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Chile: sequía y expansión urbana y agrícola amenazan al Parque Nacional La Campana

Zorro culpeo en Parque Nacional La Campana. Foto: CONAF

  • Aunque el invierno 2022 trajo lluvias que no se veían hace más de 12 años debido a una extensa sequía, expertos aseguran que aún es muy pronto para asegurar que la tendencia climática que venía dándose se ha revertido.
  • El aumento en la superficie de cultivos de paltos y cítricos ha reforzado, además, la sequía producto del cambio climático y el crecimiento urbano expone a los animales y plantas del parque a una mayor presión.

El Parque Nacional La Campana, ubicado en la región de Valparaíso, es una joya en la zona central de Chile. Un oasis de biodiversidad en medio de una de las áreas más pobladas del país. En él confluyen distintas especies vegetales propias del norte, del centro, pero también del sur de Chile acostumbradas a una humedad mucho mayor que la presente en estas latitudes.

“Sucede que la nubosidad costera, al chocar con el cerro La Campana, produce un microclima que aporta mayor humedad permitiendo una vegetación más abundante”, explica uno de los guardaparques. Este parque nacional, que es también zona núcleo de la reserva de la biósfera La Campana-Peñuelas, es el principal reservorio para la palma chilena (Jubaea chilensis), que se encuentra en Peligro Crítico y es una especie  endémica de este país lo que significa que no es posible encontrarla de manera silvestre en ningún otro lugar del mundo.

La importancia de esta área protegida también se refleja en que ahí habitan animales clasificados en la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional Para la Conservación de la Naturaleza, como zorros culpeo y chilla, pumas, gatos güiña y colocolo. Esta joya natural enfrenta numerosas amenazas.

La sequía de la última década, la expansión de las zonas urbanas y de las plantaciones de paltos y cítricos han acorralado cada vez más al parque. ¿Cuál es la situación?

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La palma chilena en peligro crítico

“En los últimos 200 años desapareció el 98 % de las palmas que había en Chile principalmente por la producción de miel”, cuenta la geógrafa, Paloma Bravo, jefa de la sección de monitoreo y desarrollo del departamento regional de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), organismo encargado de la administración de las áreas silvestres protegidas del Estado. En efecto, durante mucho tiempo estos árboles fueron tumbados para obtener de ellos su savia, la que servía para producir la llamada miel de palma.

A partir del año 2000, debido al precario estado en el que estaba la especie, se prohibió su tala y se clasificó a la palma chilena en estado Vulnerable. Hoy, sin embargo, su estado de conservación continúa siendo muy preocupante, tanto que en 2020 la especie pasó a ser considerada en Peligro Crítico por el Ministerio de Medio Ambiente.

Palma chilena en el Parque Nacional La Campana. Foto: CONAF.

Para que una palma chilena llegue a su adultez y comience a producir semillas que permitan su regeneración, deben pasar por lo menos 70 años. Ese lento crecimiento es, de por sí, una variable que hace que esta especie sea altamente vulnerable, puesto que “tiene que pasar por muchas amenazas durante su vida para poder llegar a adulta y poder reproducirse”, explica Bravo. Pero el problema es que, además, la producción de nuevas palmas se encuentra fuertemente disminuida debido, principalmente, a la poca disponibilidad de semillas y al hecho de que las pequeñas plantas suelen ser devoradas por el ganado y los conejos.

El estudio que en 2020 permitió entregar la evidencia científica necesaria para categorizar a la palma chilena en Peligro Crítico demostró que por cada palma adulta hay una palma en regeneración, “lo que es trágico porque cada palma adulta produce 1200 semillas aproximadamente, lo que significa que, hablando en términos absolutos, deberían haber 1200 palmas nuevas por cada palma adulta y solamente hay una”, sostiene la geógrafa.

Las semillas de la palma chilena “son como los cocos que dan las palmeras en el trópico, pero en miniatura”, explica la experta, y son muy apetecidas en el mercado local, pero principalmente en el asiático. De hecho, en 2016 “se exportaron mil kilos de semillas, mientras que en 2017 se exportaron 116 000 kilos”, asegura la funcionaria.

Parque Nacional La Campana. Foto: CONAF.

Al interior del Parque Nacional La Campana, la recolección de semillas de palma chilena está prohibida desde el año 2017, pero fuera del área protegida está permitida, por lo que la práctica continúa, de hecho, está muy arraigada a la cultura campesina de la zona central de Chile. “Lamentablemente fuera (del parque) se sigue haciendo extracción de semillas y aún no podemos hacer una incidencia en la legislación chilena para que se prohíba esa extracción. Estamos trabajando en eso”, dice Bravo.

Además, “la extracción todavía ocurre al interior del área protegida y es muy difícil de fiscalizar porque hay muchos accesos no regulados al parque”, agrega el guardaparque, Cipriano Núñez. Esta actividad ilegal también fue confirmada por Bravo, sin embargo, la experta confía en que se irá reduciendo con el tiempo, gracias a las acciones de educación ambiental y participación ciudadana que se han venido desarrollando.

Las pocas posibilidades que tiene la palma chilena de regenerarse debido a la escasez de semillas no es la única amenaza que enfrenta la especie. Sucede que, aun si una pequeña palma logra germinar, es posible que sea devorada por alguna de las vacas que ingresan al  parque nacional. Además, la intensa sequía de la última década también estaría causando estragos en algunos individuos.

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Los estragos de la sequía

Este año 2022 volvieron las lluvias a la zona central de Chile. Fueron 12 años de sequía que azotaron a gran parte del país y que impactaron notoriamente en la vegetación nativa que había comenzado a morir, aun cuando naturalmente se trata de especies adaptadas para sobrevivir en ambientes áridos.

Afortunadamente, “este año fue casi normal” en términos de precipitaciones, dice Bravo, y ya se ha visto una recuperación de la vegetación. Sin embargo, especialistas aseguran que aún es muy pronto para asegurar que la tendencia climática, que venía dándose desde hace más de una década, se ha revertido.

“El peumo fue muy afectado, el quillay, muchos de los fondos de quebrada, palos santos se están secando, lingue, entonces tenemos una transformación del paisaje bastante severa lo que impacta en toda la dinámica del ecosistema”, dice Núñez. En cuanto a las palmas chilenas “hemos identificado algunas a las que se les ha salido el penacho (las hojas)”, cuenta Bravo, y aunque no existe por ahora un estudio científico que compruebe que dicha afectación se debe a la sequía, el conocimiento local y de los guardaparques plantea que esa sería la razón, sostiene la geógrafa. El problema, precisa, es que al perder sus hojas, la planta inevitablemente morirá puesto que no podrá hacer el proceso de fotosíntesis.

Los impactos sobre la vegetación del parque se pueden ver claramente en las imágenes satelitales que procesa una plataforma de monitoreo a cargo del laboratorio de Geo-Información y Percepción Remota de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Las imágenes satelitales, que se obtienen cada 28 días aproximadamente, permiten hacer una proyección hacia atrás y comparar el verdor de la vegetación con el de hace 20 años. De esa manera, la plataforma puede emitir alertas de sequedad al interior del área protegida.

Alertas de sequedad emitidas en septiembre 2021 en comparación con el verdor de la vegetación de hace 20 años atrás.
Alertas de sequedad emitidas en septiembre 2020 en comparación con el verdor de la vegetación de hace 20 años atrás.
Alertas de sequedad emitidas en septiembre de este año en comparación con el verdor de la vegetación de hace 20 años atrás.

Al mismo tiempo, dice Bravo, también es posible ver fácilmente en Google Earth cómo en los alrededores del parque la vegetación se ha vuelto notoriamente más verde. Ese verdor, sin embargo, no está asociado a una recuperación, asegura la experta, sino a un reemplazo de la vegetación nativa por monocultivos de paltos principalmente y también de cítricos. “Donde antes había vegetación xerofítica, que estaba adaptada a un clima con una disponibilidad de agua escasa, se instaló esta vegetación que tiene una gran demanda de agua, entonces eso aceleró la sequía”, sostiene la geógrafa.

Sumado a la expansión agrícola, la creciente urbanización en los alrededores del parque también es otra de las amenazas del área protegida. “El Parque Nacional La Campana tiene un grado de presión vinculado al crecimiento poblacional tanto de carácter regular como irregular, es decir, tomas (invasiones)”, dice Christian Díaz, jefe de Conaf en la provincia de Quillota.

Dicha presión, explica Díaz, se traduce en un mayor riesgo a la ocurrencia de incendios forestales, sobre todo considerando la condiciones de sequedad del territorio, pero también al hecho de que cada vez más este refugio natural, ubicado en medio de una de las regiones más pobladas del país, se convierta en una isla restringiendo la libertad de desplazamiento de las especies que habitan en él.

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Los animales amenazados del parque

Los guardaparques de La Campana monitorean el área protegida, desde 2017, con cámaras trampa que instalan en 60 puntos estratégicos. Gracias a esta herramienta, que permite “espiar” a los animales en su ambiente natural ya que los fotografía en cuanto detecta un movimiento, CONAF ha podido confirmar la presencia de especies que se encuentran en frágiles estados de conservación.

Imagen de gato Colocolo capturada con cámaras trampa. Foto: Parque Nacional La Campana.

“Lo más novedoso que encontramos fue la presencia de gato ColoColo (Leopardus colocolo)”, especie de gato silvestre Casi Amenazada según la UICN. “Fue una gran felicidad porque ni guardaparques más antiguos ni los que estamos actualmente habíamos tenido la suerte de detectarlo”, cuenta Núñez, quien también es encargado del monitoreo de objetos de conservación biológicos dentro del área protegida. El segundo hallazgo, agrega el guardaparque, fue la detección de güiñas (Leopardus guigna), otro gato silvestre en estado Vulnerable.

Además, el parque es también hábitat de dos tipos de zorros, el culpeo (Lycalopex culpaeus) y el chilla (Lycalopex griseus), así como el chingue (o zorrillos), cuyo nombre científico es Conepatus chinga, y de pumas (Puma concolor). Estas dos últimas especies, sin embargo, hasta ahora no han sido detectadas por el sistema de monitoreo, aunque Núñez no pierde la esperanza de un día registrarlas porque “hace un par de años un colega cree que detectó huellas de puma, justamente en este proceso de instalación de cámaras trampas”, cuenta.

Imagen de zorro chilla capturada con cámaras trampa. Foto: Parque Nacional La Campana.

Según Diego Valencia, jefe nacional de monitoreo de la Conaf, “la principal amenaza para el gato colocolo y para la mayoría de estos gatos pequeños es la fragmentación de sus hábitats”, y eso es justamente a lo que se ven enfrentados los felinos que habitan La Campana.

“Hay muchos terrenos que se están habilitando para la construcción de viviendas y eso implica, de una u otra manera, que el bosque nativo se despeja para poder instalar una casa, se construyen cercos y eso va significando que los animales nativos van perdiendo territorio”, explica Núñez.

En concreto, sostiene Valencia, “lo que se desencadena es lo que se denomina como un conflicto carnívoro humano: el gato se mete a los gallineros y se visualiza en el campo con una especie oportunista, que provoca un detrimento en los ingresos de los campesinos”, razón por la cuál es atacado.

Además, la urbanización ha traído otros problemas, como la llegada de perros que  ingresan al interior del parque y transmiten enfermedades a la fauna silvestre. “De hecho el año 2018 estuvimos bien preocupados porque había varias imágenes que mostraban a zorritos enfermos con problemas en la piel”, cuenta Núñez.

Imagen de un quique capturada con cámaras trampa. Foto: Parque Nacional La Campana.

La presencia de perros y gatos domésticos, además de caballos y vacas que constituyen principalmente una amenaza para las especies vegetales protegidas, también ha podido ser determinada y cuantificada gracias a las cámaras trampa. En 2020, a partir de un análisis de la imágenes satelitales de las cámaras trampa instaladas al interior del parque, se pudo identificar la presencia de 30 perros distintos. “Pudimos detectar que llegan a partir de las 8 de las ocho de la mañana y se quedan hasta las 5 de la tarde”, dice Valencia. Es decir, “son perros que tienen dueño; los dejan libres, hacen su paseo por todo el parque y se devuelven a dormir a su casa”, agrega el experto.

El jefe de monitoreo de la Conaf asegura que los carnívoros, como es el caso del gato colocolo y la guiña, son animales “bien plásticos y andan por lugares donde nosotros no creeríamos”. Sin embargo, reconoce que en la medida en que estos animales se vean cada vez más encerrados, debido a la expansión de la matriz urbana, “por supuesto que van a empezar a quedar aislados en porciones (de territorio) cada vez más pequeñas” y “corren peligro de caer en trampas mortales”.

Aunque el propósito del monitoreo con cámaras trampa tiene el objetivo final de levantar información científica que permita implementar estrategias de conservación eficientes, lo cierto es que en el Parque Nacional La Campana “ha sido difícil establecer acciones concretas”, dice Núñez. “Es un desafío que aún está pendiente, porque lamentablemente no es algo que depende exclusivamente de nosotros”, explica el guardaparques. Según los expertos, en el caso particular de la palma, nuevas normativas son necesarias para lograr conservar esta especie, pero también, precisa Núñez, “necesitamos articular con otras organizaciones como el Servicio Agrícola Ganadero y la Municipalidad”, para lograr sortear dificultades como la expansión urbana y la tenencia de animales domésticos.

*Imagen Principal: Zorro culpeo en Parque Nacional La Campana. Foto: CONAF.

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