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Perú: los impactos ambientales de cinco proyectos hidroeléctricos en el Marañón

Tupen Grande, Amazonas. Cae la noche sobre la playa de Tupen, la luz de la luna ilimina el rio Marañon y las laderas de los cerros. Este es uno de los pueblos que sera inundado si es que la represa Chadin II se llega a construir.

  • ¿Qué clase de impactos ambientales originarían los proyectos hidroeléctricos?
  • ¿Qué alternativas existen a las grandes hidroeléctricas para cubrir la demanda energética?

Un nuevo estudio titulado “Marañón: Costo social de los impactos acumulados de cinco proyectos hidroeléctricos” ha analizado cuáles serían las consecuencias ambientales si se ejecutan los proyectos Manseriche y Rentema, localizados en cuenca baja del río Marañón; y Veracruz, Chadín 2 y Río Grande, en la parte media baja de la misma cuenca.

Entre los efectos ambientales identificados por el estudio figuran el cambio del curso natural del río Marañón y la posterior inundación de áreas agrícolas, la emisión de gases de efecto invernadero al destruir bosques que los almacenan, el impacto en las rutas migratorias de peces y el cambio en los patrones de transporte y deposición de sedimentos que fertilizan los alrededores del río. Los efectos afectarían sobre todo a poblaciones de las regiones La Libertad, Cajamarca, Amazonas y Loreto.

Asimismo, el estudio ha elaborado una proyección económica de los impactos ambientales de los cinco megaproyectos hidroeléctricos: 4900 millones de soles  perdidos por 190 000 hectáreas  inundadas de campos agrícolas; 418 millones de soles perdidos por la emisión de gases de efecto invernadero por la pérdida de bosques que almacenan dichos gases; 350 millones de soles perdidos en pesca por el bloqueo de las rutas migratorias de peces; y 7 millones de soles en productividad agrícola por el cambio en el patrón del transporte de sedimentos fertilizadores. Todos los impactos ambientales suman una pérdida de aproximadamente 5 700 millones de soles (alrededor de 1 700 millones de dólares americanos) en una proyección de 30 años.

La investigación fue desarrollada por el siguiente equipo científico de Conservación Estratégica (CSF por sus siglas en inglés): los analistas José Rubio y Annie Escobedo; la consultora Milagros Estrada; y el director para América Latina, Christian Vallejos. Asimismo, en el estudio también participaron los siguientes especialistas del Centro de Ornitología y Biodiversidad (Corbidi): el director de la División de Limnología, Eduardo Oyague, y el investigador principal Adrián Vera.

Mapa de ubicación de los 5 proyectos de represas considerados en el estudio científico. Fuente: CSF/Corbidi.

“En el estudio hemos evaluado los impactos ambientales en términos de alteración hidrológica, retención de sedimentos, alteración de rutas migratorias de peces, áreas agrícolas ocupadas e inundadas por la instalación de las represas. Con la investigación la viabilidad de los proyectos se pone en duda puesto que todos los efectos que hemos evaluado han sido evaluados y representados en términos económicos, pero esto es una fracción mínima de los efectos que podrían ocurrir. En mi opinión, las conclusiones a que hemos llegado luego de estudiar los cinco proyectos de represas hidroeléctricas los hacen inviables, sin duda”, dijo a Mongabay Latam el director de la División de Limnología de Corbidi, Eduardo Oyague.

Si bien son 20 los proyectos hidroeléctricos a lo largo de la cuenca del río Marañón que se planean desarrollar, para este estudio se consideraron cinco. “Las hidroeléctricas analizadas fueron priorizadas por la severidad de sus potenciales impactos sociales y ambientales, calificados mediante criterios como su estado de ejecución, la capacidad de producción energética planeada, el total del área inundada, la extensión de la superficie agrícola afectada, y el ratio (proporción) entre el área inundada y la capacidad de producción energética. En base a estos criterios se priorizaron las centrales hidroeléctricas de Río Grande, Chadín 2, Veracruz, Rentema y Manseriche”, se describe en el estudio científico.

Según Oyague, son varias las fuentes de información de las que se valió el equipo científico para la elaboración del estudio: “Están los estudios de impacto ambiental para los tres proyectos de centrales hidroeléctricas que lo tienen desarrollado; por otro lado, para las que no lo tienen, como Rentema y Manseriche, están los estudios de prefactibilidad que son estudios antiguos, que datan de 1982, pero que hasta el momento el Perú sigue usando para vender los proyectos energéticos en el mercado exterior. En el caso de la información de alteración hidrológica es conocimiento que se ha ido acumulando en 20 años”.

Sin embargo, en ninguno de los estudios de impacto ambiental o estudios de prefactibilidad se han registrado los ecosistemas que se verían afectados por los impactos ambientales, según Annie Escobedo, analista de CSF. “En la cuenca del Marañón encontramos diferentes ecosistemas como el pajonal andino, los matorrales, los bosques secos y los bofedales, que son una importante fuente de agua para la agricultura local. Otro de los impactos que no se ha registrado en los estudios de los proyectos de las hidroeléctricas es la pérdida de especies endémicas como aves, plantas, anfibios y mamíferos”, añadió.

Cuadro con especies de aves endémicas. Fuente: CSF/Corbidi.
Fuente: CSF/Corbidi.
Fuente: CSF/Corbidi.
Fuente: CSF/Corbidi.

La especialista de CSF señaló que no se ha considerado el impacto que se originaría en las poblaciones. “Al norte del Perú encontramos a las poblaciones awajún y wampis, así como pobladores amazónicos que no son indígenas. Todos dependen del cultivo de productos en el bosque amazónico como la yuca, el arroz, el maíz, y no olvidemos la pesca que se vería afectada porque las represas cambian el curso de los ríos. Otro impacto ambiental es que las grandes represas bloquean el transporte de sedimentos que se da con la inundación natural del bosque por el río Marañón. Los sedimentos se usan como fertilizante natural del suelo que luego será usado por la población para sus cultivos”, advirtió.

Cuadro con la cantidad de sedimentos que retendría cada proyecto. Fuente: CSF/Corbidi.

 

Cuadro con la cantidad de hectáreas que se perderían en cultivos agrícolas. Fuente: CSF/Corbidi.
Cuadro con la cantidad (en kilómetros) de la extensión de rutas migratorias de peces desviadas. Fuente: CSF/Corbidi.

No obstante, los efectos no solo afectan a las comunidades nativas y poblaciones amazónicas. La liberación de gases de efecto invernadero es otro componente considerado en el estudio. Esta se daría ya que se verían impactados extensas hectáreas de bosques amazónicos que resguardan carbono.

Mapa que identifica la capacidad de retención de carbono en la cuenca del Marañón. Fuente: CSF/Corbidi
Cuadro con el valor monetario que se pierde por la liberación de gases de efecto invernadero en la cuenca del Marañón. Fuente: CSF/Corbidi.

Otro impacto en caso se desarrollen los proyectos de los cinco grandes hidroeléctricas es la alteración de las rutas migratorias de peces, según Oyague. “Un pez que viene en algunos casos desde Brasil nada por el cauce del río con una corriente y una velocidad determinada, pero de un momento a otro se encuentra bloqueado por un desnivel, se halla en un gran estanque negro con otros peces. El curso natural del río se vuelve en una escalera por los desniveles producto de la hidroeléctrica”, explicó.

¿Qué alternativas existen a las hidroeléctricas?

De acuerdo con Pedro Gamio, exviceministro de Energía, una solución a la energía producida por las hidroeléctricas son las energías renovables como la solar y la eólica. Además, afirmó que ya no es cierto que sean caras, algo que se argumentaba cuando se las consideraba como alternativa a tomar en cuenta.  “Ya no es cierto que sean caras, podemos decirlo enfáticamente, los números ya no mienten. La energía solar y la eólica pueden llegar a precios tan competitivos que hacen que sean más convenientes que usar energía fósil. De esta forma se aseguraría una estrategia de crecimiento para el país que no castigue a las próximas generaciones, que asegure la biodiversidad y el patrimonio natural, así como las tres variables que son la seguridad alimentaria, seguridad hídrica y energética. Todos necesitamos energía para que los alimentos lleguen limpios y se preserven, sin depredar nada”.

Gamio agregó que además el Perú se ve obligado por leyes propias y compromisos internacionales a desarrollar las energías renovables. “No estamos cumpliendo con la Ley para las Energías Renovables. Supuestamente debíamos esperar cinco años para que el país cobre experiencia en este tipo de energías y desde el 2013 estamos esperando que se incremente el porcentaje (de 5 %) para el acceso de energías renovables al sistema de interconexión energética. Para eso necesitamos voluntad política, que va de la mano con los dos compromisos que asumió el Perú en París (COP21): evitar más deforestación y diversificar nuestra matriz energética”.

Por otra parte, Oyague señaló que incluso si se desea seguir usando energía hidroeléctrica, hay otras formas que no impactan al medio ambiente de manera tan grave. “Hay alternativas de generación de energía más viables, como centrales energéticas en pequeños afluentes y no en el cauce principal del río como lo estamos viendo en el Marañón. Las grandes represas no son recomendables”, finaliza.

 

Foto de portada: Diego Pérez/WWF.