Noticias ambientales

El número de vaquitas cayó por debajo de las cien. Los agentes mexicanos encargados de la nueva área protegida dispararon a un pescador


A fisherman hauls up a critically endangered vaquita porpoise accidentally entangled in his net in 2008. Entanglement in fishing gear threatens the species with extinction. Photo credit: Omar Vidal. 
Un pescador arrastra una vaquita —cuya especie está en peligro crítico de extinción— que se enredó accidentalmente en la red (año 2008). El enredo en las artes de pesca amenaza con la extinción de la especie. Foto: Omar Vidal.



La vaquita marina, con menos de cien individuos vivos y en rápido descenso, está a un paso de la extinción. En abril, el Gobierno mexicano, a quien los científicos alertaron que la población de esta marsopa había sufrido hacía poco la mayor disminución en toda su historia, anunció una prohibición, con carácter de urgente, de pescar con redes de enmalle por dos años en todo el hábitat principal de la vaquita en el Alto Golfo de California. Una carrera frenética por pescar otra especie en grave peligro de extinción, la totoaba, está detrás de la caída en picada del número de marsopas.

La críticamente amenazada vaquita (Phocoena sinus) se encuentra entre los mamíferos en mayor peligro de extinción del mundo. Es el cetáceo más pequeño del planeta (mide menos de 1.5 m de largo y no pasa de los 55 Kg) y ocupa el rango menor. Casi toda la población vive en 3900 km2 en la parte más septentrional del golfo de California —una región donde la pesca es el sustento económico—. No pocas veces los animales se revelan ante los ojos humanos solo cuando son arrastrados muertos después de quedar atrapados en las redes de enmalle. Durante años se han considerado las artes de pesca las mayores amenazas para la supervivencia de la marsopa.



Foto excepcional de una vaquita viva tomada en 2008. Foto: Thomas A. Jefferson/NOAA Fisheries.

Para proteger la vaquita, el Gobierno mexicano prohibió en 1993 la pesca con redes de enmalle en una pequeña área cerca de la desembocadura del río Colorado y en 2005 creó una zona de refugio adicional para la vaquita. Luego en 2008, diseñó un plan completo de acción para la conservación de las especies que prometía apoyo al desarrollo de artes de pesca alternativas, un mayor cumplimiento de las prohibiciones de las redes de enmalle y compensación, compra de permisos de pesca y capacitación para los pescadores.

No obstante, el cumplimiento fue laxo y entre 2011 y 2013, los científicos documentaron inquietantes reducciones de la población en el orden del 18.5 % anual. Lorenzo Rojas-Bracho —coordinador del programa nacional mexicano de Investigación y Conservación de Mamíferos Marinos— y Barbara Taylor —directora del Marine Mammal Genetics Group perteneciente al Southwest Fisheries Science Center de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de La Jolla (California)— son los dos científicos que dirigieron el estudio sobre la vaquita. Según ellos, en julio de 2014, cuando se había hecho la estimación más reciente, toda la especie había disminuido a poco menos de cien animales.

Sin embargo, en la actualidad, la información del monitoreo acústico sugiere que durante el año pasado ocurrió una reducción aún más acusada de la población, de acuerdo con lo que dijeron Rojas-Bracho y Taylor a mongabay.com. Ambos prefirieron no decir cuántas vaquitas creen que quedan vivas hasta que no hayan terminado en este otoño con los sondeos en las embarcaciones, pero Taylor dijo que el número era sin duda «mucho menos que cien».

«Estamos muy preocupados», respondió Taylor.

El comercio ilegal de pescado provoca la reducción de vaquitas

Los dos científicos atribuyen la marcada disminución, en gran medida, a lo que Rojas-Bracho denominó una «fiebre por la pesca de totoabas». El Gobierno mexicano prohibió en 1975 todo tipo de pesca de totoabas (Totoaba macdonaldi), pero la pesca ilegal persiste. Las vejigas natatorias del pez, en peligro crítico de extinción, son apreciadas en China, según parece por ser un prestigioso regalo —con un supuesto valor médico— que se da en los círculos empresariales. En México, los precios de las vejigas, hasta el año pasado, llegaban a los 8500 dólares por kg, aunque han bajado desde entonces al todavía espectacular precio de 5000 dólares por kg, según dijo Rojas-Bracho.



En esta foto no fechada se pueden ver una vaquita y una totoaba atrapadas en la misma red de pesca. Foto: NOAA Fisheries.

«Todo el mundo pescaba donde quería, por lo que esto es una mala noticia para el tamaño de la población de la vaquita», comentó, y agregó que una propietaria de varias pangas informó que no pudo conseguir a nadie que trabajara durante la lucrativa temporada de camarones porque todos estaban ocupados con la pesca ilegal de totoabas.

De acuerdo con un informe publicado esta semana por el grupo conservacionista Greenpeace, las vejigas son contrabandeadas normalmente desde México a Estados Unidos y desde allí a Hong Kong y a China continental. El informe describe la reciente investigación del grupo sobre el comercio de la totoaba en Hong Kong y resalta la facilidad con la que los contrabandistas trasladan las vejigas de las totoabas a través de las fronteras mexicanas, estadounidenses y chinas y la falta de cumplimiento, en especial, por parte de las aduanas de Hong Kong. Mientras que la investigación documentó precios que alcanzaban los 31 000 dólares por una pieza de vejiga de totoaba que pesaba menos de 370 gramos, también encontró que los precios habían disminuido el año pasado debido al aumento de los suministros provenientes de la pesca en el hábitat de la vaquita.


Un comerciante de Hong Kong les mostró a los investigadores de Greenpeace en abril de 2015 esta pieza deshidratada de vejiga natatoria de totoaba. La pieza pesa 359 gramos y estaba a la venta a un precio de 240 000 dólares de Hong Kong, alrededor de 31 000 dólares estadounidenses. Foto: Greenpeace.



La prohibición total de la pesca con redes de enmalle impuesta por México llega después de décadas de exhortaciones por parte de científicos y conservacionistas. Esta cubre 13 000 km2 del norte del golfo de California, aproximadamente dos tercios de lo que ahora, por primera vez, está protegido y hay indicios de que el Gobierno mexicano tiene la intención de que se cumpla.

Taylor dijo que antes, el arresto de los pescadores ilegales lo llevaban a cabo de manera conjunta los guardaparques con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) —quienes no tienen autoridad para hacer cumplir el reglamento de pesca— y los agentes con la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA) —quienes sí la tienen—. Esto ha contribuido a crear un clima de confusión y a un cumplimiento inefectivo.

Además, los pescadores informaron que eran comunes los sobornos por parte de los oficiales controladores, y la llegada de armas y drogas ha hecho que el área sea peligrosa en extremo para los oficiales. «Si te encargas de hacer cumplir la ley y te acercas a una panga con una pila de redes, no sabes con qué te encontrarás», comentó Taylor. «Ha sido un área algo aterradora y sin ley durante algún tiempo».

Cumplimiento reforzado de las áreas protegidas

Hoy día, la Secretaría de Marina de México está a cargo de un equipo de agencias federales —el Ejército, la Policía Federal y el fiscal general de la República, así como también PROFEPA y CONAPESCA— cuya tarea es la de hacer cumplir la nueva prohibición.

Rojas-Bracho dijo que la gente simplemente confía más en la Marina para que se haga cumplir la ley y que muchos pescadores reciben con agrado las nuevas medidas.

«Por supuesto que hay pescadores que obtienen una impresionante cantidad de dinero proveniente de actividades ilegales a los que no les gustará tener que cumplir con la regulación —dijo Taylor—, pero hay muchos otros que aceptan el cumplimiento porque ven los problemas sociales que estas actividades causan en sus propios pueblos y hacen hincapié en que no quieren ser tildados como los responsables de provocar la extinción de una especie —o dos, la totoaba y la vaquita—».

El periódico local El Sol de Toluca informó. que pocos días después de que la prohibición de redes de enmalle entrara en vigor, la Marina Armada y la PROFEPA utilizaron una nueva embarcación rápida Defender para detener a dos personas que estaban pescando en el área protegida y que tenían a bordo un ejemplar de totoaba. Luego, a principios de este mes, los militares marinos abrieron fuego contra dos ocupantes de una panga que pescaban totoabas en la zona protegida, después de que estos se dieran a la fuga y se rehusaran a parar, informó La Voz de la Frontera. Uno de los pescadores resultó herido de un disparo, por lo que fue llevado a un puesto de sanidad del sector naval del puerto de San Felipe para recibir tratamiento.


En esta foto no fechada, cuatro vaquitas encontradas muertas en redes de enmalle son exhibidas en una playa mexicana. Foto: Alejandro Robles.


«Es lamentable. No es algo de lo que estemos contentos, pero la pesca ilegal ha sido una costumbre en esa área y de cierto modo, aunque sea triste, esto es una clara señal para la comunidad de que las cosas están cambiando», comentó Rojas-Bracho y agregó que resta por ver cuán graves son las penalizaciones para estos pescadores.

Según noticias periodísticas, para reforzar el cumplimiento, el Gobierno está probando drones con el propósito de localizar a los pescadores ilegales. Además, el grupo conservacionista Sea Shepherd anunció un acuerdo con agencias gubernamentales mexicanas para dejar un velero en el área protegida que ayudará con la vigilancia.

Un camino incierto hacia la recuperación

Incluso si la prohibición de dos años resulta efectiva, llevará mucho más tiempo la recuperación a niveles estables de la población de la vaquita. «Puedes tener un descenso de la población del 50 % en un año, pero aunque a la vaquita le vaya muy bien, lo más rápido que puede aumentar es en un 4 % anual», dijo Taylor.

«En México, por definición, las vedas de emergencia para la pesca solo pueden durar dos años, pero se está considerando una veda permanente», continuó. Las nuevas medidas también incluyen compensación y capacitación para los pescadores y dinero para la elaboración de artes de pesca alternativas seguras para las vaquitas. Ya se han producido nuevas artes para la lucrativa pesca de camarones de la región, de la cual el 80 % se exporta a los Estados Unidos. Rojas-Bracho dijo que todavía hay que mejorar el equipo de pesca para camarones y que el arte para peces debe ser ahora creada desde cero.

«México debería conseguir bastante crédito para promulgar las nuevas medidas si se tiene en cuenta que las redes de enmalle enredan y matan cientos de miles de marsopas y delfines en todo el mundo cada año, lo que se ha convertido en un difícil problema», contó Taylor. «México ha dado un gran paso al ser el primer ejemplo de… un gobierno que está dispuesto a decir “De acuerdo. Nos vamos a encargar de este problema”», dijo. «Así que mis felicitaciones para ellos».

Al tiempo que elogió el accionar del Gobierno mexicano, Greenpeace dijo en un comunicado de prensa que la prohibición temporal de las redes de enmalle solucionaría solo una parte del problema. «Las iniciativas del Gobierno mexicano son positivas, pero no bastan. El valor elevado de la totoaba en el mercado negro y el hecho de que el crimen organizado esté involucrado en la pesca y el tráfico hace que la pelea contra la pesca ilegal sea mucho más complicada», dijo Silvia Díaz, responsable del programa de Océanos de Greenpeace México, en el comunicado. «Los Gobiernos estadounidense y chino también deben adoptar medidas firmes para eliminar de manera permanente el tráfico y el consumo de totoabas».


En esta pintura de Barbara Taylor (de la NOAA), una vaquita madre y su cría nadan en las afueras de San Felipe, México, en días más felices. Taylor codirige el estudio científico de la especie. Crédito: Barbara Taylor.


Sin embargo, Rojas-Bracho y Taylor no están listos para apostar en contra de la vaquita. Ellos señalaron el ejemplo de los elefantes marinos del norte (Mirounga angustirostris), cuyo número a principios del siglo XX estaba por debajo de los cien, pero al comenzar México a proteger el último refugio de estos animales, tuvieron una fuerte recuperación y ahora el número es de al menos doscientos mil individuos que se pueden encontrar hasta en regiones tan septentrionales como Alaska.

En cuanto a la vaquita, Taylor dijo: «Ellas tienen, creo, todo el potencial para recuperarse, pero por supuesto cuanto más disminuye la población, más alto es el riesgo».