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A medida que la ruta de la tala ilegal en Perú se acerca a Brasil, los grupos indígenas advierten un desastre

  • Los madereros están reabriendo ilegalmente una carretera abandonada en la región de Ucayali en Perú, lo que amenaza a muchos territorios indígenas a lo largo de la frontera del país con Brasil, informan los activistas.
  • Según consta, el mes pasado la carretera UC-105 atravesó la reserva indígena Sawawo en Perú y se detuvo apenas a 11 kilómetros del límite con Brasil.
  • El proyecto no cuenta con la autorización del gobierno peruano; no obstante, ha avanzado a pasos agigantados, sin haber realizado estudios sobre el impacto medioambiental ni consultas con las comunidades, comentan los líderes indígenas.
  • Los detractores de la carretera afirman que esta incrementará repentinamente la desforestación, el narcotráfico y la degradación del río para las comunidades indígenas de la región, que han luchado contra los madereros por décadas, y ahora exigen que las autoridades actúen para detener su avance.

En el borde occidental de la Amazonía brasileña, una selva exuberante se extiende a lo largo de una reserva protegida donde habita el pueblo indígena asháninka. Sin embargo, apenas a unos kilómetros de allí, una carretera toscamente forjada atraviesa la reserva gemela de los asháninka a lo largo de la frontera en Perú.

Flanqueados por árboles caídos, un par de tractores yacen abandonados. La escena resulta emblemática de lo que los líderes indígenas de Brasil y de Perú han denunciado respecto de la carretera ilegal que están abriendo los madereros ilegales, quienes están invadiendo la reserva indígena Sawawo de los asháninka, del lado peruano de la frontera. Las imágenes satelitales recopiladas por los activistas muestran que el proyecto está reabriendo una red de caminos abandonados que se construyeron durante el auge de la tala hace más de dos décadas. Si se construye, la carretera se extenderá 184 kilómetros desde el centro de tala de Nueva Italia hasta Puerto Breu, un pueblo de unos 300 habitantes en la región de Ucayali en Perú.

La carretera, conocida como UC-105, avanza rápidamente; el mes pasado, se adentró en la reserva Sawawo, justo a 11 km de la frontera con Brasil, según un expediente que envió un grupo de líderes indígenas a las autoridades peruanas y brasileñas. Se detuvo en la naciente del río Amônia, que corre al otro lado de la frontera y hasta la reserva indígena Kampa do Rio Amônia/Apiwtxa, donde viven los asháninka en el estado brasileño de Acre.

“No hay supervisión, no hay control”, Francisco Piyãko, líder indígena asháninka de la reserva Kampa do Rio Amônia/Apiwtxa, le dijo a Mongabay por teléfono. “Es un desastre”.

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En total, ya se han labrado unos 60 km de ruta, según el expediente, aunque el proyecto no cuenta con la autorización del gobierno peruano. Los líderes indígenas afirman que lo financian las empresas de tala y que estas no han llevado a cabo un estudio del impacto medioambiental ni consultado con las comunidades indígenas cuyas tierras surcará la autopista (requisito en virtud de la ley internacional).

“Ya están avanzando con esta destrucción sin ninguna participación de las comunidades indígenas”, comentó Piyãko. “Esta carretera excede completamente la ley”.

Se estima que la ruta afectará a 30 comunidades indígenas y tradicionales en las regiones de Ucayali, Alto Tamaya y Alto Juruá de Perú y Brasil, hogar de más de media docena de grupos indígenas, entre ellos, los pueblos asháninka, apolima-arara, kuntanawa y jaminawa/arara. En Acre, la ruta pasará cerca de las reservas indígenas Arara do Rio Amônia, Kampa do Rio Amônia/Apiwtxa y Kaxinawa do Rio Breu, así como de la reserva extractivista Alto Juruá.

Según los informes, los madereros están reabriendo ilegalmente una ruta abandonada en la remota región de Ucayali de Perú, lo que amenaza a decenas de tierras indígenas a lo largo de la frontera del país con Brasil. Foto cortesía de ProPurús y ACONADIYSH.

Luego de que la ocupación se informara a las autoridades de ambos países, aparentemente, un agente del cumplimiento de la ley medioambiental peruano incautó las llaves de los dos tractores que se usaban para despejar la carretera y expulsó a los madereros que acampaban en la selva. Sin embargo, los líderes indígenas temen que, ante la falta de un castigo más severo, los invasores retomen las actividades donde las dejaron.

De todas formas, en esta remota extensión de la Amazonía peruana, adonde los bienes se trasladan en aviones pequeños, los líderes indígenas dicen que el proyecto de la carretera ya se ha ganado el apoyo de los políticos locales. La población dispersa también ha recibido la carretera con los brazos abiertos, dicen los activistas, seducidos por las promesas de los madereros de que conectará Ucayali con el resto de Perú y de Brasil, y de que traerá así comercio y prosperidad a la región empobrecida.

Sin embargo, los líderes indígenas de ambos países no coinciden con esto. Advierten que la ruta solo sembrará el caos en esta porción virgen de la Amazonía y en las reservas indígenas que se asientan a ambos lados de la frontera. Su avance ya está impulsando la deforestación, amenazando los ríos y abriendo la región al narcotráfico, según manifestaron los grupos en el expediente.

Presuntamente, los madereros ilegales invadieron la reserva indígena Sawawo en Perú, cerca de la frontera con Brasil, y acamparon mientras despejaban el camino para labrar una carretera ilegal en la zona remota. Foto cortesía de ProPurús y ACONADIYSH.

“[Dado] que esta es una zona transfronteriza y ante una posible amenaza para la soberanía nacional, se requieren mediación y acuerdos diplomáticos con Perú, ya que es una sección de la carretera en construcción solo en el territorio peruano”, explicó Funai, el organismo federal encargado de proteger los intereses de los pueblos indígenas en Brasil, en una declaración por correo electrónico.

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Funai manifestó que está analizando el dossier que enviaron los grupos indígenas y que hay planes de reenviar el caso a la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), a la agencia de cumplimiento medioambiental (IBAMA) y a los ministerios de defensa y asuntos exteriores. Agregó que “continuará brindando todo el apoyo necesario para la preparación de los planes de protección territorial para las tierras indígenas de la región”.

Sequía, drogas y deforestación

En Ucayali, lo líderes indígenas dicen que ya se percibe la presión en sus territorios. Desde el año pasado, aparentemente, los madereros han ido bajando por la zona con fuerza, invadiendo las tierras indígenas y extrayendo ilegalmente la madera mientras reabren la carretera.

Hace poco, también se forjaron dos pistas de aterrizaje cerca del tramo recientemente reabierto de la ruta, y ya han aparecido plantaciones de coca por toda la región, lo que indica que el área puede correr el riesgo de convertirse en un nuevo centro de tráfico de drogas destinadas a Brasil, agregó.

“Hoy, las drogas que ingresan a Brasil a través de Perú en esta región (…) entran de a poco en pequeñas cantidades, y se las transporta a pie a través de la selva”, Evandro José Linhares Ferreira, investigador del Instituto Nacional de Investigación Amazónica (INPA), quien ha estudiado la región, comentó en una entrevista telefónica. “Cuando abra esta carretera, habrá un aluvión de camiones que intentarán llevar droga al otro lado de la frontera”.

A pesar de las promesas de los políticos y de las empresas de tala, es probable que los beneficios económicos de la carretera sean escasos, dijo Ferreira. Dado que los bienes agrícolas que se han de exportar a Brasil son pocos, dijo, es muy probable que el proyecto solo sirva a los intereses mucho más reducidos de las empresas de tala que transportan madera afuera de la región.

La carretera UC-105 que, según se informó, los madereros están construyendo ilegalmente en la región de Ucayali de Perú, amenaza a decenas de comunidades indígenas a lo largo de la frontera entre Brasil y Perú. Los líderes indígenas exigieron que las autoridades detuvieran el avance de la carretera. Foto cortesía de ProPurús y ACONADIYSH.

Los opositores dicen que, a medida que la carretera UC-105 avance, la zona remota verá una oleada de migrantes de otras partes del país, atraídos por la promesa de tierras abundantes que puedan talar.

“Tememos que la carretera atraiga familias y que estas se establezcan en la región y despejen la selva para cultivar, entre otras cosas, coca”, dijo Piyãko, en cuyo pueblo habitan 1200 indígenas. “Traerá la ocupación de nuestras tierras y amenazará nuestra cultura”.

Malu Ochoa, asesora técnica de políticas públicas de Comissão Pró-Índio de Acre, una organización sin fines de lucro que defiende los derechos indígenas, dijo que la carretera ilícita atrae a madereros ilegales a la región.

“[Esta carretera] afectará enormemente a los pueblos indígenas, tanto del lado peruano como del brasileño”, comentó en una entrevista telefónica.

Por toda la Amazonía, las carreteras suelen traer consigo niveles vertiginosos de deforestación. Según un estudio realizado en 2020 se estima que la Amazonía brasileña perderá cerca de 1.42 millones de hectáreas —un área equivalente al doble del tamaño de Bélgica— en las próximas dos décadas, a causa de proyectos viales. Si bien la ubicación remota de la región fronteriza de Acre-Ucayali la ha protegido durante mucho tiempo de gran parte de la destrucción que se está produciendo en otras zonas de la Amazonía, los detractores advierten que la carretera UC-105 podría cambiar la situación.

“Las carreteras son un desencadenante enorme de deforestación”, dijo Miguel Scarcello, director ejecutivo de SOS Amazônia, una organización medioambiental sin fines de lucro que vigila el impacto de los proyectos viales en la región. “Preparan el camino para la ocupación”.

La carretera también serpenteará a través de media docena de ríos, muchos de los cuales tienen su naciente en Perú y corren hasta las reservas indígenas en Brasil, como muestra el expediente. Los líderes indígenas dicen que la deforestación, junto con la carretera, debilitará las márgenes de los ríos y causará la sedimentación de estos. La tala de la selva también puede reducir el volumen de agua en los ríos y así amenazar el suministro de agua y aumentar el riesgo de sequías en el futuro, advierten los líderes indígenas.

“Están dañando nuestros ríos y deforestarán grandes tramos a lo largo de esta carretera”, dijo Piyãko. “Y las consecuencias para nosotros serán devastadoras”.

A comienzos de agosto, los indígenas de la reserva Sawawo en Perú hallaron dos tractores en su territorio que, al parecer, se estaban usando para despejar el bosque y abrir una ruta de tala ilegal abandonada. Foto cortesía de ProPurús y ACONADIYSH.

Una batalla desde hace décadas

Para muchos de los líderes indígenas de la región, la acometida de invasores se remonta al auge de la tala que tuvo a la zona en vilo hace más de dos décadas y que dejó una estela de destrucción y violencia que las comunidades recuerdan vívidamente.

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Los orígenes de la carretera UC-105 se remontan a finales de la década de 1990, cuando la empresa de tala Forestal Venao creó ilegalmente una red de senderos de 268 km de extensión para conectar la región con el río Ucayali. Extrajo y transportó ilegalmente árboles de caoba y cedro de la zona, haciendo flotar los troncos por el río hasta la ciudad peruana de Pucallpa.

A medida que la tala ganaba terreno, las autoridades peruanas empezaron a otorgar concesiones agroforestales a las empresas madereras de la zona con la intención de controlar la deforestación ilegal y promover el uso sostenible del bosque. En cambio, las empresas de tala descendieron por las tierras indígenas que bordeaban sus concesiones y las invadieron y deforestaron ilegalmente, dicen los defensores de los indígenas.

Según Ferreira, se estima que se otorgaron unos 3.5 millones de hectáreas en concesiones agroforestales en Ucayali, las cuales “permitieron que los madereros ingresaran en estas áreas remotas”.

Allá por 2006, las autoridades brasileñas y peruanas adoptaron medidas severas contra los madereros ilegales y cerraron la carretera UC-105 ante la creciente presión de las comunidades indígenas. No obstante, las invasiones a los territorios continuaron sin descanso y los invasores incluso cruzaron a Brasil en 2007 y de nuevo en 2011 para extraer ilegalmente madera de caoba y cedro de la reserva de los asháninka, informaron los líderes indígenas a Mongabay.

Del lado peruano, algunos madereros incluso presionaron y persuadieron a los líderes indígenas para que les permitieran extraer madera de sus tierras a cambio de una porción de sus ganancias o de ayuda para asegurar los derechos sobre sus tierras ancestrales, dicen los activistas. Los conflictos por la tierra en la zona aumentaron y aparentemente los madereros ilegales mataron a cuatro asháninkas en 2014 que luchaban por expulsar a los invasores y obtener títulos de propiedad de sus tierras.

“La presencia de los madereros realmente daña el entramado cultural de nuestras comunidades”, dijo Piyãko. “Explotaron los territorios indígenas aquí y dejaron tras de sí una destrucción inmensa del bosque, de la cultura y de las costumbres”.

En los últimos años, sin embargo, parece que la reapertura de la carretera ha ganado un apoyo político renovado, gracias a los alcaldes locales que tienen la ambición de conectar la región de Ucayali con Brasil para abrir nuevos mercados de exportación e impulsar la economía local. Asimismo, el Congreso Nacional de Perú promocionó la carretera a comienzos de este año argumentando que su construcción era de “interés nacional”.

Al otro lado de la frontera, en Brasil, los legisladores y políticos han sometido a discusión una visión similar. La protección de las tierras indígenas ha mermado debido a la promesa del presidente Jair Bolsonaro de abrir las reservas a madereros, agricultores y mineros salvajes.

En Acre, los aliados de Bolsonaro también están impulsando planes para extender la autopista BR-364 a Perú disminuyendo el estado de protección del parque nacional Serra do Divisor, uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta, y atravesando esta inmaculada zona protegida. Del lado peruano de la frontera, se está planificando una extensión similar, con la intención de conectar Cruzeiro do Sul en Acre con la ciudad de Pucallpa en Perú.

Río Moa y parque nacional Serra do Divisor. Los aliados de Bolsonaro también están impulsando planes para extender la autopista BR-364 a Perú disminuyendo el estado de protección del parque nacional Serra do Divisor, uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta, y atravesando esta inmaculada zona protegida. Imagen de A209 a través de Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Los activistas del lado brasileño afirman que el proyecto vial afectará profundamente las comunidades indígenas y ribereñas de la zona, que se ubica a unos 200 km al norte de donde la UC-105 se está construyendo. Los líderes indígenas en comunidades como la reserva indígena Poyanawa dicen que a ellos tampoco les consultaron sobre la extensión de la BR-364.

En conjunto, los dos proyectos de carreteras no hacen más que aumentar la presión sobre las áreas protegidas y las reservas indígenas a lo largo del límite entre Brasil y Perú, afirman los grupos de derechos indígenas.

“Siempre ha habido interés en extraer árboles de las reservas indígenas”, dijo Ochoa. “El contexto político no hace más que avivarlo. Y los resultados son evidentes”.

Foto de banner: Los líderes indígenas que habitan a lo largo de la frontera entre Brasil y Perú dicen que la carretera que se está forjando en uno de sus territorios talará el bosque, degradará los ríos y abrirá las puertas al narcotráfico. A principios de agosto, alertaron a las autoridades sobre madereros que estaban abriendo ilegalmente la carretera con dos tractores. Foto cortesía de ProPurús y ACONADIYSH.

Artículo original: https://news.mongabay.com/2021/09/as-illegal-logging-route-in-peru-nears-brazil-indigenous-groups-warn-of-calamity/

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