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El lobo de crin: salvar al cánido de nombre desafortunado de Suramérica

  • El lobo de crin vive principalmente en el Cerrado, Brasil, un amplio prado amenazado por la desenfrenada conversión en tierra de cultivo, a menudo olvidado por los conservacionistas.
  • La especie podría estar adaptándose a un hábitat que cambia rápidamente y cada vez se ve más afectado por la actividad humana, pero se debe hacer más para proteger la sabana, que ha sufrido mucho más desmonte por la agricultura que el Amazonas.
  • Hay que luchar contra las creencias culturales arraigadas y las ideas equivocadas acerca del comportamiento del lobo de crin, y cambiarlas para proteger a las poblaciones silvestres y dar fin a los sacrificios vengativos y la caza.
Un lobo de crin descansando entre la maleza del Cerrado. Foto de Rob Young

El lobo de crin (Chrysocyon brachyurus) es, según todos los testimonios, una criatura extraña. Recibe el apodo de “lobo en zancos” y su rasgo más conocido es su ladrido-rugido imposible de olvidar una vez se escucha.

Con una simple mirada a esta criatura extraña, desgarbada y de aspecto desaliñado, con el balanceo de sus andares y las orejas de murciélago —el cuerpo de un lobo, la cara de un zorro, las patas de un ciervo y una orina con olor a marihuana— te encontrarás preguntándote por qué nunca habías oído hablar de este animal.

El lobo de crin está catalogado como Casi Amenazado por la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (UICN) y habita principalmente en el Cerrado —la extensa sabana de Brasil— aunque también se encuentra en la pampa de Perú y los matorrales de Paraguay y la parte norte de Argentina.

Se calcula que la población actual de lobo de crin consta de 17 000 ejemplares maduros, la mayoría de ellos (más del 90 %) en Brasil, según la UICN. En la última década aproximadamente, el hábitat principal de la especie ha sido objeto de una deforestación intensa. Además de la pérdida de hábitat, la especie se ve afectada por otras graves amenazas, entre ellas la muerte en las carreteras, la persecución humana y las enfermedades por el contacto con animales domésticos.

La región de Baja Mogiana, en el estado de São Paulo, Brasil, donde las plantaciones de naranja sustituyen la vegetación autóctona del Cerrado. Las plantaciones de naranja dependen de forma importante de los pesticidas, que a menudo se rocían desde pequeñas avionetas. Foto de Edu Fortes

Aun así, el lobo de crin resiste —no viaja en grandes manadas, sino como un lobo solitario que ronda por un amplio territorio una vez dominado por prados salvajes que ahora están cultivados con plantaciones exóticas de eucalipto, pino, soja y girasol—.

El Cerrado: el hogar del lobo de crin

La región del Amazonas, con su extraordinaria y rica abundancia de vida Silvestre, ha sido, con razón, el centro de la biodiversidad en Suramérica durante décadas, lo que, por desgracia, ha dejado en el olvido a los animales que viven en las afueras, apartados como especies de segunda clase e ignorados por los medios y la sociedad.

Una de las regiones olvidadas de forma general es el Cerrado en Brasil, y una de las especies, el lobo de crin.

Poca gente lucha para salvar la extensa sabana de Brasil o a sus especies hoy en día, a pesar de haber sido designada como un punto clave de la biodiversidad mundial por parte de los conservacionistas. Para Rodrigo Lima Massara, biólogo de la Pontifícia Universidade Católica de Minas Gerais, la atención que recibe el Cerrado no está en consonancia con su importancia biológica. Él lo ha llamado: «la sabana con más riqueza biológica del mundo».

Un inquisitivo lobo de crin detecta e investiga una cámara oculta. Foto de Edu Fortes

El Cerrado está bajo una amenaza mucho mayor que la ilustre selva tropical de la que es vecino. En 2009, el gobierno brasileño declaró un índice de deforestación del 0,14 por ciento en el Amazonas, mientras que en el Cerrado la cifra era más del doble, un 0,32 por ciento.

Aunque esto son malas noticias para el lobo de crin, puede que no sea tan negativo como parece.

En 2012, Massara dirigió un estudio, publicado en la revista de acceso abierto de Mongabay Tropical Conservation Science, que sugiere que la deforestación desenfrenada podría no ser tan catastrófica para las poblaciones de lobo de crin como se creía.

«A pesar de la diversidad de los impactos y de la constante presencia de humanos, vehículos y perros domésticos en la zona de estudio, los lobo de crin están ahí», dice el estudio. Aun así, Massara y sus colegas han adoptado un «escepticismo precavido» en cuanto a las habilidades de adaptación potenciales de la especie.

«Aunque la conservación no sea un asunto tan urgente para el lobo de crin, no sabemos cómo afectará el actual índice de deforestación a la especie en un futuro cercano», explicó para mongabay.com. La falta de investigación e información en relación con el tamaño de las poblaciones, la salud genética y otros aspectos hace descartar conclusiones demasiado optimistas.

El estudio concluye que el lobo de crin necesitará la creación de un sistema de zonas de amortiguación naturales si se quiere mantener el suministro de comida para la población restante y asegurar su supervivencia.

El árbol frutal del lobo de crin, Mogi Guaçú, en el estado de São Paulo. Esta fruta es esencial en la dieta del lobo de crin, y su pérdida podría amenazar la supervivencia del animal. Foto de Edu Fortes

Desafortunadamente, no se ha hecho apenas nada para crear esas zonas de amortiguación naturales. «De hecho, los cambios recientes en las leyes ambientales de Brasil podrían empeorar esta situación», afirmó Massara en referencia a las alteraciones realizadas en el Código Forestal de Brasil que destrozó los planes de restaurar zonas deforestadas de forma ilegal antes de 2008. Los cambios en el código harán que disminuya de forma significativa la cantidad de cubierta terrestre designada para la reforestación en el Cerrado.

«Al mismo tiempo, este nuevo Código Forestal elimina protecciones para otras zonas naturales en el Cerrado, lo cual permite que los agricultores y ganaderos deforesten y conviertan algunas de estas zonas», explicó. El nuevo Código Forestal ya ha permitido que se conviertan 400 000 quilómetros cuadrados para plantaciones agrícolas.

Un tipo de lobo diferente

El lobo de crin se ve afectado por más que la pérdida de hábitat. Se ha visto acosado por un problema simple pero extraordinario: su nombre.

Aunque su nombre sugiera lo contrario, el lobo de crin no es un lobo en absoluto. A pesar de tener aspecto de zorro y llamarse lobo, es más parecido a un perro salvaje. Al tener esa naturaleza solitaria, también tiene un género para él solo, el chrysocyon,.

El lobo de crin es diferente de sus tocayos en muchas cosas. Mientras que otros cánidos son polígamos y se aparean con más de una pareja durante su vida, el lobo de crin es monógamo. También es un caminante solitario y nunca viaja en manada como hacen los lobos de Norteamérica. El lobo de crin es el más alto de los cánidos, con unas patas extremadamente largas que le ayudan a alzar la cabeza sobre la maleza en la que se mueve.


Para distanciarse aún más de su colega de América del Norte, el lobo de crin se alimenta, en gran parte, de fruta. El Solanum lycocarpum —también conocido como «fruta del lobo»— es la comida favorita del lobo de crin y su preservación en zonas de amortiguación naturales es vital para la conservación de este animal.

Además de su extraña apariencia, su desafortunado nombre y sus curiosos hábitos alimentarios, este lobo también tiene una vocalización peculiar, conocida como «rugido-ladrido».

«La primera vez que lo escuché estaba lejos, y no se parecía a nada que hubiera oído emitir a un cánido», contó a mongabay.com la Dra. Adriana Consorte-McCrea, investigadora asociada en la Universidad de Christ Church de Canterbury.

Explicó que esta llamada única del lobo de crin se amplifica cuando se acerca la época de apareamiento, lo cual sugiere que el sonido está estrechamente relacionado con el cortejo y la defensa del territorio. «Suena como si un perro grande estuviera tosiendo con un ritmo constante y espaciado», dijo Consorte-McCrea. La científica se sintió tan cautivada en sus primeros encuentros con el lobo de crin, que decidió dedicar gran parte de su carrera a investigarlo y publicar varios estudios y un libro sobre la especie.

Convivir con el lobo

Gran parte del trabajo de esta investigadora se ha centrado en el cambio en la percepción del lobo de crin a ojos de los que conviven con él. Conecta muchos de los problemas que sufre hoy en día con su historia y con el nombre inadecuado con el que ha cargado en ese periodo histórico.


Según Consorte-McCrea, los pueblos indígenas que convivían con el lobo de crin antes de la colonización lo respetaban y contaban «bonitas historias» acerca del animal que comía fruta y tenía un curioso rugido-ladrido.

No fue así para los colonos que se establecieron en el Cerrado. « ¡Cualquier animal salvaje en las colonias europeas que tuviera la mala suerte de parecer un lobo quedaba maldito desde el primer momento!», explicó Consorte-McCrea. «Los colonos portugueses trajeron con ellos —e impusieron al lobo de crin— todo el estigma de ser “la peor pesadilla de un ganadero”, que había costado la vida a tantos lobos europeos durante muchos siglos».

Esa culpabilidad errónea asociada con los lobos europeos prevalece aún a día de hoy.

«La relación entre la gente y los lobos de crin parece estar inmersa en muchas ideas equivocadas sobre la dieta, la ecología y el comportamiento de este lobo, además de rodeada de creencias místicas», escribe Consorte-McCre en un estudio que mide la opinión pública sobre el lobo de crin en Brasil tras encuestar a los visitantes de un zoo.

Un lobo de crin marca su territorio con la orina que, según se dice, tiene un olor similar al de la marihuana. Foto de Abujoy bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 2.5 Generic license

Descubrió que aunque la mayoría de la gente entrevistada tenía una idea favorable del lobo de crin, también creían firmemente que su alimento favorito es el pollo, una idea equivocada y problemática con «importantes consecuencias para la conservación».

En el Cerrado siguen ocurriendo sacrificios vengativos de lobos de crin, a pesar de que la caza de esta especie es ilegal en la extensión de su hábitat. Aunque sí hay casos en los que el lobo de crin toma una gallina, el miedo es muy exagerado, según Consorte-McCrea.

«Amplios estudios de la ecología alimentaria del lobo de crin muestran que los restos de pollo se encuentran en menos de un uno por ciento de las heces del lobo», dijo. De hecho, más que un depredador de ganado, el animal tiene un gran papel en el control de plagas. De media, el lobo de crin consume unos 65 roedores por cada pollo que se come. « ¡Si yo fuera agricultor, les daría las gracias!», exclamó.

El lobo de crin se mueve fácilmente del prado a las zonas de matorrales y a los bosques con sus largas patas. Foto de Edu Fortes

Consorte McCrea piensa que corregir estas creencias será probablemente de vital importancia para conservar al lobo de crin en la naturaleza.

A día de hoy, no hay una labor coordinada centrada en la conservación de la especie. Un seminario en 2005 sobre Evaluación de la Población y Viabilidad del Hábitat en el ámbito de toda la región dio lugar a un Plan de Acción Internacional destinado a abordar las preocupaciones principales a largo plazo para esta especie, entre ellas las amenazas a su hábitat, la evaluación de la distribución y su estado, la educación medioambiental y la conservación ex-situ.

La única ayuda importante que el animal recibe de los humanos es de aquellos que quieren proteger lo que queda del hábitat nativo del Cerrado, que de forma indirecta ayuda al asediado lobo de crin. Eso no es suficiente: se prevé que la especie sufra un descenso del diez por ciento en sus ejemplares en un futuro cercano si su hábitat sigue reduciéndose.

«La sobreexplotación de los recursos naturales es un método… con escasas perspectivas de generar ingresos», dijo sin rodeos Consorte-McCrea acerca de la continua transformación de la sabana en terrenos agrícolas. El gobierno brasileño ha apoyado al lobo de crin al clasificarlo como Vulnerable, pero también ha fracasado a la hora de reprimir la pérdida del hábitat del Cerrado, lo cual ha acelerado la pérdida de hábitat con su nueva política federal sobre el uso de la tierra y los bosques.

Consorte-McCrea declara que si el lobo de crin no se protege, se perderá mucho más que un perro salvaje. «Son parte del patrimonio de estos países [Suramericanos] y el resultado de millones de años de evolución… perderlos para siempre sería un delito y un error, sin posibilidad de vuelta atrás».

Si no se protege al lobo de crin, una de las creaciones más extravagantes de la naturaleza —un perro que parece un zorro, camina como un ciervo y suena como, bien, como un lobo de crin—, se verá consignado a la historia.

La cara de zorro del lobo de crin. Foto de Edu Fortes