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Victoria indígena: presidente brasileño decreta una reserva en el Amazonas de 1,2 millones de hectáreas

  • En una rara victoria para la población indígena brasileña, el presidente Temer ha establecido el Territorio Indígena Turubaxi-Téa de 1,2 millones de hectáreas a lo largo del río Negro Medio en el estado de Amazonas.
  • Mientras que las ONG y los grupos indígenas aplauden la decisión, señalan que la región no había sido reclamada por los ruralistas que apoyan a Temer, la agroindustria ni los intereses mineros, que han disputado agresivamente las reclamaciones indígenas a tierras ancestrales en la región al sur del Amazonas.
  • A principios de septiembre, Temer canceló un decreto que establecía el Territorio indígena de Jaraguá, de 532 hectáreas, en el estado de São Paulo, el hogar ancestral de 700 Indígenas guaraníes. Como resultado, el grupo indígena ha sido apiñado en una reserva que cubre solo 1,7 hectáreas.
  • Brasil también acaba de establecer el Territorio Indígena de Tapeba de 5200 hectáreas, cerca de Fortaleza, la capital del estado nororiental de Ceará. Estas victorias indígenas no parecen indicar un giro en la serie de iniciativas de Temer que debilitan los derechos de las tierras indígenas.
Indígenas Tapeba durante una “retomada” (reocupación) de sus tierras ancestrales en el Territorio Indígena de Tapeba. Fotografía de Renato Santana / Cimi

El gobierno de Temer, ampliamente criticado por sus ataques a los derechos indígenas, ha aprobado su primera medida importante a favor de las comunidades indígenas del país.

A principios de septiembre, el boletín oficial de Brasil publicó un decreto, firmado por el ministro de Justicia Torquato Jardim, que establece el Territorio Indígena de Turubaxi-Téa a lo largo de la mitad del curso del río Negro en el estado de Amazonas. Más de 900 indígenas de diez grupos diferentes, distribuidos en ocho aldeas, habitan en la reserva, que cubre 1,2 millones de hectáreas (2,9 millones de acres).

Es una victoria importante para los indígenas, que han estado luchando durante dos décadas para que se les reconozcan sus tierras. La larga demora ha perjudicado a las comunidades, ya que las tierras sin demarcar han sido invadidas repetidamente por leñadores y agricultores.

Los grupos indígenas están seguros de que, ahora, la situación mejorará. “Todavía estamos sufriendo amenazas y otros actos de faltas de respeto”, dijo Carlos Nery Pira-Tapuya, presidente de la Asociación de las Comunidades Indígenas en la Mitad del Río Negro (ACIMRN). “Pero creemos que, una vez que nuestro territorio sea demarcado, habrá menos invasiones y de esta forma nuestras comunidades tendrán la capacidad de realizar grandes avances en la administración del territorio”.

Marivelton Barroso Baré, presidente de la Federación de las Organizaciones Indígenas de Río Negro (FOIRN), dijo que el gobierno por fin hizo lo que tenía que haber hecho hace años: “Es la obligación del estado brasileño reconocer los derechos de la población indígena como habitantes originales. Ahora necesitamos seguir luchando para acelerar otras demarcaciones en la región”.

Una manifestación guaraní, denominada “O Jaraguá é guarani,” en el centro de Sao Paulo, en julio 2014. Fotografía de Isabel Harari / ISA

A pesar de las repetidas incursiones por parte de leñadores y agricultores, la disputa por esta tierra no ha sido de ninguna manera tan feroz o violenta como en la cuenca al sur del Amazonas, donde ha llegado la agroindustria a gran escala y la construcción de autovías ha incrementado el acceso a los forasteros y llevado a una subida vertiginosa en los precios de la tierra.

Nadie en Brasilia estaba presionando contra la creación de la reserva Turubaxi-Téa y nadie disputó sus límites, establecidos por la agencia indígena FUNAI después de un estudio antropológico. En el sur del Amazonas, los ruralistas han trabajado agresivamente para minar los derechos indígenas y disputar las reclamaciones de tierras.

Aun así, el proceso está lejos de completarse. La antropóloga, Lúcia Van Velthem, que coordinó el estudio antropólogico, dijo que todavía se requieren dos importantes pasos: la delimitación física de los límites de la reserva y la aprobación final, conocida como homologação, que da a los indígenas derechos definitivos sobre las tierras. “Ambos procesos llevan tiempo y son difíciles”, advirtió.

El territorio de Turubaxi-Téa está habitado por indígenas de los grupos Arapaso, Baniwa, Baré, Desana, Nadöb, Kuripaco, Pira-Tapuya, Tariana, Tikuna y Tukano. La creación de esta nueva reserva eleva hasta ocho el número de territorios indígenas en la región. Juntas, estas ocho reservas indígenas cubren casi 13 millones de hectáreas (32 millones de acres), con una población total de más de 30 000 personas.

En la actualidad, este mosaico de territorios está funcionando como una barrera efectiva contra la deforestación y ayudan a proteger las extensiones menos dañadas de bosque tropical en el mundo.

A pesar de la incertidumbre política de los últimos años, las comunidades a lo largo del río Negro Medio han realizado varios avances importantes. Han conseguido que se reconozca su forma de cultivo tradicional como un “patrimonio nacional” por el IPHAN (el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico) del ministro de cultura.

También crearon un proyecto innovador de pesca recreativa comunitario en el que indígenas formados asisten a pescadores de visita y vigilan sus actividades, un programa implementado en asociación con FUNAI, la agencia gubernamental IBAMA, la ONG Instituto Socioambiental (ISA) y el consejo municipal de Santa Isabel do Rio Negro. El proyecto de pesca se ha convertido en una fuente sostenible de ingresos para las comunidades.

Una madre indígena y su hija disfrutan en un río del Amazonas. El establecimiento del Territorio Indígena de Turubaxi-Téa, que cubre 1,2 millones de hectáreas a lo largo del río Negro Medio en el estado de Amazonas, es una importante victoria para los grupos indígenas en Brasil, en un momento en que muchas de las decisiones del gobierno han ido contra los derechos ancestrales de las tierras. Fotografía crédito de: Zanini H. vía Visual Hunt / CC BY

Aunque el establecimiento de este territorio es importante, el expediente del gobierno de Temer sobre los asuntos indígenas sigue siendo deprimente, dicen los críticos. “La declaración de los límites del territorio indígena de Turubaxi-Téa eleva los logros del ministro Toquato Jardim un poco por encima de cero, dado que el gobierno de Temer todavía no ha completado el proceso de demarcación de ningún territorio indígena”, comentó Márcio Santilli, miembro fundador de ISA.

El gobierno de Temer ha atacado los derechos indígenas de diferentes maneras. Ha ordenado a FUNAI que rechace todas las demarcaciones de tierras indígenas donde los indígenas no estaban presentes físicamente en el territorio en 1988, la fecha de la proclamación de la constitución actual (una maniobra legal conocida como el marco temporal). La administración también ha introducido legislación que haría posible que trabajos públicos “estratégicos”, como presas o carreteras, puedan ser llevados a cabo en tierras indígenas sin consultarlo con los indígenas, lo que viola la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmada por Brasil.

El presupuesto de FUNAI ha sido recortado dramáticamente, lo que hace mucho más duro para la agencia vigilar lo que está sucediendo en las regiones distantes. Dos masacres todavía sin confirmar de indígenas aislados en el Territorio Indígena de Vale do Javari, en la parte sudoccidental del Amazonas, son un ejemplo del tipo de atrocidad que podría producirse como consecuencia.

De hecho, la creación del Territorio Indígena de Turubaxi-Téa parece ser un caso aislado, no señala un cambio en la política del gobierno.

A principios de septiembre, el mismo ministro de Justicia —Torquato Jardim— declaró nulo un decreto que había establecido que el territorio indígena de Jaraguá en el estado de São Paulo. Este territorio, que cubre 532 hectáreas (1314 acres), es el hogar ancestral de 700 indígenas guaraníes. Como consecuencia, el grupo indígena ahora ha sido encajonado en un área de solo 1,7 hectáreas (4,2 acres), el tamaño de dos campos de fútbol.

La anulación provocó una reacción feroz por parte de 29 ONG y organismos indígenas. Emitieron, conjuntamente, un comunicado de prensa severo en el que denominaban el acto “una medida anticonstitucional que establece un precedente serio y demuestra la determinación del gobierno de Temer de revisar todos los territorios indígenas que, en la actualidad, están siendo demarcados para complacer al grupo rural, con su base en el Congreso”.

El territorio indígena de Jaraguá fue creado en junio 2015, después de que los indígenas guaraníes llevasen a cabo una serie de movilizaciones bien apoyadas en la ciudad de São Paulo. Pero los terratenientes locales no aceptaron el acuerdo legal que entrega sus valiosos bienes raíces a los indígenas. El antiguo diputado federal, Tito Costa, fue a los tribunales, donde afirma que la tierra le pertenece en una acción que todavía no ha sido juzgada en los tribunales.

Una buena noticia, aunque pequeña, para la población indígena brasileña, a principios de septiembre Torquato Jardim también estableció las 5200 hectáreas (12 850 acres) del Territorio Indígena de Tapeba, localizado a las afueras de Fortaleza, la capital del estado nororiental de Ceará. Esta acción marca el final de un largo proceso de negociación, en el que participaron FUNAI, los gobiernos estatales y municipales, los líderes indígenas Tapeba y una de las fuerzas políticas más poderosas de la región, la familia Arruda Coelho, que es la propietaria de una granja superpuesta encima de tierras indígenas.

Al principio, los indígenas llamaron a una demanda para renunciar a 544 hectáreas (1444 acres), un 10% de su territorio reclamado —la mayor parte a la familia Arruda Coelho— como “indecente e inmoral”. Pero, debido a que el proceso de demarcación se estancó después de que la familia de élite fuese a los tribunales, finalmente los indígenas cedieron a la creación de una reserva más pequeña. Los 7000 indígenas han acogido con satisfacción la creación del territorio después de muchos años de lucha, pero otros lo ven, como mucho, como una victoria parcial.