitamos soluciones humanas. La buena noticia es que hay soluciones pero los gobernantes deben ser firmes y pensar con perspectiva para aplicarlas.»




Muchachos en la República del Congo. Foto por: Nancy Butler.

El ambicioso artículo llega apenas unos cuantos meses después de la » Conferencia Río+20: El futuro que queremos,» una reunión mundial sobre el medio ambiente 20 años después de la notable Cumbre de Río. Sin embargo, las expectativas de acción real en la cumbre Río+20 fueron ahogadas por la publicación de un borrador de acuerdo al que le falta garra y que, según los críticos, vuelve a permitir que las naciones hagan compromisos vagos que impiden una acción real.



Por su parte, los laureados por Planeta Azul convocan al mundo a reducir con rapidez las emisiones de gas de efecto invernadero, cambiar PIB (producto interno bruto) por una medida más holística del bienestar nacional, disociar el consumo de la destrucción del ambiente, dejar de subsidiar combustibles fósiles y prácticas agrícolas ecológicamente destructivas, poner un valor de mercado a la biodiversidad y a los servicios del ecosistema, trabajar con los movimientos de base para crear acciones de abajo a arriba y, por último, abordar la cuestión de la sobrepoblación.



«Si vamos a lograr nuestro sueño, ahora es el momento de actuar, dada la inercia en el sistema socioeconómico y considerando que los efectos adversos del cambio climático y la pérdida de la biodiversidad son irreversibles o necesitan siglos para revertirse,» escriben los autores.



Al declarar que «el sistema está arruinado y que nuestro camino actual no hará realidad [el sueño de un mundo mejor], los autores señalan que «la civilización enfrenta una tormenta sin igual de problemas acarreados por la sobrepoblación, el sobreconsumo que hacen los ricos, el uso de tecnologías ecológicamente malignas y las marcadas desigualdades.» Según los científicos y ambientalistas, el peligroso «mito» de que «las economías físicas pueden crecer eternamente» empeora la situación.



Una nueva economía para un nuevo milenio



La actual economía mundial debe volver a forjarse, de modelo de crecimiento a modelo sostenible que tome en cuenta la naturaleza, arguyen los científicos.



«Como la mayoría de los bienes y servicios que hoy se vende no cargan todos los costos ambientales y sociales de producción y consumo, necesitamos consensuar las metodologías a usar para ponerles precio apropiado,» escriben los científicos.



Muchos de los recursos naturales del mundo son finitos (minerales, combustibles fósiles y agua) y los que son renovables (bosques, peces y alimento) se agotan fácilmente, debido al mal manejo, o pueden ser destruidos del todo. Dado esto, según el informe, los economistas necesitan redefinir el capital en cuestión para reflejar un capital basado en la naturaleza y apoyado en lo humano.



«Los gobiernos deben reconocer las serias limitaciones de PIB como medida de la actividad económica, y complementarlo con mediciones de cinco formas de capital, construido, financiero, natural, humano y social, esto es, una medida de la riqueza que integre aspectos económicos, ambientales y sociales,» argumenta el artículo. Los científicos admiten que la transición probará ser difícil, mas es necesaria.




Niña en Egipto. Foto por: Rhett A. Butler.

«Urge romper el vínculo entre producción y consumo, por un lado, y destrucción ecológica, por el otro. Esto nos permitiría arriesgar los estándares materiales de vida por un período en el que podríamos remediar la pobreza mundial. Eventualmente será insostenible el crecimiento material indefinido en un planeta con recursos naturales finitos,» escriben.



Aún así, aunque dicha acción requiere ir dejando ciertas industrias y prácticas económicas, otras industrias verdes irán llenando los vacíos para brindar trabajo y estabilidad.



«Al ponerle costes a las externalidades ambientales se abrirían nuevas oportunidades de crecimiento verde y empleos verdes,» escriben los investigadores, y agregan que «el uso eficiente de los recursos (por ejemplo, energía o agua) ahorra dinero a empresas y hogares. El valorar y crear mercados para los servicios de los ecosistemas brindaría nuevas oportunidades económicas. Una economía verde será fuente de empleo e innovación en el futuro.»



¿Qué es lo que se interpone en el camino de dicha transición? El informe advierte que las actuales alianzas entre gobiernos y grandes corporaciones está minando la capacidad de la sociedad de cambiar las prácticas de siempre.



«La naturaleza internacional de mucho del sector corporativo que usa los recursos naturales significa que inclusive los gobiernos de los países que son sus sedes poco pueden influir sobre sus acciones y decisiones,» escriben, agregando que la continua dependencia de los combustibles fósiles «subraya muchos de los problemas que hoy encaramos.»



Para tener éxito, los gobiernos deben ser transformados en todas sus dependencias, contienden los investigadores.



«En lo local, las audiencias públicas y el control social pueden poner las voces de los grupos marginados en la palestra. En lo nacional, la supervisión del parlamento y la prensa son claves. En lo mundial, tenemos que encontrar mejores mecanismos para llegar a acuerdos e implementar medidas para lograr metas colectivas.»



Sin embargo, aunque todas las partes interesadas deben participar, los científicos argumentan que los movimientos de base, el activismo de abajo hacia arriba y los programas locales están llamados a ejercer mayor presión.



«Se necesita que las acciones de base se multipliquen, aunando los enfoques de arriba a abajo y de abajo a arriba para lidiar con estos problemas.»



La crisis del clima



Para lidiar con el cambio climático en el mundo, el artículo recomienda una estrategia dual de aumentar drásticamente la eficiencia de la energía mientras se despliega la energía renovable y la captura masiva de carbono.



«En general, los países en desarrollo de las áreas tropicales del mundo son los que más pueden beneficiarse de las tecnologías de energía solar […] En países industrializados que consumen mucha energía per cápita, las medidas de eficiencia energética podrían ser bastante efectivas,» según escriben los autores. Añaden que los países en desarrollo «podrían progresar económicamente adoptando, al inicio de su trayectoria de crecimiento, tecnologías de energía eficiente, en lugar de adoptar tecnologías obsoletas que generan problemas que luego tendrán que arreglar.»



Anotan que hasta 2050 la energía limpia puede dar 75 por ciento de la energía en muchas partes del mundo y 90 por ciento en los trópicos.



«La principal tarea es crecer a escala, reducir costos e integrar energías renovables en los futuros sistemas de energía. Si se las desarrolla con cuidado, las energías renovables brindan muchos beneficios, entre otros a la seguridad energética, a la salud humana, al ambiente y a la mitigación del cambio climático,» se lee en el artículo.




Nino dani sobre los hombres de su madre en la Nueva Guinea de Indonesia. Foto por: Rhett A. Butler.

En lo que concierne a la captura y al almacenamiento de carbono, los autores todavía guardan esperanzas pese a varias dificultades: «la principal tarea es reducir costos y mejorar velozmente la tecnología,» y añaden que «un sinnúmero de proyectos pilotos alrededor del mundo demostrarán, esperamos, su viabilidad.»



Aun cuando los científicos reconocen que es necesario adaptarse a los efectos del cambio climático, apuntan que «la estrategia más efectiva de adaptación es la mitigación, para así limitar la magnitud del cambio climático.»



Resulta interesante que los investigadores anoten que uno puede suscribirse a la posición de negar el cambio climático y aún así ver los grandes beneficios de la energía limpia.



«Una transición a una economía de poco carbono tiene sentido y produce dinero, por muchas otras razones contundentes [más allá de mitigar el cambio climático]. China, por ejemplo, encabeza las revoluciones mundiales en eficiencia y energía limpia, no para atenerse a tratados y convenciones internacionales sino para acelerar su propio desarrollo y mejorar la salud pública y la seguridad nacional,» escriben los autores.



La vida en la Tierra



La rauda reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero es la solución general al cambio climático, pero el evitar que la vida se extinga en la Tierra es un asunto menos concreto.



«La biodiversidad—la variedad de genes, poblaciones, especies, comunidades, ecosistemas y procesos ecológicos que conforman la vida en la Tierra—apuntala los servicios de los ecosistemas, sostiene a la humanidad, es fundacional a la resiliencia de la vida en la Tierra y es parte integral del tejido de todas las culturas del mundo,» escriben los autores del artículo. Agregan que la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas también afianzan la economía mundial, pese a que nuestro actual modelo económico no les ha prestado atención alguna.



«Los beneficios de los ecosistemas al bienestar humano fueron otorgados gratuitamente a lo largo de la historia, y la demanda por ellos aumenta. Aun cuando sea difícil medir el valor económico de los servicios de los ecosistemas en el mundo, es casi seguro que iguala o excede el conjunto del producto interno bruto mundial, y los beneficios de los ecosistemas suelen pesar más que los costos de su conservación,» escriben los científicos.



Sugieren que el mundo en desarrollo se apresure en dejar «el método de explotación de recursos del desarrollo convencional para adoptar el método de enriquecimiento de recursos del desarrollo sostenible». En la actualidad, el desarrollo en los países más pobres suele involucrar grandes proyectos industriales que dejan enormes huellas ecológicas: la minería, la tala, las represas, la explotación de combustible fósil, la construcción de carreteras, etc.



«El valor de los servicios de los ecosistemas y el capital natural deben incorporarse a la contabilidad nacional y a los procesos de toma de decisiones en todos los sectores de la sociedad; el acceso a los beneficios de los ecosistemas y los costos de conservar los ecosistemas deben compartirse equitativamente; y la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas deben verse como el componente más importante del desarrollo de la economía verde,» escriben los científicos.




Muchacho en bote mokoro en Botswana. Foto por: Tiffany Roufs.

Según el artículo, la pérdida de los servicios de los ecosistemas no tardará en sacudir la economía mundial al ritmo de $500 mil millones anuales. Considerando esto, los científicos hacen un llamado a todos los países a adoptar un «sistema nacional de contabilidad inclusiva de riqueza, que contenga la contabilidad de los servicios de ecosistemas importados y exportados, para mejorar los enfoques en el desarrollo de mercados de servicios de ecosistemas.»



Los autores también anotan que las batallas ganadas a la extinción en masa y al cambio climático pueden ir de la mano porque lo que ayuda a la biodiversidad tiende a mitigar el calentamiento global y viceversa. Por ejemplo, los científicos respaldan el programa REDD+ (Reducción de emisiones de deforestación y degradación) que propone pagar a las naciones tropicales para que mantengan sus bosques en pie.



Otro tema que subyace al resto es la sobrepoblación. La dramática explosión de la población en el último siglo coloca una creciente tensión sobre la biodiversidad, los recursos naturales, la producción de alimentos y el clima. Si se apunta a la sobrepoblación con mecanismos que no sean draconianos u obligatorios, se podría brindar una multitud de beneficios a la sociedad, además de aminorar nuestro efecto general sobre el ambiente.



«Se debería tratar con urgencia el tema de la sobrepoblación empoderando y educando a las mujeres; incluyéndolas en la fuerza laboral y en los derechos, en la propiedad y en la herencia; mejorando la educación; brindando atención a la salud a la niñez y a la gente de mayor edad; y haciendo que la contracepción sea de acceso universal,» escriben los científicos.



Los galardonados de Planeta Azul arguyen que las naciones deben dejar de ver los temas ambientales como si estuvieran desligados, como si fuesen problemas independientes, pues, por ejemplo, si protegen ecosistemas como los de los bosques, mitigarán los cambios climáticos, facilitarán la adaptación al clima y preservarán la biodiversidad, amén de muchos otros beneficios.



«Un enfoque exhaustivo e integrado en ecosistemas es una ‘herramienta’ poderosa para identificar, analizar y resolver problemas ecológicos complicados, en lugar de enfoques poco sistemáticos que no funcionan para problemas ecológicos multifacéticos,» concluyen los investigadores.


Un mundo mejor



El informe no atenúa la escala de los problemas que encaran las sociedades hoy en día ni el gran esfuerzo que tomará transformar la economía mundial; sin embargo, dicen que el futuro será mucho peor si no se toma decisiones con rapidez y determinación.




Niña en Madagascar. Foto por: Rhett A. Butler.

«Ante una urgencia sin precedentes, la sociedad no tiene más opción que tomar una acción dramática para evitar un colapso de la civilización,» escriben los científicos. «O cambiamos nuestras prácticas y construimos una sociedad mundial completamente nueva o el cambio se lo hará a nombre nuestro.»



Al final del túnel, empero, hay un mundo mejor.



«Tenemos un sueño—un mundo sin pobreza—un mundo equitativo—un mundo que respeta los derechos humanos—un mundo en el que el comportamiento es cada vez mas ético para con la pobreza y los recursos naturales—un mundo que sea ambiental, social y económicamente sostenible; en donde desafíos como el cambio climático, la pérdida de la diversidad y la inequidad social han sido acertadamente abordados.»