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Perder animales grandes causa serios problemas en los bosques tropicales

  • Un equipo de científicos de Alemania y España construyó un modelo matemático para estudiar la interacción entre plantas y animales, la cual resulta en la distribución de semillas.
  • Los datos de campo recolectados en la Reserva de Biosfera del Manu de Perú formaron la base del modelo.
  • Los científicos descubrieron la importancia de la correlación entre el tamaño de las semillas y el tamaño de las aves en el ecosistema.
  • A medida que las aves más grandes fueron retiradas del bosque, la biodiversidad disminuyó más rápidamente.

No hay duda de que los animales desempeñan un papel fundamental en la salud de los bosques. En estos ecosistemas ricos en especies, las aves y los mamíferos —especialmente los de mayor tamaño— ingieren semillas de todo tipo de plantas y las distribuyen alrededor del bosque. Si esas semillas se arraigan y crecen, cumplen su cometido y hacen que la diversidad de flora del bosque permanezca intacta.

Sin embargo, cuando los animales más grandes —los que los humanos son más propensos a cazar y los que son más afectados por la pérdida de los bosques— desaparecen del ecosistema, la biodiversidad de plantas del bosque baja. La razón no ha sido clara.

En Colombia, el tucán de alta montaña (Andigena sp.) es un pájaro que come frutas en los Andes. Foto de Matthias Schleunin

Para encontrar la respuesta, un equipo de científicos de España y Alemania desarrolló un modelo matemático para probar los efectos de diferentes variables sobre la biodiversidad forestal, así como cuántas semillas realmente se convierten en plántulas. El 31 de mayo reportaron sus resultados en la revista Proceedings of the Royal Society B, y demostraron que la relación entre el tamaño de las aves y las semillas puede ayudar a explicar por qué los animales grandes pueden desempeñar un papel crítico en la salud del ecosistema.

En este caso, el equipo dirigido por Isabel Donoso, estudiante de doctorado y ecóloga de la Universidad de Oviedo en España, estudió a los grandes frugívoros —a las aves que comen fruta.

«Hemos sugerido que los grandes frugívoros son importantes, pero ¿por qué?», dijo Donoso en una entrevista.

Los datos de campo recolectados por los coautores de Donoso en la Reserva de Biosfera del Manu, que se extiende desde los bosques de niebla de los Andes hasta las tierras bajas del Amazonía, respaldaron su modelo. Pero a diferencia del bosque actual, el modelo facilitó a los científicos trabajar con diferentes variables.

«Es muy difícil obtener estos datos desde el campo», explicó Donoso. «Es fácil ver la primera interacción [entre las aves y las semillas], pero no los efectos demográficos”.

«Puedes ver qué pájaro come qué fruta», agregó, pero no cuánto comen, donde defecan o si las semillas del fruto sobreviven.

El Río Pini Pini saliendo del Parque Nacional del Manu en Perú. Foto de Rhett A. Butler

Con el modelo podrían seguir la vida de la semilla virtual, desde el momento en que es ingerida hasta cuando aterriza en el suelo y potencialmente germina. El tamaño de la semilla puede determinar el lugar donde fue ingerida y por cuál animal.

En un ecosistema forestal, las semillas más pequeñas tienen una mejor oportunidad de ser comidas y distribuidas a otras partes del bosque porque, en general, tanto las aves pequeñas como las grandes las comen. Pero cuando una planta invierte en la producción de semillas más grandes, el espectro de las especies de aves que van tras ellos se achica.

Esta relación de tamaño puede valer la pena: los animales más grandes son los que típicamente dispersan mejor las semillas; los transportan más lejos y más semillas germinan en plantas.

Las semillas más grandes requieren de más energía para formarse, por lo que las plantas no las producen mucho. Pero eso también es una forma de atraer a las aves para que se las coman, como si las semillas dijeran: «soy menos abundante, pero soy mejor», explicó Donoso.

El guacamayo rojo (Ara chloroptera) en vuelo en el Parque Nacional del Manu, Perú. Foto de Rhett A. Butler

Sin embargo, desde una perspectiva evolutiva, esta compensación de calidad sobre cantidad se parece a una apuesta, y la estrategia no tiene en cuenta el impacto que los seres humanos tenemos en el entorno forestal.

«Los pájaros grandes o grandes mamíferos suelen ser los más afectados por los humanos debido a la deforestación», dijo Donoso.

A medida que las aves grandes desaparecen del ecosistema en el modelo del equipo, menos plántulas de una gama más pequeña de especies de plantas sobreviven. Es más, este efecto es más pronunciado y ocurre más rápidamente si las aves más grandes se encuentran entre los animales expulsados del ecosistema.

Esta comprensión más profunda de la importancia crítica de los animales grandes debería ayudar a guiar los movimientos futuros para proteger los bosques tropicales, dijo Donoso.

«Si tratamos de evitar —y detener— la decadencia de las funciones de los ecosistemas, especialmente en los trópicos, necesitamos urgentemente medidas de conservación dirigidas a grandes especies de animales», dijo en un comunicado. «De lo contrario, la exuberante diversidad de bosques tropicales, tal como lo conocemos, pronto podría ser una sombra del pasado».

Un cuervo-frutero (Familia Cotinga), en Colombia, también vive en los Andes y es un frugívoro importante. Foto de Matthias Schleuning.

REFERENCIA:

Esta historia fue publicada por primera vez en la web en inglés el 14 de junio de 2017.

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