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La embajadora estadounidense se reafirma en su compromiso por la controvertida base aérea de Okinawa, un duro revés para el amenazado dugongo


A dugong in Egypt. The species, a relative of the manatee, faces threats across its wide range, which includes 48 countries. Photo credit: Matthijs.Dugongo en Egipto. Esta especie, familia del manatí, se enfrenta a una serie de amenazas por todos sus territorios, que incluyen 48 países. Foto por: Matthijs.

Okinawa, jurisdicción de Japón, cuenta con un largo historial de presencia militar estadounidense en sus islas tropicales. Esta presencia no ha sido siempre totalmente bienvenida. Un largo plan por recolocar la gran base aérea Futenma desde la zona urbanizada de la isla al noreste a un punto costero en la Bahía de Henoko, con menor población al norte, ha desatado la ira de muchos lugareños, del gobierno local y numerosas ONG. Se afirma que el desarrollo del proyecto, aún en fases preliminares, provocará un daño ambiental catastrófico y determinará en la región el destino del emblemático dugongo (Dugong dugon), un esquivo y tranquilo herbívoro, primo del manatí.

Tras anunciar que la embajadora estadounidense Caroline Kennedy iba a reunirse con Takeshi Onaga, gobernador de Okinawa elegido el pasado noviembre en una plataforma en contra del proyecto de EE UU, se creó cierta esperanza por un anhelado avance por frenar esta situación.

No obstante, la esperanza pasó a frustración. En una declaración emitida por la embajada de Estados Unidos en Tokio tras la reunión del 19 de junio, Kennedy se reafirmó en que la localización de Henoko es la “única solución” para la nueva base aérea de Marine Corps por lo que a EE UU respecta. Por su parte, Onaga sostiene que la embajadora no ha respondido a la petición de la jurisdicción del gobierno para llevar a cabo una investigación medioambiental en las aguas próximas a Henoko, actualmente controladas por la armada estadounidense.


Gobernador de Okinawa, Takeshi Onaga, dirigiéndose a cerca de 35 000 protestantes por la construcción de una nueva base aérea en la ciudad de Naha el 17 de mayo de 2015. Onaga fue elegido en una plataforma anti-base aérea el pasado noviembre. Foto por: ©Greenpeace / Kayo Sawaguchi.


“Estamos muy disgustados con la embajadora estadounidense por no haber escuchado a la creciente oposición en Okinawa, Japón y en todo el mundo”, dijo Yuki Sekimoto, director de comunicaciones de Greenpeace Japón, tras la reunión. Greenpeace es uno de los grupos que han estado haciendo campaña durante años en contra de la base, organizando grandes protestas formadas por miles de manifestantes en piraguas bajando al Campamento Base militar Schwab cerca del lugar del proyecto. Antes de la reunión, el grupo presentó una petición de más de 53 000 firmas solicitando a EE UU parar la construcción.

Se llevan creando líneas de batalla desde que EE UU anunciara el plan de trasladar la instalación en 1997. Respaldado por el actual Primer Ministro administrativo japonés Shinzo Abe, los Estados Unidos llevan tiempo manteniendo que la Bahía de Henoko es el único sitio viable para la localización de la nueva base aérea.

Las numerosas críticas al proyecto afirman que no se ha realizado ningún sondeo apropiado sobre el impacto medioambiental y que la construcción destruirá arrecifes de corales y dos de los mayores lechos de algas marinas que sirven como el único alimento hasta ahora conocido para la menguante población de dugongos.


Protestantes en la ciudad de Naha de Okinawa portando pancartas en oposición a la construcción de una nueva base aérea estadounidense el 17 de mayo de 2015. La base supondría una amenaza crítica para el dugongo y los residentes locales se oponen a ello totalmente. Foto por: Greenpeace Japan.


Las aguas tropicales alrededor de las islas de Okinawa y Ryukus representan la mayor parte de la especie más septentrional. Las estimaciones del número de dugongos que quedan en el área han bajado de 50 siendo optimistas (cifra registrada en 1997 y que nadie piensa que sea muy precisa) a unos dos o tres.

Hideki Yoshikawa es el director internacional de la campaña Salvar al Dugongo y antropólogo que imparte clases en la Universidad de Meio y en la Universidad de Ryukus en Okinawa. En una declaración a mongabay.com, contaba que aunque hay otras regiones con lechos de algas marinas, no hay registro de ningún dugongo alimentándose en ellos.

Como consecuencia, afirma que el área indicada para la base es de vital importancia —para los dugongos así como para la vida marina en general. “La región de la bahía de Henoko y Oura es una de las áreas con mayor riqueza y más biodiversa en Okinawa, con más de 5300 especies marinas que incluyen unas 260 de ellas en peligro de extinción”, declaraba. Este área debería ser declarada como reserva natural de conservación y no como un área para una base y entrenamiento militar”.

A pesar de que el Ministerio japonés de Medio Ambiente declara al dugongo en peligro crítico de extinción y en peligro por el Servicio estadounidense de Vida Salvaje y Marina, las críticas a la base declaran que sus preocupaciones, protestas y numerosas acciones legales han ido a dar contra un muro de piedra por los gobiernos de Japón y Estados Unidos.


Piragüistas reunidos contra la construcción de una nueva base aérea estadounidense en Okinawa en agosto de 2014. Foto por: ©Greenpeace / Kayo Sawaguchi.


El problema local de los dugongos en Okinawa refleja una serie de presiones globales en todo el mundo. Aunque se sabe que la especie se extiende por unos 48 países y unos 140 000 kilómetros de línea costera, las poblaciones de dugongos se encuentran extremadamente fragmentadas y muchas de ellas, como la de Japón, a punto de extinguirse. Las amenazas son, por ejemplo, destrucción del hábitat, caza y contaminación marina. Los números de una población cerca del archipiélago de Andaman y Nicobar en el Océano Índico han bajado, según consta, más de un 50 por ciento en los últimos 50 años, de acuerdo a la declaración de un estudio.

Ellen Hines, profesora de geografía en la Universidad de San Francisco, es experta en dugongos y en las algas marinas de las que se alimentan. Ella asistió a la primera campaña para salvar la población de Okinawa cuando se realizó el sondeo de sus movimientos en 2007 que revelaron que estos animales se alimentaban en la bahía de Henoko. Ella y sus colegas de la Universidad de James Cook en Australia y la Universidad de Filipinas han ayudado enseñando a los lugareños a seguir y trazar la a menudo esquiva conducta de estas criaturas.

A pesar de lo que describió ella como crítica a sus descubrimientos por científicos cuya especialidad era el ártico”, Hines comunicó a mongabay.com “hay dugongos en la Bahía Henoko y se están alimentando”. Afirma que una población aislada tan al norte del hábitat normal de la especie cuenta con muy pocas posibilidades de sobrevivir. Además, los dugongos de Okinawa son especialmente vulnerables ya que su número ha descendido notablemente por culpa del hombre, como la caza tras la Segunda Guerra Mundial.


Dugongo comiendo en Egipto. La especie vive en aguas costeras calientes, donde se alimenta casi exclusivamente de algas marinas. Foto por: Matthijs.


“Estados Unidos, está fracasando en el ámbito del medio ambiente”, decía Hines. “Pienso que EE UU está tratando de conseguir algo en Okinawa que pudiera no salirle del todo bien… Existen ejemplos de bases donde el trabajo que se ha realizado ha sido proteger a las especies en peligro de extinción del lugar”.

Los lugareños dicen que el mamífero tiene un profundo significado cultural para la gente de la región. Este punto ha sido destacado bastante en numerosas acciones legales que se han llevado durante la campaña para detener la construcción de la base.

“Las leyendas cuentan que los dioses de Niraikanai [afar] vinieron a nuestras islas a lomos de dugongos y que los dugongos aseguran la abundancia de alimento del mar”, cita de Takuma Higashionna, guía de buceo en Okinawa, como demandante en un proceso llevado por una serie de ONG japonesas y americanas el pasado año contra el Departamento de Defensa de EE UU con el objetivo de bloquear la construcción de la pista de aterrizaje.


Embarcaciones de la guarda costera japonesa aproximándose a piragüistas cerca del Campamento Base estadounidense de Schwab, donde está prevista la construcción de una nueva pista de aterrizaje el 17 de mayo de 2015. Los piragüistas protestan por la construcción de la pista de aterrizaje. Foto por: ©Greenpeace / Kayo Sawaguchi.


La demanda se realizó bajo una cláusula de la Ley Nacional para la Conservación Histórica que requiere que EE UU evite o mitigue cualquier daño a lugares o zonas de interés cultural para otro país. Un tribunal estadounidense en California rechazó el caso, pero los demandantes, incluido el Centro de Diversidad Biológica y Justicia Sísmica, están apelando.

La afirmación de Caroline Kennedy de que la construcción de la base seguirá su curso es otro indicativo de que los gobiernos estadounidense y japonés no piensan ceder a presiones por el momento.

Para Yoshikawa de Salvar al Dugongo, el rechazo de Kennedy a reconocer los problemas ambientales supuso toda una decepción pero explica que es el gobierno de Japón el que en última instancia tiene el poder de cambiar la situación.



Dugongo nadando en Australia. Foto por: Earthrace Conservation.

“No imagino una reacción mejor del gobierno japonés, especialmente del Primer Ministro, el señor Abe.”, escribía Yoshikawa en un email. «A menudo me pregunto si el gobierno japonés tiene miedo de hablar por ‘perder simpatía’. Ya que el gobierno de Estados Unidos no necesita tratar directamente con la gente de Okinawa ni se preocupa por el dinero (ya que el gobierno japonés financia la construcción), el gobierno estadounidense está de acuerdo con la postura del gobierno japonés”.

Sin embargo, para Hines, los retos a los que se enfrentan los dugongos y sus abogados no son ninguna excusa para tirar la toalla después de una lucha tan larga.

“Desde el momento en que ves en el primer caso legal ‘contra el departamento del estado estadounidense’ sabes que se trata de una situación de David contra Goliath”, dice. “Quedé profundamente decepcionada por la última resolución del tribunal pero se me partiría el corazón si llegados a este punto nos rendimos”.



CORRECCIÓN:Una versión anterior de esta historia declaraba en un titular que se tomó una fotografía sobre piragüistas y la Guarda Costera japonesa cercana al Campo Schwab en agosto de 2014. La fotografía se tomó realmente el 17 de mayo de 2015.