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Guatemala: los impactos de la actividad petrolera en el Parque Nacional Laguna del Tigre

  • “Los reservorios de agua dulce están siendo fuertemente amenazados por la deforestación dentro del área de explotación de Perenco. Se ven afectadas especies de aves, de peces, de moluscos”, indica Vinicio Morales, director del Parque Nacional Laguna del Tigre.
  • Según información del Consejo Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala (Conap), el Parque Nacional Laguna del Tigre –al oeste de la Reserva de la Biósfera Maya (RBM)– ha sido el que más pérdida boscosa ha sufrido en la Reserva de la Biósfera desde el año 2000.
  • “Es ilegal que estén operando sin tener un instrumento ambiental aprobado, no está cumpliendo con la legislación ambiental vigente”, dice Juan Pablo Castañeda, que forma parte del Consejo Nacional de Áreas Protegidas.

En el corazón del Parque Nacional Laguna del Tigre, al oeste la Reserva de la Biósfera Maya (RBM), se pueden ver decenas de pozos petroleros desperdigados, como islas, entre miles de árboles y vastos humedales.  Se puede ver una planta de refinería desde donde el humo procedente del proceso de quema de desechos se adentra en la selva. Se puede ver una pista de aterrizaje, una carretera y un oleoducto que atomizan los ecosistemas. Solo desde el aire se puede dimensionar un impacto que la actividad petrolera genera a la naturaleza.

La actividad petrolera lleva funcionando ininterrumpidamente desde 1985 y, aunque esta debería haber concluido en 2010, una serie de  hechos ha llevado a que el contrato de extracción petrolífera siga vigente. Actualmente está a cargo de la compañía anglo-francesa  Perenco, que extrae 9500 barriles por día,  en una zona de 9 mil hectáreas denominada pozo Xan. Esta se realiza en 47 pozos, entre inyectores y productores. El petróleo se saca a través de un oleoducto de 477 kilómetros que atraviesa la Reserva Natural de la Biósfera Maya.

Oleoducto a su paso por Laguna del Tigre. Foto de Joaquín Ruano Cofiño.

El Parque Nacional Laguna del Tigre, además de contar con la categoría más restrictivas de protección, se encuentra adscrito al Tratado Internacional Ramsar de protección de los humedales. En principio, solo debería estar destinado a la investigación científica y al turismo naturalista. En esta zona predominan las lagunas y zonas inundables, con una vegetación de bambusáceas; aunque  también cuenta con parte de bosque alto del denominado bosque de Tehuatenpec.

El área de explotación petrolífera se encuentra superpuesta al Biotopo Laguna del Tigre Río Escondido, cerca de un pequeño relicto de encino que ocupa 2367 hectáreas. Este crece en una zona inundable junto a otras especies como el pucté (bucida buceras) o el palo de tinte (maematoxylym campechianum).

Imagen cortesía de Conap

Deforestación, riesgo en fauna, lluvia ácida
Los impactos de la petrolera sobre este Parque Nacional fronterizo con México van más allá de su propia actividad extractiva. Esta zona, salvaje e inhabitada hasta la llegada de la petrolera en 1985, comenzó a padecer, con la construcción de infraestructura,  una serie de dinámicas devastadoras para los ecosistemas. “Los reservorios de agua dulce están siendo fuertemente amenazados por la deforestación dentro del área de Perenco. Se ven afectadas especies de aves, de peces, de moluscos. Los mismos humedales, que están dentro del convenio Ramsar”, detalla a Mongabay Latam el actual director del Parque Nacional Laguna del Tigre, Vinicio Morales.

El director del parque explica que para la instalación de la petrolera  se construyó la primera carretera  por el área: 167 kilómetros de asfalto y otros 100 de balastrada hasta la zona de explotación, lo que facilitó enormemente la entrada de personas.  Actualmente, la Laguna del Tigre, que hasta inicios de los 90 estaba inhabitada, ya cuenta con 34 comunidades ilegales asentadas. Y, con la entrada de personas, llegó irremediablemente la deforestación, la quema de bosques y la caza ilegal. “Fomentó la compra de tierras y dañó el parque, porque el campamento Xan queda el corazón del parque”, añade Morales.

Según información del Consejo Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala (Conap), el Parque Nacional Laguna del Tigre ha sido el que más pérdida boscosa ha sufrido de la Reserva de la Biósfera desde el año 2000. “Perenco sí tuvo responsabilidad de que esto se haya deforestado. Eso ellos no lo reconocen, pero nosotros creemos que con cada tala que había, estaban ellos detrás, y Conap no tuvo la capacidad de detener esto”, expone  a Mongabay Latam Walter Mayorga, de la Unidad de Incendios del Conap.

Un estudio sobre conflictividad socioambiental del Instituto de Agricultura Recursos Naturales y Ambiente (Iarna), de la Universidad Rafael Landivar, revela que “más del 90 por ciento de la deforestación de la Laguna del Tigre se ha desarrollado en zonas ubicadas a dos kilómetros a lo largo de estos caminos petroleros”. Este estudio detalla además que la actividad petrolera es una fuente de riesgo permanente. “Los ecosistemas directamente afectados: bosque alto, y bosque medio ubicados en la planicie aluvial, y en la zona de los humedales, así como las laguna, las lagunetas y el cauce del río San Pedro, se consideran expuestos  a una amenaza latente a causa de la presencia del oleoducto y la potencial ocurrencia de un derrame petrolero”, detalla este informe.

Vista del oleoducto a su paso por Laguna del Tigre. Foto de Joaquín Ruano Cofiño.

Uno de los ingenieros que participó en este estudio, Raul Maas, agrega el riesgo para el ecosistema de los subproductos generados en la quema de deshechos: “deshechos al aire, al agua y al suelo.  La actividad expulsa anhídrido sulfúrico (H2S), sustancia que reacciona con el agua y genera precipitaciones de ácido sulfúrico”, explica.

Esta área fronteriza con México comenzó también a ver los efectos de la entrada de grandes terratenientes. Estos, apoyados en las comunidades asentadas, comenzaron a quemar amplias extensiones de territorio para ir posicionándose en la ruta hacia México. Algunos son los llamados narcoganaderos, este año señalados por la fiscalía de Medio Ambiente de ser los causantes de la quema de 6000 hectáreas en la Laguna del Tigre. Como un ejemplo ilustrativo de las dinámicas perjudiciales, en 2013 el Ejército dinamitó una pista de aterrizaje construida por la petrolera que, a su abandono, comenzó a ser utilizada para el traslado de droga por el área, tal como informó el subteniente Jonathan Cabrera, del Batallón de Infantería de la Selva, creado en 2010 para proteger la Laguna del Tigre y financiado por Perenco.

Historia: Plan Maestro “alterado” y falta de Estudio de Impacto Ambiental

La actividad petrolífera inició en 1985, cinco años antes de la creación de la Reserva de la Biósfera Maya. La compañía que comenzó con las actividades en el área fue la petrolera Basic Resources, a la que se otorgó 19 000 hectáreas para la explotación de 26 pozos de petróleo, en un contrato por 25 años no renovable. Perenco opera desde el 2001.

En 2007, con la renovación del Plan Maestro del Parque Nacional Laguna del Tigre, se estableció que la actividad petrolera estaba afectando directamente a los ecosistemas. Previendo que el contrato concluiría en 2010, se prohibieron nuevas actividades extractivas dentro del Parque Nacional y se declaró la zona de extracción como el “área de recuperación”,  enfocada a  “eliminar todas aquellas actividades y amenazas que causan impactos actualmente y aquellas que afecten al futuro”.

Pero cuando el Plan Maestro se hizo público, se descubrió que las líneas arriba expuestas habían sido eliminadas. “Se modificó del Plan Maestro de la Laguna del Tigre para quitar todo lo que se refiriera a la actividad petrolera como una amenaza para la región. Después de una investigación lo que se concluyó es que, efectivamente, había sido alterado”, explica a Mongabay Latam Juan Pablo Castañeda, director del Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad San Carlos de Guatemala (Cecom), que forma parte del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

Esto hizo que el propio Conap denunciara a su director, Sergio Veliz Rizzo, acusado de modificar el Plan Maestro. A pesar de la denuncia, en marzo de 2010 el entonces presidente del Gobierno de Guatemala, Álvaro Colom, renovó  el contrato a Perenco.

Finalmente, en 2012 un tribunal nacional juzgó al exdirector de Conap  por la alteración del Plan Maestro y lo condenó a tres años de prisión por delitos de falsedad ideológica y resoluciones violatorias a la Constitución, una pena finalmente conmutada. La Universidad San Carlos denunció estas irregularidades ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tal como informó Castañeda, pero añadió que hasta el momento no han recibido ninguna notificación sobre el avance del caso.

“Perenco sigue desarrollando sus actividades a pesar de que se haya demostrado judicialmente que la prórroga se basó en un documento que había sido mutilado”, dice a Mongabay Latam el ingeniero Raúl Maas, de la Universidad Rafael Landivar.

Esta imagen muestra las vías de acceso que dan mantenimiento y actualmente no cuentan con el instrumento ambiental que ampare todas las operaciones que realiza la petrolera. Esas vías de acceso son las que provocan que cada vez más personas se interesen por tierras. Foto cedida

En 2016, después de que el Centro de  Acción Legal y Ambiental y Social (CALAS) de Guatemala  solicitara el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para las actividades de Perenco, se conoció que las entidades encargadas de velar por el ambiente –el Ministerio de Medio Ambiente y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas– habían extraviado el expediente. Se hizo público, además, que el EIA nunca fue aprobado.

“La idea de estos instrumentos es prever los posibles daños y establecer acciones para mitigarlos. Si no tiene un instrumento aprobado ¿Cómo vas a saber cuáles son los impactos?”, se pregunta Castañeda. “Es ilegal que estén operando sin tener un instrumento ambiental aprobado. No están cumpliendo con la legislación ambiental vigente”, agrega.

Desde el punto de vista económico, teniendo en cuenta que las regalías estipuladas en Guatemala para actividad extractiva son del 1 por ciento (hasta el 5 por ciento de forma voluntaria),  y que con la modificación de la Ley de Hidrocarburos se ampliaron los costos recuperables, los impuestos, cánones y regalías tampoco son significativos para la economía del país.

La Ley de Fonpetrol, aprobada en 2008, permitió que los impuestos puedan canalizarse directamente a las alcaldías de los municipios de Petén, departamento que alberga a la RBM; sin embargo, estos no han servido para el desarrollo social de la zona. Un estudio del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi)  reveló que la mayor parte de impuestos van dirigidos a obra gris (un 57 por ciento del total), dejando en un segundo plano la salud y la educación. Además, investigaciones posteriores han sacado a la luz irregularidades con las  constructoras adjudicadas con estas obras de infraestructura en el departamento de Petén.

A  la caída y fluctuaciones del precio del petróleo a nivel internacional se une la baja calidad del crudo hallado en el subsuelo de Guatemala. Estos factores han desincentivado que otras compañías petroleras lleguen al país. “Influyen los altos costos de inversión para los primeros pozos a perforar, y el riesgo que hay de no encontrar o fracasar en el proceso de perforación. Lleva varios años en recuperar la inversión, y más aún cuando los precios internacionales del crudo están bajos”, explica la respecto Luis Solano, economista y experto en industria extractiva en el país.

La compañía Perenco no respondió a los intentos de Mongabay Latam de obtener información respecto del Estudio de Impacto Ambiental ni de sus actividades. El  Ministerio de Medio Ambiente tampoco ofreció la información solicitada con respecto al Estudio de Impacto Ambiental.