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Recientes asesinatos de elefantes siguen abasteciendo al mercado ilegal de marfil

  • El negocio multimillonario de marfil ilegal se alimenta casi por completo de elefantes africanos asesinados en los últimos tres años, según un nuevo estudio.
  • Esto quiere decir que el marfil que se está moviendo rápidamente en el comercio ilegal es nuevo y no marfil viejo de arsenales, que se introduce en el mercado como se creía, dicen los investigadores.
  • Los resultados del estudio pueden ayudar a que las fuerzas de la ley centren sus esfuerzos en las regiones más atacadas por la caza ilegal y también puedan suministrar información sobre la frecuencia de las matanzas de elefantes, añaden los investigadores.

El negocio multimillonario de marfil ilegal está casi por completo compuesto por elefantes africanos asesinados recientemente, según ha descubierto un nuevo estudio.

Los colmillos de incautaciones ilegales normalmente proceden de elefantes asesinados en los últimos tres años y raramente del “antiguo” gobierno o de otros arsenales como se había sospechado previamente, según han publicado investigadores en un estudio del Proceedings of the National Academy of Sciences. Este es el primer estudio de este tipo que evalúa la edad de grandes incautaciones de marfil, dicen los analistas.

“Esto es, en cierta manera, una sorpresa”, dice en una declaración Elizabeth Bennett, vicepresidenta para la conservación de especies de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, que no ha estado involucrada en el estudio. Este estudio muestra que el marfil una vez extraído furtivamente en África se introduce en el mercado muy rápidamente. Todo esto es marfil nuevo que va al mercado ilegal. No es marfil viejo de arsenales que se estaba introduciendo en el mercado, como creíamos”.

Expropiación de 6 toneladas llevada a cabo en Malasia en diciembre de 2012. Fotografía de: Syarifah Khadiejah Syed Mohd Kamil, Departamento de Vida Silvestre y Parques Nacionales de Malasia.

Investigadores se han basado en las pruebas realizadas con bombas nucleares en los 50 y los 60, que llevaron a que se duplicara la cantidad del isotopo radioactivo carbono 14 en la atmósfera. Las plantas absorbían este isótopo durante la fotosíntesis y los animales —incluyendo los elefantes— que las comían acababan con el isótopo en sus tejidos. Al medir la cantidad residual del isótopo de carbono 14 en la pulpa de la cavidad de los colmillos, los investigadores calculaban la edad del elefante en el momento de su muerte.

Los científicos analizaron 231 colmillos incautados en 14 grandes expropiaciones de nueve países entre 2002 y 2014, y descubrieron que cerca del 90 por ciento del marfil provenía de elefantes que habían sido asesinados en los tres años anteriores a su incautación. De hecho, algunos elefantes habían sido sacrificados tan solo unos meses antes de que los colmillos fueran incautados. Solo un colmillo había pertenecido a un elefante sacrificado 19 años antes de que el marfil fuera decomisado.

“La sobrecogedora mayoría de marfil que analizamos de 14 diferentes capturas procedía de elefantes asesinados recientemente” dice a Mongabay el coautor del estudio Kevin Uno, un geoquímico del Observatorio de Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia. “Esto refuerza las estimaciones de la caza furtiva al eliminar la posibilidad de que el marfil viejo almacenado incremente artificialmente las cifras. Además, remarca aún más que el elefante africano está en verdadero peligro”.

Marfil decomisado en Singapur en 2002 con un peso de 6,5 toneladas. Fotografía del catedrático Benezeth Mutayoba, Universidad de Agricultura Sokoine, Tanzania.

El estudio también destaca algunos cambios en los patrones del mercado del marfil. Los investigadores han descubierto que los colmillos de las incautaciones han ido siendo progresivamente más pequeños, lo cual puede deberse a que los elefantes verdaderamente grandes ya han sido asesinados.

El estudio ha descubierto que el lapso de tiempo entre la caza furtiva y las confiscaciones también se ha ido incrementando desde 2011. Entre 2002 y agosto de 2010, el lapso de tiempo varía entre 7 y 13 meses. Sin embargo, desde 2011, el lapso de tiempo ha subido de 13 a 32 meses. La razón de este salto no está clara, dice Uno.

“El crecimiento del lapso de tiempo puede reflejar un periodo de tiempo más largo necesario para acumular colmillos para el envío porque hay menos elefantes que hace una década”, añade Uno. “O puede reflejar la efectividad de los equipos contra la caza furtiva en la reducción las redes de caza y su comercio, pero las cifras de la caza furtiva son todavía son sumamente insostenibles. Finalmente, podría reflejar una caída en la demanda de marfil o reflejar cambios en cómo funcionan las redes comerciales. Esperamos que nuestros resultados sean una información útil para los trabajos forenses sobre la estructura de la red comercial”.

El estudio también descubrió que los colmillos del este de África se envían más rápidamente que los de otras regiones. De nuevo, las razones de estas diferencias regionales son difusas, dice Uno, pero podría deberse a cambios en las redes de comercio. “Pero esto no ha sido probado, ni investigado,” añadió.

Esta información, no obstante, puede ayudar a las fuerzas de la ley a dirigir sus esfuerzos a las regiones más castigadas por la caza furtiva y puede también proporcionar información sobre la salud de las poblaciones de elefantes, dice en una declaración Thure Cerling, coautor del estudio y prestigioso catedrático de geología y geofísica en la Universidad de Utah. “Si todos los decomisos son recientes, dentro de los dos o tres últimos años, podemos usarlo para determinar la tasa de elefantes asesinados en general en África”, añade.

Este equipo dice que su técnica también puede aplicarse a aprehensiones de otro tipo de vida salvaje, “facilitando información crítica a las fuerzas de la ley, conservación, gobierno y otras organizaciones reguladoras y agencias”.

Elefante africano. Fotografía de Rhett Butler.

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