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Grandes simios del bosque Ebo amenazados por la paralización de parque nacional camerunés

  • El bosque de Ebo, en Camerún, es hogar de poblaciones clave de chimpancés habilidosos de Nigeria y Camerún, una subespecie de gorila sin identificar, mandriles, colobos rojos de Preus, elefantes de bosque y mucha más biodiversidad.
  • El bosque es vulnerable, está desprotegido debido a una lucha prolongada por conseguir su estado de parque nacional. La tala y la caza amenazan la biodiversidad de Ebo.
  • El Proyecto de Investigación del Bosque de Ebo (EFRP) ha funcionado con éxito para cambiar los hábitos de los habitantes locales que llevan tiempo subsistiendo con los recursos naturales del bosque, pasando de cazadores a guardianes de los grandes simios.
Un gorila cuida de su bebé. Una importante población de gorilas vive en el bosque de Ebo de Camerún, una zona a la que se ha prometido, pero no concedido, protección con el estado de parque nacional. Foto de Rhett A. Butler

La lucha de Ekwoge Abwe persiste. Como director del Centro de Investigación del Bosque de Ebo (EFRP) forma parte de una larga batalla para establecer un parque nacional que conserve el bosque de Ebo en Camerún. Hace siete años, un comunicado de prensa de WWF Camerún anunció a bombo y platillo el nuevo parque y afirmó que la designación era inminente. Se organizó un viaje de alto nivel al bosque para cerrar el acuerdo con la presencia de prensa, cargos de gobierno y líderes de la comunidad.

No obstante, hoy Ebo sigue siendo solo el bosque de Ebo, sin protección del gobierno y aún un hábitat crítico reconocido por sus importantes poblaciones de grandes simios.

El bosque de Ebo cubre más de 1500 kilómetros cuadrados (386 millas cuadradas) en la región de Litoral en Camerún y es muy rico en biodiversidad. Una población sana de chimpancés de Camerún-Nigeria (Pan troglydtes ellioti), de unos 700 miembros se encuentra en sus fronteras. Entre ellos está la única población al este de Costa de Marfil que utiliza herramientas para abrir frutos. Los chimpancés de Ebo utilizan madera y martillos de piedra y yunques para conseguir la pulpa de la nuez de cola, y utilizan palos largos y flexibles para pescar termitas.

El bosque también alberga la única población de colobo rojo de Preus de Camerún (Piliocolobus preussi) fuera del Parque Nacional Korup, además de una de las poblaciones de mandril más amenazadas de África (Mandrillus leucophaeus) y elefantes de bosque.

Ebo también cuenta con una misteriosa población de gorilas, descubierta por científicos en el año 2002. En Camerún hay dos subespescies de gorila separadas por el río Sanaga: el gorila occidental de planicie (Gorilla gorilla gorilla) al sur del río y una pequeña población de gorilas del río Cross (Gorilla Gorilla diehli) en el norte. Entre ellos, 100 kilómetros al norte del río Sanaga, hay una tercera población en Ebo. Esos gorilas están completamente aislados de otras subespecies, no se encuentra ninguna otra población en un radio de 200 kilómetros.

“Hasta ahora no sabemos si son gorilas occidentales o del río Cross o, lo que sería más interesante, una tercera subespecie en Camerún”, dice Abwe.

El bosque de Ebo se sitúa en la región de Litoral en Camerún, cerca de las ciudades de Duala y Yaundé, ambas con un mercado abundante de carne de caza. Los comerciantes de carne de caza van hasta los pueblos en taxi, moto y camiones de madera para comprar carne a los cazadores. Mapa de Global Forest Watch.

Aceite de palma en la frontera

La primavera pasada, Abwe habló con Mongabay sobre los planes que estaba desarrollando la empresa de aceite de palma Azur para desmontar el bosque y crear una plantación de 123 000 hectáreas (89 millas cuadradas) en la frontera oeste del parque nacional propuesto. “No van a destruir el bosque”, dijo entonces, pero se sorprendió cuando le recordamos sus palabras un año después.

Azur manufactura jabón y aceites de cocina para distribuirlos en Camerún. Para finales del 2016, el bosque se había talado para la plantación y crecía un vivero de árboles de palma.

Abwe teme ahora que la creación de esa plantación de palma aceitera se sume a los muchos problemas a los que se enfrenta Ebo, haciendo que el nuevo parque nacional sea aún más difícil de gestionar una vez se establezca. “Porque [una vez se plante la plantación] lo siguiente [en llegar] será una gran población de trabajadores mal pagados que quieren complementar sus ingresos con la caza y la agricultura”, dice Abwe. Los trabajadores de las plantaciones podrán entrar fácilmente en el bosque, cazar unos cuantos monos, simios o duikers, y conseguir algo de dinero extra.

La plantación de palma aceitera de Azur al borde el bosque de Ebo. Sin el estado de parque nacional se teme que el bosque de Ebo sea vulnerable a intereses económicos, como los de empresas de aceite de palma y tala, lo cual pondría su biodiversidad en peligro. Foto de Michelle Sonkoue Watio

Una preocupación principal es que la evaluación de impacto ambiental (EIA) llevada a cabo para la nueva plantación la realizó una empresa conectada con Azur, lo cual plantea cuestiones sobre su validez. “No puedes esperar nada justo de ellos”, dice Abwe rotundamente.

También indicó que las condiciones del contrato de la plantación no se están respetando. Originalmente, se propuso una zona de amortiguación de varios kilómetros de ancho que tenía que abrir una gran distancia entre la plantación y el bosque, explica Abwe. Pero tal como las cosas están ahora, la amortiguación en la frontera oeste del parque nacional no será de más de unos cientos de kilómetros, demasiado estrecha para mantener a las personas y los animales separados y evitar conflictos con los grandes simios y otras especies.

Fuente de carne

Ebo ya se enfrenta a una gran presión de la caza por su proximidad a dos importantes ciudades: Duala a solo 50 kilómetros del bosque y Yaundé, la capital de Camerún, a 150 kilómetros de distancia.

En estos centros urbanos hay una gran demandada de carne de caza, que se vende a precios altos, así que los cazadores comerciales llegan cada vez más a los sitios silvestres cercanos para matar, trocear y asar animales para vender su carne.

Los cazadores comerciales, dice Abwe, centran su atención en las partes oeste y sur del bosque, cercanas a Duala. Los cazadores en la parte norte de Ebo son generalmente lugareños que pasan unos días de caza en las proximidades y luego venden lo que hayan matado a los comerciantes, conocidos localmente como “buyum sellums”.

Esos comerciantes de carne viajan a los pueblos en taxi, moto o camiones de madera y abastecen los prósperos mercados de carne de caza en Duala y Yaundé. En los mercados, cuenta Abwe, puedes encontrar casi cualquier tipo de carne que quieras.

Sin la protección de parque nacional, la rica biodiversidad de Ebo seguirá acabando en las mesas de Duala y Yaundé.

Aunque los lugareños afirman que los cazadores no van directamente a por los grandes simios de Ebo, la caza sigue siendo un problema y es una de las amenazas principales para la supervivencia de los animales, junto con la tala. Cuando un cazador no encuentra nada más a lo que disparar, explicó Abwe, la posibilidad de irse con un chimpancé a la espalda puede ser demasiado tentadora como para ignorarla. Una vez la carne de caza se prepara, la mayoría de agentes de policía no pueden saber si la carne pertenece a una especie amenazada o no.

Mandriles fotografiados en el Limbe Wildlife Center, Camerún. Clasificados como En Peligro por la UICN, las poblaciones han descendido en un 50 por ciento a causa de la caza y la pérdida de hábitat. El bosque de Ebo es hogar de una de las poblaciones de mandril más grandes de África y es una zona importante para su supervivencia en estado salvaje. Foto de Bernard Dupont, CC ShareAlike 2.0 Generic license

De cazadores a guardianes del bosque

El Proyecto de Investigación del Bosque de Ebo (EFRP) trabaja con habitantes locales en la parte norte del bosque para frenar el flujo de especies explotadas. Cuando el proyecto arrancó en 2005, su trabajo era sobre todo biológico, pero los biólogos de EFRP, durante su investigación, a menudo se encontraban trampas u oían disparos retumbar en el bosque. Era un problema que no podían ignorar.

Como resultado, el EFRP empezó a trabajar directamente con los cazadores. Los investigadores aumentaron la conciencia ecológica al educar a los ciudadanos de las consecuencias de la caza comercial, que sacrifica grandes cantidades de especies silvestres del bosque para alimentar a la población humana. Los científicos explicaron que la caza a gran escala lleva a la “eliminación de un nivel trófico” y que por eso “se puede acabar con un bosque vacío”, dice Abwe.

“Hemos llegado a un parte crucial”, añade. Aunque muchos cazadores entendieron la importancia de conservar el bosque y sus especies, y reconocieron que la caza de especies amenazadas era ilegal, esa conciencia no fue suficiente para reducir la práctica.

Eso es porque la caza sigue siendo una importante fuente de ingresos para la gente que vive en los 19 pueblos que rodean el bosque de Ebo. Un estudio publicado en International Forestry View sugiere que la carne de caza podría aportar al PIB de Camerún tanto como el sector de la minería, unos 97 millones de euros (106 millones de dólares). Así que dejar la caza, que puede ser muy lucrativa, no suele ser una elección fácil ni económicamente factible para las familias con dificultades económicas.

Molino de mandioca del Club des Amis de Gorilles, patrocinado por EFRP en Logndeng, un pueblo al borde del bosque de Ebo. Cazar para sobrevivir ha sido una realidad económica durante mucho tiempo, pero el molino ayuda a proporcionar ingresos alternativos para los lugareños, lo cual reduce la necesidad de cazar. Foto de Daniel Mfossa
Vivero de cacao en Lognana. Las plantaciones abandonadas como esta están volviendo a crecer con la ayuda de Club des Amis des Gorilles para ofrecer ingresos alternativos y reducir la necesidad de cazar en el bosque de Ebo. Foto de Daniel Mfossa

Por eso no es práctico criminalizar la caza sin ofrecer una forma de subsistencia viable. EFRP se dio cuenta de que encontrar otras formas de producir ingresos para los lugareños era absolutamente esencial si querían que la biodiversidad de Ebo sobreviviera.

Así que el equipo de Abwe fue directamente a los cazadores para descubrir qué preferirían hacer para no cazar. Sus respuestas fueron variadas, de criar animales (cerdos de granja) a acuicultura (estanques de peces) o agricultura (plantar cacao). El equipo de EFRP llevó de excursión a los cazadores a Limbe para que vieran esas formas de subsistencia en acción y hablaran con aquellos que las practicaban.

“Muchos [de los cazadores] volvieron [a los pueblos del bosque de Ebo] y empezaron a implementar esas cosas”, dijo Abwe. Las plantaciones de cacao que habían sido abandonadas se volvieron a poner en marcha, y se crearon estanques de peces. Los conflictos entre cazadores y fuerzas policiales se redujeron.

En 2013, Abwe recibió el Whitley Award, premio conocido como “los Oscars verdes”, por su innovación en la conservación del bosque de Ebo. La financiación que siguió permitió a EFRP expandir su iniciativa Club des Amis de Gorilles.

Un equipo de supervisión del Club des Amis des Gorilles examina un mapa de campo. Los clubs están formados por miembros de la comunidad local, muchos antiguos cazadores, que son reclutados para supervisar y proteger la fauna local. Foto cortesía de EFRP-ZSSD

Los 200 miembros de los clubs que se han unido hasta la fecha son antiguos cazadores de los pueblos que rodean Ebo. Para ser miembro no hay más que firmar y prometer proteger el bosque y a los gorilas dentro de las fronteras propuestas para el parque.

Los miembros están a cargo de hacer un seguimiento de los gorilas locales, y en su misión los acompaña un miembro del equipo de EFRP. A principios de año, el Club des Amis des Gorilles grabó por primera vez con cámaras trampas la población de simios de Ebo.

El modelo de los guardianes de los gorilas ha sido un éxito tan grande que EFRP planea expandir los clubs a otras comunidades, aunque dado el limitado rango de hábitat de la población de gorilas, la especie en que se centren sería otra. Abwe se imagina el Club des Amis des Chimpanzees, o incluso a los amenazados mandriles como cara de la conservación en el futuro.

Parque Nacional del Bosque de Ebo, ¿pero cuándo?

Cuando le preguntamos si el bosque de Ebo será el Parque Nacional Ebo, Abwe se ríe. “Me encantaría tener una respuesta para eso”, dice, y añade que la designación de parque natural parece atascada en la tubería burocrática.

“Hemos hecho mucho, y los gobernantes tradicionales [de la comunidad Ebo] han hecho mucho. Solo estamos esperando”. Mientras tanto, los cazadores siguen matando animales de Ebo para conseguir carne y los árboles se siguen cortando para la plantación de palma aceitera de Azur o por parte de los taladores.

Los miembros del equipo de EFRP y el Club des Amis des Gorilles establecieron un equipo de cámaras de seguimiento en el hábitat de los gorilas. Las cámaras trampa como esta captaron las primeras fotos y vídeo de la desconocida especie de gorilas en Ebo. Foto cortesía de Daniel Mfossa/ZSSD

Es cierto que los problemas de Ebo no son nada nuevo. Empezaron a finales de los 60 con la declaración de independencia de Camerún, cuando se extendió el conflicto violento en el país. Para aliviar parte de esa tensión y mejorar el control sobre la población local, el gobierno trasladó a la gente que vivía dentro de las fronteras del parque propuesto a dos pueblos en el exterior.

“Gran parte de lo que hoy es el bosque de Ebo estuvo salpicado de numerosos pequeños pueblos hasta el periodo de malestar social”, explicó a mongabay.com Philip Forboseh, director de programa del programa de bosques costeros de WWF-Camerún.

WWF-Camerún tuvo un papel esencial en el establecimiento de las bases para el parque, apoyó su creación de forma activa durante casi cinco años, pero se apartó en 2013 cuando el progreso se quedó estancado de forma permanente. WWF consideró que no podía seguir justificando un programa completo tan costoso en Ebo sin la garantía de que fuera a conseguir el estado de parque nacional, explicó Forboseh.

Según Abwe, algunos de los gobernantes tradicionales de la comunidad ahora dicen que en lugar de designar el bosque como parque nacional, la gente debería poder volver a sus casas y restablecer los antiguos pueblos en Ebo.

Sin embargo, otros en los pueblos de los alrededores siguen a favor de la creación de un parque y en mayo de 2014 pidieron al gobierno que avanzara con el plan, aunque sin éxito. La oposición de los gobernantes tradicionales que quieren volver al bosque ha llevado el proceso a un parón.

“Entendemos que los archivos aún tienen que recibir aprobación al nivel de la presidencia, por eso aún no hay una designación oficial de parque nacional en Ebo”, dice Forboseh.

Así que la espera sigue.

Evitar otro parque de papel

Aunque la designación de parque natural será inminente pronto, no acabará con los desafíos en Ebo. Camerún ya ha tenido varios parques nacionales, pero esa designación no suele ayudar a detener la caza y la tala ilegales. La carne que se caza en algunos parques aún se puede encontrar a la venta en mercados urbanos y la madera de tierras conservadas todavía se envía a mercados extranjeros.

Aunque algunos parques están bien protegidos, otros, conocidos como parques de papel, solo están protegidos de palabra. Muchos se preguntan si Ebo será uno de esos.

Abwe confía en que el bosque de Ebo no sufra ese destino. Cree que el modelo inclusivo que ha acabado dominando allí —con la participación de todos, desde cargos del gobierno a líderes tradicionales y agricultores, cazadores e investigadores— salvará a Ebo del destino de parque de papel.

No todo es trabajo. El Club des Amies des Gorilles organiza eventos para la comunidad, como esta Copa Gorila, un torneo de fútbol local, para concienciar de la necesidad de proteger a los grandes simios de Ebo y generar orgullo en torno al papel clave que tiene la comunidad en la conservación. Foto cortesía de Daniel Mfossa

“A lo largo de los años hemos adoptado la conservación comunitaria, a través de la cual las comunidades participan en la gestión de recursos”, añadir un brazo legal en forma de parque nacional formalizaría esa relación, afirma. “Queremos una situación en la que haya investigación biológica continua, conservación comunitaria continua en colaboración con el gobierno para asegurar la protección del bosque”.

Los esfuerzos de conservación en Ebo ya están teniendo un efecto significativo, afirma. Donde antes la gente veía un pájaro o un mono como poco más que comida para la olla, ahora se enorgullecen de la biodiversidad que les rodea. Observan, conservan en lugar de solo comer, cuenta.

No obstante, estos cambios en la actitud de los lugareños podrían no significar nada si no se concede la protección pronto.

“Hasta que tengamos un parque nacional y estas fronteras se legalicen y reconozcan por parte de todos, seguiremos con esta situación en la que la gente puede entrar y montarlo todo basándose en sus intereses económicos”, concluye Abwe.

Ya sea por las empresas de palma aceitera que se adentran en los bordes del bosque de Ebo o por los cazadores comerciales de carne que saquean su diversidad, hasta que Ebo reciba una protección adecuada, sus riquezas ecológicas seguirán en peligro y siendo fáciles de tomar. Eso pone uno de los mayores tesoros naturales de Camerún, junto con sus importantes poblaciones de grandes simios, en un grave peligro.

El bosque de Ebo es hogar de una misteriosa población de gorilas, descubierta por los científicos en 2002. En Camerún se encuentran dos subespecies de gorila, el gorila occidental de planicie (Gorilla gorilla gorilla) y una pequeña población de gorilas del río Cross (Gorilla gorilla diehli). Entre esas dos poblaciones, hay una tercera población aislada en Ebo, completamente separada de las otras subespecies, sin otras poblaciones cercanas en un radio de 200 kilómetros (125 millas) Foto de Rhett A. Butler


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