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Incendios provocados para el avance de la frontera agrícola: gran peligro para la Reserva de Biósfera Maya

  • En el Parque Nacional Laguna del Tigre, en el noreste del país, se perdieron un estimado de 10 mil hectáreas, un 62 por ciento del total afectado.
  • El fuego también afectó un remanente de bosque del llamado árbol de Guacamaya en Laguna del Tigre, donde anidan las guacamayas rojas.
  • La debilidad del Estado, sin recursos operativos suficientes para el funcionamiento del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), permite que la frontera agrícola se siga expandiendo.

La Reserva Natural de la Biósfera Maya (RBM) ardió en el 2016. Los fuegos descontrolados se siguieron cebando con este gran manto de oxígeno: 2.3 millones de hectáreas de bosque ubicados  al norte de Guatemala, fronterizos con México y Belice. Una reserva natural que, ante la falta de recursos para protegerla,  cada año pierde terreno a favor de la frontera agrícola. Solo este año, entre febrero y junio, ardieron casi 16 mil hectáreas sin que las autoridades pudieran hacer nada para detener los incendios.

Las zonas más afectadas fueron los parques nacionales ubicados en la RBM que, paradójicamente, cuentan con la categoría de protección más restrictiva.  El Parque Nacional Laguna del Tigre, al este de la reserva, fue el más mermado por el fuego, donde se perdieron unas 10 000 hectáreas, un 62 por ciento del total afectado.

Un incendio provocado el 10 de abril de 2016 hizo que ardieran 3704 hectáreas de bosque característico de humedal dentro del Parque Nacional de la Laguna del Tigre. Está compuesto por un tipo de bambú llamado coloquialmente “jimba”, que con las altas temperaturas de la época de verano se convierte en un combustible para el fuego. Foto de Joaquín Ruano.

También hubo incendios en el Parque Nacional Tikal, declarado Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, donde hacía años que no llegaban las llamas; y en el Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo. En Tikal, la fiscalía de Delitos contra el Ambiente se encuentra investigando las causas de la tala y la quema, teniendo en cuenta que era la primera vez en muchos años que sucedía y que las autoridades del Parque se negaron a proporcionar información. En Yaxhá, ardieron 196 hectáreas en cuatro incendios, según la información recogida por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP).

Aunque las llamas iniciaron en febrero, no fue hasta junio cuando el Gobierno declaró el Estado de Emergencia por los incendios en Petén, departamento que alberga la reserva. El decreto, sin embargo, no fue ratificado por el Congreso de la República.  Pocos días después, a inicios de junio,  empezó la época de lluvias, los fuegos cesaron y la selva volvió nuevamente a abrirse camino, dejando, un año más, estancado el problema.

Afectando al área de la guacamaya roja

“Este año los incendios nos dieron una paliza. Fue un año muy crítico. Tuvimos que declarar estado de emergencia para atender todos los fuegos que pudimos”, explica a Mongabay Latam Walter Mayorga, responsable de la Unidad de Incendios de CONAP en Petén. “La situación se agudizó por el Fenómeno El Niño: tuvimos altas temperaturas, sequedad. Fueron esos factores de clima, sumado a la situación de ingobernabilidad que hay en el sector”, agrega.

Según información proporcionada por CONAP, principalmente se quemó el ecosistema de bosque latifoliado y el de humedal, predominante en Laguna del Tigre. Los animales afectados por los incendios son aquellos que no pueden correr y escapar de las llamas, como las tortugas o los insectos. “Los animales grandes, como el jaguar o el tapir, se ven afectados indirectamente porque se quema su área de caza”, pormenoriza Mayorga.

El tipo de bosque más afectado por los incendios fue el bosque característico de las zonas de humedal (jimba), predominante en el Parque Nacional Laguna del Tigre. Fuente: Consolidado elaborado por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP)

El área más afectada fue el ecosistema de humedal de Laguna del Tigre.  “Los que se dan acá son incendios rastreros, que afectan más el sotobosque. Incendios donde las llamas no suben más de dos metros. La particularidad en este parque es que hay un ecosistema de bambú, al que coloquialmente le llamamos jimba.  Es un bambú pequeño, con espinas. En verano se quema y es un combustible para los incendios”, explica Walter Mayorga.

Vinicio Morales, director del Parque Nacional Laguna del Tigre, añade que también se han visto afectadas por el fuego especies de encino y otras especies primarias de gran valor económico, como cedro, caoba, santa maría y el llamado  árbol de Guacamaya (acacia glomerosa), donde anida la guacamaya roja (ara macao).

“Ya solo queda un último remanente de ese bosque dentro del Parque Nacional Laguna del Tigre. Y este año fueron afectados algunos de esos árboles donde las guacamayas rojas anidan, y ya solo se da este proceso de anidación en esta zona de Guatemala”,  detalló  el director del parque para recalcar el riesgo de estos incendios.

Daños históricos dan cuenta del problema

Walter Mayorga  indica que 2016 tampoco puede considerarse una excepción. Anualmente, solo en áreas protegidas de la Biósfera Maya, se pierden una media de 11 mil hectáreas.  “De cada 100 hectáreas que se queman a nivel nacional, 58 son en Petén Los incendios aquí no destruyen completamente el arbolado, pero destruyen el ecosistema”, detalla.

Una recopilación histórica de incendios en la RBM desde 2001 revela datos desoladores. Solo en 2005 ardieron 209 000 hectáreas en parques nacionales de la Biósfera Maya. Los datos de los últimos años habían sido más esperanzadores. En 2014, por ejemplo, se quemaron solo 7 mil hectáreas. Pero la cifra de hectáreas quemadas en 2016 volvió a repuntar.

Aunque los parques nacionales cuenten con la categoría más restrictiva de protección dentro de la Ley de Áreas Protegidas, han sido también los más afectados por los incendios, evidenciando la dificultad de las autoridades para proteger la selva. Fuente: consolidado elaborado por CONAP y recogido en el Informe de Gobernabilidad de la RBM publicado en 2015.

 

CONAP atendió 179 incendios en toda la RBM entre febrero y junio de 2016. En total ardieron 16000 hectáreas, la mayor parte en el Parque Nacional Laguna del Tigre. FUENTE: CONAP

De enero a junio de 2016 se contabilizaron 179 incendios dentro de la Reserva a de la Biósfera Maya. Ardieron árboles en los biotopos: Cerro Cahuí, el El Zot’z, Río Escondido, e incluso en el Monumento Cultural Dos Pilas. También en la zona de usos múltiples y la zona de amortiguamiento de la reserva de biósfera. Pero donde más se cebó el fuego fue en el Parque Nacional Laguna del Tigre, un inmenso paraje en el noreste del país, fronterizo con el estado de Tabasco, en México.

Avance de la frontera agrícola

El Parque Nacional Laguna del Tigre tiene el porte de una sabana: humedales, bambusáceas, arbustos y pantanos. Cuenta con un biotopo –Río Escondido– vestigios arqueológicos mayas y cuatro lagunas. La Laguna del Tigre se encuentra, además, dentro del convenio internacional Ramsar de protección de los humedales.

Al entrar, sin embargo, las fincas de pasto, el ganado, las comunidades y un oleoducto que serpentea el parque, hacen olvidar que uno se encuentra en una zona donde no debería haber  intervención de la mano humana.  Poco después comienzan a verse los estragos de un incendio en una zona de bambú, que se prolongará durante varios kilómetros.

Este es el parque nacional más afectado por los incendios desde que en 1990 se aprobara la Ley la Reserva de la Biósfera Maya, y donde la frontera agrícola sigue expandiéndose año tras año. El Estado no ha podido hacer nada por evitar los asentamientos humanos que se fueron estableciendo desde los años 90 y en la actualidad ya se contabilizan 34 comunidades ilegales.

Esta vasta extensión, en la frontera con México, es además lugar de paso tanto de migrantes como de la droga que circulan a través de Centroamérica hacia los Estados Unidos. Una zona apenas controlada, donde no existe la capacidad institucional para luchar contra algunos terratenientes que, según especialistas, estarían vinculados al tráfico de droga. Todos estos factores han llevado a que los incendios en el área se hayan intensificado desde el año 2000.

Este mapa de cicatrices de fuego entre el año 2000 y 2014 elaborado por el CONAP da cuenta de la vulnerabilidad al fuego del Parque Nacional Laguna del Tigre, ubicado al este de la RBM, una zona que alberga 34 comunidades ilegales, un pozo de extracción petrolera y es paso de migración ilegal y droga desde Centroamérica a Estados Unidos. Fuente: consolidado elaborado por CONAP y recogido en el Informe de Gobernabilidad de la RBM publicado en 2015.

Quemar para acaparar territorio 

Las causas de estos incendios son complejas,  pero varios hechos llevan a las autoridades del país y organizaciones que trabajan para el resguardo de la selva a pensar que el objetivo final de los incendios en Laguna del Tigre  es la expansión territorial de narcotraficantes que operan en la zona.

Para ello, se sirven de diferentes prácticas, dependiendo del ecosistema específico de la zona. En algunos casos, donde se trata del ecosistema de humedal,  aprovechan las altas temperaturas para prender fuego aprovechando la inflamabilidad del bambú cuando está seco. En otras áreas, de ecosistema bosque latifoliado,  como el noroeste del parque, la quema viene precedida de tala de árboles. Si bien son las personas procedentes de las comunidades las que queman el área, hay indicios que llevan a suponer que no son estas las beneficiadas de la toma de las áreas quemadas.

Después de los incendios en la Reserva de la Biósfera Maya, una de las prácticas de los llamados “narcoganaderos” es cerrar el área quemada con cercos para, a continuación, introducir ganado. Foto de Joaquín Ruano.

“Botan cinco hectáreas de montaña y la queman sin tener las precauciones, el fuego avanza y se mete a las áreas de montaña y va quemando toda la parte de abajo. Ya en el área quemada ellos siembran pasto para ganado, ponen cercos; y ese es el procedimiento que utilizan para ir avanzando en la frontera agrícola”, explica Mayorga.

La fiscal titular de la Fiscalía de Delitos contra el Ambiente, Aura Marina López, indica a Mongabay Latam: “Las personas invaden el área, hacen una limpia y cambian el uso de suelo. A veces para sembrar algún cultivo. Pero, en muchos de los casos, aunado a esto o simultáneo a esto, lo que hacen es sembrar pasto para para potreros”. Además, agrega que “en los lugares más distantes o escondidos encontramos también la creación de pistas de aterrizaje clandestinas, entonces eso nos da una fuerte pauta de que sí es con efectos de narcotráfico”.  Este año, en un sobrevuelo, se encontraron tres nuevas pistas de aterrizaje para avionetas.

Los incendios en el Parque Nacional Laguna del Tigre van seguidos de la construcción de potreros para introducir ganado, una práctica que se ha atribuido a los llamados “narcoganaderos” que acaparan terreno protegido con el fin de expandir su área de influencia. Este mapa fue elaborado por CONAP en base a sobrevuelos al área. FUENTE: Gobierno de Guatemala/CONAP/WCS

Aunque los incendios son provocados por los habitantes de las comunidades ilegales en Laguna del Tigre, las cabezas de ganado dan el indicio de que estas no pueden haber sido introducidas por los comuneros, pues estos no cuentan con los recursos económicos suficientes como para comprar ganado. El experto en narcotráfico y catedrático universitario David Martínez Amador, explica que el ganado es un “negocio redondo” para lavar dinero, puesto que se compra “al contado” en ferias  y tanto su carne como sus derivados se pueden vender. Las vacas, según información proporcionada por personal del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, salen de Guatemala a través de México.

Guatemala cuenta con nueve puestos de control del CONAP en Laguna del Tigre y recibe apoyo del Ejército para el cuidado de la selva. En 2010, de hecho, se creó el Batallón de la Selva para proteger este Parque Nacional. Estados Unidos, además, apoya a la Fiscalía de Delitos contra el Ambiente con recursos y la agencia de cooperación, USAID, ofrece asistencia técnica, para realizar zanjas y cortafuegos, canalizada a través de Rainforest Alliance y de Wildlife Conservation Society. Sin embargo, tal como coinciden en apoyar todas las personas consultadas, sin un apoyo contundente del Estado, no es posible proteger este espacio intangible.